Namibia

Etapas:

17/01/2016 Descanso en Rosh Pinah (20 Km).

18/01/2016 Rosh Pinah – Aus (152 Km).

19/01/2016 Descanso en Aus.

20/01/2016 Aus – Desierto carretera C13 (81 Km).

21/01/2016 Desierto carretera C13 – Desierto carretera 14 (107 Km).

22/01/2016 Desierto carretera C14 – Möhabe (71 Km).

23/01/2016 Möhabe – Desierto carretera C14 (77 Km).

24/01/2016 Desierto carretera C14 – Solitaire (92 Km).

25/01/2016 Solitaire – Sesriem (86 Km).

26/01/2016 Descanso Sesriem.

27/01/2016 Sesriem – Solitaire (85 Km).

28/01/2016 Solitaire – Desierto carretera C26 (84 Km).

29/01/2016 Desierto carretera C26 – Paso de Gamsberg (52 Km).

30/01/2016 Paso de Gamsberg – Carretera C26 (75 Km).

31/01/2016 Carretera C26 – Windhoek (78 Km).

01-07/02/2016 Descanso en Windhoek.

08/02/2016 Windhoek – Carretera B6 (90 Km).

09/02/2016 Carretera B6 – Gobabis (139 Km).

10/02/2016 Descanso en Gobabis.

11/02/2016 Gobabis – Buitepos (113 Km).

12/02/2016 Buitepos – Tsootsha (86 Km) (Entrada en Botsuana).

Namibia: En busca del desierto más antiguo de la tierra

Después de las últimas jornadas en Sudáfrica necesitaba un breve descanso, y Javier Bicicleting me había pasado un contacto en Namibia. A 20 kilómetros al Norte de Rosh Pinah vería una granja a mano derecha, la única en esa zona de la carretera y donde encontraría a Richard. Desde hace tiempo este encantador namibio ayuda a los viajeros con una zona donde acampar, ducha caliente y comida, aunque con los ciclistas su invitación va más lejos. Disfruté de una tranquila tarde bebiendo cerveza, comiendo carne a la parrilla y dormí en una buena cama. Por la mañana me cebo con un desayuno de campeones y me fui con las alforjas llenas de cecina de orix.

Con las fuerzas renovadas literalmente volé en el asfalto, y pude avanzar 152 kilómetros hasta el pueblo de Aus. El sol golpea fuerte en el desierto, pero aun así está lleno de vida. Contemplo las aves surcar el cielo, a los orix pastar en la llanura con la puesta de sol, una víbora de las arenas me hace compañía unos instantes y la presencia de un pequeño chacal me advierte de que la noche está cerca. Las últimas horas de la jornada las viví rodeado por la oscuridad, pedaleando bajo la luz de la luna y las estrellas, envuelto por un silencio absoluto y una calma que a más de uno podría inquietar, pero la mejor parte de Namibia no había hecho más que empezar.

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(Orix pastando con la puesta de sol)

El asfalto llega a su fin y desde Aus hasta Windhoek emprendo una nueva aventura por pista de tierra. La inmensa explanada rodeada en la lejanía por las montañas te hace sentir insignificante. El silencio es un fiel compañero de viaje y parece que te mece mientras duermes acampando en mitad de la nada.

Con la luz de la mañana alcanzo el pueblo de Helmeringhausen, importante parada para reabastecerme de agua y comida. Antes de continuar la marcha comienza a llover con fuerza y durante una hora la tormenta me detiene, pero el pequeño retraso no me importó. La llanura clama a gritos por una tregua de agua para mitigar la dura sequía de la zona. Increíblemente cuando continuo pedaleando el terreno es firme, no hay barro ni agua encharcada, la tierra lo filtró todo en cuestión de minutos.

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(Colorado Off Road)

Conseguir leña cada noche para hacer la hoguera no resulta complicado, todo lo que me rodea son arbustos totalmente secos. Con el calor del fuego cocino cada noche la especialidad de la casa, pasta con tomate, además de mantener alejados a los curiosos animalillos nocturnos. Pero una mañana al levantar el campamento me di cuenta de que no había dormido solo. Un pequeño escorpión potencialmente venenoso, había encontrado debajo de mi tienda un confortable lugar en el que echarse la siesta. Siempre hay que extremar las precauciones a la hora de montar el campamento para estar 100% seguros de que somos el único ser vivo dentro de la tienda, y ser igual de precavidos a la hora de empacar todo el equipo por la mañana para no llevarnos ningún colega de viaje.

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(Un querido escorpión que durmió bajo mi tienda de campaña)

Los tres días que emplee para llegar hasta Solitaire fueron de extrema dureza, pero por suerte ya tenía el cuerpo curtido para afrontar las complicaciones del desierto. La llanura es aparente en la distancia, pero en la cercanía la pista de tierra atraviesa de forma constante colina tras colina. El viento pocas veces ha sido un aliado, y nuevamente decidió hacerme sentir que avanzaba contra un muro transparente. El calor me animaba a beber agua en abundancia, mientras que mis cantimploras me demandaban que la racionalizara. En ocasiones, la pista de tierra es demasiado arenosa y rocosa, dejándome la única opción de empujar durante largos tramos. Más concentrado en alcanzar el pueblo en el que reabastecerme, que de prestar atención a mi kilometraje, llegó un momento que ansiaba y necesitaba vivir para subir la moral hasta lo más alto.

Después de 26 meses y 24 días pedaleando para cumplir el sueño de mi vida de dar la vuelta la mundo en bicicleta, y antes de llegar al polvoriento pueblo de Solitaire, cumplo los 50.000 kilómetros de viaje. Como marca la tradición de esta aventura, sigo el ritual de hacerme una foto cada vez que pedaleo 1000 kilómetros, pero en esta ocasión quise rendirle culto y gratitud al verdadero protagonista del viaje, Bucéfalo.

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(Cumpliendo 50.000 kilómetros de aventura)

En el camping de Solitaire tienen el gran gesto de invitarme a acampar y dejarme conectarme a internet. Una revitalizadora noticia llega a mi correo, un follower me manda una donación. En este punto debería haber seguido hacia Windhoek, pero el apoyo económico me da la oportunidad de visitar las famosas dunas del Desierto de Namib.

Invierto mi rumbo para retroceder 80 kilómetros en dirección Sur por otra pista de tierra, y alcanzar Sesriem. Parece que la fauna aprobó mi cambio de itinerario, los orix, antílopes, ñus, avestruces y cebras, toda la vida salvaje del lugar me acompañó durante cada instante.

En el camping de Sesriem me vuelve a sonreír la suerte. Conozco a un viajero estadounidense con coche propio y me ofrece acompañarle hasta las dunas. Al alba entramos en el Parque Nacional, hay 60 kilómetros de asfalto hasta llegar a las dunas más altas y está prohibido acampar, hay que entrar y salir en el mismo día lo cual hace poco viable hacerlo pedaleando. Los últimos 5 kilómetros la carretera desaparece y el terreno es tan arenoso que solo los potentes 4×4 pueden salvar el obstáculo, pero claro está, a un buen precio. Decido ahorrarme el trayecto de ida y camino 45 minutos por el desierto más antiguo de la tierra.

Cuanto más cerca estaba de llegar a Sossusvlei más evidente se hacía la magnitud de Big Daddy, la duna más grande del mundo. Me deje llevar por la emoción y los últimos cientos de metros los hice corriendo para alcanzar la base de la montaña de arena. Bajo un sol implacable empecé a escalar por la cresta, paso a paso fui ganando altura. Quería llegar a lo más alto, pero llevaba 6 días pedaleando y mis piernas no tenían la misma fuerza que de costumbre. A medio camino desistí y decidí volver a los 4×4, pero no lo iba a hacer siguiendo el mismo camino, así que acorté distancia bajando a galope por la ladera de la duna.

(Escalando las dunas del Desierto de Namib)

Después de sacar medio kilo de arena de cada bota y de nuevo en el camping, repuse fuerzas tomando el resto de la tarde para descansar. Aun me quedaban 5 jornadas para llegar hasta Windhoek y fácil nunca ha sido un sinónimo de mi aventura.

El momento más duro que tuve que superar en mi camino a la capital namibia, fue dejando atrás el desierto para entrar en la verde pradera que protege el Paso de Gamsberg. Bajo la lluvia empujé a Bucéfalo durante kilómetros colina arriba y sobre el barro. Al atardecer la lluvia me dio una tregua, encontré un lugar donde acampar, hacer una hoguera para secar la ropa y cocinar la cena…pero la lucha del día no había terminado. El lugar que escogí para dormir estaba peligrosamente cerca de unos pequeños recovecos en la montaña, donde decenas de babuinos se refugiaban del agua. El macho alfa de la manada, me dio claras señales de que si dormía allí, tendría serios problemas. Cada vez que me detenía para descansar, el macho volvía a soltar un grito fuerte, grave y ensordecedor, como si dijera “fuera de aquí”. Tuve que alejarme 2 km bajo la atenta mirada de los babuinos, con los últimos rayos de luz y cuchillo en mano. Finalmente acampé en lo alto del Paso de Gamsberg donde pude dormir con relativa calma.

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(Amaneciendo en lo alto del Paso de Gamsberg)

Por la mañana un nuevo paisaje me recibía. Todo era más frondoso y después de mucho tiempo volvía a ver árboles. Con la luz del sol los babuinos siguieron cruzándose en mi camino, pero esta vez mas asustadizos no fueron peligro alguno.

Por la noche acampé de nuevo junto a la pista de tierra, ya que todo esta vallado delimitando los extensos terrenos de las granjas. A mi alrededor pastaban las vacas y los caballos, pero mientras cocinaba mi cena con el fuego de la hoguera me pusieron muy nervioso. Estaban inquietos, corrían de un lado para otro, había algo oculto en la oscuridad que los inquietaba. Cené todo lo rápido que pude y deje la poca comida que tenía colgada de un árbol. Dentro de la tienda me sentía seguro porque a fin de cuentas, a los ojos de los animales soy un arbusto más. Mientras no duerma con nada de comida cerca, ningún depredador atacaría mi campamento.

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(Acampando en Namibia junto a la hoguera)

Después de una última paliza de 78 kilómetros consigo alcanzar Windhoek, donde me hospedo en un camping económico y juvenil, el lugar ideal para los mochileros.

Mi prioridad en la ciudad era conseguir un nuevo pasaporte, solo me quedaban un par de hojas libres, insuficientes para atravesar África. Los pasaportes solo se pueden imprimir en España y al visitar mi embajada me llevo una desastrosa noticia. Antes tardaban en llegar los pasaportes 3 días, pero debido a los recortes presupuestarios de mi país, ahora tardan 3 semanas en llegar por correo ordinario. Simplemente la idea de estar parado 21 días comiéndome las uñas me frustraba, además del enorme gasto económico que conllevaría.

Después de pagar las tasas y de que mi nuevo pasaporte estuviera en proceso de impresión en España, coordiné con DHL que cuando me notificaran que mi pasaporte hubiera llegado a Windhoek, yo les mandaría un email para ordenarles que lo fueran a recoger y enviarlo a la embajada de Harare, en Zimbabue.

Fue todo un rompecabezas porque desde España no me lo podían mandar directamente a Harare, debía recibirlo obligatoriamente la embajada que había ordenado su impresión. Además solo podían mandarlo de una embajada a otra porque debían inutilizarme el antiguo, y no tenía hojas para el visado de Zimbabue y Zambia (son una pegatina de hoja entera y obligatoriamente siempre tienes que tener una libre en el pasaporte), por lo que mis planes de llegar a las Cataratas Victoria desde Zimbabue quedaban anulados, y decidí invertir los 30 dólares de la entrada en pagar a DHL los 27 que me cobraban por gastos de envío. Creo que después de analizar todas las opciones, opté por la más complicada, económica e irónicamente, la más práctica.

Finalizada una de las gestiones más importantes del viaje, ya solo quedaba esperar que las piezas del domino fueran cayendo una tras otras mientras pedaleaba hasta Harare.

Más relajado y enfocado nuevamente en retomar la marcha, encuentro en el camping una mina de oro. Tenían un basurero de tiendas de campaña totalmente inservibles, apiladas una encima de otra. Para mi era un almacén de repuestos gratuitos y me hago con piquetas, cremalleras, fundas, gomas y varios palos con la misma medida de la estructura de mi querido hogar.

Mientras gozaba de mi buena fortuna, en el cielo se preparaba una tormenta de proporciones catastróficas. El primer día situé mi campamento en una zona que daba la sombra por la mañana, sin prestar atención a que era el lugar mas favorable para sufrir una inundación, total estaba en el desierto y en época seca.

Primero cayeron unas gotas y en pocos segundos empezó el diluvio universal. Enseguida comprendí el peligro que acechaba a todas mis pertenencias y dispuesto a protegerlas de la tormenta me hice con una pala. Estuve durante una hora achicando agua y cavando zanjas, mientras los rayos cortaban el cielo.

Fue una imagen cómica para alguno de los residentes del camping, pero para mi fue una batalla que en ningún momento me plantee perder. Conseguí en gran medida retener la inundación, pero finalmente el agua fue la vencedora. Cuando la tormenta se calmó lleve todas las alforjas y mis pertenecías a la recepción del camping donde puse todo a secar. Mi tienda de campaña paso la noche en el patio, cubierta de barro y con un palo de la estructura quebrado, mientras yo dormía en un sofá.

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(Movilizando todo el campamento después de la inundación)

Cuando crees que ya pasó todo lo malo, hay veces que hay una desgracia que se ha quedado esperando a que te confíes, para aparecer en los momentos que más débil estás y golpearte en la boca del estomago.

Mientras dormía en el sofá deje mi teléfono móvil en el suelo junto a mis chanclas. Por la mañana me desperté extrañado de haberme quedado dormido y de no haber escuchado la alarma a las 07:00 am, la razón fue sencillamente que me robaron el móvil. Confié en la seguridad del camping, pero mis sospechas son que justamente el guarda nocturno fue quien me lo robó. Revisando las cámaras de seguridad, mi teléfono estaba situado en un ángulo muerto, así que era imposible saber quien lo cogió. Solo alguien que ha estado despierto toda la noche “vigilando”, que conoce el sistema desde dentro y sabe que hay no graban las cámaras, podría cometer un robo y quedar impune.

Error, negligencia o descuido, el caso es que me quedé sin GPS y sin forma de hablar con la familia por WhatsApp. Intenté no pensar demasiado en como me las tendría que apañar de aquí en adelante, sin una herramienta que uso diariamente. Comencé a limpiar todo el barro de la tienda y mientras reparaba los destrozos de la tormenta se acerco un cicloviajero suizo, Oliver, con quien había creado amistad, y me regaló uno de los dos móviles que tenía. Enorme gesto que me devolvió la sonrisa y la esperanza.

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(Junto a Oliver, sosteniendo el teléfono móvil que me regaló)

Parece que vaya donde vaya mi presencia nunca pasa desapercibida, siempre hay algo bueno y malo que me está esperando a la vuelta de la esquina. Pero curiosamente nunca pierdo las ganas de seguir hacia delante y no es por merito propio, es la bondad y el apoyo de la gente lo que me mantiene en pie.

Después de despedirme de Oliver, de coordinar un futuro encuentro con otro compañero cicloviajero danés, Thomas, y de compartir unas cervezas con un fotógrafo español, Alberto, llegó el momento de dejar atrás Windhoek y pedalear hacia mi siguiente reto, cruzar Botsuana.

El camino a la frontera fue una recta asfaltada, llana y monótona, que de no haber sido por la abundante fauna hubiera sido tremendamente aburrida. Constantemente me anima la presencia de los facóqueros y los ñandúes, ayudé a cruzar la carretera a un par de tortugas y gracias a un babuino viví uno de los momentos más graciosos en mi paso por Namibia.

Los animales están acostumbradísimos a la presencia de los coches, pero las bicicletas inexplicablemente les causa terror, y al ser tan silenciosa hay veces que no me perciben hasta que estoy a escasos metros de ellos. Entre la frondosa y alta hierba que bordea la carretera había oculto un babuino adulto, no se percató de que estaba a punto de pasar hasta que lo tuve a menos de 10 metros. Fue entonces cuando dio un tremendo salto y empezó a correr mientras gritaba y miraba atrás, con una expresión de susto en la cara tan humana, que me desato una carcajada incontrolable.

Entrando en Botsuana atravesé la última frontera gratuita de todo mi viaje por África, a partir de aquí tendría que ingeniármelas para pagar unas tasas llevaderas para el turista, abusivas para el viajero y demoledoras para el aventurero, y es que:

“Cuando se acaba el dinero, empieza la aventura”

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Argentina

Etapas:

11/06/2015 Villa Angostura – San Carlos de Bariloche (90 Km).

12-17/06/2015 Descanso en San Carlos de Bariloche.

18/06/2015 San Carlos de Bariloche – Confluencia (77 Km).

19/06/2015 Confluencia – Paso Flores (43 Km).

20/06/2015 Paso Flores – Piedra del Águila (97 Km).

21/06/2015 Piedra del Águila – Picún Leufú (98 Km).

22/06/2015 Picún Leufú – Villa el Chocón (57 Km).

23/06/2015 Villa el Chocón – Neuquén (84 Km).

24/06/2015 Neuquén – Allen (26 Km).

25/06/2015 Allen – Fortín Lagunita (63 Km).

26/06/2015 Descanso en Fortín Lagunita.

27/06/2015 Descanso en Fortín Lagunita.

28/06/2015 Fortín Lagunita – Chimpay (110 Km).

29/06/2015 Chimpay – Choele Choel (56 Km).

30/06/2015 Choele Choel – Río Colorado (144 Km).

01/07/2015 Río Colorado – Km 816 (54 Km).

02/07/2015 Km 816 – Medanos (102 Km).

03/07/2015 Medanos – Bahía Blanca (53 Km).

04/07/2015 Descanso en bahía Blanca.

05/07/2015 Bahía Blanca – General Dorrege (103 Km).

06/07/2015 General Dorrege – Tres Arroyos (113 Km).

07/07/2015 Tres Arroyos – Necochea (152 Km).

08/07/2015 Necochea – Mar del Sur (88 Km).

09/07/2015 Mar del Sur – Mar del Plata (78 Km).

10-15/07/2015 Descanso en Mar del Plata (20 Km).

16/07/2015 Mar del Plata – Pirán (95 Km).

17/07/2015 Pirán – Maipú (54 Km).

18/07/2015 Maipú – Dolores (71 Km).

19/07/2015 Dolores – Samborombon (123 Km).

20/07/2015 Samborombon – Buenos Aires (111 Km).

21-26/07/2015 Descanso en Buenos Aires (87 Km).

27/07/2015 Buenos Aires – Carmelo (43 Km).

Argentina

El paso de Samoré me había dejado sin fuerzas, tenia la ropa totalmente calada por la nevada y me estaba congelando. Llevaba mucho tiempo sin sentir calor. Cuando descendí del Paso y llegué al puesto fronterizo argentino, el clima mejoró pero seguía con el frío atravesándome los huesos.

Pedalee hasta Villa la Angostura mientras se hacía de noche y busqué la estación de bomberos para ver si me podían hospedar, pero no hubo suerte. La gendarmería estaba cerca, así que también probé suerte. Llamé a la puerta de la estación de policía y me recibió el teniente. Conversamos y me pidió que le siguiera hasta un quincho, no tenía ni idea de lo que era pero le seguí. Llegamos a una casita de la parte trasera de la comisaría, entramos y sentí la calefacción abrazándome. Perdóname hijo, me decía el teniente, estamos de reformas y no hay camas, tendrás que dormir en el suelo. Creo que no era consciente de lo destrozado que estaba y que aquel quincho era para mi un palacio, me dieron ganas de besarle los pies.

Por fin entré en calor después de semanas de pedaleo bajo la lluvia y una noche en el Paso de Samoré rodeado por la nieve. Sequé la ropa en condiciones y dormí con una pierna fuera del saco del calor que pasé.

Por la mañana avancé hasta San Carlos de Bariloche, donde me estaba esperando para hospedarme Miguel, un ciclista de Warmshower. Estuve casi una semana de relax, reponiendo fuerzas y quizás preparándome psicológicamente para cumplir 29 primaveras. Las nieves estaban a punto de llegar al famoso centro de esquí y quería salir de la ciudad antes de que me complicaran más la ruta.

Diario Argentina foto 1(Llegada a San Carlos de Bariloche)

Salí un jueves por la mañana a -6ºC, el sol calentaba y brillaba en un cielo azul, pero el viento te recordaba que realmente te estabas congelando. Me detuvo un coche de una radio local, querían saber de donde venía y a donde iba, accedí encantado a hacer una entrevista en directo. Llamaron a la emisora, conteste las preguntas en un lado de la carretera y fui educado, como siempre. Pero el periodista se las daba de gracioso y reconozco que a la tercera vez que dijo: “Te estas quedando colorado del frío…” me dieron ganas de partirle los dientes. Soy una persona divertida, o eso quiero creer, bromista y cercano, pero detesto que alguien que no conozco se tome esas confianzas para reírse de mi nombre. Pero en fin, me despedí y comencé el largo trayecto de 1000 kilómetros por el norte patagónico hasta Bahía Blanca.

La primera noche acampé a orillas del Embalse Alicura. Hacía demasiado frío y la hoguera era insuficiente. A lo largo de 150 kilómetros el paraje estaba inhabitado, pero a la mañana siguiente me tope con el puesto de Choripanes y Churrascos del señor Hugo. Este veterano de la Guerra de las Islas Malvinas había convertido su camioneta en un puesto ambulante de comida, además de ser su cobijo para pasar las largas noches cerca del Paso Flores.

Diario Argentina foto 2(Colorado On The Road junto al señor Hugo)

Después de una buena merienda decidí acampar con él y conocer de primera mano que significó para el pueblo argentino el conflicto aeronaval. Le hablé de las experiencias más tensas de mi viaje y el compartió conmigo vivencias de sus años en activo. Antes de ir a dormir me regaló una manta que me acompañaría por toda la Patagonia, aunque las historias de Hugo me acompañaran toda la vida.

Por la mañana nos despedimos con un apapacho (“Abrazo¨ en Mapuche”), y después de escalar 18 kilómetros por la ladera de una montaña, a las 19:00 pm hora en Argentina y las 00:00 pm hora en España, me detuve en mitad de la pampa para observar el atardecer de mi 29 cumpleaños. Conseguí llegar por la noche a Piedra del Águila, no me apetecía acampar así que fui a la estación de autobús donde me dejaron dormir protegido por la calefacción.

Con el calor de la mañana me puse en marcha con un cumpleaños mas en mis espaldas. El día fue perfecto, el sol brillaba sin una sola nube en el cielo, me crucé con varios ñandúes corriendo por la llanura, el viento soplaba a favor y avance 98 kilómetros casi sin esfuerzo. Llegué a Picún Leufú dos horas antes del anochecer, compré un par de cervezas, un modesto asado, acampé junto a unas parrillas y me preparé para mi peculiar fiesta de cumpleaños.

Fui a buscar leña por los alrededores y cometí el error de descuidar el asado. Aunque nunca perdí de vista mi campamento, un perro callejero vio la oportunidad y me robó con mucho sigilo la bolsa con la comida del aniversario, menudo cabronazo! No podía dejar la tienda sola por lo que tampoco podía ir de nuevo a la carnicería. Por fortuna conocí a Jesús, un argentino que se acercó a conocerme y que casi se parte en dos de la risa cuando le conté como había perdido mi cena de cumpleaños. Al final fue a por otro asado, trajo más cerveza y me invitó, un buen final.

Diario Argentina foto 3(Esperando a que vuelva el perro cabrón mientras preparaba el modesto asado cumpleañero)

La carretera de la Ruta 22 no fue tan amigable conmigo. Es muy estresante pedalear por una carretera tan angosta, sin arcén asfaltado y con intenso transito de camiones. Muchos coches me adelantaban dejando menos de 20 cm de separación a más de 120 km/h, y cuando se cruzaban dos camiones tenía que salir despedido de la carretera para lanzarme al pasto para evitar que me arrollaran.

Los días eran demasiado breves y anochecía muy temprano. Por las mañanas salía el sol muy tarde y además siempre helaba, por lo que hacía aun más difícil ponerse en marcha cada jornada. Si tenía suerte el viento soplaba a favor, pero cambiaba de un día para otro, por lo que pasaba de hacer una etapa de 140 a 55 kilómetros por la variación de viento. Pedalear en contra de la masa de aire es como si los frenos se hubieran quedado anclados y alguien estuviera empujando tu cabeza hacia atrás.

Por le camino me hablaron del Fortín Lagunita como un sitio ideal para descansar, y como estábamos en pleno invierno estaría totalmente vacío. Llegué con intenciones de estar solo un noche y al final pase tres. Era un lugar muy tranquilo a orillas del Río Negro, rodeado de naturaleza y alejado de la carretera. En Argentina la carne es tan exquisita y barata, que cada día hice tanto para comer como para cenar un buen asadito.

Con el sol pasaba las horas paseando y reflexionando, y con la luna permanecía junto a la hoguera eclipsado por las llamas. Llevaba tiempo que no usaba a mi querido sombrero de los desiertos, estaba lleno de agujeros y la tapa de la cabeza estaba colgando, ya no aguantaría mucho más. La idea de tirarlo a la basura para que acabara en un triste basurero me parecía indigna para tal guerrero, así que decidí darle una despedida mas honorable.

Aprovechando la intimidad del Fortín, preparé una pira funeraria y coloqué en la cima al compañero que me siguió durante 20.000 kilómetros. Dije unas palabras recordando su gran historia y luego lo vi consumirse en cenizas en una breve despedida. Me pareció el mejor de todos los finales para este incansable luchador.

Continué el viaje sin la protección del sombrero de los desiertos. Lo único que me animó en aquel momento fue llegar a la ciudad de Río Colorado. Desde Choele Choel pedalee 144 kilómetros de pampa con la ayuda del viento, conseguí aterrizar bien entrada la noche en un restaurante de una vía de servicio a la entrada de la ciudad, y un hombre se me acerco diciendo: “Ole, ole y ole lo que estás haciendo, me llamo Martín Marino y soy triatleta”. Entramos al restaurante donde me presentó a su amigo y periodista, Jorge DiSpagna. Me invitaron a cenar mientras nos íbamos conociendo. Ellos estaban en la ciudad por negocios y no se lo pensaron ni un segundo para también invitarme al hotel donde se estaban alojando. Al día siguiente volvieron a su hogar en Mar del Plata, donde quedamos en reencontrarnos y así poder conocer bajo su hospitalidad La Perla del Atlántico.Diario Argentina foto 4

(Jorge DiSpagna, Colorado On The Road y Martín Marino)

Yo volví a mi rutina. Con comida y agua suficiente me lancé a dormir en algún inhóspito lugar de la Patagonia. Sumergiéndome en la oscuridad y la quietud de las solitarias llanuras, mientras el calor y la luz de la hoguera me recuerdan que mi hogar solo es un palo cubierto por una tela, y un jardín que llega hasta el horizonte.

Con tres jornadas conseguí alcanzar Bahía Blanca, descansé un día completo para cargar las pilas y continué 500 kilómetros hasta Mar del Plata. Este paso tuvo un gran significado para mí, ya que después de más de un año viajando hacia el Sur ahora cambiaba de rumbo para volver hacia el Norte. Esta variación me llevo a revisar mi itinerario inicial y analizar el considerable retraso que arrastro. En muchos tramos voy más lento de lo esperado, he hecho ampliaciones de la ruta y algunas paradas han durado semanas, cuando inicialmente pensaba que durarían días. Básicamente he ido mejorando el viaje sobre la marcha y me lo he tomado con calma cuando he encontrado un lugar en el que me he sentido cómodo. Me dejo llevar por la hospitalidad de las personas que mi camino me lleva a conocer, y Argentina no es la excepción.

A mi llegada a Mar del Plata la primera mañana hice una entrevista en la radio Acqua, donde es locutora Julia, hija de Jorge DiSpagna. Me dejé envolver por la dulce voz de la joven vocalista, quien hace poco tiempo demostró su talento como cantante al quedar finalista en el televisivo concurso de Operación Triunfo. Mis gustos musicales fue un tema que salió durante la entrevista, así como mi pasión por Kurt Cobain como una de las mayores influencias artísticas que he tenido.

Diario Argentina foto 5(Colorado On The Road en la Radio Acqua junto a Julia y Jorge DiSpagna)

Por la tarde me recibió Martin Marino con su familia, me habían preparado su quincho para que me instalara y disfrutara de un espacio en el que desconectar. Durante una semana repuse fuerzas a base de buena comida y salí a conocer la ciudad. Visitando la reserva de lobos marinos del puerto no pude evitar echar una mira al Atlántico imaginando mi tierra al otro lado. Un día Martín preparó Mondongo, un plato típico argentino parecido a los callos madrileños que me hizo volver a sentir el calor de mi ciudad. El apoyo de mis nuevas amistades me fortalecía, a la vez que la melancolía me debilitaba.

Diario Argentina foto 6(Colorado On The Road, Martín Marino y familia)

Un día salimos a tomar unas cervezas Jorge, Martín y yo. Hablando y bromeando Jorge me dijo algo que me hizo pensar mucho: “Colorado, tu puedes hacer este viaje en solitario porque tienes mucha vida interior…”. Creo nunca había analizado esa característica mía hasta ese momento. Sentí que una nueva puerta se abría y como una parte de mí se iluminaba ante mis ojos. Había dado en el clavo.

Me hizo pensar en la cadena de una bicicleta. Cada eslabón es igual de importante a sus vecinos hasta que la corona gira y vuelve a una pieza la protagonista del movimiento que impulsa las ruedas, la aventura, la pasión, la vida. Las cualidades de una persona son eslabones de una cadena, cada una igual de importante que las demás, hasta que una situación las vuelve protagonistas del movimiento que nos hace avanzar en el camino de una sola dirección en el que todos vivimos. Me es difícil explicar este sentimiento, pero el resultado de él es que sigo adelante.

Diario Argentina foto 7(Colorado On The Road pedaleando en la Patagonia)

Más tranquilo y motivado, dedico el último día en Mar del Plata para recaudar fondos repartiendo postales en el centro. A primera hora de la tarde me rencuentro con Julia para tomar una café de despedida, y me sorprende con un regalo que me llenó de ilusión, una camiseta de Nirvana. A primera hora de la mañana, antes de que el sol hubiera salido, me acerque a la Plaza España para hacer una entrevista en directo para un canal de televisión mar platense. Me despedí con mucho cariño de la ciudad y de todas las personas que me habían cuidado.

Durante varios días pedalee hasta Buenos Aires, y fue una entrada tranquila a pesar de ser una ciudad con 15 millones de habitantes. En el centro me estaba esperando un cicloviajero belga, Sebastien. Le había conocido a través de la prensa y después de transmitirle mi apoyo para superar la difícil situación que estaba atravesando, me ofreció hospedaje en su casa.

Sebastien estuvo pedaleando durante un año por Sudamérica decidido a conocer una ciudad en la que instalarse. Desde el primer momento Buenos Aires le cautivó, así que dio por finalizada su búsqueda. Pasó más de un año trabajando de fotógrafo en la capital porteña utilizando como transporte su querida bicicleta, Anai. Pero un día después de dejarla estacionada y anclada, volvió y ya no estaba. Sebastien movió cielo y tierra en todos los medios de comunicación para recuperar a su compañera, ofreciendo una sustanciosa recompensas a quien se la devolviera, pero no resultó.

Mucha gente pensaría que es una exageración, que porque no se compra otra bicicleta y punto, pero yo le entendía a la perfección. No se trata de un frío trozo de metal, se trata de un compañero, un amigo, y en mi caso hasta un miembro de la familia.

Durante unos días recorrí la ciudad a medida que hacía recados. Conocí a Ramiro, del blog Ciclismo Urbano, y fue de gran ayuda con la mecánica de la bicicleta, me regaló unos pedales que necesitaba urgentemente e hizo de guía por la capital. Una tarde estábamos tomando una cerveza y Ramiro se dio cuenta de que estaba demasiado distraído. Cuando me pregunto no pude evitar desahogarme y reconocerle lo agobiante que es en muchos momentos viajar sin dinero, encarar situaciones que con plata se resolverían fácilmente, pero que sin ella tienes que esforzarte más que nunca por encontrar la solución alternativa y hacerla realidad. Reconozco que es un estilo de vida muy emocionante, pero ocasionalmente satura. Pero Ramiro me recordó algo que parecía haber olvidado: “Da igual que te mires los bolsillos y no encuentres ni un peso, te estas dando la vuelta al mundo y eso no tiene precio amigo, eso es eterno.”

Diario Argentina foto 8(Colorado On The Road y Ramiro en la Plaza España)

Fui al estudio de Metro Radio para hacer una entrevista en directo y fue todo un éxito, muchos argentinos me escribieron después de escucharme en la radio. Antes del fin de semana hice la mudanza a la casa de Franco, un follower dedicado a seguir mi aventura por el mundo desde mis primeras pedaladas.

Siempre me sorprende infinitamente conocer a personas que siguen mi viaje casi desde los inicios. Franco y su familia se las sabían todas, hacían preguntas detalladas que me refrescaban la memoria. Por lo general suelo contar una serie de historias típicas, pero es una gozada hablar con personas que valoran todo el esfuerzo que significa documentar el viaje, que lo siguen activamente y que se interesan por cosas de mi día a día que mucha gente pasa por alto.

Diario Argentina foto 9(Colorado On The Road junto a Santiago y Franco)

El fin de semana me acerque a la Plaza de Mayo para recaudar fondos repartiendo postales. De vuelta a casa seguí compartiendo anécdotas del viaje con Franco, y me dejé llevar por su la pasión futbolera hacia el Vélez. La última noche deguste un tremendo asado como homenaje, aunque también fue como despedida.

La vida de un viajero es muy ajetreada en las paradas. Una ciudad no es un lugar de descanso o turismo, sino un centro de avituallamiento, trabajo y organización para poder continuar el viaje. Vivimos y disfrutamos del camino, no lo que hay al final. La semana que pasé en Buenos Aires me paso factura, fue tremendamente productiva y ociosa, pero recorté muchas horas de sueño para aprovechar al máximo cada día. El cansancio psicológico me había llevado a un atasco en mi vocalización, en ocasiones tartamudeaba y no podía hablar con fluidez. Esto me estresaba mucho porque siempre soy una persona muy elocuente. La solución era muy sencilla, dormir.

Diario Argentina foto 10(Repartiendo postales en la Plaza de Mayo)

Me despedí de Argentina pedaleando los últimos 30 kilómetros por la ciudad hasta llegar al puerto de Tigre, y embarcarme en un trayecto de una hora por el Mar de la Plata hasta Carmelo, Uruguay. En el control fronterizo me hicieron pasar cada bolsa por los Rayos-X, así que separé los 4 cuchillos que siempre porto conmigo para mostrarlos directamente. La única posibilidad para que pudiera viajar con ellos fue que el capitán los transportara en la cabina, pero no había resquicio legal que me permitiera viajar con el tanque de gas con el que cocino los días de acampada. Una perdida que me dejaría sin cocina hasta encontrar el repuesto de reemplazo.

Ya en la embarcación miré hacia atrás alejándome del puerto argentino, y con ello la despedida del país en el que entre otras cosas, había vivido mi 29 cumpleaños. Puede que estuviera rozando los dos años de viaje, pero la percepción del tiempo es inusualmente mucho mas lenta cuando se esta de viaje.

La intensidad de las experiencias diarias, la magnitud de los retos que enfrento cada mañana, las variedades culturales que conozco de forma constante, las personas que entran en mi vida y que comparten conmigo la suya, provocan un importante efecto en mi percepción del tiempo, en el que siento como las semanas pasan como meses y los meses pasan como si fueran años. Según esta progresión yo ya he superado los 50 años de edad, y los 20 años de viaje. Por lo que creo firmemente que la vida no se mide en años, sino en experiencias vividas.

Diario Argentina foto 11(Acampando en la Patagonia Argentina)

Mi sueño de dar la vuelta al mundo es algo evidente. El proyecto personal de documentarlo para mandar un mensaje de superación personal, y con ello animar a tod@s a luchar por sus sueños es una realidad desde hace más de 600 días. Por ello finalizare una vez más un diario de viaje con una frase para reforzar este propósito:

La vida es lo que pasa mientras planeas el futuro.

Vive la aventura.

Aventúrate a vivir!!!

Diario Argentina foto 12

Chile

Etapas

18/04/2015 Ollagüe – Ascotan Viejo (70 Km).

19/04/2015 Ascotan Viejo – Calama (137 Km).

20/04/2015 Descanso en Calama.

21/04/2015 Calama – Alto Carmen (84 Km).

22/04/2015 Alto Carmen – Antofagasta (117 Km).

23/04/2015 Descanso en Antofagasta.

24/04/2015 Descanso en Antofagasta.

25/04/2015 Descanso en Antofagasta.

26/04/2015 Antofagasta – Desierto de Atacama (113 Km).

27/04/2015 Desierto de Atacama – Taltal (132 Km).

28/04/2015 Taltal – Desierto de Atacama (85 Km).

29/04/2015 Desierto de Atacama – Chañaral (64 Km).

30/04/2015 Chañaral – Caldera (99 Km).

01/05/2015 Caldera – Copiapó (100 Km).

02/05/2015 Copiapó – Vallenar (126 Km).

03/05/2015 Vallenar – Domeyko (52 Km).

04/05/2015 Domeyco – Inchawasi (43 Km).

05/05/2015 Inchawasi – La Serena (109 Km).

06/05/2015 La Serena – Socos (101 Km).

07/05/2015 Socos – Huentelauquén (114 Km).

08/05/2015 Huentelauquén – Pichidangui (74 Km).

09/05/2015 Pichidangui – Catapilco (67 Km).

10/05/2015 Catapilco – El Molino (48 Km).

11/05/2015 El Molino – Santiago de Chile (29 Km).

12-26/05/2015 Descanso en Santiago.

27/05/2015 Santiago – Rancagua (109 Km).

28/05/2015 Rancagua – Curicó (103 Km).

29/05/2015 Curicó – Linares (113 Km).

30/05/2015 Linares – Chillán (104 Km).

31/05/2015 Chillán – Monte Águila (73 Km).

01/06/2015 Monte Águila – Los Ángeles (64 Km).

02/06/2015 Los Ángeles – Cuesta La Esperanza (42 Km).

03/06/2015 Cuesta La Esperanza – Lautaro (92 Km).

04/06/2015 Lautaro – Loncoche (110 Km).

05/06/2015 Loncoche – Los Lagos (89 Km).

06/06/2015 Los Lagos – La Unión (60 Km).

07/06/2015 La Unión – Agua Buena (60 Km).

08/06/2015 Agua Buena – Entre Lagos (35 Km).

09/06/2015 Entre Lagos – Paso de Samoré (62 Km).

10/06/2015 Paso de Samoré – Villa Angostura (Entrada en Argentina) (45 Km).

Chile

Conseguí llegar al paso fronterizo de Ollagüe con la escasa luz del atardecer, y entré en Chile con el frío y la oscuridad de la noche. Caminé por las solitarias calles de la ciudad buscando cambiar el poco dinero boliviano que me quedaba y algo de comida que comprar. Encuentro una tienda, con el cambio de moneda y los elevados precios chilenos en comparación a los bolivianos, me da para unas galletas y un litro de leche.

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(Entrada en Chile por el Paso de Ollagüe)

El dueño de la tienda me ofrece acampar en un cobertizo de su casa, mas protegido del viento, el frío y las nocturnas heladas de las montañas andinas. Recibí la invitación como un rayo de esperanza. A 3660 msnm las noches invernales consiguen que duerma hecho una pelotita dentro de mi tienda.

Por la mañana caliento mis entumecidos músculos y me pongo en marcha. Busco un cajero inexistente que esperaba encontrar, y sin cajero no hay dinero, sin dinero no hay comida. Por delante 200 kilómetros inhabitados a través de las montañas hasta llegar a Calama donde resolvería este problema. Me recomiendan que me deje remolcar por un camión pero no logran convencerme, soy así de cabezón.

Empiezo a pedalear con el estomago llego de esperanzas e ilusiones, pongo un cartel detrás de la bicicleta en el que escribo: ¨Sin Comida¨. Avanzo 50 kilómetros y encuentro una minera donde la cantina tiene mucho movimiento, es la hora de la comida y me acerco a ver si consigo algo. Cuando me planto en la puerta de la cocina, esta se abre antes de que llegue a tocarla saliendo un minero tocándose el estomago completamente lleno de deliciosa comida. Lo saludo, me presento y voy directamente al grano: “¿Os sobra algo de comer?” Llaman al cocinero y cuando se acerca solo pude decir: “Colega, tengo más hambre que el perro de un ciego”. Todos ríen, dos de ellos me agarran del hombro… “Entra amigo, aquí tenemos comida de sobra para todos”. Acabo comiendo dos platos de arroz, ensalada, sopa, pescado, carne, un litro de zumo y plátanos para el camino, casi me como hasta el mantel!!!

Me despido con un tierno y agradecido abrazo para seguir pedaleando. El viento empieza a soplar con mucha fuerza, el frío que arrastra me hiela la cara y las manos a medida que impacta mi cuerpo, avanzo lento y las horas de luz son cortas. A cada minuto la idea de dormir en un refugio y de conseguir cena se desvanece, pero los últimos esfuerzos de la jornada me llevan a encontrar otra minera. Muchos dirían que fue un golpe de suerte, y coincido. La suerte es de todos, pero la buena suerte es solo del que sigue adelante, del que la busca y del que lucha por encontrarla.

Me acerque a la cantina donde me dieron de cenar, acampé al cobijo del viento entre los muros de una iglesia clausurada y me dormí con el estomago lleno de comida calentita.

Con el alba me pongo en pie y equipo a Bucéfalo lo antes posible, el viento tiene su horario y tengo que utilizarlo a mi favor. Desde el amanecer hasta las 12:00 del medio día, sopla en dirección Oeste, hacia donde va mi camino, pero pasada esta franja horaria cambia drásticamente de sentido para soplar en dirección Este.

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(Colorado On The Road camino a Calama)

Cuando estoy a tan solo 50 kilómetros de Calama las energías vuelven a fallarme. Desde La Paz no he parado de avanzar y atravesar el Salar de Uyuni fue una dura prueba. Me paro a descansar, pero simplemente sentir el viento me desanima, es como pedalear contra un muro. Saboreo el último plátano que me queda de la cantina, y una furgoneta se detiene, me saluda mientras saca una bolsa por la ventanilla. Me acerco corriendo, converso con ellos mientras abro la bolsa y la veo llena de comida. Resulta que me adelantaron dos horas atrás, leyeron el cartel de “Sin Comida” de la bici, y cuando volvían de la ciudad esperaban encontrarme para regalarme la bolsa.

El litro de zumo, las galletas y manzanas alimentaron mi cuerpo, pero ese solidario acto fue lo que me lleno de ánimo. Conseguí llegar a Calama, saque parte del dinero que me quedaba y busque un hostel. Durante dos días comí, dormí, volvía a comer y volvía a dormir, estaba agotado.

Antes de retomar la marcha tenia que cuidar de Bucéfalo, el pobre también necesitaba cuidados. Empecé limpiándolo cuidadosamente para quitarle toda la sal y el barro que tenía acumulado. Pero haciéndole el mantenimiento encontré una fisura en la llanta de la rueda trasera. No tenía muy buena pinta.

La llanta la compré en Washington hacia ya 22.000 kilómetros. Las pistas de tierra y roca atravesando Los Andes Centrales la habían llevado a su fin. La solución mas lógica hubiera sido comprar una nueva, pero solo en Santiago de Chile encontraría el repuesto necesario. Mientras seguía examinando la fisura solo pude susurrarla: “Aguanta guerrera, aguanta 1600 kilómetros más”.

Vuelvo a la carretera algo mas descansado, necesito ver mar y cambiar de paisaje durante unos días. El trayecto hasta la ciudad costera de Antofagasta fue bastante tenso en muchos tramos, la carretera era muy estrecha y no había espacio para el ciclista. Los camiones que transportaban acido sulfúrico para la industria minera, en varios de sus numerosos adelantamientos estuvieron a punto de llevarme por delante. No frenaban, no se desviaban ni un milímetro, simplemente les daba igual.

Finalmente consigo llegar a Antofagasta y me instalo en un tranquilo camping en la zona Sur de la ciudad, donde me preparo para pasar unos días durmiendo con el sonido de las olas, relajándome con la brisa marina y trabajando con el ordenador.

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(Llegada a Antofagasta)

Veo una señal en repetidas ocasiones y que despierta mi inquietud: “Peligro de Tsunami”. Con el campamento ya en orden, me acerco a una tienda a comprar la cena, le pregunto al encargado y me da las instrucciones precisas en caso de haber un temblor de tierra. Las sirenas de emergencia empezarían a sonar, hay un margen de 20 minutos para dejarlo todo y subir a la colina mas cercana para sobrevivir a la inminente ola que arrasaría la costa.

Esa misma noche mientras dormía, sentí la tierra moverse violentamente, sacudir mi cuerpo tumbado sobre la arena de la playa mientras escuchaba la tierra crujir. Abrí los ojos, exaltado salí de la tienda de campaña y observé la tranquilidad de la noche. Ha sido una pesadilla me dije, de haber sido real estarías escuchando las sirenas. Bufff!!!! Resople mientras miraba al cielo, olí el mar, escuche las gaviotas y me volví a dormir.

Después de varios días descansado y las visitas a la universidad para utilizar su internet, llegó la hora de afrontar el siguiente asalto con Atacama.

Cargado de comida y agua para dos días, escalo la colina que separa la costa del desierto, para volver a la ruta 5 que atraviesa la infinita planicie. Para mi sorpresa paso enfrente de una penitenciaria, era el día de visitas y había un puesto de bocadillos, así que fiel a mis reglas de viajero seguí la numero #5. “No pierdas nunca la oportunidad de abastecerte”.

Paré a comprar dos bocadillos, uno para el momento y otro para el camino. Fue entonces cuando un ciclista colombiano llegó preguntando por una estación de camioneros, llamada La Negra, para hacer autostop hasta Santiago de Chile. Estaba a 12 kilómetros y compartíamos dirección así que le ofrecí acompañarle. Pedaleamos juntos charlando tranquilamente, a los pocos minutos me pregunto si tenia marihuana, “No” le dije. Seguimos hablando y hasta que llegamos a La Negra me insistió 7 veces más, ¿Seguro que no tienes marihuana? Repetía constantemente. Cuando llegamos le pregunté si tenia hambre y si había desayunado, no le hizo falta contestar, había visto esa expresión decenas de veces en mi. Venga ven conmigo le dije, te invito a desayunar.

Mientras degustaba mi tercer desayuno de la mañana, contemplaba como mi compañero disfrutaba el suyo. Me hizo muy feliz poder ayudarle, yo había pasado por lo mismo miles de veces. Mientras tomábamos el café me contó que no se encontraba muy bien del estomago desde hacia varios días, le entendía perfectamente. Le dije que resistiera, que se le acabaría pasando.

A la hora de despedirnos me pidió que le dejara acompañarme. La idea no me hacia ninguna gracia, le faltaba mucho al pobre muchacho para poder seguirme el ritmo, pero quería ayudarle por lo que fui totalmente sincero: “No estas preparado amigo, me he cruzado desiertos muy duros en este viaje y no lo estas. No es por que estés desesperado por fumar marihuana, ni porque estés malo del estomago, es porque lo primero que me dijiste al conocerte es donde esta la estación de camiones para que te remolquen hasta Santiago. Antes de empezar ya estabas vencido, nunca quisiste meterte en este desierto. Aunque sea sáltate los primeros 500 kilómetros que son los mas duros y si coincidimos nuevamente por la ruta, pedalearemos juntos pero por zonas mas fáciles”. Nos despedimos y cada uno siguió su camino.

Los primeros kilómetros pedaleando por el Desierto de Atacama no pude evitar acordarme de Lucho, el ciclista colombiano con quien compartí ruta desde Trujillo hasta Lima. Juntos atravesamos el desierto mas duro de toda Sudamérica. El si que era un guerrero, un hermano, un luchador, un valiente!!!

Antes de que caiga la noche me interno en el desierto abandonando la carretera, instalo mi campamento, cocino la cena con mi hornillo fabricado con media lata de Coca-Cola y alcohol de quemar, miro las estrellas y cierro los ojos hasta que el sol vuelve a salir por el horizonte.

Por la mañana me racionalizo el agua para llegar hasta Paposo, y en los últimos 30 kilómetros hasta la costa me esperaba una tremenda bajada que desciendo a 88 km/h, mi nuevo récord de velocidad.

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(La bajada del desierto hasta la costa)

Bordee 50 kilómetro por la costa para llegar a Taltal, donde pasé la noche en la playa junto a una hoguera escribiendo mi diario. En el desierto los días son calurosos y soleados, pero las noches son frías. Después de la dura jornada del día siguiente, escribí una nueva hoja en mi diario:

“Ha merecido la pena… madrugar en Taltal, cargar la bicicleta con comida y 7 litros de agua, pedalear 20 kilómetros cuesta arriba para adentrarme nuevamente en el desierto, luchar contra el calor, el sol y el viento hasta el atardecer, dejar la carretera para adentrarme 500 metros en las arenas de Atacama, recorrer durante una hora la orilla del asfalto recogiendo trozos de madera para calentarme por la noche, cocinar la cena, instalar el campamento…después de todo el esfuerzo y de no parar en todo el día, por fin me siento junto al fuego bajo la luna y las estrellas, rodeado de oscuridad y calma. No es fácil construir estos momentos y el trabajo que lleva es muy duro, pero merece la pena”.

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(Colorado On The Road en el Desierto de Atacama)

Amanezco en el desierto, continuo lidiando con las cuestas de 20 km y llego a Chañaral. En cuanto entro en la ciudad pregunto por la playa para acampar, pero ya no hay playa. Unas semanas antes cayó una riada después de décadas sin llover, arrasando la ciudad y cambiando totalmente la geografía. Me acerco a la zona cero y contemplo la destrucción total. Casas derruidas, furgonetas encima de tejados, escombros por todas partes y la playa sustituida por un agujero lleno de restos de la catástrofe.

Terremotos, inundaciones, volcanes, sequias, diluvios, Chile es un país de extremos y es justamente por lo que son tan duros los chilenos, y a la vez tan solidarios. Termino acampando con los voluntarios que llegaron de todo el país para ayudar a sus compatriotas, comparten conmigo su comida y sus experiencias. Se sentían frustrados porque ya no llegaba tanta ayuda. En el Sur de Chile el volcán Chalbuco había entrado en erupción y toda la atención de la prensa estaba enfocada en él. Por la mañana me despedí de todos los voluntarios y atravesé de nuevo la zona cero de la ciudad.

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(Destrucción en Chañaral)

Continuo mi viaje por el desierto pedaleando como una bestia, los días pasan tranquilos y cada vez estoy más cerca de la capital. Pero la llanta trasera va a peor y la fisura es más grande. La mañana que amanezco en el pequeño pueblo de Domeyco, vuelvo a revisar su estado y decido tomar medidas, sino no lo lograríamos. Busco un taller de coches y les pido que me dejen utilizar algunas herramientas y hurgar en una montaña de metales inservibles. Acceden encantados y encuentro una vieja cadena, corto un eslabón y lo deformo hasta darle forma de pinza, con la medida perfecta de la llanta. El invento resulta pero a los pocos kilómetros la pinza se suelta, la llanta se abre y la rueda explota.

Avanzo un poco más hasta llegar al siguiente pueblo e instalo el campamento. Trabajo para hacer una nueva adaptación a mi arreglo y que la llanta aguante hasta Santiago. Fijo un radio extra para reafirmar la sujeción, fabrico lengüetas con una botella de plástico para cubrir la fisura por el interior, y suavizar el contacto con la cámara.

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(Estado y reparación de la llanta trasera)

Amanece y la hora de poner a prueba el apaño había llegado. Cada 15 minutos me detenía para revisar la rueda pero siempre estaba bien. Seguí avanzando hasta que llegué a un descenso de varios kilómetros. Bajo lento, quemando las pastillas de freno hasta que me digo, “Que carajo!!!” Dejé de frenar y empecé a tomar velocidad hasta que me puse a 60 km/h durante varios minutos. La pinza lo aguanto sin inmutarse y lo más importante, resistió los 600 kilómetros hasta Santiago.

Después de una semana veo la capital y a sus puertas aparece una nueva fisura en la llanta. Intento arreglarla para que aguante con un pasador de resorte pero acabo empujando a Bucéfalo. Con la rueda de atrás machaca me recibe en su casa Jaime, un gran amigo español. Estaba rendido y agotado, pero me espabilé en cuanto me empezó a dar jamón serrano. Jaime también ha viajado por todo el mundo y siempre ha sido una inspiración para llevar a cabo mi aventura. Los días en Santiago me hizo sentir en familia junto a su pareja y sus compañeros de casa.

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(Grandes momentos en Santiago de Chile)

Me quedaban 20 euros y Bucéfalo estaba destrozado. Intenté que alguna tienda chilena de ciclismo me apoyara, pero nada. No podía esperar a que la nueva llanta viniera a mi, tenia que salir ahí fuera a luchar por encontrarla. Diseñe 10 postales e invertí todo lo que me quedaba en imprimir 10 de cada una. Mi estrategia era simple, buscar ayuda en los ciudadanos de a pie.

Durante 8 horas estuve en la Plaza de Armas con toda mi equipación, un pequeño mapa con toda mi ruta, las 100 postales en un álbum y un cartel en el que escribí: “Vuelta al Mundo”. No tenía ni idea de que iba a pasar, pero poco a poco fui atrayendo la atención de los chilenos que se acercaban en pequeños grupos.

Primero les exponía en que consiste mi proyecto, la ruta que había llevado hasta el momento y que me quedaba por delante. Enseñaba las postales y contaba la divertida historia que había detrás de cada una, después siempre me preguntaban por su precio, yo simplemente decía que las regalaba a colaboración para poder arreglar a Bucéfalo. En mi opinión, creo que hubo dos factores que determinaron el éxito de la campaña: 1º La solidaridad chilena. 2º Una explicación de mi forma de ver el viaje que me salía del corazón: “A mi no me importa pasar frío, calor, que me llueva o nieve, soportar el hambre, atravesar montañas, selvas o desiertos, pedalear contra el viento, dormir durante semanas en la tienda de campaña y prescindir de la higiene personal que conlleva el viaje, siempre que pueda despertarme por la mañana y seguir pedaleando, seguir luchando por este sueño. Ver así a Bucéfalo me esta matando”.

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(En la Plaza de Armas repartiendo postales)

La respuesta de los chilenos fue excepcional. Al día siguiente volví al mismo lugar y recaude el doble que el primer día. Conocí a Carlos Carballo, propietario del Taller Chicle, y me proporcionó el último empujón que necesitaba: Repuestos de primera calidad a precio de coste y mano de obra gratuita. Durante dos días Carlos se dedicó a Bucéfalo, le cambió las dos llantas, el eje delantero y volvió a enradiar las dos ruedas, pusimos neumáticos y cámaras nuevas, cadena, juego de piñones, sistema de cableado y frenos nuevos. Mi Potro había vuelto!!!

Después estuve trabajando con el ordenador en casa de Jaime. Cada vez que me levantaba a estirar las piernas iba al establo a ver a mi Potro, me quedaba embobado observándolo. Es sencillamente único en su especie.

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(Colorado On The Road levantando a Bucéfalo totalmente reparado en el Taller Chicle)

El resto del tiempo en Santiago lo dedique a pasarlo ociosamente, a reencontrarme con Andrea Camacho (Proyecto El Sur es el Norte), con mis colegas españoles Jaime y Henry, conociendo otros viajeros, riendo, bromeando, disfrutando del momento de alivio y paz.

Antes de continuar y despedirme de la ciudad, la cadena de televisión Chile Visión me hizo un reportaje que grabamos durante día y medio, en el que un mensaje quise dejar claro: “Gracias Chile, estáis siendo mi talismán!!!

El momento de seguir adelante siempre llega, aunque había hecho la parada mas larga de todo el viaje, 14 días. Tenía las piernas que me pedaleaban sonámbulas por las noches, los músculos pidiéndome guerra y Bucéfalo inquieto por devorar kilómetros. Era hora de volver a la aventura.

Seguí rumbo hacia el Sur para llegar hasta Osorno, de ahí viraría al Este para alcanzar el Paso de Samoré y entrar en Argentina. Los primeros días fueron fáciles, el paisaje cambió del desierto a los bosques y praderas. Dormía en las vías de servicio COPEC, eran como un hotel 5 estrellas en las que encontraba césped para acampar, luz, seguridad, baños, duchas, agua y tranquilidad. Todos los días me paraba gente en la carretera, me había convertido en el famoso ciclista español que había salido en Chile Visión. Nos sacábamos fotos, me daban donativos, me invitaban a comer y firmaba postales.

El clima cambio y la lluvia empezó leve, pero a medida que continuaba mi camino hacia el Sur era cada vez más intensa. Terminó derivando en tormentas descomunales, la opción de acampar en campo abierto dejó de ser viable. Varios días me hospedaron, otros acampaba en cobertizos o zonas techadas para protegerme de la lluvia, secar la ropa y despreocuparme de las inundaciones. Cada noche siempre tuve a alguien que me ayudaba a encontrar refugio.

El clima no lo puso fácil pero finalmente llegué al Paso de Samoré. Era momento de despedirme de Chile y enfocarme en Argentina. Los policías fronterizos estaban esperando a que llegara para sacarse una foto conmigo, un país encantador desde el principio hasta el final.

El Paso de Samoré es una camino de 40 kilómetros a través de Los Andes que conecta los dos países vecinos. Un puerto de montaña de 1305 msnm que desde hacía dos días estaba cubierto por la nieve. El frío era intenso y el sol estaba cerca de ocultarse, pero decidí pedalear 15 kilómetros y dormir en el paso entre los dos países. La nevada empezó débil pero a medida que escalaba cobró mucha más fuerzas. Conseguí llegar con el último rayo de luz a los carpones donde guardan las máquinas quitanieves, y pasé la noche en su interior. Encendí un pequeño fuego con madera húmeda que marco la diferencia entre la desesperación y la ilusión. Fue una noche muy autentica.

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(Durmiendo en el Paso de Samoré)

Por la mañana el operario de las quitanieves, antes de empezar su turno me dejo un termo de 1,5 litros lleno de café caliente junto a la tienda. Mientras escuchaba sus pasos alejarse, a medida que me despertaba creo que pude gritar “Gracias” unas 20 veces.

Con el cuerpo lleno de cafeína me puse en marcha, el último asalto con Los Andes estaba listo. Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y ahora para cruzar a Argentina. Con esta impresionante cordillera he vivido mil y una batallas. Era hora de encarar la última.

Nevó durante toda la noche y pedalear no era posible cuesta arriba, solo podía empujar. En muchas ocasiones por cada 3 pasos retrocedía 2, resbalándome en el hielo. Los camiones se quedaban atascados, los coches paraban a poner las cadenas, mi ropa se mojó y si me paraba me congelaba, si me movía entraba en calor. Solo me detuve en dos ocasiones para ayudar a poner las cadenas a dos vehículos.

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(La última batalla con Los Andes)

La última batalla la mejor!!! Me repetía constantemente cuando coroné la cima del Paso de Samoré. Luego descendí hasta la frontera y entré en Argentina.

Uno nunca sabe lo que se va a encontrar, que ocurrirá o que problemas tendrá que superar. Lo que siempre me ha movido en los momentos difíciles es:

“Las soluciones no se encuentran quedándose quieto o mirando atrás.

La respuesta siempre esta adelante, nunca hay que dejar de avanzar.”

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Vídeo del trayecto en el Sur de Chile hasta el Paso de Samoré:

Costa Rica y Panamá

Etapas:

12/11/2014 Liberia – Cebadilla de Punta Arenas (104 Km).

13/11/2014 Cebadilla de Punta Arenas – San José (117 Km).

14/11/2014 Descanso en San José.

15/11/2014 Descanso en San José.

16/11/2014 Descanso en San José.

17/11/2014 San José – Turrialba (84 Km).

18/11/2014 Turrialba – Cahuita (138 Km).

19/11/2014 Descanso en Cahuita.

20/11/2014 Descanso en Puerto Viejo (22 Km).

21/11/2014 Descanso en Puerto Viejo.

22/11/2014 Descanso en Puerto Viejo.

23/11/2014 Puerto Viejo – Almirante (88 Km) (Entrada en Panamá).

24/11/2014 Almirante – Rambala (74 Km).

25/11/2014 Rambala – Chiriqui (87 Km).

26/11/2014 Chiriqui – San Félix (93 Km).

27/11/2014 San Félix – Santiago (124 Km).

28/11/2014 Santiago – Penonomé (101 Km).

29/11/2014 Penonomé – Panamá City (153 Km).

30/11/2014 Descanso en Panamá.

01/12/2014 Descanso en Panamá.

02/12/2014 Panamá – Colón (100 Km).

03/12/2014 Viaje Colón – Cartagena de Indias (FerryXpress).

04/12/2014 Llegada a Cartagena de Indias (Entrada en Colombia).

Costa Rica y Panamá

Dejar atrás Nicaragua suponía entrar en un país que me ofrecía mas condiciones de seguridad. Durante tres etapas pedalee hacia San José mucho mas relajado a la hora de encontrar campamento y despreocupado por pedalear unas horas en la noche, pero avanzar por Costa Rica no fue nada fácil. Tiene tantas colinas que yo la apodaría Cuesta Rica.

La llegada a San José me reservaba una gran noticia. La locutora española del programa de radio ADN Hoy, Eva Moreno, me estaba esperando para hospedarme, es mas, me llevaba esperando desde que hice la primera entrevista con ella cuando yo estaba en la India 9 meses atrás.

Llegue a casa de Eva un jueves por la noche y me recibió junto a Borja, su pareja, y su perro Clifor. Después de ponernos al día, una buena ducha y recargar el deposito con una ovípara cena, tocaba reponer fuerzas para madrugar y acompañar a Eva a su trabajo, para entrar en directo en su programa de radio. Hasta el momento ya había realizado docenas de entrevistas en directo por teléfono, pero nunca había ido a un estudio. Fue una experiencia totalmente nueva y pasados los sudores fríos del principio, me empecé a sentir cada vez mas cómodo. Una vez finalizamos, estuve hablando con una periodista del periódico La Nación, respondiendo a sus preguntas para publicar un artículo de mi proyecto. Finalizada la breve mañana de trabajo, tocaba volver a casa para organizar, lavar todo el equipo y reparar ciertas averías.

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(Colorado On The Road en el programa de radio ADN Hoy)

El sábado amaneció con un día perfecto. Eva y Borja me enseñaron la ciudad y sus alrededores teniendo un día tranquilo de turisteo, y el domingo visitamos Cartago. A pesar de que tenga mil cosas que agradecer a la española pareja por abrirme las puertas de su casa, mi mente solo es capaz de recordar una, la tremenda tortilla de patatas que cocino Eva y que me traslado a mi niñez de un bocado.

El lunes antes de partir realice una entrevista en directo en los 40 Principales Costa Rica, y una vez adquirido el habito de llamar a los costarricenses “Ticos” y a despedirme con un feliz “Pura vida”, era hora de volver al asfalto para alcanzar el Mar Caribe.

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(Colorado On The Road en los 40 Principales Costa Rica)

Invertí dos días en llegar a la costa y pasé la primera noche en las montañas de Turrialba. Con el final de la segunda etapa llegue a Cahuita y me hospede en el camping María. Instale el campamento en la misma costa caribeña con la intención de moverme a Puerto Viejo por la mañana, pero en cuanto amaneció me fue imposible no quedarme un día tirado a la bartola. Además las historias de María eran increíbles, se había recorrido medio mundo junto su ex marido estadounidense y había vivido en cuatro continentes.

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(Mar Caribe)

Antes de irme la pedí tomarnos una fotografía juntos para recordar a tan carismática mujer, y ella me pidió a cambio que firmara el artículo que salió en el periódico hablando de mi proyecto. Es todo un honor formar parte del muro de la fama de su camping.

Puerto Viejo no quedaba lejos, apenas 20 kilómetros. Fui directo al Hostel Rockin J´s y volví a instalar el campamento. Durante el fin de semana que viví allí me deje llevar por la filosofía rastafari, disfrute de la playa, la arena y el sol, compartí grandes y buenos momentos con otros españoles y conocí a gente de otros lados del mundo, me acostumbre al olor de los cigarros de hierba buena y todas las mañanas me sentí afortunado de estar allí.

Con tanta calma y relajación en el cuerpo casi olvido la sensación de cabalgar el asfalto, así que sin mas rodeos retome el viaje con la mirada puesta en Panamá City. Cruzar la frontera fue algo sorprendentemente nuevo, ya que la unión entre Costa Rica y Panamá es un puente antiquísimo con el suelo formado por tablones rotos con huecos en los que sin duda alguna, una persona podría caerse al rio Sixaola. Nunca me iré a dormir sin conocer algo nuevo.

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 (Frontera entre Costa Rica y Panamá)

Por delante tenia 7 etapas para cruzar de la costa Atlántica a la Pacífica, pedaleando 630 kilómetros de montañas y colinas, hasta llegar finalmente a la capital panameña. Los últimos kilómetros el terreno mejoro, casi al mismo tiempo que la carretera empeoro. El ensanchamiento de la ruta panamericana ralentizaba todo el transito de vehículos pesados, así que me lo tuve que tomar con paciencia.

La llegada a Panamá City fue gloriosa. Después de varios días de lucha la carretera se convirtió en una autopista iluminada, con 3 carriles y un arcén donde perfectamente cabria un elefante. Atravesé el Puente de las Américas cruzando el canal de Panamá, y llegue a la ciudad mas moderna y desarrollada de todo Centroamérica.

Antes de salir de San José, Borja me dio el contacto de un amigo suyo de la infancia que vive en Panamá, Gonzalo. Cuando después de 7 días te abren las puertas de una casa se escucha una canción angelical al cruzar el umbral. Gonzalo lo tenia todo preparado para que simplemente me dedicara a relajarme y trabajar el fin de semana. Pero por muy cansado que estuviera ni de broma iba a perderme la visita a una de las mayores obras de la ingeniería.

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(Llegada nocturna a Panamá City recibido por Gonzalo)

A media mañana pusimos rumbo a las esclusas de Miraflores, y llegamos justo cuando un buque de carga iba a ser elevado hasta el nivel del Lago Gatún. El buque entro en la esclusa con un margen de separación entre las paredes de solo 1 metro, mientras era guiado por las locomotoras desde ambos lados. En cuanto se cerraron las compuertas el nivel del agua empezó a subir utilizando solo la fuerza de la gravedad. El inmenso carguero tardo solo unos minutos en alzarse sobre el nivel del mar y adentrarse en el Lago Gatún. Durante todo el proceso no pude apartar la vista ni un solo segundo. Mas tarde visitamos el museo con toda la historia de construcción del canal de Panamá, sentí que había vuelto al colegio.

Mi ultimo día en casa de Gonzalo lo invertí en trabajar con el ordenador, y a la mañana siguiente fui con la bicicleta para despedirme del skyline de Panamá City. Mi siguiente paso seria llegar ese mismo día hasta la ciudad de Colón en la costa atlántica.

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(Colorado On The Road en Panamá City)

En cuanto llegué a Colón mi primera impresión fue la de entrar en un completo suburbio de ciudad. La idea de acampar ni se me paso por la cabeza y me fui directo a un Motel. Sinceramente me parece un desequilibrio social que a tan solo 70 kilómetros de una ciudad de la importancia económica de Panamá City, se encuentre la abandonada ciudad de Colón.

Desde hace tiempo circulaba el rumor de la apertura de una nueva línea de transporte entre Panamá y Colombia. Muchos hemos sido los viajeros que hemos esperado a que se brindara esa oportunidad para conectar Centro con Sudamérica, y finalmente a principios de Noviembre el FerryXpress era ya una realidad. El único inconveniente es la poca información que hay en la red, sobre las condiciones de viaje de la compañía.

Cuando llegué al puerto me notificaron que mi pasaje costaba 99 dólares, un precio justo para tan largo trayecto, pero mi potro mas mi equipaje adicional que deberían ir en la bodega, iban a costarme un total de 150 dólares más. No tenia ni por asomo esa cantidad de efectivo en ese momento, y aunque lo tuviera no me agradaba la idea de pagar esa suma de dinero, pero fue entonces cuando conocí a Oscar.

En frente mío junto a la oficina de información, había un señor de aspecto amble que enseguida se acerco a entablar conversación conmigo. Oscar viajaba en furgoneta hacia Argentina desde Costa Rica y debía pagar 300 dólares por su vehículo, independientemente de lo que llevara dentro, el peso no era problema.

Bucéfalo viajaría dentro de la furgoneta de Oscar, junto con todas mis alforjas ahorrándome así los 150 dólares y ganando un amigo abordo. Sin su ayuda no podría haber embarcado ese día hacia Colombia.

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(Oscar junto a su furgoneta cargando a Bucéfalo)

A las 19:00 pm ya estábamos todos abordo preparados para pasar una noche surcando el mar Caribe. El viaje fue tranquilo y por lo menos pude tener el gesto de invitar a mi nuevo amigo a unas cervezas mientras hablábamos en la cubierta del barco.

Estaba dejando atrás Centroamérica y con ello estaba completando la media vuelta al mundo, estaba a punto de hacer tierra en Sudamérica e iniciar la penúltima gran etapa del viaje. Hasta la fecha había pedaleado 31.000 kilómetros por 26 países y vivido 14 meses de aventura, pero no es momento para mirar hacia atrás, sino de afrontar todos los retos que aun quedan por superar.

“Solo hay que mirar atrás para valorar todo lo que hemos sido capaces de lograr, y así coger energías para seguir adelante con más fuerza”

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(Colorado On The Road antes de hacer tierra en Colombia)

Entrevista en el programa de radio ADN Hoy:

 

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua

Etapas:

16/10/2014 Ciudad Tecún Umán – Tetalhuleu (72 Km).

17/10/2014 Tetalhuleu – Santa Lucía Cotzumalguapa (86 Km).

18/10/2014 Santa Lucía Cotzumalguapa – Chiquimulilla (100 Km).

19/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

20/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

21/10/2014 Chuiquimulilla – San Julián (93 Km) (Entrada en El Salvador).

22/10/2014 Descanso en San Julián.

23/10/2014 San Julián – Santa Tecla (69 Km).

24/10/2014 Santa Tecla – Chamoco (92 Km).

25/10/2014 Chamoco – La Unión (101 Km).

26/10/2014 La Unión – Santa Rosa de Lima (62 Km).

27/10/2014 Santa Rosa de Lima – Choluteca (103 Km) (Entrada en Honduras).

28/10/2014 Choluteca – Somotillo (55 Km) (Entrada en Nicaragua).

29/10/2014 Somotillo – Chinadega (75 Km).

30/10/2014 Chinadega – Nagarote (84 Km).

31/10/2014 Nagarote – Managua (43 Km).

01/11/2014 Descanso en Managua.

02/11/2014 Descanso en Managua.

03/11/2014 Managua – Nandaime (78 Km).

04/11/2014 Nandaime – Santa Cruz (63 Km).

05/11/2014 Descanso en Santa Cruz.

06/11/2014 Santa Cruz – San Juan del Sur (58 Km).

07/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

08/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

09/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

10/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

11/11/2014 San Juan del Sur – Liberia (118 Km) (Entrada en Costa Rica).

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua

Entrar en Centroamérica supuso un gran avance en el viaje, pero también supuso afrontar nuevos riesgos.

El temor de sufrir un asalto estuvo muy presente en mi mente los primeros días, y la seguridad con la que contaban la gran mayoría de negocios reafirmaba mi sentimiento. Gasolineras, bancos, pequeños negocios y camiones de transporte siempre permanecían bajo la atenta mirada de los guardas armados de agencias privadas de seguridad.

Guatemala sufre mas de 30 asesinatos y varios secuestros diarios, y las cifras en los próximos países centroamericanos que tenia por delante eran igualmente desalentadoras. Por lo que decidí extremar las precauciones y seguir de forma estricta una serie de normas:

  1. Pedalear solo de día y en el atardecer buscar el campamento antes de que llegue la noche.
  2. Acampar solo en propiedades privadas, seguras y con la autorización del responsable.
  3. Pedalear solo por las carreteras principales y mas transitadas.

Quizás esta angustia que viví los primeros momentos y el hecho de seguir ciertas pautas de seguridad pueda parecer una exageración, pero siempre me he dicho a mi mismo que es mejor pecar de precavido que de confiado.

Pero mis días transcurrieron con normalidad conociendo a grandes personas de buen corazón, disfrutando de su compañía y de la comida local. El único riesgo del que fui victima fueron las picaduras de mosquitos. Los zancudos estaban siempre al acecho, amenazantes y dispuestos a extraerte la sangre transmitiéndote el Dengue o la fiebre Chikungunya.

Durante mi tercer atardecer en Guatemala, avanzando por una carretera colapsada por el trafico y las obras, escuche una voz familiar llamándome: “Javieeeeeer”. Gire la cabeza de una lado a otro hasta que vi a Madison asomando la cabeza por la furgoneta de Vanajeros. Pedalee como un rayo hasta que me puse a su altura y les intente seguir el ritmo durante varios minutos, pero al final acordamos en reunirnos 20 kilómetros mas adelante para acampar.

Devoré las constantes subidas y bajadas de las colinas guatemaltecas hasta que encontré a Joel esperándome en la carretera, para guiarme al campo de football donde pasaríamos la noche todos juntos.

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(Colorado On The Road reencontrándose con Vanajeros)

Nuevamente me invitaron a cenar, a beber cerveza y me era imposible despegarme la sonrisa de la cara. Estas coincidencias entre amistades creadas a lo largo del viaje, son una de las mas impresionantes sorpresas que la aventura ofrece. Por la mañana nos despedimos bajo la promesa de reencontrarnos en Ecuador, país en el que realizaran una parada de dos meses, dándome así tiempo suficiente para llegar pedaleando con el potro.

La geografía de Centroamérica no deja lugar para distinguir las diferencias entre los países que la componen. El terreno montañoso, los volcanes, el calor, las lluvias y la humedad de la jungla eran constantes día tras día.

Salir de Guatemala fue un tramite sencillo, el visado que adquirí al entrar en este país, la C-4, tenia validez para El Salvador, Honduras y Nicaragua, lo que agilizaba mis pasos fronterizos.

En mi primera etapa en El Salvador, escale durante horas una colina interminable para alcanzar San Salvador antes de que oscureciera. En el transcurso de la jornada conocí a un cicloturista francés, Allan. Decidimos pedalear juntos hasta Santa Tecla, donde un salvadoreño registrado en couchsurfing, Ever, nos estaba esperando para hospedarnos en su casa.

Nuestra llegada fue puntual y antes de que se pusiera el sol ya habíamos alcanzado el final de la etapa, pero nuestro anfitrión aun no había salido de trabajar en la universidad donde imparte clases de ingles. Cenamos en un pequeño restaurante y pasamos un largo tiempo hablando con los curiosos chavales que jugaban en la calle.

Durante la amena espera nos tomamos una cerveza en frente de una tiendecita. No me sorprendió la forma de pagar a través de una cabina con barrotes y cristal blindado, ya me había acostumbrado a las impenetrables medidas de seguridad de cada negocio, pero si llamo mucho mi atención una conversación entre dos salvadoreños que coincidieron en la calle.

Después de saludarse e intercambiar varias cordiales palabras, se despidieron con prisa a medida que se alejaban el uno del otro, hasta que uno se dio la vuelta mientras caminaba y grito: “Oyeeee!!! Salúdame a tu zipo…”

En España utilizamos esa palabra que no he completado, para referirnos de forma vulgar al miembro viril. Estoy seguro de que a ti, escuchar a gritos la palabra “zipo..” te llamaría también la atención.

Ever no tardo en llegar y darnos la bienvenida a su hogar, nos invito a cenar unos tamales de elote y charlamos durante horas en su sala de estar. Ever me saco de mis dudas explicándome que aquella palabra que me llamo tanto la atención era utilizada en El Salvador para referirse a los niños, hijos o chavales, por lo que el señor solo mando saludos para sus hijos en aquella calurosa despedida.

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(De izquierda a derecha: Allan, Ever y Colorado On The Road)

Ever también nos hablo largo tiempo sobre la sangrienta y olvidada historia de El Salvador, de los problemas que sufre su país a causa de las Maras, de como se han hecho con casi todo el control de ciertas áreas y la impotencia que sufren sus ciudadanos. Su testimonio acaparo mis pensamientos en las etapas venideras.

El día que deje atrás San Salvador pedalee hasta el ocaso. La noche apenas llega a las 17:30 pm, lo cual me deja muy poco margen para bombear los músculos y avanzar, por lo que madrugar ya no es una opción, sino una necesidad. Una de mis formas preferidas de acampar es bien pegadito a una comisaria de policía. Podría parecer que la presencia de los turistas pueda incomodarles, pero los agentes del orden saben mejor que nadie a los peligros que nos exponemos al viajar solos, y agradecen la petición de pasar la noche bajo su tutela.

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(Colorado On The Road amaneciendo junto a una comisaría)

Mi transito por Honduras fue breve y fugaz, apenas atravesé 130 kilómetros para llegar a Nicaragua. Cuanto mas avanzaba mas se incrementaba el nivel de seguridad, pero la forma de conducir en esta zona del mundo me dejaba totalmente atónito día a día. Los alocados conductores realizaban constantemente adelantamientos invadiendo el estrecho carril contrario sin importarles lo que viniera por delante, y en mas de una ocasión tuve que salir despedido de la carretera para evitar ser arrollado.

Antes de llegar a Managua, el sol avanzó mas rápido que yo abandonándome antes de que pudiera llegar a la capital nicaragüense. Para evitar entrar en la gran ciudad en plena noche acampé en el pueblo de Nagarote, fue toda una sorpresa descubrir aquel rincón oculto, cargado de tradición y buenas energías. Sus ciudadanos no tardaron en guiarme a la plaza del ayuntamiento para que acampara en ella, bajo la atención de la seguridad privada.

En Managua pare unos días simplemente para descansar y dedicar tiempo a trabajar con el ordenador, quería reponer fuerzas para una expedición que me llevaría a surcar el Lago Nicaragua.

Una vez lo tuve todo preparado me dirigí hacia San Jorge, para embarcarme en un Ferry y alcanzar la isla de Ometepe, haciendo tierra en el Puerto Las Brisas. Nada mas tocar suelo firme pregunte en un hotel para hacerme con un mapa que llevar siempre a mano, fue entonces cuando conocí a Danny, quien me recomendó un camping de unos amigos en Santa Cruz.

Durante las primeras rodadas me quedaba constantemente pasmado viendo de cerca los dos volcanes que componen la Isla: Concepción (1610 msnm) y Maderas (1394 msnm). A causa de la niebla no pude apreciar desde el Ferry la presencia imponente del volcán Concepción, pero ahora desde su base era imposible escapar de ella.

En poco tiempo llegue a Sata Cruz en las cercanías del volcán Maderas, entré en el restaurante Malinche y Sergio, amigo de Danny, me recibió y me asigno un lugar para instalar el campamento. Dispuse todo el equipo con prisa, quería subir al Mirador del Porvenir antes de que anocheciera. Antes de emprender la ruta de senderismo, deje avisado que subiría solo y mi hora prevista de llegada, no quería ninguna sorpresa y Harold, guía local de la isla, me dio preciados consejos.

Llegado el momento me puse en marcha y rápidamente llegue al inicio del sendero. Empecé a seguir los caminos marcados por las pisadas colina arriba, aunque a menudo se cruzaban unos con otros y no tarde mucho en perderme en la selva. Seguí avanzando durante dos horas entre la maleza, el barro, el agua y el sonido de los animales. No conseguí alcanzar el mirador cuando solo me quedaba una hora de luz, por lo que decidí dar media vuelta y regresar al campamento. Perderme ya no era una opción, y poder seguir mis inigualables pisadas en el barro me ayudo a llegar a tiempo.

Por la noche le conté mi experiencia a Harol describiéndole paso a paso todo los caminos que había tomado. Nos reímos y bromeamos durante horas, e hicimos muy buena amistad. Harol tenia una ascensión a la cima del volcán programada a la mañana siguiente para guiar a una pareja de británicos, y me invito a acompañarles sin costo alguno.

A las 06:00 am salí de un salto de la tienda de campaña, tenia hambre de revancha y esta vez iría con todo hasta la cima. A las 07:00 am nos pusimos en marcha y con mayor facilidad que el día anterior, alcanzamos el Mirador del Porvenir. Después de un breve descanso contemplando el volcán Concepción, continuamos con la escalada. A medida que avanzábamos la pendiente era mas pronunciada, la humedad calaba la ropa, la densa vegetación lo abarcaba todo cubriendo los rayos del sol y durante unos breves instantes, nos acompañaron monos aulladores y monos capuchinos.

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(Mirador del Porvenir frente al volcán Concepción)

Cada paso nos acercaba mas a la cima, pero también pesaba cada vez mas y mas. El barro, los arboles caídos y las resbaladizas piedras complicaban la ascensión, a la vez que la hacían mas emocionante. Cuando alcanzamos los 1304 msnm, nos adentramos dentro del cráter descendiendo 200 metros en el interior del volcán, donde se encuentra un lago cubierto por la niebla.

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(Colorado On The Road en el lago del cráter del volcán Maderas)

Descansamos durante 30 minutos, repuse fuerzas con un bocata y me cambie la camiseta totalmente calada por una seca. Habíamos completado la primera parte de la ruta pero ahora quedaba la mas peligrosa, el descenso. Después de 6 horas escalando la ladera, las piernas se resienten perdiendo fuerza y precisión, y cuando el terreno es una pronunciada pendiente entre barro y rocas, los accidentes se suceden constantemente. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, descendimos hasta volver de nuevo al campamento y celebrar con una buena cerveza las 10 horas de ruta por el volcán Maderas.

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(Colorado On The Road descendiendo el volcán)

La aventura en la volcánica isla supero todas mis expectativas, y ya era hora de abandonarla. Desde el puerto de Moyogalpa tome el Ferry hasta San Jorge, de ahí pedalee hasta San Juan del Sur en la costa Pacífica nicaragüense, para seguir la recomendación de un amigo y relajarme en el Naked Tiger Hostel. Durante todo un fin de semana salí de fiesta, la primera desde que coincidí con un amigo madrileño en San Francisco, por lo que no es de extrañar que la cogiera con ganas.

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(Colorado On The Road en The Naked Tiger Hostel)

Si alguna vez visitáis Nicaragua hay dos claras recomendaciones que siempre hare. Primero visitar la isla de Ometepe, y segundo hospedarse en The Naked Tiger. Muy importante seguir el orden, porque si creéis que subir al volcán Maderas es intenso, probar a desmadraros un fin de semana en San Juan del Sur.

“Cuanto mas duro sea el camino, mayor será la recompensa”

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Vídeo de la Isla Ometepe:

USA: De Montana a California

Etapas:

01/06/2014 Superior – Clinton (139 Km).

02/06/2014 Clinton – Gregson (161 Km).

03/06/2014 Gregson – Norris (136 Km).

04/06/2014 Descanso en Norris.

05/06/2014 Descanso en Norris.

06/06/2014 Norris – West Yellowstone (133 Km).

07/06/2014 West Yellowstone – Yellowstone National Park, Canyon Village (70 Km) (Entrada en Wyoming).

08/06/2014 Yellowstone National Park, Canyon Village (118 Km).

09/06/2014 Canyon Village – Grand Teton National Park, Flagg Ranch (108 Km).

10/06/2014 Flagg Ranch – Jackson (94 Km).

11/06/2014 Jackson – Smoot (137 Km).

12/06/2014 Smoot – Garden City (116 Km) (Entrada en Utah).

13/06/2014 Garden City – Ogden (149 Km).

14/06/2014 Ogden – Farmington (29 Km).

15/06/2014 Descanso Farmington.

16/06/2014 Farmington – Salt Lake City (33 Km).

17/06/2014 Descanso en Salt Lake City.

18/06/2014 Descanso en Salt Lake City.

19/06/2014 Salt Lake City – Grassy Mountain West Rest Area (119 Km).

20/06/2014 Grassy Mountain West Rest Area – Oasis (153 Km).

21/06/2014 Oasis – Ryndon (110 Km) (Entrada en Nevada).

22/06/2014 Ryndon – Rest Area I80 (98 Km).

23/06/2014 Rest Area I80 – Winnemucca (147 Km).

24/06/2014 Winnemucca – Lovelock (123 Km).

25/06/2014 Lovelock – Fernley (103 Km).

26/06/2014 Fernley – Truckee (121 Km) (Entrada en California).

27/06/2014 Truckee – Strawberry (97 Km).

28/06/2014 Strawberry – Sacramento (155 Km).

29/06/2014 Sacramento – San Francisco (203 Km).

30/06/2014 Descanso en San Francisco (14 Km).

01/07/2014 Descanso en San Francisco (60 Km).

02/07/2014 Descanso en San Francisco.

03/07/2014 Descanso en San Francisco (15 Km).

04/07/2014 Descanso en San Francisco (15 Km).

05/07/2014 Descanso en San Francisco.

Estados Unidos: Montana, Wyoming, Utah, Nevada y California

Nada más entrar en Montana, la recompensa por haber escalado un puerto de montaña fue instantánea, una larga bajada entre los frondosos bosques.

El haber cruzado las montañas significaba que entraba en un nuevo ecosistema en el que el Oso es el rey. Todo lo que Darren me había enseñado en mi paso por Canadá era hora de ponerlo en práctica, durante mis tres primeros días de acampada. Fui adquiriendo la costumbre de dejar siempre a 30 metros del campamento las alforjas de la comida colgadas en la rama de un árbol, a repasar siempre antes de dormir que nada con un rastro de olor de comida estuviera dentro de la tienda, ni siquiera la pasta de dientes. Dormir con el cuchillo cerca como última medida de seguridad se estaba convirtiendo en un hábito que ya nunca perdería.

A los lados de la carretera los ciervos salvajes pastaban tranquilamente, pero también algún descuidado cruzaba la carretera al pleno galope y el trágico resultado algunas veces se daba, y terminaban muertos a un lado de la carretera.

El clima era húmedo, los pastos verdes y los bosques no parecen tener fin. Atravesar el estado de Montana en primavera fue sin duda un acierto. Llegando a la ciudad de Norris en plena noche y bajo una intensa lluvia, me detuve en el único establecimiento que había abierto para preguntar por un lugar seguro en el que acampar. Fue entonces cuando conocí a Josh y Penélope, una pareja que tenía un rancho a pocos kilómetros y que me ofrecieron pasar unos días en su casa para descansar, y continuar con toda la energía posible mi camino hacia Yellowstone.

Situada a orillas de un gran lago, la casa tenía un paisaje con la firma “Made in Montana”, con las vacas pastando en los prados, las montañas con la cumbre cubierta por la nieve y el imperturbable lago reflejándolas en la superficie del agua. Sin duda alguna, el mejor paisaje para encontrar la paz y la calma.

1(Colorado On The Road junto a Josh y Penélope en Montana)

Durante un par de días, me alimentaron como a un legionario, tuve tiempo de pensar, reflexionar y valorar no solo esta experiencia, sino todas y cada una de las que había vivido a lo largo del viaje. Josh se preocupo mucho por la logística que utilizaba para documentar mí día a día, y me ayudo mejorándola con creces. Me regalo una nueva carcasa sumergible para la Gopro, ya que la mía estaba totalmente machacada, me dio una nueva batería de reserva, una micro SD, un sistema autónomo para cargar baterías e incluso un adaptador de wireless para poder conectarme a internet en cualquier parte de Estados Unidos, y hablar así a diario con mi familia.

Cuando retome el viaje, solo me separaban 130 kilómetros hasta la ciudad de West Yellowstone, y a la entrada oeste al parque nacional. Pase la noche a las afueras de la ciudad para poder madrugar, entrar en Yellowstone y llegar hasta el campground que estaba situado en el centro del parque, Canyon Village.

2(Colorado On The Road entrando en Yellowstone National Park)

Nada mas pagar las tasas de entrada, pocos pedales di para cruzarme con el primer ciervo de muchos que vería a mi paso. La carretera era estrecha y atravesaba una zona de bosque hasta que pude llegar a una inmensa pradera, y contemplar los primeros búfalos desde una respetable distancia.

3(Colorado On The Road observando los búfalos)

Una de las primeras cosas que note nada más entrar en el supervolcan mas grande del continente y considerado en actividad, es que cuenta con su propio clima. A pesar de estar en plena primavera el aire corría frio y había restos de nieve en las montañas. El Parque Nacional de Yellowstone está cubierto por la nieve diez meses y medio al año, una vez más sentías que había escogido la temporada ideal para visitarlo.

Mis nuevos compañeros serian el lobo gris, el lince, el oso grizzly y el oso negro, bisontes, pumas, alces y ciervos. Cuando llegue al campground me puse manos a la obra, monte la tienda de campaña, recogí madera suficiente para calentarme por la noche y por primera vez encendí la hoguera utilizando mi pedernal. Deje todo lo que tuviera un olor atrayente para los osos en las cajas metálicas llamadas Bearbox, y mantenerme a salvo por la noche. Me prepare la cena, contemple largo tiempo las estrellas junto al fuego y me fui pronto a dormir para madrugar con energía.

4(Campamento en Canyon Village)

En mi segundo día en Yellowstone me dispuse a hacer un tour de 113 kilómetros, pero esta vez dejando todo el equipo en la tienda para pedalear con más ligereza por toda la zona montañosa que comprende uno de los supervolcanes más grandes del mundo.

Desde Canyon Village fui hasta Tower Roosevelt atravesando el Dunraven Pass con 8859 pies de altura, la mayor que he pedaleado hasta el momento. Pude contemplar las cascadas de Tower Fall y  superar y salir ileso del atropello marcha atrás de un gigante todoterreno, cuando me detuve a realizar una foto de una puñetera cabra.

Desde Tower Roosevelt pedalee junto a la presencia de búfalos y ciervos hasta Mammoth Hot Springs, donde puede contemplar el colorido de las fuentes termales, producto de la elevada actividad geotérmica del parque. Inicie la vuelta al campamento pasando por Norris y finalmente llegando hasta Canyon Village.

5(Colorado On The Road en Mammoth Hot Springs)

Durante toda mi estancia en el parque nacional, la presencia de animales herbívoros fue constante, pero no tuve la oportunidad de observar ningún depredador durante el día, y la suerte de no verlos frente a mi tienda por la noche. La elevada actividad geotérmica del parque era uno de los atractivos turísticos, constante mente veía las calderas, fuentes calientes y geiseres. Pero a mí la idea de dormir dentro de un supervolcan activo me robaba mucho sueño, y ya era hora de continuar.

Mi última jornada me llevaría a visitar el Yellowstone Lake y a salir del Parque Nacional, para llegar hasta el Gran Teton National Park. Pedaleando por la solitaria carretera, una vez más vi como el destino se pondría de mi parte. Un inmenso árbol cayó enfrente de mí cortando la carretera, unos segundos antes y me hubiera aplastado. Los coches se empezaron a acumular y en pocos minutos habíamos formado un grupo de 30 hombres, para intentar liberar la carretera a base de puro musculo. Finalmente uno de los carriles quedo despejado y el tráfico se reanudo mientras llegaban los Rangers del parque para finalizar el trabajo.

6(El árbol caído cortando la carretera)

Mi avance hacia Salt Lake City no fue tarea fácil, el viento en contra de Wyoming parecía que no quería que continuara con el viaje y los puertos de montaña no cesaban. Los días iban pasando pero siempre los iniciaba con fuerza y los acababa completamente agotado. Cuando entre en Utah y alcance Salt Lake City, pude descansar después de unas agotadoras jornadas cabalgando sin cesar con mi potro.

Pero el hecho de que al inicio de cada diario especifico el itinerario que he seguido y que en varios días ponga “Descanso en …” realmente es cuando más trabajo tengo para documentar el viaje. Mis piernas reposan pero mis quehaceres se incrementan. Hospedado en un hostal de la ciudad, libero mi mente de la presión de encontrar campamento, mantenerme a salvo de los peligros de la carretera, la fauna salvaje y de las condiciones climatológicas, para sustituir esta presión por las interminables pero ociosas horas frente al ordenador.

Escribir diarios, editar fotos, videos, actualizaciones GPS, actualizaciones de mi web, Facebook, Twitter, Canal de Youtube y Vimeo, escribir y contestar emails de prensa, entrevistas, mensajes de mis queridos followers y encontrar esos preciados minutitos para hablar con mi familia. Los días los finalizo arreglando pinchazos, limpiando y haciendo el mantenimiento a mi potro, recogiendo la colada y cayendo en la tentación de la comida rápida para cenar, y no retrasar más la increíble recompensa de dormir entre sabanas limpias, bajo techo y protegido.

Sino amase esta aventura como la amo, sino disfrutase tanto documentándola y compartiéndola con mis followers, sino se me encogiera el corazón con cada mensaje de apoyo y admiración que me enviáis…evidentemente no encontraría fuerzas para seguir trabajando de esta manera.

En Salt Lake City me lleve frente al televisor y arropado con mi bandera española la misma desilusión que todos nos llevamos, al ver como Chile pulverizaba nuestras esperanzas de volver a ser campeones al vencer a nuestra Selección. Pero a pesar del fracaso deportivo de nuestros internacionales más queridos y admirados, el sentimiento de agradecimiento por estos seis maravillosos años del mejor football con la firma española, es evidente y me llena de orgullo patriótico.

No era momento para las lamentaciones, una vez limpiada mi agenda de deberes y con las piernas bailando al son del pedaleo, era momento de embarcarme en otra gran etapa para recorrer 1430 kilómetros hasta llegar a San Francisco, sin hacer ningún día de descanso para poder pasar más tiempo en esta ciudad californiana.

Por la tarde, en medio de un desierto de sal en Utah y antes de cruzar a Nevada, a las 00:00 horas según la franja horaria española, en el kilómetros 19.195, cumplí 28 años de edad. Esa noche la pase en medio del desierto de Nevada, solo, sin familiares ni amigos y sin cerveza, no tenia nadie con quien brindar. Aun así fue un momento especial bajo las estrellas, rodeado por la calma del desierto.

7(Colorado On The Road en el desierto de Utah)

El norte de Nevada es puro desierto con largos kilómetros sin nada más que arena, arbustos y serpientes de cascabel. Las rectas son interminables y las cuestas parecían no tener fin, de vez cuando las montañas se interponían en mi camino y bajo el sol abrasador las superaba intentando ahorrar sudor.

Cada noche a la hora de acampar, enciendo un pequeño fuego y disperso las cenizas alrededor de mi campamento, con la esperanza de evitar que las serpientes de cascabel encuentren debajo de mi tienda un confortable hueco calentito en el que dormir. Cada día al despertar salgo de la tienda con cuidado y la levanto del suelo con más cuidado aun, por si  algún reptil ha decidido dormir bajo mi campamento. A pesar de que afortunadamente no me lleve ninguna sorpresa mañanera, si las tuve a lo largo del camino.

8(Una de las muchas serpientes de cascabel que vi en el desierto)

Cuando llevo etapas de tan larga distancia  entre dos grandes ciudades, cada día es importante mantener la moral bien alta. Estar más de diez días de ruta sin ducharse, durmiendo en la tienda y poniéndome cada mañana la misma ropa, los pequeños placeres o pequeñas recompensas son fundamentales para no caer en la desmotivación. Por ello, una vez atravesado el duro desierto del norte de Nevada, después de haber dejado atrás las infinitas llanuras y los fuertes vientos, después de conseguir entrar en California y sus verdes bosques, de atravesar por segunda vez las Rocosas, cruzar el lago Tahoe y después de haber cumplido 20.000 kilómetros, encontrar un momento de paz junto a la hoguera con una cerveza fría, es un privilegio que nunca dejare de lado.

9(Colorado On The Road junto al fuego en California)

Cuando alcance Sacramento, ya solo me quedaban 203 kilómetros para alcanzar San Francisco, así que ni corto ni perezoso lleve a cabo la etapa más larga hasta el momento en el continente americano después de 10 días de ruta…Ole!!!

En el barrio de Palo Alto en el sur de San Francisco me estaba esperando Fernando, un follower que me invito a pasar unos días en una Hacker House, una casa que alquila habitaciones a personas que vienen a San Francisco en busca de financiación para desarrollar una idea tecnológica. Fernando además me enseño la sede de Google, Facebook y Twitter, mientras me explicaba que en San Francisco se desarrolla prácticamente el mundo tecnológico que hoy en día conocemos.

10(Colorado On The Road junto a Fernando)

Una vez más mi mensaje de Facebook pidiendo ayuda para encontrar alojamiento, me había dejado varias generosas invitaciones para ser hospedado. Después de cruzar la ciudad hasta llegar a la zona norte, me hospede varios días en casa de Bárbara, la hermana mayor de una buena amiga madrileña, y conseguí reencontrarme con Javier, un amigo de Madrid que conocí en mi Erasmus en Italia cuando vino a visitar a un compañero.

11(Colorado On The Road junto a su tocayo Javier)

Viví el 4 de Julio, el día más importante para los estadounidenses en su aniversario de la independencia, pero he de reconocer que para un español acostumbrado a los fuegos artificiales valencianos, no me supo a mucho. La mañana que volví a preparar la bicicleta para volver de nuevo a la carretera, tuve una reunión con el Grupo Imagine para hacerles una exposición de mi proyecto, y transmitirles que no hay nada más hermoso que luchar por un sueño, para posteriormente cruzar junto a ellos en bicicleta el Golden Gate.

Llevaba más de la mitad de mi ruta por Estados Unidos, pero aun me quedaba las etapas más duras no solo del país, sino también del viaje.

“La única forma de alcanzar tus objetivos, es a base de esfuerzo y trabajo.”

12(Colorado On The Road junto al Grupo Imagine visitando el Golden Gate)

USA: Washington e Idaho

Etapas:

15/05/2014 Belligham – North Creek (128 Km).

16/05/2014 North Creek – Redmond (31 Km).

17/05/2014 Descanso en Redmond.

18/05/2014 Descanso en Redmond.

19/05/2014 Descanso en Redmond (20 Km).

20/05/2014 Redmond – Easton (108 Km).

21/05/2014 Easton – Vantage (117 Km)

22/05/2014 Vantage – George (54 Km).

23/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

24/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

25/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

26/05/2014 George – Ritzville (152 Km).

27/05/2014 Descanso en Ritzville.

28/05/2014 Ritzville – Spokane (121 Km).

29/05/2014 Descanso en Spokane (19 Km).

30/05/2014 Spokane – Pine Creek (103 Km) (Entrada en Idaho).

31/05/2014 Pine Creek – Superior (131 Km) (Entrada en Montana).

USA: Washington e Idaho

Entrar en Estados Unidos fue más que nada emocionante. Un país del que tanto he oído hablar y tantas veces he deseado visitar, y sobre todo la costa oeste.

En mi camino hacia Seattle, donde me estaba esperando Elena una incondicional follower alicantina, todo lo que atravesé fueron pequeños pueblecitos. Poco a poco me acostumbraba más a los cruces en X, aunque he de reconocer que soy más de una buena rotonda. Las esperas de 30 minutos a que los largos trenes cruzaran la carretera cada vez eran más llevaderas, y las dos mañanas que me desperté en la tienda de campaña antes de llegar a la capital de Washington, me daba los buenos días un policía muy encantador a la vez que me decía, “Tío, aquí está prohibido acampar, pírate ya”.

Cuando llegue a Seattle, Elena vino a recogerme para llevarme a su casa situada en medio de las montañas de Redmond, donde vive con su marido estadounidense Tomi, sus perros y sus gatos.

Después de una buena comilona con una fresquita cerveza, cada vez iba conociendo más a Elena, sus orígenes en Denia, su afán por el viaje y la aventura, su amor por los animales y la naturaleza, la historia de cómo conoció a Tomi a los 18 años y como tiempo después se volvieron a reencontrar.

colorado_on_the_road_eeuu(Colorado On The Road almorzando en la casa de Elena)

A la mañana siguiente, Elena me preparo un desayuno cargado de energías y nos fuimos de visita a las antiguas vías de tren que transportaban toneladas de madera décadas atrás, y contemplamos la cascada más grande de todo el estado, Snoqualmie Fall, con 82 metros de caída. Sin demorarnos mucho volvimos a casa para descansar y madrugar al día siguiente, porque el tour que me tenía preparado por Seattle iba a ser completo.

colorado_on_the_road_usa(Colorado On The Road junto a Elena en Snoqualmie Fall)

Empezamos el día con una parada muy significativa para mí, el Viretta Park. En este parque normal y corriente, tenía cerca su casa familiar una de las personas que más ha influido en la música, marcando un antes y un después. Este artista salía de su casa y solía sentarse en un banco a beber cerveza, fumarse un cigarro y pensar sobre su música. El momento que me senté en el mismo banco que él, me sentí mas conectado al músico que más me ha influido en mi vida, Kurt Cobain.

Nuestra siguiente parada fue el Pioneer Square, de donde salieron los pioneros que viajaron a Alaska por la fiebre del oro. El Konklide Gold Rush Museum, te acerca más a la realidad en la que muchos mineros perdieron la vida en las duras ascensiones a la montaña, y como solo unos pocos consiguieron hacerse ricos.

La ciudad de Seattle debe su nombre al jefe de los nativos americanos, que poblaron estas tierras antes de que llegara el hombre blanco y negociara con el su traslado a una reserva en un lugar apartado, y con unas extensiones de tierras mucho menores. En el Pioneer Square, se encuentra la estatua conmemorativa al jefe Noah Settle.

colorado_on_the_road_viajar(Estatua de Noah Settle)

Esta innovadora ciudad en constante expansión, tiene un contraste entre lo moderno y lo tradicional. Su fortaleza empresarial se centra en la Sede de Microsoft, vio nacer al primer Starbucks de los miles que hay hoy en día por el mundo, y la naturaleza se convierte en un componente más de la ciudad, bañada por los lagos Washington, Union y Puget.

Conocemos el Pike Market Place, un mercado antiguo que cuando estuvo a punto de cerrar sus puertas, los ciudadanos a través de sus donaciones hicieron realidad las labores de restauración, y hoy en día sus nombres permanecen en las baldosas del mercado.

Cerca del mercado se encuentra The Seattle Gum Wall, donde realice mi pequeña contribución pegando un chicle sabor menta, mientras me preguntaba quien había sido el artista que pegaría el segundo, ya que estoy seguro de que el primero fue considerado un vándalo.

colorado_on_the_road_travel(Colorado On The Road pegando un chicle en The Seattle Gum Wall)

Elena me muestra antes de volver a casa el Gas Work Park, una antigua fábrica convertida en un parque a orillas del lago, dando por concluido un completo día de turisteo.

Después de un día más de descanso y de organizar todos mis quehaceres en la preciosa casita de la montaña de Elena y Tomi, me puse de nuevo en marcha. Poco a poco fui dejando las montañas atrás y todo se volvió verdes praderas e infinidad de campos de cultivo.

Esa noche dormí en un camping habilitado solo para tiendas de campañas, un Campground, el primero de muchos a lo largo de mi travesía por Estados Unidos.
La mañana del día siguiente no fui consciente de la sorpresa que tendría al final del día, todo parecía que se iba a desarrollar con normalidad y así fue hasta que llegue a la ciudad de Vantage. Con intenciones de evitarme el pago de la cuota por una parcela en el campground, pregunte a unos jóvenes a ver si podía dormir en su parcela y compartir los gastos. Matt y su pareja, junto a otro cicloturista, Luster, no me pusieron ni la más mínima pega. Ellos se habían conocido minutos antes de mi llegada y teníamos algo en común, todos íbamos al Sasquatch Music Festival, y me incluyo porque Luster no tardo mucho en regalarme una entrada que le sobraba para vivir tres días de festival.

Estuvimos varias horas conociéndonos sentados alrededor del fuego y bebiendo cerveza, pero ahorrando energías por que al día siguiente empezaba lo bueno. Mientras Matt y su novia iban en coche al festival, Luster y yo fuimos juntos en bicicleta. A medida que nos acercábamos más y más a la ciudad de George encontrábamos jóvenes que al igual que nosotros, andaban detrás de Sasquatch.

colorado_on_the_road_bike(Colorado On The Road junto a Luster y Matt de camino al festival)

Era jueves 22 de Mayo y el festival no empezaba hasta el viernes por la mañana. Uno podría pensar que seriamos de los pocos que llegarían para instalar la tienda y el campamento un día antes, pero la realidad es que no cabía ni un alfiler en la zona de acampada.

Hice buenas migas con mis vecinos, Nick y Samantha, y simplemente pasamos la tarde de buen rollo, contemplando cómo casi la mayoría de gente se había traído la casa sobre ruedas. Mi pequeña tienda de campaña era una hormiguita frente a las autocarabanas totalmente equipadas, el despliegue de cocinas, neveras, sofás, carpas…se lo montaban muy bien.

Cuando el sol salió, todos nos despertamos para iniciar el festival junto con una pequeña resaca. Por delante teníamos un fin de semana con 12 horas de música en directo por día, 5 escenarios y la joya de la corona, el escenario principal situado junto al cañón del rio Columbia, sencillamente impresionante.

La primera canción sonó y el descontrol se apodero de todos los presentes. No conocía muchos de los grupos de música, pero el concierto de la banda The Naked & Famous, libero toda mi adrenalina.

usa_colorado_on_the_road(Colorado On The Road alzando la única bandera española de festival)

Sumergido entre los míticos vasos rojos de cerveza, comida rápida, juegos de beber, rock & roll, el mejor buen rollo que podría haber imaginado conociendo a personas de todo Estados Unidos y Canadá, y luciendo la única bandera española de toda la colina. Se me pasaron los tres días volando.

La mañana del lunes parecía una travesía de zombis recogiendo el campamento y volviendo a la vida real, yo uno de ellos, aunque era uno de los pocos que lo haría en bicicleta. Despedirme de todos mis nuevos amigos fue una vez más un paso difícil, aunque cada vez me cuesta menos gracias a que siempre miro atrás con cariño, y a la vez hacia delante con emoción.

Volver de nuevo a la carretera se hizo un poco difícil los primeros kilómetros, tenía mucha cerveza que sudar, pero en cuanto recupere mi ritmo de pedaleo todo volvió a la normalidad, o al menos eso creía.

Pedalee 152 kilómetros desde George hasta la ciudad de Riztville totalmente ausente de lo que acontecía en la carretera, tenía la mente totalmente divagando en una serie de pensamientos que minaban mi motivación con una serie de dudas. No dejaba de pensar en los momentos que viví en Camboya junto a mi amigo Diego Morodo, junto al cicloturista alemán Johannes, los buenos momentos en Bangkok junto a Pier, los rincones naturales que conocí gracias a Darren en Isla Victoria, la ciudad de Vancouver que tanto me maravillo y como junto a Jorge me sentí de vuelta en Madrid. Las energías que recobre en casa de Elena y que había fundido en el Sasquatch Music Festival junto a la larga lista de nuevas amistades que cada segundo hacia. Ese día me sentí más solo que en toda mi vida, venía de vivir tantas buenas experiencias junto a tantas buenas personas, que ahora me daba miedo continuar el viaje porque no sabía cuando iba a conocer a alguien más.

Cuando llegue a Ritzville, agotado emocionalmente no vi otra solución para pasar la noche que pagar por una habitación en un Motel. Tuve tiempo de reparar una serie de cámaras que había pinchado, pero mi pinchazo emocional no había cómo arreglarlo. Por la mañana me quede tirado en la cama escuchando cada cinco minutos, la alarma que me había programando para ponerme de nuevo en pie, pero no podía. El único esfuerzo que hice fue el de llamar por teléfono a la oficina para decir que me quedaría un día más.

Pase todo el día tirado en la cama cambiando de canal en la televisión constantemente, y me costó mucho encontrar de nuevo la motivación para seguir adelante a la mañana siguiente, pero una vez más encontré un rastro de luz que me ayudo a seguir.

Mi llegada nocturna y bajo los chubascos ocasionales a la ciudad de Spokane, me llevaron a buscar un campamento a las afueras de la ciudad, no quería gastar más dinero en moteles de carretera, pero no fue tan fácil como de costumbre. Cuando había encontrado una zona segura cercana a un barrio residencial, los momentos previos a clavar la primera piqueta de la tienda, una agradable mofeta decidió merodear mi campamento describiendo círculos alrededor de mi posición.

El Colorado On The Road que se cruzo Turquía a -20 ºC, que atravesó el desierto iraní sin pestañear, que aguanto el calor, la humedad, el caótico tráfico y todas las incomodidades posibles del sudeste asiático, hubiera cogido la mofeta y la mandaría a freír puñetas. Pero ahora no me veía a mí mismo, no con esta moral. Derrotado por la presencia de un fétido animalillo me fui al primer motel que encontré, y pase la noche intentando recordar en donde había perdido mi coraje.

Pocos kilómetros realice por la mañana para llegar hasta la tienda de bicicletas, y hacerle una puesta a punto a mi potro. En Fitness Fanatics le dieron un buen repaso a mi querida Orbea, pero tanto tiempo sin pasar por el taller hizo que la lista fuera demasiado larga y que la llanta de la rueda trasera, tardara en demorase un día para estar lista. John y Robin, matrimonio y propietarios de la tienda, me hospedaron en su casa para que a la mañana siguiente pudiera continuar con la bicicleta en condiciones de soportar otros 17.000 kilómetros.

Después de cambiar la llanta trasera, las dos cubiertas, las pastillas de frenos, hacerme con mas cámaras de repuesto, reajustar la horquilla, cambiar el sistema de piñones trasero y la cadena, limpiar y engrasar las piezas móviles, el potro volvió a la carreta bufando como nunca. Bucéfalo volvió a recobrar su fuerza, fuerza que me transmitió una vez más.

EEUU_colorado_on_the_road(Colorado On The Road en Fitness Fanatics junto a John y Robin)

Me despedí de John y Robin muy agradecido por todo su esfuerzo por devolverme a la carretera con energías renovadas, y por haberme hospedado en un momento en que lo necesitaba más que nunca. Volví a sentir el viento soplando a mi favor, pero una buena noticia estaba por llegar.

Mi hermana mayor, que desde hace unos días había salido de cuentas y estaba a punto de dar a luz, había tenido a su primer hijo y gracias a Dios, tanto ella como mi segundo sobrino estaban perfectamente. Fue el empujón que necesitaba, no iba a dejar pasar los años y contarle a mi segundo sobrino que el día que nació, su tío estaba en un momento de depresión en su vuelta al mundo, NO!! Era momento de ser fuerte, y volver a ser la bestia que lo aguantaba todo.

Después de salir de Washington y entrar en Idaho, me dispuse a encarar la primera de las cuatro veces que tenía previsto atravesar las Rocosas. Esta vez seria para entrar en Montana y avanzar para atravesar el Parque Nacional de Yellowstone. Fue el puerto de montaña que mas rápido escale en todo el viaje, tenía hambre de kilómetros y necesitaba más…había vuelto!!!

“Para llegar hasta lo más alto, hay que empezar desde lo más bajo.”
colorado_on_the_road_iaho(Colorado On The Road amaneciendo la mañana que atravesaría las Rocosas)

Seattle:

Sasquath Music Festival: