Namibia

Etapas:

17/01/2016 Descanso en Rosh Pinah (20 Km).

18/01/2016 Rosh Pinah – Aus (152 Km).

19/01/2016 Descanso en Aus.

20/01/2016 Aus – Desierto carretera C13 (81 Km).

21/01/2016 Desierto carretera C13 – Desierto carretera 14 (107 Km).

22/01/2016 Desierto carretera C14 – Möhabe (71 Km).

23/01/2016 Möhabe – Desierto carretera C14 (77 Km).

24/01/2016 Desierto carretera C14 – Solitaire (92 Km).

25/01/2016 Solitaire – Sesriem (86 Km).

26/01/2016 Descanso Sesriem.

27/01/2016 Sesriem – Solitaire (85 Km).

28/01/2016 Solitaire – Desierto carretera C26 (84 Km).

29/01/2016 Desierto carretera C26 – Paso de Gamsberg (52 Km).

30/01/2016 Paso de Gamsberg – Carretera C26 (75 Km).

31/01/2016 Carretera C26 – Windhoek (78 Km).

01-07/02/2016 Descanso en Windhoek.

08/02/2016 Windhoek – Carretera B6 (90 Km).

09/02/2016 Carretera B6 – Gobabis (139 Km).

10/02/2016 Descanso en Gobabis.

11/02/2016 Gobabis – Buitepos (113 Km).

12/02/2016 Buitepos – Tsootsha (86 Km) (Entrada en Botsuana).

Namibia: En busca del desierto más antiguo de la tierra

Después de las últimas jornadas en Sudáfrica necesitaba un breve descanso, y Javier Bicicleting me había pasado un contacto en Namibia. A 20 kilómetros al Norte de Rosh Pinah vería una granja a mano derecha, la única en esa zona de la carretera y donde encontraría a Richard. Desde hace tiempo este encantador namibio ayuda a los viajeros con una zona donde acampar, ducha caliente y comida, aunque con los ciclistas su invitación va más lejos. Disfruté de una tranquila tarde bebiendo cerveza, comiendo carne a la parrilla y dormí en una buena cama. Por la mañana me cebo con un desayuno de campeones y me fui con las alforjas llenas de cecina de orix.

Con las fuerzas renovadas literalmente volé en el asfalto, y pude avanzar 152 kilómetros hasta el pueblo de Aus. El sol golpea fuerte en el desierto, pero aun así está lleno de vida. Contemplo las aves surcar el cielo, a los orix pastar en la llanura con la puesta de sol, una víbora de las arenas me hace compañía unos instantes y la presencia de un pequeño chacal me advierte de que la noche está cerca. Las últimas horas de la jornada las viví rodeado por la oscuridad, pedaleando bajo la luz de la luna y las estrellas, envuelto por un silencio absoluto y una calma que a más de uno podría inquietar, pero la mejor parte de Namibia no había hecho más que empezar.

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(Orix pastando con la puesta de sol)

El asfalto llega a su fin y desde Aus hasta Windhoek emprendo una nueva aventura por pista de tierra. La inmensa explanada rodeada en la lejanía por las montañas te hace sentir insignificante. El silencio es un fiel compañero de viaje y parece que te mece mientras duermes acampando en mitad de la nada.

Con la luz de la mañana alcanzo el pueblo de Helmeringhausen, importante parada para reabastecerme de agua y comida. Antes de continuar la marcha comienza a llover con fuerza y durante una hora la tormenta me detiene, pero el pequeño retraso no me importó. La llanura clama a gritos por una tregua de agua para mitigar la dura sequía de la zona. Increíblemente cuando continuo pedaleando el terreno es firme, no hay barro ni agua encharcada, la tierra lo filtró todo en cuestión de minutos.

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(Colorado Off Road)

Conseguir leña cada noche para hacer la hoguera no resulta complicado, todo lo que me rodea son arbustos totalmente secos. Con el calor del fuego cocino cada noche la especialidad de la casa, pasta con tomate, además de mantener alejados a los curiosos animalillos nocturnos. Pero una mañana al levantar el campamento me di cuenta de que no había dormido solo. Un pequeño escorpión potencialmente venenoso, había encontrado debajo de mi tienda un confortable lugar en el que echarse la siesta. Siempre hay que extremar las precauciones a la hora de montar el campamento para estar 100% seguros de que somos el único ser vivo dentro de la tienda, y ser igual de precavidos a la hora de empacar todo el equipo por la mañana para no llevarnos ningún colega de viaje.

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(Un querido escorpión que durmió bajo mi tienda de campaña)

Los tres días que emplee para llegar hasta Solitaire fueron de extrema dureza, pero por suerte ya tenía el cuerpo curtido para afrontar las complicaciones del desierto. La llanura es aparente en la distancia, pero en la cercanía la pista de tierra atraviesa de forma constante colina tras colina. El viento pocas veces ha sido un aliado, y nuevamente decidió hacerme sentir que avanzaba contra un muro transparente. El calor me animaba a beber agua en abundancia, mientras que mis cantimploras me demandaban que la racionalizara. En ocasiones, la pista de tierra es demasiado arenosa y rocosa, dejándome la única opción de empujar durante largos tramos. Más concentrado en alcanzar el pueblo en el que reabastecerme, que de prestar atención a mi kilometraje, llegó un momento que ansiaba y necesitaba vivir para subir la moral hasta lo más alto.

Después de 26 meses y 24 días pedaleando para cumplir el sueño de mi vida de dar la vuelta la mundo en bicicleta, y antes de llegar al polvoriento pueblo de Solitaire, cumplo los 50.000 kilómetros de viaje. Como marca la tradición de esta aventura, sigo el ritual de hacerme una foto cada vez que pedaleo 1000 kilómetros, pero en esta ocasión quise rendirle culto y gratitud al verdadero protagonista del viaje, Bucéfalo.

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(Cumpliendo 50.000 kilómetros de aventura)

En el camping de Solitaire tienen el gran gesto de invitarme a acampar y dejarme conectarme a internet. Una revitalizadora noticia llega a mi correo, un follower me manda una donación. En este punto debería haber seguido hacia Windhoek, pero el apoyo económico me da la oportunidad de visitar las famosas dunas del Desierto de Namib.

Invierto mi rumbo para retroceder 80 kilómetros en dirección Sur por otra pista de tierra, y alcanzar Sesriem. Parece que la fauna aprobó mi cambio de itinerario, los orix, antílopes, ñus, avestruces y cebras, toda la vida salvaje del lugar me acompañó durante cada instante.

En el camping de Sesriem me vuelve a sonreír la suerte. Conozco a un viajero estadounidense con coche propio y me ofrece acompañarle hasta las dunas. Al alba entramos en el Parque Nacional, hay 60 kilómetros de asfalto hasta llegar a las dunas más altas y está prohibido acampar, hay que entrar y salir en el mismo día lo cual hace poco viable hacerlo pedaleando. Los últimos 5 kilómetros la carretera desaparece y el terreno es tan arenoso que solo los potentes 4×4 pueden salvar el obstáculo, pero claro está, a un buen precio. Decido ahorrarme el trayecto de ida y camino 45 minutos por el desierto más antiguo de la tierra.

Cuanto más cerca estaba de llegar a Sossusvlei más evidente se hacía la magnitud de Big Daddy, la duna más grande del mundo. Me deje llevar por la emoción y los últimos cientos de metros los hice corriendo para alcanzar la base de la montaña de arena. Bajo un sol implacable empecé a escalar por la cresta, paso a paso fui ganando altura. Quería llegar a lo más alto, pero llevaba 6 días pedaleando y mis piernas no tenían la misma fuerza que de costumbre. A medio camino desistí y decidí volver a los 4×4, pero no lo iba a hacer siguiendo el mismo camino, así que acorté distancia bajando a galope por la ladera de la duna.

(Escalando las dunas del Desierto de Namib)

Después de sacar medio kilo de arena de cada bota y de nuevo en el camping, repuse fuerzas tomando el resto de la tarde para descansar. Aun me quedaban 5 jornadas para llegar hasta Windhoek y fácil nunca ha sido un sinónimo de mi aventura.

El momento más duro que tuve que superar en mi camino a la capital namibia, fue dejando atrás el desierto para entrar en la verde pradera que protege el Paso de Gamsberg. Bajo la lluvia empujé a Bucéfalo durante kilómetros colina arriba y sobre el barro. Al atardecer la lluvia me dio una tregua, encontré un lugar donde acampar, hacer una hoguera para secar la ropa y cocinar la cena…pero la lucha del día no había terminado. El lugar que escogí para dormir estaba peligrosamente cerca de unos pequeños recovecos en la montaña, donde decenas de babuinos se refugiaban del agua. El macho alfa de la manada, me dio claras señales de que si dormía allí, tendría serios problemas. Cada vez que me detenía para descansar, el macho volvía a soltar un grito fuerte, grave y ensordecedor, como si dijera “fuera de aquí”. Tuve que alejarme 2 km bajo la atenta mirada de los babuinos, con los últimos rayos de luz y cuchillo en mano. Finalmente acampé en lo alto del Paso de Gamsberg donde pude dormir con relativa calma.

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(Amaneciendo en lo alto del Paso de Gamsberg)

Por la mañana un nuevo paisaje me recibía. Todo era más frondoso y después de mucho tiempo volvía a ver árboles. Con la luz del sol los babuinos siguieron cruzándose en mi camino, pero esta vez mas asustadizos no fueron peligro alguno.

Por la noche acampé de nuevo junto a la pista de tierra, ya que todo esta vallado delimitando los extensos terrenos de las granjas. A mi alrededor pastaban las vacas y los caballos, pero mientras cocinaba mi cena con el fuego de la hoguera me pusieron muy nervioso. Estaban inquietos, corrían de un lado para otro, había algo oculto en la oscuridad que los inquietaba. Cené todo lo rápido que pude y deje la poca comida que tenía colgada de un árbol. Dentro de la tienda me sentía seguro porque a fin de cuentas, a los ojos de los animales soy un arbusto más. Mientras no duerma con nada de comida cerca, ningún depredador atacaría mi campamento.

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(Acampando en Namibia junto a la hoguera)

Después de una última paliza de 78 kilómetros consigo alcanzar Windhoek, donde me hospedo en un camping económico y juvenil, el lugar ideal para los mochileros.

Mi prioridad en la ciudad era conseguir un nuevo pasaporte, solo me quedaban un par de hojas libres, insuficientes para atravesar África. Los pasaportes solo se pueden imprimir en España y al visitar mi embajada me llevo una desastrosa noticia. Antes tardaban en llegar los pasaportes 3 días, pero debido a los recortes presupuestarios de mi país, ahora tardan 3 semanas en llegar por correo ordinario. Simplemente la idea de estar parado 21 días comiéndome las uñas me frustraba, además del enorme gasto económico que conllevaría.

Después de pagar las tasas y de que mi nuevo pasaporte estuviera en proceso de impresión en España, coordiné con DHL que cuando me notificaran que mi pasaporte hubiera llegado a Windhoek, yo les mandaría un email para ordenarles que lo fueran a recoger y enviarlo a la embajada de Harare, en Zimbabue.

Fue todo un rompecabezas porque desde España no me lo podían mandar directamente a Harare, debía recibirlo obligatoriamente la embajada que había ordenado su impresión. Además solo podían mandarlo de una embajada a otra porque debían inutilizarme el antiguo, y no tenía hojas para el visado de Zimbabue y Zambia (son una pegatina de hoja entera y obligatoriamente siempre tienes que tener una libre en el pasaporte), por lo que mis planes de llegar a las Cataratas Victoria desde Zimbabue quedaban anulados, y decidí invertir los 30 dólares de la entrada en pagar a DHL los 27 que me cobraban por gastos de envío. Creo que después de analizar todas las opciones, opté por la más complicada, económica e irónicamente, la más práctica.

Finalizada una de las gestiones más importantes del viaje, ya solo quedaba esperar que las piezas del domino fueran cayendo una tras otras mientras pedaleaba hasta Harare.

Más relajado y enfocado nuevamente en retomar la marcha, encuentro en el camping una mina de oro. Tenían un basurero de tiendas de campaña totalmente inservibles, apiladas una encima de otra. Para mi era un almacén de repuestos gratuitos y me hago con piquetas, cremalleras, fundas, gomas y varios palos con la misma medida de la estructura de mi querido hogar.

Mientras gozaba de mi buena fortuna, en el cielo se preparaba una tormenta de proporciones catastróficas. El primer día situé mi campamento en una zona que daba la sombra por la mañana, sin prestar atención a que era el lugar mas favorable para sufrir una inundación, total estaba en el desierto y en época seca.

Primero cayeron unas gotas y en pocos segundos empezó el diluvio universal. Enseguida comprendí el peligro que acechaba a todas mis pertenencias y dispuesto a protegerlas de la tormenta me hice con una pala. Estuve durante una hora achicando agua y cavando zanjas, mientras los rayos cortaban el cielo.

Fue una imagen cómica para alguno de los residentes del camping, pero para mi fue una batalla que en ningún momento me plantee perder. Conseguí en gran medida retener la inundación, pero finalmente el agua fue la vencedora. Cuando la tormenta se calmó lleve todas las alforjas y mis pertenecías a la recepción del camping donde puse todo a secar. Mi tienda de campaña paso la noche en el patio, cubierta de barro y con un palo de la estructura quebrado, mientras yo dormía en un sofá.

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(Movilizando todo el campamento después de la inundación)

Cuando crees que ya pasó todo lo malo, hay veces que hay una desgracia que se ha quedado esperando a que te confíes, para aparecer en los momentos que más débil estás y golpearte en la boca del estomago.

Mientras dormía en el sofá deje mi teléfono móvil en el suelo junto a mis chanclas. Por la mañana me desperté extrañado de haberme quedado dormido y de no haber escuchado la alarma a las 07:00 am, la razón fue sencillamente que me robaron el móvil. Confié en la seguridad del camping, pero mis sospechas son que justamente el guarda nocturno fue quien me lo robó. Revisando las cámaras de seguridad, mi teléfono estaba situado en un ángulo muerto, así que era imposible saber quien lo cogió. Solo alguien que ha estado despierto toda la noche “vigilando”, que conoce el sistema desde dentro y sabe que hay no graban las cámaras, podría cometer un robo y quedar impune.

Error, negligencia o descuido, el caso es que me quedé sin GPS y sin forma de hablar con la familia por WhatsApp. Intenté no pensar demasiado en como me las tendría que apañar de aquí en adelante, sin una herramienta que uso diariamente. Comencé a limpiar todo el barro de la tienda y mientras reparaba los destrozos de la tormenta se acerco un cicloviajero suizo, Oliver, con quien había creado amistad, y me regaló uno de los dos móviles que tenía. Enorme gesto que me devolvió la sonrisa y la esperanza.

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(Junto a Oliver, sosteniendo el teléfono móvil que me regaló)

Parece que vaya donde vaya mi presencia nunca pasa desapercibida, siempre hay algo bueno y malo que me está esperando a la vuelta de la esquina. Pero curiosamente nunca pierdo las ganas de seguir hacia delante y no es por merito propio, es la bondad y el apoyo de la gente lo que me mantiene en pie.

Después de despedirme de Oliver, de coordinar un futuro encuentro con otro compañero cicloviajero danés, Thomas, y de compartir unas cervezas con un fotógrafo español, Alberto, llegó el momento de dejar atrás Windhoek y pedalear hacia mi siguiente reto, cruzar Botsuana.

El camino a la frontera fue una recta asfaltada, llana y monótona, que de no haber sido por la abundante fauna hubiera sido tremendamente aburrida. Constantemente me anima la presencia de los facóqueros y los ñandúes, ayudé a cruzar la carretera a un par de tortugas y gracias a un babuino viví uno de los momentos más graciosos en mi paso por Namibia.

Los animales están acostumbradísimos a la presencia de los coches, pero las bicicletas inexplicablemente les causa terror, y al ser tan silenciosa hay veces que no me perciben hasta que estoy a escasos metros de ellos. Entre la frondosa y alta hierba que bordea la carretera había oculto un babuino adulto, no se percató de que estaba a punto de pasar hasta que lo tuve a menos de 10 metros. Fue entonces cuando dio un tremendo salto y empezó a correr mientras gritaba y miraba atrás, con una expresión de susto en la cara tan humana, que me desato una carcajada incontrolable.

Entrando en Botsuana atravesé la última frontera gratuita de todo mi viaje por África, a partir de aquí tendría que ingeniármelas para pagar unas tasas llevaderas para el turista, abusivas para el viajero y demoledoras para el aventurero, y es que:

“Cuando se acaba el dinero, empieza la aventura”

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Sudáfrica

Etapas:

08-29/12/2015 Descanso en Cape Town.

30/12/2015 Cape Town – Kleinmond (117 Km).

31/12/2015 Kleinmond – Gansbaai (85 Km).

01/01/2016 Gansbaai – Struis Bay (85 Km).

02/01/2016 Struis Bay – Caledon (122 Km).

03/01/2016 Caledon – Franschhoek (98 Km).

04/01/2016 Franschhoek -Morreesbury (103 Km).

05/01/2016 Morreesbury – Citrusdal (86 Km).

06/01/2016 Descanso en Citrusdal.

07/01/2016 Citrusdal – Trawal (104 Km).

08/01/2016 Trawal – Lutzville (63 Km).

09/01/2016 Lutzville – Bitterfontein (76 Km).

10/01/2016 Bitterfontein – Kharkams (92 Km).

12/01/2016 Kharkams – Springbok (96 Km).

12/01/2016 Springbok – Kleinsee (111 Km).

13/01/2016 Kleinsee – Port Nolloth (70 Km).

14/01/2016 Port Nolloth – Alexander Bay (89 Km).

15/01/2016 Alexander Bay – En mitad del Desierto (64 Km).

16/01/2016 En mitad del Desierto – Rosh Pinah (61 Km) (Entrada en Namibia).

Sudáfrica

Aterricé en Ciudad del Cabo después de veintitantas horas encerrado en aviones y aeropuertos. Estaba hecho polvo de todo el viaje, en un avión se duerme pero nunca se descansa. El equipaje estaba en orden, aunque Bucéfalo había sufrido un poco de maltratos, por suerte lo embalé y protegí a conciencia antes de facturarlo en Sao Paulo.

Por suerte John estaba esperándome, un follower sudafricano aficionado al ciclismo, que me brindó su hospitalidad durante los días que hice la puesta apunto para encarar el reto de cruzar África a puro pedal.

John me llevó en coche hasta su casa en un barrio muy tranquilo, a 30 kilómetros al Sur del centro de Ciudad del Cabo. En su propiedad tiene una antigua escuela que a convertido en un hotel. Me dejó ocupar una habitación con baño privado y agua caliente, además tenía cocina, piscina, espacio y tiempo para reorganizarlo todo. Es un privilegio que empecé a disfrutar durmiendo 12 horas seguidas.

Por la noche cené con John y su familia, su esposa Talitha y su hija Lulu. Aun estaba con la cabeza enfrascada por el viaje y el jet lag, pero sobretodo asimilando que ya estaba en África. Después de más de un año hablando Español en Latinoamérica, volvía a utilizar mi oxidado inglés.

La primera semana la pasé tranquilamente. Comiendo y durmiendo bien, actualizando mi web y las redes sociales, organizando fotos, vídeos y diarios para publicar, limpiando toda la ropa y el equipo, repasando todo el material y terminé haciendo una larga lista de cosas que necesitaría para cruzar el cuarto y último continente del viaje.

Con el dinero recaudado en el Crowdfunding pude comprar: Linterna, pilas, un pantalón, un par de camisetas de manga larga para pedalear, calcetines, unas botas nuevas, ropa interior…llevaba más de un año sin comprarme ropa. Encargué a una tienda de Holanda dos cubiertas Schwalbe Marathon Mondial 700x40C y un portaequipajes trasero Tubus. Me hice con crema solar, repelente de mosquitos, cinta americana, guantes de ciclismo, dos caramañolas de aluminio, kit de reparación para pinchazos y bridas. Bucéfalo paso por el taller para recibir un mantenimiento exhaustivo. Le cambiamos los piñones, la cadena, alineamos las dos llantas, apretamos los radios, cambiamos los frenos y me llevé 10 radios, dos juegos de pastillas de frenos y dos cámaras de repuesto. En cada recado, en cada compra y en cada paso de la preparación sentía que estaba comenzando un nuevo viaje, y de hecho así era.

Los días fueron apacibles y tranquilos, aunque una mañana hablando con uno de los pintores que estaba restaurando la fachada del edificio, vimos como una serpiente Boomslang intentaba entrar a la cocina por la ventana. Nos ayudamos de un palo para dirigir a la venenosa serpiente lejos de la casa, aun no había dado ni una pedalada y me había topado con mi primera aventura.

Diario Sudáfrica.1

(Sacando la serpiente Boomslang)

Los neumáticos y el portaequipajes que encargué tardaban demasiado en llegar. Los enviaron por correo ordinario ya que era la opción más económica, pero el retraso se debía especialmente a que las navidades estaban a la vuelta de la esquina y el servicio postal es más lento de lo que suele ser.

Sin darme cuenta llegó el 24 de Diciembre, y digo sin darme cuenta porque con días soleados y 30ºC me es complicado ubicarme en tan señaladas fechas. A pesar de echar más que nunca en falta a mi familia y amigos, viví mis terceras navidades del viaje junto a John y su familia, disfrutando de la nueva experiencia. Durante la cena tuvieron el precioso detalle de dejarme un regalo bajo el árbol, una camiseta con un repelente de mosquitos para las noches africanas que me deparaban. Curiosamente cada navidad del viaje las he pasado en un continente diferente. Después de vivirlas en Asia, América y África, espero que las próximas sean en Europa.

Diario Sudáfrica.2

(Pasando las navidades en Ciudad del Cabo con John y su familia)

A dos días de fin de año Talitha recibió un mensaje en su teléfono móvil, el envío ya había llegado a la oficina de Ciudad del Cabo. Mientras John conducía hacia el centro de la ciudad, solo podía pensar en que me depararía esta nueva aventura, que sorpresas me tenía preparadas y que obstáculos tendría que superar. Después de tanto tiempo viajando y de afrontar tantas complicaciones, quien me iba a decir a mi que estaba apunto de emprender el viaje de vuelta a casa cruzando África en bicicleta.

Nada más volver a casa de John instalé los nuevos neumáticos, y escribí en ellos los 64 nombres de los Crowdfunders que me habían dado la oportunidad de seguir luchando. Acoplé el nuevo portaequipajes y con el antiguo en la mano pude ver lo verdaderamente destrozado que estaba. Me lo dieron de regalo al comprar las alforjas antes de empezar el viaje, y recuerdo como el dependiente me dijo: “Ese portaequipajes solo te vale para salir del paso”, y justamente eso mismo ha hecho, salir del paso durante 48.000 kilómetros y numerosas caídas.

John hizo una barbacoa de despedida y casi no encontraba las palabras para agradecerles todo lo que hicieron por mí esas 3 semanas. Con la salida del sol empezaba mi aventura por África y di la primera pedalada. Puse rumbo en dirección Sureste para visitar el punto más al Sur del continente, el Cabo de las Agujas, situado a 300 kilómetros de Ciudad del Cabo.

Diario Sudáfrica.3

(Empezando el viaje por África)

El calor era intenso y el sol pegaba muy duro. Estrenaba mi nuevo sombrero que fue un regalo de un venezolano que conocí en mi última noche en Sao Paulo, y juntos le dimos el nombre de Caipiriño.

No fui muy prudente al pedalear con tanta fuerza después de un parón tan largo, pero el cuerpo me lo pedía. Al atardecer inicié mi primera búsqueda del campamento en África, pregunté en un par de hostales haber si me dejaban acampar en el jardín pero no hubo suerte. Terminé pedaleando 15 kilómetros de noche para llegar a un camping, en el que tampoco me permitieron entrar porque las oficinas estaban cerradas, ordenes del jefe, así que decidí acampar en la entrada y punto. Por la mañana hablé con el dueño a ver si podía utilizar los baños, pero no me dejó porque no había pagado.

La segunda jornada fue a la vez el último día del año. Mi intención era llegar hasta el Cabo de las Agujas, pero el largo periodo sin pedalear unido a la dura marcha que llevé el día anterior derivó en un agudo dolor en la rodilla izquierda, mi pierna dominante. Había forzado mucho los tendones en mis primeros kilómetros en África.

Bastante dolorido y con el viento en contra conseguí abarcar 85 kilómetros. Llegué a un camping que estaba totalmente lleno, pero que me recibió con una energía muy acogedora. La dueña me invitó a acampar sin coste alguno, puse mi hogar portátil al lado de una familia que me invitó a cenar, brindamos todos juntos y les enseñé como recibimos el año en España: Comiendo las doce uvas por cada campanada del reloj de la Puerta del Sol, eso si, imitando las campanadas con una cuchara y una botella vacía. Ya puedo estar en cualquier parte del mundo, que yo el 31 de Diciembre me tomo mis doce uvas, si o si!

Diario Sudáfrica.4

(Preparado para recibir el año con las uvas, y para brindar un vino barato aunque rico)

El primer día del año, alcanzo Struis Bay después de haber palpado mi primera pista de tierra atravesando el Parque Nacional de las Agujas. La rodilla me da menos problemas en esta jornada y paso la noche acampado junto a la playa. Por la mañana fui a desayunar al punto más al Sur del continente, donde se unen los Océanos Atlántico e Índico. Es en este lugar donde ubiqué mi kilómetros cero en África, decidido a luchar por conectarlo con Alejandría a base de pedaladas.

Diario Sudáfrica.5

(En el punto más al sur del continente africano)

Con nuevo rumbo el terreno cambió. Yendo hacia el norte las colinas no dejaron que mi rodilla se recuperase, parecía una broma de mal gusto empezar con esta complicación. Los días transcurren con un calor demoledor, el termómetro se fijaba durante varias horas en los 45ºC y había momentos que alcanzaba los 50º C. El sol rebasa el horizonte a las 05:30 am, y a las 06:00 am el interior de la tienda es un horno. Mi cuerpo necesita en esas condiciones un litro de agua a la hora. Empiezo a disminuir poco a poco el agua que ingiero para curtir el cuerpo y prepararlo para Namibia. Finalmente disminuyo la cantidad a la mitad.

Diario Sudáfrica.6

(El sol no perdona en África)

Escalo mi primer puerto de montaña y siento la rodilla totalmente recuperada. Me invitan a acampar y a cenar en un B&B. Parece que la experiencia de mi primera noche en ruta, fue simplemente que me crucé con los tres únicos antipáticos de Sudáfrica. Estaba volviendo a coger el ritmo y a sentir la energía a la que estoy acostumbrado. Pero cometí un serio error antes de salir de Ciudad del Cabo y lo iba a pagar caro.

Intentando estirar el dinero del Crowdfunding, me arriesgué a no cambiar los pedales con la esperanza de que aguantaran un par de meses más, a pesar de que sabía que estaban muy dañados. Terminando una etapa se cayó el pedal derecho después de moler la rosca del plato. Lo que me podría haber salido barato ahora me saldría caro.

Después de empujar 15 kilómetros, llegué a un puesto de policía donde me apañaron un pedal con un tornillo largo y un par de tuercas. Pedalee 23 kilómetros más hasta el siguiente pueblo donde cambié los pedales y el plato. Con la ultima visita de Bucéfalo al taller y unos pedales que ya no chirriaban, seguimos cruzando largas pistas de tierra.

Diario Sudáfrica.7

(Improvisando un pedal con un tornillo y dos tuercas)

Una noche terminé acampando junto a un pueblo y recogiendo agua de una tubería rota. Antes de dormir se me acercó un señor que de casualidad me vio con la última luz del atardecer. Fue bastante pesado hablándome de su vida, me contó que estuvo en la cárcel por drogas y me pidió que le invitara a una cerveza, después me pidió directamente dinero y le dije a todo que no. Antes de irse me lanzó un aviso-amenaza: “Ten cuidado que esta noche te pueden asaltar”. Tengo mucha paciencia pero cuando esta se me acaba dejo de ser educado, así que le hice saber mi aviso-amenaza: “Solo tú sabes que estoy aquí durmiendo, si algo me pasa, ya se a por quien tengo que ir”. Nadie más vino a molestarme en toda la noche, pero no dormí nada bien. Por la mañana recordé como intuí días antes que el pedal me daría problemas y decidí no hacer nada, de la misma forma que intuí un grabe peligro al no mover mi campamento después de tal aviso-amenaza y tampoco hice nada. Siempre digo que hay que hacer caso a tus instintos y yo mismo me salté la norma en dos ocasiones, pero ya no más. Parece que el largo letargo para cruzar el Atlántico me había hecho olvidar ciertas lecciones del viaje, y poco a poco las estaba aprendiendo de nuevo.

Después de varios días desconectado conseguí wifi la noche que dormí en Springbok, y leí un mensaje de Javier Bicicleting, con quien mantenía el contacto desde hacia meses. Estábamos coordinando un encuentro y todo apuntaba a que era el mensaje definitivo. Él estaba bajando en dirección Sur desde la frontera con Namibia e iba a hacer noche en Kleinsee, un pueblo que solo me quedaba a 110 kilómetros en dirección Oeste.

A buen ritmo pedalee los primeros 45 kilómetros por asfalto. Me crucé con los primeros babuinos del viaje, un macho enorme y dos hembras corriendo por el desierto. Los restantes kilómetros fueron por una pista de tierra bastante desastrosa, atravesando colinas, bancos de arena y con el viento en contra. No tenía mucha agua ni comida pero estaba clarísimo que el esfuerzo merecería la pena.

Cayó el sol y me rodeó la oscuridad. Alcancé al pueblo minero sin saber donde encontraría a mi compañero, así que los últimos kilómetros gritaba a cada minuto: “¡¡¡Españaaaa!!!”, esperando alguna respuesta en la silenciosa llanura. Atravesé una solitaria calle a las 22:00 pm y a lo lejos vi una pequeña luz moverse a medida que se acercaba…era mi tocayo que había salido a mi encuentro!! Bicicleting había llegado varias horas antes y la policía le había dado las llaves de una casa deshabitada para que nos sirviera de refugio.

Después de tantos meses hablando a través del ordenador el abrazo del encuentro fue mas que merecido. El acontecimiento se podría catalogar como único en el cicloviaje: Ambos somos Españoles y de Madrid, ambos llevamos una bicicleta Orbea Ravel y estamos dando la vuelta al mundo, sumamos entre los dos más de 100.000 kilómetros, y para rematar la faena ambos nacimos en la década de los ’80 y nos llamamos Javier. Coincidencias que nos hizo sentir que éramos amigos de toda la vida.

Javier Bicicleting estaba finalizando su viaje por África y el mío acababa de empezar. Mientras cenábamos compartimos muchas vivencias y me dio valiosos consejos. Me contó como era su viaje, y la verdad es que sentí bastante envidia de lo bien montado que lo tenía. Es fotógrafo profesional y periodista, vende artículos a revistas, recibe material de varias firmas y económicamente se mantiene. Básicamente vive viajando porque ha sabido como hacerlo, mientras que yo sobrevivo viajando. Aun no he podido descifrar porque a pesar de todo mi esfuerzo nunca he conseguido trabajar con una revista. Le di muchas vueltas a la cabeza antes de dormirme.

Por la mañana intenté abrir la puerta y rompí la llave, así que sacamos las bicis y todas las bolsas por la ventana, fue nuestra última anécdota juntos. Antes de despedirnos nos sacamos la foto de la victoria que quedará inmortalizada para la eternidad.

Diario Sudáfrica.8

(Javier Bicicleting & Colorado On The Road)

Las dos siguientes noches dormí en Port Nolloth y en Alexander Bay, a solo 12 kilómetros de la frontera con Namibia. Llegué al puesto fronterizo de Orajemund bien temprano, cancelé el visado de Sudáfrica, crucé el puente que atraviesa el Río Orange y estampé el visado de Namibia en mi pasaporte. Pero la carretera asfaltada que me llevaría hasta Rosh Pinah es propiedad de una empresa minera de diamantes, y me prohibieron pedalear por ella. Demasiados camiones me decían, no es seguro para ti. Así que tuve que volver a Sudáfrica para remontar el río Orange 80 kilómetros por unas pistas de tierra nefastas, hasta llegar al siguiente puesto fronterizo.

Bajo un ataque de testarudez me negué a regresar a Alexander Bay a por provisiones, sabiendo que tendría que hacer noche en le desierto. Al principio estuve más tiempo empujando a Bucéfalo que montándolo, hasta que cayó la tarde y poco a poco el calor aflojó a medida que la pista de tierra mejoraba.

Pasé la noche en lo alto de una meseta envuelto por el silencio y bajo el cielo estrellado. Cené lo último que me quedaba de comida y racionalicé el agua para la batalla del día siguiente.

Diario Sudáfrica.9

(Atardecer en el desierto)

Con el sol de nuevo en el horizonte inicié la marcha en ayunas antes de que el calor empezara a golpear. Fui bastante lento mientras empujaba en los bancos de arena y roca, en pocos tramos el terreno me permitía pedalear. Por suerte pasó un coche de policía que me dio dos litro de agua para los 30 kilómetros que tenía hasta la frontera. Después me ofrecieron remolcarme y agradecido les dije que no, me sobraban ganas de luchar.

Diario Sudáfrica.10

(Derrape en la arena)

La llegada a la frontera fue más amena pedaleando por una pista de tierra firme, y rodando a buena velocidad. Subí a una pequeña embarcación con la que crucé el Río Orange y por fin pisé Namibia. Pero aun tenía más de 31 kilómetros hasta el siguiente pueblo, Rosh Pinah. A pesar de estar molido, hice ese último tramo con tranquilidad y constancia. Finalmente llegué a la primera gasolinera donde bebí abundante agua mientras caía la noche.

Diario Sudáfrica.11

(Cruzando el Río Orange)

Había una larga cola para pagar  en la tienda, pero se me hizo llevadera. Una vez pude volver junto a Bucéfalo me senté en el suelo y preparé unos bocadillos, no había comido absolutamente nada en todo el día y había superado una etapa extremadamente dura y larga, pero comí sin ansia. Estaba feliz, sonreía mientras me sacudía el polvo de la ropa…había vuelto. La larga parada en Santos y Ciudad del Cabo me habían dejado dormido, pero por fin había despertado la inagotable fuerza que nunca me deja rendirme, que nunca me permite detenerme y que pase lo que pase siempre quiere que avance…había vuelto a ser yo!

“Si intentas ser mejor que los demás…al final siempre encontraras alguien que te supere.

Si luchas por ser mejor de lo que fuiste ayer…al final siempre te encontraras superándote a ti mismo.”

Diario Sudáfrica.12

Mi primera frontera en África:

Chile

Etapas

18/04/2015 Ollagüe – Ascotan Viejo (70 Km).

19/04/2015 Ascotan Viejo – Calama (137 Km).

20/04/2015 Descanso en Calama.

21/04/2015 Calama – Alto Carmen (84 Km).

22/04/2015 Alto Carmen – Antofagasta (117 Km).

23/04/2015 Descanso en Antofagasta.

24/04/2015 Descanso en Antofagasta.

25/04/2015 Descanso en Antofagasta.

26/04/2015 Antofagasta – Desierto de Atacama (113 Km).

27/04/2015 Desierto de Atacama – Taltal (132 Km).

28/04/2015 Taltal – Desierto de Atacama (85 Km).

29/04/2015 Desierto de Atacama – Chañaral (64 Km).

30/04/2015 Chañaral – Caldera (99 Km).

01/05/2015 Caldera – Copiapó (100 Km).

02/05/2015 Copiapó – Vallenar (126 Km).

03/05/2015 Vallenar – Domeyko (52 Km).

04/05/2015 Domeyco – Inchawasi (43 Km).

05/05/2015 Inchawasi – La Serena (109 Km).

06/05/2015 La Serena – Socos (101 Km).

07/05/2015 Socos – Huentelauquén (114 Km).

08/05/2015 Huentelauquén – Pichidangui (74 Km).

09/05/2015 Pichidangui – Catapilco (67 Km).

10/05/2015 Catapilco – El Molino (48 Km).

11/05/2015 El Molino – Santiago de Chile (29 Km).

12-26/05/2015 Descanso en Santiago.

27/05/2015 Santiago – Rancagua (109 Km).

28/05/2015 Rancagua – Curicó (103 Km).

29/05/2015 Curicó – Linares (113 Km).

30/05/2015 Linares – Chillán (104 Km).

31/05/2015 Chillán – Monte Águila (73 Km).

01/06/2015 Monte Águila – Los Ángeles (64 Km).

02/06/2015 Los Ángeles – Cuesta La Esperanza (42 Km).

03/06/2015 Cuesta La Esperanza – Lautaro (92 Km).

04/06/2015 Lautaro – Loncoche (110 Km).

05/06/2015 Loncoche – Los Lagos (89 Km).

06/06/2015 Los Lagos – La Unión (60 Km).

07/06/2015 La Unión – Agua Buena (60 Km).

08/06/2015 Agua Buena – Entre Lagos (35 Km).

09/06/2015 Entre Lagos – Paso de Samoré (62 Km).

10/06/2015 Paso de Samoré – Villa Angostura (Entrada en Argentina) (45 Km).

Chile

Conseguí llegar al paso fronterizo de Ollagüe con la escasa luz del atardecer, y entré en Chile con el frío y la oscuridad de la noche. Caminé por las solitarias calles de la ciudad buscando cambiar el poco dinero boliviano que me quedaba y algo de comida que comprar. Encuentro una tienda, con el cambio de moneda y los elevados precios chilenos en comparación a los bolivianos, me da para unas galletas y un litro de leche.

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(Entrada en Chile por el Paso de Ollagüe)

El dueño de la tienda me ofrece acampar en un cobertizo de su casa, mas protegido del viento, el frío y las nocturnas heladas de las montañas andinas. Recibí la invitación como un rayo de esperanza. A 3660 msnm las noches invernales consiguen que duerma hecho una pelotita dentro de mi tienda.

Por la mañana caliento mis entumecidos músculos y me pongo en marcha. Busco un cajero inexistente que esperaba encontrar, y sin cajero no hay dinero, sin dinero no hay comida. Por delante 200 kilómetros inhabitados a través de las montañas hasta llegar a Calama donde resolvería este problema. Me recomiendan que me deje remolcar por un camión pero no logran convencerme, soy así de cabezón.

Empiezo a pedalear con el estomago llego de esperanzas e ilusiones, pongo un cartel detrás de la bicicleta en el que escribo: ¨Sin Comida¨. Avanzo 50 kilómetros y encuentro una minera donde la cantina tiene mucho movimiento, es la hora de la comida y me acerco a ver si consigo algo. Cuando me planto en la puerta de la cocina, esta se abre antes de que llegue a tocarla saliendo un minero tocándose el estomago completamente lleno de deliciosa comida. Lo saludo, me presento y voy directamente al grano: “¿Os sobra algo de comer?” Llaman al cocinero y cuando se acerca solo pude decir: “Colega, tengo más hambre que el perro de un ciego”. Todos ríen, dos de ellos me agarran del hombro… “Entra amigo, aquí tenemos comida de sobra para todos”. Acabo comiendo dos platos de arroz, ensalada, sopa, pescado, carne, un litro de zumo y plátanos para el camino, casi me como hasta el mantel!!!

Me despido con un tierno y agradecido abrazo para seguir pedaleando. El viento empieza a soplar con mucha fuerza, el frío que arrastra me hiela la cara y las manos a medida que impacta mi cuerpo, avanzo lento y las horas de luz son cortas. A cada minuto la idea de dormir en un refugio y de conseguir cena se desvanece, pero los últimos esfuerzos de la jornada me llevan a encontrar otra minera. Muchos dirían que fue un golpe de suerte, y coincido. La suerte es de todos, pero la buena suerte es solo del que sigue adelante, del que la busca y del que lucha por encontrarla.

Me acerque a la cantina donde me dieron de cenar, acampé al cobijo del viento entre los muros de una iglesia clausurada y me dormí con el estomago lleno de comida calentita.

Con el alba me pongo en pie y equipo a Bucéfalo lo antes posible, el viento tiene su horario y tengo que utilizarlo a mi favor. Desde el amanecer hasta las 12:00 del medio día, sopla en dirección Oeste, hacia donde va mi camino, pero pasada esta franja horaria cambia drásticamente de sentido para soplar en dirección Este.

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(Colorado On The Road camino a Calama)

Cuando estoy a tan solo 50 kilómetros de Calama las energías vuelven a fallarme. Desde La Paz no he parado de avanzar y atravesar el Salar de Uyuni fue una dura prueba. Me paro a descansar, pero simplemente sentir el viento me desanima, es como pedalear contra un muro. Saboreo el último plátano que me queda de la cantina, y una furgoneta se detiene, me saluda mientras saca una bolsa por la ventanilla. Me acerco corriendo, converso con ellos mientras abro la bolsa y la veo llena de comida. Resulta que me adelantaron dos horas atrás, leyeron el cartel de “Sin Comida” de la bici, y cuando volvían de la ciudad esperaban encontrarme para regalarme la bolsa.

El litro de zumo, las galletas y manzanas alimentaron mi cuerpo, pero ese solidario acto fue lo que me lleno de ánimo. Conseguí llegar a Calama, saque parte del dinero que me quedaba y busque un hostel. Durante dos días comí, dormí, volvía a comer y volvía a dormir, estaba agotado.

Antes de retomar la marcha tenia que cuidar de Bucéfalo, el pobre también necesitaba cuidados. Empecé limpiándolo cuidadosamente para quitarle toda la sal y el barro que tenía acumulado. Pero haciéndole el mantenimiento encontré una fisura en la llanta de la rueda trasera. No tenía muy buena pinta.

La llanta la compré en Washington hacia ya 22.000 kilómetros. Las pistas de tierra y roca atravesando Los Andes Centrales la habían llevado a su fin. La solución mas lógica hubiera sido comprar una nueva, pero solo en Santiago de Chile encontraría el repuesto necesario. Mientras seguía examinando la fisura solo pude susurrarla: “Aguanta guerrera, aguanta 1600 kilómetros más”.

Vuelvo a la carretera algo mas descansado, necesito ver mar y cambiar de paisaje durante unos días. El trayecto hasta la ciudad costera de Antofagasta fue bastante tenso en muchos tramos, la carretera era muy estrecha y no había espacio para el ciclista. Los camiones que transportaban acido sulfúrico para la industria minera, en varios de sus numerosos adelantamientos estuvieron a punto de llevarme por delante. No frenaban, no se desviaban ni un milímetro, simplemente les daba igual.

Finalmente consigo llegar a Antofagasta y me instalo en un tranquilo camping en la zona Sur de la ciudad, donde me preparo para pasar unos días durmiendo con el sonido de las olas, relajándome con la brisa marina y trabajando con el ordenador.

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(Llegada a Antofagasta)

Veo una señal en repetidas ocasiones y que despierta mi inquietud: “Peligro de Tsunami”. Con el campamento ya en orden, me acerco a una tienda a comprar la cena, le pregunto al encargado y me da las instrucciones precisas en caso de haber un temblor de tierra. Las sirenas de emergencia empezarían a sonar, hay un margen de 20 minutos para dejarlo todo y subir a la colina mas cercana para sobrevivir a la inminente ola que arrasaría la costa.

Esa misma noche mientras dormía, sentí la tierra moverse violentamente, sacudir mi cuerpo tumbado sobre la arena de la playa mientras escuchaba la tierra crujir. Abrí los ojos, exaltado salí de la tienda de campaña y observé la tranquilidad de la noche. Ha sido una pesadilla me dije, de haber sido real estarías escuchando las sirenas. Bufff!!!! Resople mientras miraba al cielo, olí el mar, escuche las gaviotas y me volví a dormir.

Después de varios días descansado y las visitas a la universidad para utilizar su internet, llegó la hora de afrontar el siguiente asalto con Atacama.

Cargado de comida y agua para dos días, escalo la colina que separa la costa del desierto, para volver a la ruta 5 que atraviesa la infinita planicie. Para mi sorpresa paso enfrente de una penitenciaria, era el día de visitas y había un puesto de bocadillos, así que fiel a mis reglas de viajero seguí la numero #5. “No pierdas nunca la oportunidad de abastecerte”.

Paré a comprar dos bocadillos, uno para el momento y otro para el camino. Fue entonces cuando un ciclista colombiano llegó preguntando por una estación de camioneros, llamada La Negra, para hacer autostop hasta Santiago de Chile. Estaba a 12 kilómetros y compartíamos dirección así que le ofrecí acompañarle. Pedaleamos juntos charlando tranquilamente, a los pocos minutos me pregunto si tenia marihuana, “No” le dije. Seguimos hablando y hasta que llegamos a La Negra me insistió 7 veces más, ¿Seguro que no tienes marihuana? Repetía constantemente. Cuando llegamos le pregunté si tenia hambre y si había desayunado, no le hizo falta contestar, había visto esa expresión decenas de veces en mi. Venga ven conmigo le dije, te invito a desayunar.

Mientras degustaba mi tercer desayuno de la mañana, contemplaba como mi compañero disfrutaba el suyo. Me hizo muy feliz poder ayudarle, yo había pasado por lo mismo miles de veces. Mientras tomábamos el café me contó que no se encontraba muy bien del estomago desde hacia varios días, le entendía perfectamente. Le dije que resistiera, que se le acabaría pasando.

A la hora de despedirnos me pidió que le dejara acompañarme. La idea no me hacia ninguna gracia, le faltaba mucho al pobre muchacho para poder seguirme el ritmo, pero quería ayudarle por lo que fui totalmente sincero: “No estas preparado amigo, me he cruzado desiertos muy duros en este viaje y no lo estas. No es por que estés desesperado por fumar marihuana, ni porque estés malo del estomago, es porque lo primero que me dijiste al conocerte es donde esta la estación de camiones para que te remolquen hasta Santiago. Antes de empezar ya estabas vencido, nunca quisiste meterte en este desierto. Aunque sea sáltate los primeros 500 kilómetros que son los mas duros y si coincidimos nuevamente por la ruta, pedalearemos juntos pero por zonas mas fáciles”. Nos despedimos y cada uno siguió su camino.

Los primeros kilómetros pedaleando por el Desierto de Atacama no pude evitar acordarme de Lucho, el ciclista colombiano con quien compartí ruta desde Trujillo hasta Lima. Juntos atravesamos el desierto mas duro de toda Sudamérica. El si que era un guerrero, un hermano, un luchador, un valiente!!!

Antes de que caiga la noche me interno en el desierto abandonando la carretera, instalo mi campamento, cocino la cena con mi hornillo fabricado con media lata de Coca-Cola y alcohol de quemar, miro las estrellas y cierro los ojos hasta que el sol vuelve a salir por el horizonte.

Por la mañana me racionalizo el agua para llegar hasta Paposo, y en los últimos 30 kilómetros hasta la costa me esperaba una tremenda bajada que desciendo a 88 km/h, mi nuevo récord de velocidad.

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(La bajada del desierto hasta la costa)

Bordee 50 kilómetro por la costa para llegar a Taltal, donde pasé la noche en la playa junto a una hoguera escribiendo mi diario. En el desierto los días son calurosos y soleados, pero las noches son frías. Después de la dura jornada del día siguiente, escribí una nueva hoja en mi diario:

“Ha merecido la pena… madrugar en Taltal, cargar la bicicleta con comida y 7 litros de agua, pedalear 20 kilómetros cuesta arriba para adentrarme nuevamente en el desierto, luchar contra el calor, el sol y el viento hasta el atardecer, dejar la carretera para adentrarme 500 metros en las arenas de Atacama, recorrer durante una hora la orilla del asfalto recogiendo trozos de madera para calentarme por la noche, cocinar la cena, instalar el campamento…después de todo el esfuerzo y de no parar en todo el día, por fin me siento junto al fuego bajo la luna y las estrellas, rodeado de oscuridad y calma. No es fácil construir estos momentos y el trabajo que lleva es muy duro, pero merece la pena”.

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(Colorado On The Road en el Desierto de Atacama)

Amanezco en el desierto, continuo lidiando con las cuestas de 20 km y llego a Chañaral. En cuanto entro en la ciudad pregunto por la playa para acampar, pero ya no hay playa. Unas semanas antes cayó una riada después de décadas sin llover, arrasando la ciudad y cambiando totalmente la geografía. Me acerco a la zona cero y contemplo la destrucción total. Casas derruidas, furgonetas encima de tejados, escombros por todas partes y la playa sustituida por un agujero lleno de restos de la catástrofe.

Terremotos, inundaciones, volcanes, sequias, diluvios, Chile es un país de extremos y es justamente por lo que son tan duros los chilenos, y a la vez tan solidarios. Termino acampando con los voluntarios que llegaron de todo el país para ayudar a sus compatriotas, comparten conmigo su comida y sus experiencias. Se sentían frustrados porque ya no llegaba tanta ayuda. En el Sur de Chile el volcán Chalbuco había entrado en erupción y toda la atención de la prensa estaba enfocada en él. Por la mañana me despedí de todos los voluntarios y atravesé de nuevo la zona cero de la ciudad.

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(Destrucción en Chañaral)

Continuo mi viaje por el desierto pedaleando como una bestia, los días pasan tranquilos y cada vez estoy más cerca de la capital. Pero la llanta trasera va a peor y la fisura es más grande. La mañana que amanezco en el pequeño pueblo de Domeyco, vuelvo a revisar su estado y decido tomar medidas, sino no lo lograríamos. Busco un taller de coches y les pido que me dejen utilizar algunas herramientas y hurgar en una montaña de metales inservibles. Acceden encantados y encuentro una vieja cadena, corto un eslabón y lo deformo hasta darle forma de pinza, con la medida perfecta de la llanta. El invento resulta pero a los pocos kilómetros la pinza se suelta, la llanta se abre y la rueda explota.

Avanzo un poco más hasta llegar al siguiente pueblo e instalo el campamento. Trabajo para hacer una nueva adaptación a mi arreglo y que la llanta aguante hasta Santiago. Fijo un radio extra para reafirmar la sujeción, fabrico lengüetas con una botella de plástico para cubrir la fisura por el interior, y suavizar el contacto con la cámara.

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(Estado y reparación de la llanta trasera)

Amanece y la hora de poner a prueba el apaño había llegado. Cada 15 minutos me detenía para revisar la rueda pero siempre estaba bien. Seguí avanzando hasta que llegué a un descenso de varios kilómetros. Bajo lento, quemando las pastillas de freno hasta que me digo, “Que carajo!!!” Dejé de frenar y empecé a tomar velocidad hasta que me puse a 60 km/h durante varios minutos. La pinza lo aguanto sin inmutarse y lo más importante, resistió los 600 kilómetros hasta Santiago.

Después de una semana veo la capital y a sus puertas aparece una nueva fisura en la llanta. Intento arreglarla para que aguante con un pasador de resorte pero acabo empujando a Bucéfalo. Con la rueda de atrás machaca me recibe en su casa Jaime, un gran amigo español. Estaba rendido y agotado, pero me espabilé en cuanto me empezó a dar jamón serrano. Jaime también ha viajado por todo el mundo y siempre ha sido una inspiración para llevar a cabo mi aventura. Los días en Santiago me hizo sentir en familia junto a su pareja y sus compañeros de casa.

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(Grandes momentos en Santiago de Chile)

Me quedaban 20 euros y Bucéfalo estaba destrozado. Intenté que alguna tienda chilena de ciclismo me apoyara, pero nada. No podía esperar a que la nueva llanta viniera a mi, tenia que salir ahí fuera a luchar por encontrarla. Diseñe 10 postales e invertí todo lo que me quedaba en imprimir 10 de cada una. Mi estrategia era simple, buscar ayuda en los ciudadanos de a pie.

Durante 8 horas estuve en la Plaza de Armas con toda mi equipación, un pequeño mapa con toda mi ruta, las 100 postales en un álbum y un cartel en el que escribí: “Vuelta al Mundo”. No tenía ni idea de que iba a pasar, pero poco a poco fui atrayendo la atención de los chilenos que se acercaban en pequeños grupos.

Primero les exponía en que consiste mi proyecto, la ruta que había llevado hasta el momento y que me quedaba por delante. Enseñaba las postales y contaba la divertida historia que había detrás de cada una, después siempre me preguntaban por su precio, yo simplemente decía que las regalaba a colaboración para poder arreglar a Bucéfalo. En mi opinión, creo que hubo dos factores que determinaron el éxito de la campaña: 1º La solidaridad chilena. 2º Una explicación de mi forma de ver el viaje que me salía del corazón: “A mi no me importa pasar frío, calor, que me llueva o nieve, soportar el hambre, atravesar montañas, selvas o desiertos, pedalear contra el viento, dormir durante semanas en la tienda de campaña y prescindir de la higiene personal que conlleva el viaje, siempre que pueda despertarme por la mañana y seguir pedaleando, seguir luchando por este sueño. Ver así a Bucéfalo me esta matando”.

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(En la Plaza de Armas repartiendo postales)

La respuesta de los chilenos fue excepcional. Al día siguiente volví al mismo lugar y recaude el doble que el primer día. Conocí a Carlos Carballo, propietario del Taller Chicle, y me proporcionó el último empujón que necesitaba: Repuestos de primera calidad a precio de coste y mano de obra gratuita. Durante dos días Carlos se dedicó a Bucéfalo, le cambió las dos llantas, el eje delantero y volvió a enradiar las dos ruedas, pusimos neumáticos y cámaras nuevas, cadena, juego de piñones, sistema de cableado y frenos nuevos. Mi Potro había vuelto!!!

Después estuve trabajando con el ordenador en casa de Jaime. Cada vez que me levantaba a estirar las piernas iba al establo a ver a mi Potro, me quedaba embobado observándolo. Es sencillamente único en su especie.

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(Colorado On The Road levantando a Bucéfalo totalmente reparado en el Taller Chicle)

El resto del tiempo en Santiago lo dedique a pasarlo ociosamente, a reencontrarme con Andrea Camacho (Proyecto El Sur es el Norte), con mis colegas españoles Jaime y Henry, conociendo otros viajeros, riendo, bromeando, disfrutando del momento de alivio y paz.

Antes de continuar y despedirme de la ciudad, la cadena de televisión Chile Visión me hizo un reportaje que grabamos durante día y medio, en el que un mensaje quise dejar claro: “Gracias Chile, estáis siendo mi talismán!!!

El momento de seguir adelante siempre llega, aunque había hecho la parada mas larga de todo el viaje, 14 días. Tenía las piernas que me pedaleaban sonámbulas por las noches, los músculos pidiéndome guerra y Bucéfalo inquieto por devorar kilómetros. Era hora de volver a la aventura.

Seguí rumbo hacia el Sur para llegar hasta Osorno, de ahí viraría al Este para alcanzar el Paso de Samoré y entrar en Argentina. Los primeros días fueron fáciles, el paisaje cambió del desierto a los bosques y praderas. Dormía en las vías de servicio COPEC, eran como un hotel 5 estrellas en las que encontraba césped para acampar, luz, seguridad, baños, duchas, agua y tranquilidad. Todos los días me paraba gente en la carretera, me había convertido en el famoso ciclista español que había salido en Chile Visión. Nos sacábamos fotos, me daban donativos, me invitaban a comer y firmaba postales.

El clima cambio y la lluvia empezó leve, pero a medida que continuaba mi camino hacia el Sur era cada vez más intensa. Terminó derivando en tormentas descomunales, la opción de acampar en campo abierto dejó de ser viable. Varios días me hospedaron, otros acampaba en cobertizos o zonas techadas para protegerme de la lluvia, secar la ropa y despreocuparme de las inundaciones. Cada noche siempre tuve a alguien que me ayudaba a encontrar refugio.

El clima no lo puso fácil pero finalmente llegué al Paso de Samoré. Era momento de despedirme de Chile y enfocarme en Argentina. Los policías fronterizos estaban esperando a que llegara para sacarse una foto conmigo, un país encantador desde el principio hasta el final.

El Paso de Samoré es una camino de 40 kilómetros a través de Los Andes que conecta los dos países vecinos. Un puerto de montaña de 1305 msnm que desde hacía dos días estaba cubierto por la nieve. El frío era intenso y el sol estaba cerca de ocultarse, pero decidí pedalear 15 kilómetros y dormir en el paso entre los dos países. La nevada empezó débil pero a medida que escalaba cobró mucha más fuerzas. Conseguí llegar con el último rayo de luz a los carpones donde guardan las máquinas quitanieves, y pasé la noche en su interior. Encendí un pequeño fuego con madera húmeda que marco la diferencia entre la desesperación y la ilusión. Fue una noche muy autentica.

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(Durmiendo en el Paso de Samoré)

Por la mañana el operario de las quitanieves, antes de empezar su turno me dejo un termo de 1,5 litros lleno de café caliente junto a la tienda. Mientras escuchaba sus pasos alejarse, a medida que me despertaba creo que pude gritar “Gracias” unas 20 veces.

Con el cuerpo lleno de cafeína me puse en marcha, el último asalto con Los Andes estaba listo. Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y ahora para cruzar a Argentina. Con esta impresionante cordillera he vivido mil y una batallas. Era hora de encarar la última.

Nevó durante toda la noche y pedalear no era posible cuesta arriba, solo podía empujar. En muchas ocasiones por cada 3 pasos retrocedía 2, resbalándome en el hielo. Los camiones se quedaban atascados, los coches paraban a poner las cadenas, mi ropa se mojó y si me paraba me congelaba, si me movía entraba en calor. Solo me detuve en dos ocasiones para ayudar a poner las cadenas a dos vehículos.

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(La última batalla con Los Andes)

La última batalla la mejor!!! Me repetía constantemente cuando coroné la cima del Paso de Samoré. Luego descendí hasta la frontera y entré en Argentina.

Uno nunca sabe lo que se va a encontrar, que ocurrirá o que problemas tendrá que superar. Lo que siempre me ha movido en los momentos difíciles es:

“Las soluciones no se encuentran quedándose quieto o mirando atrás.

La respuesta siempre esta adelante, nunca hay que dejar de avanzar.”

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Vídeo del trayecto en el Sur de Chile hasta el Paso de Samoré:

Bolivia

Etapas

03/04/2015 Copacabana – Huarina (82 Km).

04/04/2015 Huarina – La Paz (78 Km).

05/04/2015 Descanso en La Paz.

06/04/2015 Descanso en La Paz.

07/04/2015 Descanso en La Paz.

08/04/2015 Descanso en La Paz.

09/04/2015 La Paz – Patacamaya (103 Km).

10/04/2015 Patacamaya – Colpapucho (50 Km).

11/04/2015 Colpapucho – Pazña (165 Km).

12/04/2015 Pazña – Sevaruyo (94 Km).

13/04/2015 Sevaruyo – Keluyo (94 Km).

14/04/2015 Keluyo – Uyuni (70 Km).

15/04/2015 Uyuni – Isla Inkawasi (95 Km).

16/04/2015 Isla Inkawasi – San Juan (82 Km).

17/04/2015 San Juan – Ollagüe (Entrada en Chile) (77 Km).

Bolivia

Entrar en Bolivia significaba que entraba en mi país número 31, pero la geografía no dejaba marguen de diferencia, aun seguía en el Altiplano de los Andes Centrales y no descendería de los 3600 msnm hasta llegar a la frontera chilena.

Donde pasar mi primera noche fue una decisión fácil. Pedalee con las últimas horas de luz hasta la costa del Lago Titicaca en la ciudad de Copacabana. Encontrar un lugar tranquilo donde acampar fue algo mas complicado de lo que imaginaba. Debido a la cercanía de la Semana Santa, las orillas del lago estaban repletas de campistas nacionales que habían llegado para pasar las fiestas.

A medida que me alejaba de la costa de la ciudad, iba encontrando cada vez menos bullicio y era exactamente lo que necesitaba, tranquilidad. Finalmente acampé a unos 20 metros de un grupo de viajeros.

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(Acampando a orillas del Lago Titicaca)

Una vez instalé mi campamento a orillas del lago, me acerqué a conocer a mis vecinos de procedencia francesa y colombiana, a calentarme con el fuego de su hoguera y compartir unas cervezas. No tardé en irme a dormir, las duras pedaladas del día no te dejan marguen para la vida nocturna. Pero acercándose el reloj a las 23:00 pm, una patrulla de la policía vino a mi solitario campamento, me despertaron a voces para que saliera de mi calentito saco de dormir y presentara mi documentación. En cuanto me puse en pie y mostré mi pasaporte me preguntaron: Huele usted a alcohol ¿Ha estado bebiendo? Un par de cervezas contesté. ¿Sabe que esta prohibido beber en la vía pública? Me quedé pensando que carajo me estaban echando en cara cuando estaba en una zona arbolada alejada de la ciudad, mientras en la verdadera vía pública estaban decenas de bolivianos bebiendo junto a la orilla, y yo llevaba durmiendo hacia ya varias horas.

Fueron muy severos con su decisión, ¨Recoge todo, súbelo a la furgoneta que nos vamos a la comisaría¨ me dijeron. No daba crédito a lo que me estaba pasando, pero desde el principio sabía perfectamente lo que querían, y sus bromas y risas los delataron con claridad. Lamentablemente para ellos soy un terco cabezón que ni de broma iba a estar por la labor de aflojar la billetera y darles la propina que andaban buscando, así que decidí mi estrategia en cuestión de segundos y la lleve a cabo: ¨De acuerdo señor policía, no se preocupe que cooperare en todo lo que usted requiera, necesito 40 minutos para recoger todo mi campamento y subirlo a su furgoneta. Pero primero notifíqueme a que comisaría me van a trasladar, ya que esta es una situación nueva para mi, y quisiera llamar a un amigo de la Embajada Española para informarle de este suceso¨.

Mientras tecleaba en mi teléfono móvil números aleatorios, se miraron entre los 6 policías las caras de imbécil que se les había quedado, y rápidamente me dijeron que por esta vez iban a hacer la vista gorda. Así que volví a entrar en mi querida tienda de campaña disfrutando del farol que se habían comido, y continuar planchando la oreja en mi mullidito saco de dormir, un tiempo al menos.

Cuando estaba inmerso en un profundo sueño, a las 03:00 am el sonido de unas voces y de la música me despertaron. Salí a descubrir de donde procedía tal escandalo y para mi sorpresa, de entre todas las zonas libre que había a decenas de metros de mi campamento, tres jóvenes bolivianos habían decidido instalar su tienda de campaña justo al lado de la mía, para emborracharse y escuchar música a todo volumen. Me acerqué a ellos para pedirles que aunque fuera quitaran la música, ya que estaban tan borrachos que seguro no iban a tardar en perder el conocimiento, pero uno de ellos me sorprendió con una pregunta: ¿Pero tú de donde eres? Yo soy Español le contesté. Entonces este impresentable me dijo algo que me dejo atónito: ¨Gringo de mierda, vete a tu puto país¨. No pude moverme, no pude decir nada, solo pude permanecer de pie frente a ellos durante un par de minutos, mientras me hervía la sangre. Los primeros instantes solo intenté no dar rienda suelta a mi frustración, lo cual me hubiera llevado a dormir el resto de la noche, y a despertarme con la visión de sus cuerpos aun flotando en el Lago Titicaca. Ellos se miraban sin entender que se me estaba pasando por la cabeza. Los últimos segundos, cuando entre en razón, pensé en una salida razonable, ¿Pero que iba a hacer? ¿Llamar a la policía corrupta? Así que tomé la decisión mas inteligente y que menos problemas me iba a dar, pedirles que intentaran hacer el menor ruido posible y volver a dormir. Por supuesto la reacción de ellos fue subir aun mas la música y continuar bebiendo a voces, pero por suerte pasada media hora la borrachera los silencio en un profundo sueño.

A las 07:00 am mi despertador sonó, halla pasado lo que halla pasado por la noche, yo me levanto con la luz del alba y continuo mi viaje, no hay excusas para seguir durmiendo, sino razones para seguir adelante.

Antes de irme de Copacabana, fui a desayunar al mercado con el viajero colombiano que conocí la noche anterior. Me enseño un poco la ciudad y compartimos unas cuantas aventuras. Nos despedimos, crucé el cerro para embarcarme en un pequeño bote que me llevaría al otro lado del estrecho de Tiquina y puse rumbo a La Paz.

Con dos etapas llegue a la capital, y desde el barrio llamado El Alto accedí a la autopista que desciende serpenteando el valle, para llevarme al centro de la ciudad. Tenía claro donde iba a hospedarme, en la Casa Ciclista de Cristian. Ya le había avisado de mi llegada vía email y él me estaba esperando. Ya instalado y con el ordenador conectado, escribí a la viajera colombiana del proyecto ¨El Sur es el Norte¨, Andrea, a quien había conocido subiendo el Machu Picchu. Desde que nos conocimos no perdimos el contacto y nos esforzamos en coordinar nuestra llegada a La Paz, para ir juntos a conocer Las Peleas de Cholitas. Tampoco me olvidé de mi gran amigo Luis Carlos, ciclista colombiano con el que compartí las pedaladas para llegar a Lima, con quien coincidí en Cuzco y también había planificado coincidir en La Paz.

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(Llegada a La Paz)

Andrea fue rápida en su respuesta y quedamos en vernos al día siguiente en la Iglesia de San Francisco, para ir a conocer el espectáculo de las Cholitas. Pero Lucho no dio respuesta.

A la mañana siguiente, decidido a domar mi alocada melena fui directo a una peluquería del centro. Cuando pasé en frente de la Iglesia de San Francisco me topé con un improvisado puesto que Lucho había montado. Estaba con su bicicleta apoyada en la pared y sobre una bandera de Colombia que tenia en el suelo, mostraba los laberintos que el mismo fabricaba con cables de metal, en un intento de recaudar fondos para salir de la dura situación económica que atravesaba.

Nos fundimos en un fuerte abrazo que duro un año, le pregunté que carajo estaba haciendo y nos pusimos al día. Yo acababa de ganar un buen dinero por un trabajo que realice para la Editorial Santillana, así que le pedí que recogiera su puesto porque sus problemas económicos ya estaban solucionados. Decidió esperar a que volviera de cortarme el pelo, así que intente ser lo más rápido posible.

Ya de vuelta fuimos juntos a la casa ciclista y de camino compramos comida en abundancia en un supermercado. Nadie mejor que yo sabe el desgaste acumulado que se alcanza tras duras jornadas de pedaleo, y quería cuidar de mi hermano colombiano. Con el estomago lleno de arroz, pollo y patatas, salí a comprar una botella de ron para brindar con mi compañero. De camino hice una parada en el cajero para darle una ayuda a mi querido amigo.

El reloj marco el inicio de la tarde y era hora de acudir a la Iglesia de San Francisco para reencontrarme con Andrea, e ir a conocer Las Peleas de Cholitas. Por supuesto invite a Lucho a que nos acompañara, como una familia de viajeros.

La verdad que esperaba una pelea aburrida de Pressing Catch, pero fue un espectáculo ver volar por los aires a las pequeñas luchadoras dentro del cuadrilátero, además el ron lo animó mucho más. Disfrutamos de esos momentos juntos, la vida de los viajeros de diferentes nacionalidades siempre hacen las coincidencias mas emocionantes, ya que no sabemos cuando nos volveremos a reencontrar.

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(Colorado On The Road recibiendo una paliza de las Cholitas)

Pasados unos días, la primera en partir fue Andrea hacia el interior de Bolivia. Después fui yo quien puso rumbo hacia Uyuni, despidiéndome para siempre en esta aventura de mi hermanito pequeño. Lucho había tomado la decisión de regresar a Colombia, lo que hacia imposible que nuestras pedaladas nos volvieran a unir.

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(Colorado On the Road y Luis Carlos, alias Lucho, alias Colombia)

Para salir de La Paz, podía optar por la autopista de 12 kilómetros con una pendiente muy moderada, o salir en línea recta por la cara mas empinada de la montaña y hacer solo 3 kilómetros para regresar a El Alto. Durante este viaje siempre he tenido una inquietud que no he sabido resolver. Cada vez que estoy triste y retomo la carretera, tengo la necesidad de sufrir haciendo marchas de grandes distancias y hasta altas horas de la noche. Es como si quisiera consumir mis lamentos.

Tomé la salida mas dura de la ciudad. Encaré directamente la montaña perdiendo la capacidad de pedalear, la pendiente era tan pronunciada que mientras empujaba a mi potro tenia que parar a respirar cada poco tiempo. La altura hacia que el oxígeno escaseara y la elevada polución provocaba que el aire que inhalaba ardiera en mis pulmones. Con un gran esfuerzo coroné la cima del valle, miré atrás y me despedí de la ultima visión de La Paz.

Mi primera noche fuera de la capital boliviana la pasé en un económico hostel, regentado por una encantadora señora que me dejó su mejor habitación, al precio de la mas barata. Por la mañana me regaló la bandera de Bolivia y me acompaño hasta la calle junto a su marido para despedirme y desearme buena suerte, eran simplemente encantadores.

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(Bucéfalo recibiendo la bandera de Bolivia)

A medida que avanzaba por el interior del país, la gente se volvió cada vez mas cercana. Cuando paraba a comer siempre me daban doble ración, me hacían preguntas sobre mi viaje, me hospedaron en unas termas y me daban las gracias por llevar su bandera. Una valoración que tuve hace ya mucho, es que la actitud de unos pocos no puede ser la imagen de muchos. A pesar de mi desafortunada primera noche en Copacabana, un cretino es un cretino, y lamentablemente hay muchos en este mundo. Pero eso no quiere decir que por cruzarme con uno vaya a catalogar a las personas de su misma nacionalidad con la misma sombra. Esos prejuicios solo ciegan la verdadera imagen de una sociedad.

Los últimos 250 kilómetros hasta Uyuni la carretera dejó de existir. La pista de tierra era mi nueva carretera, el barro, los baches y las rocas mis nuevos compañeros. Por el día el viento pega duro pero al atardecer se relaja, así que apuro mis pedaladas bajo la luz de mi linterna. A la hora de acampar me cuesta irme a dormir, sin ningún rastro de luz, el cielo brilla con miles de estrellas. Las noches son frías pero los días cálidos. Los obreros que construyen la carretera que unirá Santiago de Huari con Uyuni, duermen en grandes campamentos que cada medio día visito para conocer sus cantinas, y almorzar bajo su invitación.

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(Colorado On The Road atravesando Bolivia)

Finalmente alcanzo la ciudad de Uyuni, una de las paradas del Dakar. Con tan solo una noche de descanso me preparo para la aventura que mas deseaba vivir en Bolivia, cruzar el Salar de Uyuni.

Desde el pueblo de Colchani pongo rumbo a la entrada del mayor desierto de sal y a mayor altitud del mundo. A medida que me aproximo al primer acceso, me doy cuenta de que esta totalmente inundado. Los todoterrenos que transportan a los turistas superan el obstáculo con facilidad, pero yo no puedo cometer ningún error o sino mi potro podría ahogarse en las aguas saladas, y con él perder todo mi equipo electrónico.

Esperé pacientemente para observar que ruta escogían los experimentados guías bolivianos al volante de sus todoterrenos, hasta que encontré una ruta que no era tan profunda. Cogí aire y comencé a pedalear con firmeza sobre el agua a medida que esta ganaba profundidad. En varios tramos pedaleaba con el agua por las espinillas, pero Bucéfalo cumplió y juntos superamos el obstáculo, ya estábamos dentro del salar.

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(Colorado On The Road después de atravesar la entrada inundada)

Había invertido demasiadas horas de luz en llegar hasta ese punto, y aun tenia 75 kilómetros hasta la Isla de Inkawasi situada en el centro del desierto salado. La llanura era eterna, el suelo firme y la sal crujía bajo las ruedas. El sol se reflejaba en la sal, a mas de 3660 msnm y próximos al ecuador, la radiación solar era intensa por lo que cubrí cada centímetro de la piel de mi cuerpo para evitar abrasarme. Pero mi mayor enemigo fue el fuerte viento en contra que soplaba constantemente, y arrastraba temperaturas de 10 ºC.

Con las horas de luz pedalee contento y emocionado, disfrutando de la experiencia y en ocasiones cerraba los ojos durante largos instantes, total, no había nada contra lo que pudiera chocar. Pero no presté atención a lo lento que avanzaba por causa del viento, ya que no disponía de ninguna referencia geográfica a mi alrededor.

Hipnotizado por el apasionante atardecer, me escudé en la esperanza de que el viento dejara de soplar con la oscuridad y poder abarcar con rapidez los últimos 20 kilómetros hasta la rocosa Isla de Inkawasi. Pero no fue así.

En pocos minutos estaba rodeado por la mas profunda oscuridad, la temperatura cayó en picado, el viento sopló con mas fuerza y avanzaba lento bajo la débil iluminación de mi linterna. El verdadero reto había comenzado.

Avanzaba a una media de 7 Km/h y necesitaba pararme a descansar cada 30 minutos, a ese ritmo tardaría tres horas y media en llegar a la isla. Cuando estaba a menos de 10 kilómetros de llegar a mi objetivo, me detuve totalmente agotado. Deje tumbado a Bucéfalo sobre la sal y me senté junto a él para que me protegiera del helado viento. Abrí una de sus alforjas y saque una lata de cerveza que había comprado para celebrar una victoria que aun no había llegado. Apagué la luz de mi linterna y dejé que la oscuridad me envolviera por completo, estaba desesperado. Cuando di el primer trago de cerveza alcé la cabeza y me quedé embobado con un espectáculo irrepetible, millones de estrellas, polvo cósmico y constelaciones saludándome. Entonces viví una de las más extrañas emociones que solo en este viaje he vivido. Comencé a reírme a carcajada limpia, me levanté emocionado gritando al infinito mientras saboreaba la cerveza de la victoria. En ocasiones olvido la gran aventura que estoy viviendo debido a la responsabilidad que me impongo de alcanzar cada objetivo, pero cuando recuerdo porque estoy aquí, porque lo hago, la adrenalina explota en mi y no puedo dejar de sonreír.

Cuando levanté a Bucéfalo del suelo, lo hice convencido de mis dos opciones, llegar a la Isla de Inkawasi o llegar a la Isla de Inkawasi. A pesar del cansancio de la dura jornada, pedalee los últimos kilómetros con mas fuerza que cualquier otro del día. Una inmensa roca se alzaba en la planicie salada, y con ella un refugio que frenaba el viento y me proporcionó el campamento perfecto para dormir sin congelarme.

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(Amaneciendo en la Isla de Inkawasi)

A la mañana siguiente miraba el Salar de Uyuni desde otra perspectiva. Brújula en mano tenía que pedalear hacia el sur para alcanzar el pueblo de Chuvica, ya en tierra firme, y el viento lo tenia de espaldas convirtiéndose hoy en un aliado.

Con energías renovadas, invertí parte de la experiencia en inmortalizar el momento con numerosas fotografías y llevar acabo una hermosa tradición del salar, pedalear desnudo.

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(Colorado On The Road y Bucéfalo en el Salar de Uyuni)

Cuando abandoné el implacable desierto miré atrás, y di por concluido el mayor reto en tierras bolivianas. Desde Chuvica hasta San Juan pedalee duro por pistas de tierra y nuevamente la noche me dio caza, pero complete la etapa con éxito. Éxito que merecía la recompensa de dormir bajo techo y sobre un colchón. De todos los hostel que hay en San Juan, justo el primero en el que entré me deparó una sorpresa.

Mientras hablaba con la encargada y me daba la mala noticia de que no había ni un hueco libre, Andrea cruzo la habitación para abrazarme con fuerza, tremenda casualidad. El hostel estaba dividido en habitaciones compartidas, designadas para cada vehículo de agencias privadas que hacen tours de varios días por el salar. Después de hablar con las compañeras de Andrea y con la encargada, me dejaron dormir en el suelo de su habitación con un colchón. Las chicas no habían acabado con la cena que les sirvieron, así que di rienda suelta a mi apetito devorando una ensalada, una sopa y 4 pechugas de pollo.

Cuando todos se fueron a dormir, Andrea y yo estuvimos hablando hasta tarde, poniéndonos al día de todo lo que vivimos desde La Paz. Lo que mas me marco fue cuando me contó que a Lucho le robaron la bicicleta, dejándole la única opción de volver a Colombia en autobús. Malditos Bastardos!

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(Colorado On The Road y Andrea en San Juan)

Por la mañana nos despedimos con la esperanza de que ambos viajes se volvieran a unir en Santiago de Chile. Yo tenía casi 80 kilómetros cruzando el Salar de Chiguana hasta el paso de Ollagüe, y despedirme así de Bolivia.

Cruzaría a Chile desde el volcán Ollagüe y comenzaría a descender hasta la costa, dejando atrás el Altiplano. Nunca hay excusas para detenerse, sino razones para seguir adelante.

¨Creyendo en los sueños es como los creamos.

Sigue creyendo,

sigue soñando,

sigue creando.¨

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Peleas de Cholitas Cholitas:

Salar de Uyuni:

Ecuador

Etapas:

11/01/2015 Ipiales – Ambuqui (Entrada en Ecuador) (94 Km).

12/01/2015 Ambuqui – Otovalo (70 Km).

13/01/2015 Otovalo – Quito (85 Km).

14/01/2015 Quito – Tumbaco (58 Km).

15/01/2015 Descanso en Tumbaco.

16/01/2015 Descanso en Tumbaco.

17/01/2015 Descanso en Tumbaco.

18/01/2015 Descanso en Tumbaco.

19/01/2015 Descanso en Tumbaco.

20/01/2015 Descanso en Tumbaco.

21/01/2015 Tumbaco – Alluriquín (134 Km).

22/01/2015 Alluriquín – La Crespa (92 Km).

23/01/2015 La Crespa – Tosagua (95 Km).

24/01/2015 Tosagua – San Lorenzo (104 Km).

25/01/2015 San Lorenzo – Ayampe (89 Km).

26/01/2015 Descanso en Ayampe.

27/01/2015 Descanso en Ayampe.

28/01/2015 Descanso en Ayampe (38 Km).

29/01/2015 Ayampe – Vía a la Costa (86 Km).

30/01/2015 Vía a la Costa – Troncal a la Costa (162 Km).

31/01/2015 Troncal a la Costa – Hierba Buena (59 Km).

01/02/2015 Hierba Buena – Cuenca (84 Km).

02/02/2015 Descanso en Cuenca.

03/02/2015 Descanso en Cuenca.

04/02/2015 Cuenca – Pasaje (142 Km).

05/02/2015 Pasaje – Tumbes (Entrada en Perú) (104 Km).

Ecuador

Por primera vez crucé una frontera acompañado. Luis Chamorro quien me estuvo hospedando mis últimos días en Colombia, pedalearía a mi lado hasta llegar al pueblo ecuatoriano de Ambuqui, donde dormiríamos en su casa de vacaciones.

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(Entrada en Ecuador)

A medida que avanzábamos por mi país numero 28 desde que inicié esta gran aventura, las montañas y las eternas pendientes me hacían pensar que no había cruzado esa línea imaginaria, pero no tardó mucho tiempo en cambiar el paisaje, dejar atrás las frondosas colinas sustituidas por un terreno mas árido y sin casi vegetación.

Constantemente Luis me deja atrás, mi marcha no era tan rápida como la suya pero finalizamos la jornada con una tremenda bajada que nos llevaría a nuestro destino.

En mi primera impresión de Ecuador, el descenso de seguridad en las carreteras hizo que me relajara pedaleando en un país mas tranquilo, sin constantes controles policiales ni retenes militares.

Al amanecer llegó la mujer de Luis con su hijo y un amigo. Mientras ellos disfrutaban de la piscina nosotros pedaleamos hasta Ibarra donde quedamos para almorzar en la Laguna de Yahuarcocha, y me dieron a probar los famosos helados caseros de Paila. La despedida no fue cómoda, siempre estrecho lazos muy rápido con las personas que me reciben en su hogar, y sin duda alguna echaré de menos a Luis y su familia. Pedaleando con la luz del atardecer llegué hasta Otovalo para hacer noche y prepararme para mi llegada a Quito.

Las carreteras ecuatorianas están en constante expansión, creando unas autopistas que sin duda alguna fortalecerán la economía del país. El presidente de la republica incita a todos los ciudadanos con carteles publicitarios para ayudar a Ecuador a convertirse en una potencia turística, y la respuesta de sus ciudadanos acompaña la iniciativa recibiendo a los extranjeros con los brazos abiertos.

Pedalear hasta la capital fue una tortura por las eternas pendientes, especialmente la última antes de llegar a la ciudad. Pero he ahí donde esta la belleza de la bicicleta, aguantar el duro camino en una simbiosis entre el musculo y el metal, para finalmente alcanzar la meta.

Con el objetivo de visitar el Monumento a la Mitad del Mundo situado al norte de Quito, pasé la noche en un hostal de Carcelén. No me quedaba lejos así que llegué a muy buena hora, pero lo primero con lo que me tope fueron unos tornos. Debía pagar 3 dólares y no podía acceder con mi bicicleta. Bucéfalo y yo somos uno, así que la idea de separarme de él no me agrado ni un solo segundo. Intente hablar con algún encargado a ver si podría entrar aunque fueran solo 5 minutos para sacarme la fotografía con mi potro, pero no hubo manera. Desde los tornos realice varias fotografías y saque mi cámara de video para grabarme y presentar un articulo que estaba preparando para los lectores de una revista de ciclismo española. Mis primeras palabras fueron: “Estoy en la Mitad del Mundo, en Ecuador, me gustaría mostrároslo mas de cerca pero lamentablemente no me dejan entrar con la bicicleta y mi potro y yo somos uno…”. En cuanto fui a grabar la segunda toma se acerco a mi una encargada de la seguridad del Monumento, me abrió los tornos y me dijo “ Ven, te dejo grabar mas de cerca”. Al parecer la solución me la dio mi cámara de video y además no pague ni un céntimo. Hecho el trabajo pedalee hasta Tumbaco, situado al Este de la ciudad para llegar a la Casa Ciclista de Santiago, una de las mas visitadas en todo Latinoamérica.

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(Colorado On The Road en el Monumento de la Mitad del Mundo)

Santiago lleva mas de 20 años recibiendo a cicloviajeros en su casa, y firme en su cuarto libro de visitas siendo yo el numero 463, y el tercer viajero que llegaba en 2015. Santiago ofrece un lugar tranquilo y seguro para dormir con la tienda de campaña, la oportunidad de aprender mecánica en su taller de bicicletas y de compartir experiencias con otros viajeros. Durante varios días compartí momentos con un Colombiano, un Francés y un Argentino. Fueron unos días muy tranquilos en los que el deber me llamaba. Tenia mucho que trabajar con el ordenador para actualizar todo el material documental del viaje y preparar el articulo para la revista española.

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(Colorado On The Road junto a Santiago)

Demasiadas horas enganchado al portátil me dejaban la cara cuadriculada, pero pasaba buenos ratos con mis compañeros que me daban ánimos y me arrancaban siempre una sonrisa. La mala noticia fue que tanto el video que grabe en el Monumento de la Mitad del Mundo, como el articulo y las fotografía que envié junto a varios de mis documentales, no interesó a la revista por lo que decidieron al final no comprarme todas esas horas de trabajo, una puerta mas cerrada en las narices.

A pesar de estar junto a gran compañía, el clima de montaña no es lo mío. Reanudé la marcha directo a la costa pedaleando montaña abajo a través de la niebla, la lluvia y el frio junto al bosque húmedo siguiendo el cauce del rio. La primera noche acampé sobre el barro y bajo la lluvia al lado de un reten de la policía, cocinando la cena de una forma que nunca antes había usado. Ante la dificultad de encontrar bombonas para mi camping gas, seguí el manual de una página de internet para fabricar un hornillo con una lata de Coca-Cola utilizando alcohol como combustible. El invento dio resultado, el agua tarda bastante en hervir pero el resultado son unos espaguetis para cenar.

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(Bajando los Andes camino a la costa)

Durante las dos etapas siguientes me topé con muchas colinas de pequeña altura que no me dejaron margen para avanzar con velocidad. La lluvia cada día era menos abundante y el calor de la costa cada vez llegaba con mas fuerza.

El final de mi tercera etapa desde Quito instalé el campamento en el césped próximo a una gasolinera, cené lo poco que tenía y me fui pronto a dormir. A los 20 minutos de estar dentro del sobre alguien vino a mi “puerta”, abrí la cremallera y asome la cabeza, vi a un hombre parado frente a mi con un plato de comida y un vaso de zumo. Pensaba que me iba a dormir con el estomago casi vacío, pero en vez de eso descansaría con una cena completa. Por la mañana el generoso vecino llamado Javier, me invito a desayunar a su casa y a conocer a su familia.

Pasé un par de horas con su mujer, su suegra y sus tres hijas, disfrutando de un abundante desayuno, eran una familia humilde. Mientras me alimentaba me dijeron algo que he ido escuchando por medio mundo: “Hemos pasado momentos difíciles, y sabemos lo que es pasarlo mal. Ahora que nos van mejor las cosas siempre intentamos ayudar con lo que tenemos, aunque no sea mucho”.

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(Colorado On The Road con la familia de Javier)

Mi infancia fue muy buena, nunca me ha faltado de nada y cuando quise tener la oportunidad de trabajar y estudiar, la tuve. En este viaje estoy afrontando los momentos mas difíciles de mi vida y entiendo perfectamente la postura de esta familia, lo cual me hizo valorar muchísimo mas su gran gesto.

Deje atrás a la encantadora familia de Javier y pedalee los últimos kilómetros hasta Manta, alcanzando así la costa ecuatoriana, el calor, el buen tiempo y cumpliendo los 33.000 kilómetros. Apuré el día hasta San Lorenzo, donde acampé en la playa junto la brisa del mar y el sonido de las olas.

La etapa siguiente recorrí la costa dirección Sur hasta llegar al pueblo de Ayampe, donde había quedado con encontrarme con un amigo aventurero. Llegué a los hostales de la primera línea de playa antes de que el sol se pusiera. Sin teléfono al que llamar simplemente me quedé de pie rodeado de surferos esperando toparme con mi colega, y a los pocos minutos escuche mi nombre a lo lejos. Saliendo del mar, con una tabla de surf en una mano y levantando la otra saludándome, mientras caminaba hacia mi con una sonrisa en la cara, estaba Parker.

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(Colorado On The Road junto a Parker)

Mis amigos de Vanajeros habían tenido un problema con su furgoneta al entrar en Ecuador, el motor de su fiel vehículo había gripado. Joel ya estaba de vuelta en Estados Unidos, Aidan y Madison se habían quedado en Cuenca siguiendo sus planes iniciales de instalarse en la ciudad y trabajar durante unos meses, y Parker continuo de mochilero unas semanas mas recorriendo Ecuador antes de volver a casa. Coincidir con él en el camino fue la mejor noticia que tuve en semanas.

Durante varios días estuve disfrutando de la paz y calma de una costa dedicada al deporte. Cada día la puesta de sol era sencillamente perfecta y por las noches bebía cerveza a orillas del mar con otros viajeros. Una noche iluminado por la luz de la luna me di un baño en las agitadas aguas, y el mar guió mi camino envolviéndome con el plancton fluorescente. Fue un breve descanso que valió mil veces mas la pena que haber pedaleado 20 kilómetros mas hasta Montañita, la ciudad de la juerga absurda de la costa ecuatoriana.

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(Puesta de sol en Ayampe)

La ruta continua y cada vez es mas complicado no mirar atrás, pero justamente todo lo que voy dejando en el camino es lo que mas fuerzas me da para seguir adelante, cada vez son mas personas las que apoyan mi proyecto, y que quieren verme completándolo con éxito.

Con un fuerte abrazo me despedí de Parker y de todas las nuevas amistades que hice en mi estancia en Ayampe. Puse un punto y aparte con Vanajeros, ya que mi siguiente destino sería Cuenca. Aidan y Madison ya estaban pendientes de mi llegada, ahora solo me quedaba a mi cumplir y trepar la montaña para alcanzar una de las ciudades mas hermosas de Latinoamérica.

Con tan solo dos jornadas llegué a dormir en las faldas de la montaña, a escasos metros sobre el nivel del mar. Mi objetivo era escalar el Parque Nacional Cajas para coronar en dos días su cima pedaleando hasta los 4166 msnm.

A poco que te introduces en la montaña el clima cambia radicalmente, adiós al calor y adiós al sol. En pocas horas ya estaba envuelto por la niebla, pedaleando bajo la lluvia, y el frio poco a poco era cada vez mas intenso. La abundante vegetación no dejaba que se escapara ni un ápice de la humedad del ambiente y los ríos caían colina abajo.

Después de 60 kilómetros solo cuesta arriba conseguí llegar en medio de la oscuridad al pueblecito de Hierba Buena, donde un restaurante aun permanecía abierto. Converse con dos ecuatorianos de Cuenca, Patricio y Francisco, quienes me dieron su teléfono para cualquier necesidad que tuviera en su ciudad, y hablaron con la encargada del local para que me brindaran un lugar donde dormir esa noche protegido del frío y la lluvia. Agotado y casi sin fuerzas, metí todo mi material en una habitación que me cedieron para que descansara. Entré en el saco de dormir con ropa seca y algo caliente en el estomago, cerré los ojos y dormí profundamente hasta el amanecer.

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(Colorado On The Road subiendo el Parque Nacional Cajas)

Bien temprano continué con mi lucha por superar los Andes ecuatorianos. Nuevamente envuelto por la niebla seguí escalando lentamente. La jornada fue larga y dura, y a pesar de tener la belleza andina de escaparate, en mi mente estaba la preocupación de coronar la cima con la oscuridad de la noche, por lo que a medida que pasaban las horas aceleraba mi marcha.

Finalmente con los últimos 10 minutos de luz del día me hice con el paso de Cajas. Había escalado 4166 metros en tan solo dos días comenzando desde el nivel del mar, logrando mi objetivo en el aniversario de mi salida de Madrid. Estaba celebrando mis 16 meses de viaje superando mi récord de altura. A pesar de la euforia del momento no quedaba mucho tiempo para despistes. Me desnude bajo la atenta mirada de los conductores que transitaban la carretera, saque ropa seca de mis alforjas y me preparé para bajar la montaña. Me deslice a gran velocidad en silencio hasta que el ruido de la ciudad me envolvió de nuevo.

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(Colorado On The Road en la cima del Parque Nacional Cajas)

No hay dinero para pagar hostales, ya no. Intenté que me hospedaran en la estación de bomberos pero nadie respondió a la puerta. Pasada la media noche fui a la estación de autobuses, me senté en un banco ya que la seguridad de la estación no dejaba a nadie tumbarse, até el potro a mi pierna y me dormí durante unas horas.

Por la mañana llame a Francisco, el ecuatoriano que conocí en Hierba Buena y me invito a dormir en su casa, pero debía esperar hasta la tarde a que saliera de trabajar. Aidan y Madison comenzaron su estancia en Cuenca alquilando un departamento propio, pero las dificultades económicas que siempre atravesamos los viajeros les llevo a mudarse a la casa de unos señores Británicos, quienes les acogieron sin coste alguno, pero sin la posibilidad de recibir a ningún otro viajero.

La buena noticia es que en la estación no se estaba del todo mal, había buena temperatura, enchufes para conectar el ordenador y buena señal de wifi, así que me puse manos a la obra y aproveché el día actualizando mi web. Francisco me llamó cuando salió del trabajo y fui a su casa, cenamos como unos legionarios y hablamos un par de horas, hasta que llego el momento de dormir y me envolví en las sábanas sobre una mullida cama, agradecidísimo de no volver a pasar la noche en la estación de autobús.

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(Trabajando en la estación de autobús de Cuenca)

Al día siguiente Francisco volvió a trabajar y yo volví con mis quehaceres. Primero fui de nuevo a la estación para revisar mi correo electrónico, ahí conocí a un señor que llevaba un hostal y después de hablar un rato me ofreció ir a su casa para lavar la ropa e invitarme a comer. Por la tarde me acerque a la oficina de Francisco donde me ofrecieron poner unas pegatinas de su empresa en mi bicicleta, a cambio de darme una ayudita para la alimentación de unos días ¡¡Bienvenida sea!! Remate la jornada llendo a visitar a mi colegas de Vanajeros. Durante un par de horas fue como si no hubiera pasado el tiempo, siempre que ves una cara conocida en el viaje es un momento único, y me encanto comprobar como cada vez les van mejor las cosas.

Terminé el día subiendo con Francisco y Patricio a lo alto de un mirador para observar la ciudad iluminada, mientras bebíamos unos tragos de Canelazo, una cálida bebida con alcohol típica de Ecuador.

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(Colorado On The Road junto a Francisco)

 Había visitado una ciudad considerada uno de los mejores destinos para vivir del mundo, y prácticamente no hice turismo por no decir nada, lo cual no me hizo sentir mal, ya que es la vida del viajero. Cada parada es fundamental para realizar todos los recados necesarios y puestas a punto para continuar con el viaje. Mi turismo es el que la naturaleza me brinda y el que la carretera me otorga.

En Cuenca me despedí de nuevas y antiguas amistades, y para poner fin a mi travesía por Ecuador avance 142 kilómetros bajando la montaña, aunque los Andes nuevamente me quisieron regalar mis últimos tramos antes de llegar a Machala. Descendí por una carretera en la que bajaba 300 metros y acto seguido subía 150 mas. Pero al ocaso conseguí dormir cerca de la frontera con Perú.

Siempre acostumbro a hacer una valoración de mis experiencias al final de cada diario, pero ahora me pregunto que valoración harían de mi todas las personas que me van conociendo por el camino. Ecuador ha sido un país generosos, cordial y amable, y estoy casi seguro de que la huella que he dejado a mi paso es casi inapreciable, pero:

“Lo que siempre se recuerda mientras viajas, son las personas que conoces por el camino, y la huella que dejan en ti”

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 Documental desde Quito hasta la costa:

 

Documental del Parque Nacional Cajas:

Colombia

Etapas:

04/12/2014 Llegada a Cartagena de Indias (Entrada en Colombia) (7 km).

05/12/2014 Cartagena – Barranquilla (130 Km).

06 -11/12/2014 Descanso en Barranquilla.

12/12/2014 Descanso en Barranquilla (37 km).

13/12/2014 Descanso en Cartagena.

14/12/2014 Descanso en Cartagena.

15/12/2014 Descanso en Barranquilla.

16/12/2014 Descanso en Barranquilla.

17/12/2014 Descanso en Barranquilla.

18/12/2014 Barranquilla – Calamar (100 km).

19/12/2014 Calamar – Oveja (96 km).

20/12/2014 Oveja – Sahagún (93 km).

21/12/2014 Sahagún – La Apartada (123 km).

22/12/2014 La Apartada – Puerto Valdivia (118 km).

23/12/2014 Puerto Valdivia – Ventanas (36 km).

24/12/2014 Ventanas – Piedras Blancas (36 km).

25/12/2014 Piedras Blancas – Medellín (107 km).

26/12/2014 Descanso en Medellín.

27/12/2014 Descanso en Medellín.

28/12/2014 Medellín – La Garrucha (115 km).

29/12/2014 La Garrucha – Santa Rosa de Cabal (81 km).

30/12/2014 Santa Rosa de Cabal – Tuluá (135 km).

31/12/2014 Tuluá – Cali (95 km).

01/01/2015 Descanso en Cali.

02/01/2015 Descanso en Cali.

03/01/2015 Cali – Piendamo (102 km).

04/01/2015 Piendamo – Piedrasentada (94 km).

05/01/2015 Piedrasentada – Pueblo Remolino (103 km).

06/01/2015 Pueblo Remolino – Chachagsí (50 km).

07/01/2015 Chachagsí – Pasto (41 km).

08/01/2015 Pasto – Ipiales (81 km).

09/01/2015 Descanso Ipiales.

10/01/2015 Descanso Ipiales.

Colombia

Cuando planifique mi vuelta al mundo en bicicleta, tenia mis serias dudas de si el FerryXpress que conecta Panamá con Colombia iba a ser una realidad a mi llegada a Centroamérica. Por fortuna llegué dos semanas después de su inauguración, evitándome así el estrés de embarcar en un avión a mi fiel potro.

Partiendo de Colón, hice tierra en la histórica ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Me despedí de Oscar, el viajero argentino que llevó a bucéfalo y todo mi equipo en el interior de su furgoneta durante el trayecto en Ferry, evitándome así pagar las tasas de transporte. Llamé a Juan Pablo, un amigo colombiano de mi cuñado para que me ayudara hospedándome esa noche, y dormir mi primer día en Sudamérica bajo techo.

Mi llegada a Colombia significaba que ya había alcanzado mi media vuelta al mundo en bicicleta. Pero me había marcado la ciudad costera de Barranquilla como kilómetro cero en Sudamérica. La primera etapa pedalee 130 kilómetros a través de llanuras y pequeñas colinas, bajo un sol abrasador y unas elevadísimas condiciones de humedad. Al atardecer corone mi objetivo y experimente el único fenómeno que interrumpe a lo largo del año el intenso calor barranquillero, la lluvia. El cielo se abrió y dejó caer una tromba de agua inundando las calles, y formando fuertes ríos colina abajo atravesando la ciudad para desembocar en el río Magdalena. Nunca antes había pedaleado atravesando la corriente.

En barranquilla estaba el hotel Estelar, donde la empresa de Lucho, mi cuñado, tenia un apartamento alquilado en el que me habían autorizado a dormir hasta su llegada.

Con mi ropa sucia y desgastada, totalmente calado y lleno de barro, entre en la diáfana e inmensa recepción del lujoso hotel bajo la atenta mirada de los botones, mientras dejaba una estela a mi paso de agua y suciedad con cada pisada. Al llegar al mostrador dije el nombre de mi cuñado, me dieron la llave de la habitación y sentí que se me abrían las puertas del cielo.

Durante el fin de semana pase una horrible espera a que mi familiar volara desde Madrid hasta Colombia. Sufriendo con el buffet libre de los desayunos, dándome largas duchas de agua caliente, durmiendo en una esponjosa nube envuelto por el aire acondicionado y acostado en la cama eligiendo entre 150 canales de televisión. De vez en cuando no viene mal desconectar del salvaje viaje.

El domingo por la noche fui al aeropuerto para recibir a Lucho, era el primer familiar que veía desde que deje atrás España. Fue un momento que espere con ansia durante varios meses. A lo largo de la semana siempre encontraba un hueco en el trabajo para que comiéramos juntos y compartir todo el tiempo posible. Aunque yo tampoco estaba desatareado.

Un colombiano llamado Jorge de la Hoz me había conseguido entrevistas en los principales periódicos del país, en programas de radio y en tres programas de televisión en los que entraría en directo. Realice una marcha con mas de 300 ciclistas por todo Barranquilla junto al grupo Biela Quilla y deje a Bucéfalo en la tienda de ciclismo El Almacén Triciclo, donde me lo devolvieron completamente saneado y listo para rodar 30.000 kilómetros más.

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(Colorado On The Road en diferentes medios de comunicación en Barranquilla)

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(Colorado On The Road junto al grupo de ciclismo Biela Quilla)

Para el fin de semana mi cuñado decidió que tenia que pasar unos días en Cartagena de Indias a cuerpo de rey, a lo que no me opuse ni segundo. Pero aun quedaban mas sorpresas. Mis colegas madrileños Michael y Marta pudieron escaparse de su trabajo en Bogotá y volar hasta la costa para reencontrarnos esos días, así que el equipo ya estaba formado para quemar la noche del viernes: Juan Pablo, Lucho, Michael, Marta y yo.

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(Michael, Colorado On The Road, Marta y Lucho en Cartagena de Indias)

El sábado por la mañana nos alejamos de la historia colonial española de Cartagena, para visitar en la lancha de Juan Pablo las caribeñas islas del Rosario. Un paraíso en la tierra bebiendo cocos con ginebra, comiendo marisco en las playas de arena blanca, tomando cervezas y saltando las olas a ritmo de ACDC.

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(Visitando las Islas del Rosario)

En un momento dado mientras íbamos a toda velocidad con la lancha vimos saltar un delfín, entusiasmados nos acercamos mas para intentar apreciarlo mejor. La música estaba a todo volumen así que Michael le sugirió a Juan Pablo que la bajara, a lo que contesto: “Que va, a ellos les gusta el rock”. No hace falta decir que no volvimos a ver al delfín.

Pasamos las últimas horas del domingo conociendo la historia de Cartagena para finalmente dar por concluido un fin de semana perfecto, y volver cada uno a su vida normal. Antes de ponerme en marcha y salir de Barranquilla tenia que seguir el antiguo ritual de pasar varios días anclado al ordenador, para continuar documentando el viaje.

Después de un largo descanso, despedirme de Lucho con un eterno abrazo y devastar por ultima vez el buffet libre del hotel, emprendí mi ruta por Sudamérica. Mi siguiente objetivo seria pedalear 700 kilómetros, para superar 5000 metros de desnivel positivo y alcanzar Medellín. Los primeros 550 kilómetros supuso atravesar un océano de colinas subiendo y bajando pequeñas pendientes sin cesar, con un clima cálido por el día y agradable por las noches. Durante las primeras 5 etapas encontré descanso acampando en gasolineras 24 horas que contaban con seguridad privada, la idea de hacer acampada libre estaba totalmente descartada. Aunque el pueblo colombiano es gentil y cercano, el peligro de los robos y asaltos es una realidad. Siempre que no encontraba un lugar seguro para pasar la noche con mi fiel tienda de campaña, la mejor opción era invertir en un hospedaje y dormir tranquilo.

A la hora de reponer fuerzas la gastronomía colombiana ofrece una gran variedad, el plato por excelencia es la Bandeja. Un combinado de arroz, frijoles, ensalada, aguacate, huevo y carne a elegir (pollo, cerdo o res), acompañado de un zumo o un jugo de panela con limón, una bebida cargada de azúcar para reponer fuerzas.

Culminar mi quinta etapa desde Barranquilla supuso mi llegada a Puerto Valdivia, y con ello el inicio de la escalada por los Andes hasta llegar a Medellín. Era momento de comprender el termino “escalar como un escarabajo”, y recordar a las leyendas colombianas Lucho Herrera y Fabio Parra.

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(Escalando el primer puerto de montaña en Sudamérica)

Las estaciones en Colombia están marcadas por la altura, y durante la ascensión experimente el cambio de clima. Alcanzar los 2700 msnm supuso toparme con la niebla, el descenso de las temperaturas y la humedad. Sin darme cuenta el día 24 de Diciembre llego antes de que coronara Medellín. Sin saber donde pasaría la Navidad seguí pedaleando sin mas, hasta que en un caserío me invitaron a pasar las fiestas con la gente local.

Por la noche toda las personas de los hogares cercanos se reunieron en el caserío para repartir regalos entre los niños, comer natillas con buñuelos, beber unos tragos y bailar salsa hasta altas horas de la madrugada. Recibí tanto cariño y aprecio que durante unas horas olvide por completo extrañar a la familia, y  me deje llevar por ese momento único en la vida.

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(Pasando las navidades en un Caserío en las montañas Colombianas, presentando a los niños a Bucéfalo)

Después de 3 días afrontando las pendientes y desniveles a lo largo de 180 kilómetros, la recompensa a tan duro esfuerzo fue alcanzar Medallo donde me esperaba Luis, un colombiano que me invito a su casa para conocer la ciudad y su familia.

Medellín es una ciudad que engancha por su buen clima, el cual le ha valido el nombre de la ciudad de la eterna primavera, donde se puede disfrutar de una cultura ciclista insuperable, contemplar la ciudad desde las alturas gracias al metro cable, recargar fuerzas con una típica Bandeja Paisa y por que no decirlo, conocer a las mujeres mas hermosas de Colombia.

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(Junto a  Luis en lo alto del metro cable de Medellín)

Para salir del valle de Aburrá y dejar atrás Medallo, subí el puerto de montaña hacia la ciudad de Caldas, una vía totalmente tomada por los ciclistas. Una vez superada, ascendí por la carretera principal los últimos kilómetros hasta alcanzar los 2400 msnm, y me prepararé para una bajada impresionante con los Andes por escaparate.

La presencia militar es elevada en las carreteras del interior de Colombia. A pesar de que el país esta saliendo de una época de extrema violencia, la guerrilla aun mantiene el conflicto con el Estado. Apostados en la carretera, los militares levantan el dedo pulgar a los conductores representando el gesto “OK”, dando a entender que la carretera es segura y que están protegidos por las fuerzas del orden. La respuesta de los conductores, es hacer sonar levemente el claxon en muestra de agradecimiento.

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(Junto a un militar colombiano en un puesto de carretera)

Hasta Santa Rosa De Cabal es una ascensión progresiva por el eje cafetero colombiano. Una vez alcanzada nuevamente la cima fue hora de recibir al Valle del Cauca, atravesando colina abajo la ciudad de Pereira. El final de los 430 kilómetros que separan Medellín de Cali, fueron 200 kilómetros de llanura pedaleando bajo el sol con un clima inmejorable.

Esta vez si pude seguir fielmente mi itinerario y llegar a la ciudad de Cali el 31 de Diciembre por la tarde, y poder llegar a tiempo para aceptar la invitación de Luz de despedir el año junto a su familia. Estaba viviendo las segundas navidades del viaje, pero realmente eran las primeras ya que hacia justo un año estaba en Irán, donde no hay navidad.

Después de una buena ducha y de ponerme mi ropa mas “elegante”, disfruté de una deliciosa cena junto a una gran familia colombiana, me comí las 12 uvas pero sin mis campanadas de la Puerta del Sol y descubrí una tradición que me encanto, el año viejo. Una vez pasa la media noche y comenzado el nuevo año, prendieron fuego a un muñeco vestido con ropa, relleno de paja y pólvora, simbolizando al año viejo que se marcha.

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(Colorado y Luz en la cena de año viejo)

A la mañana siguiente nos acercamos por la tarde a visitar a mas familiares de Luz a una zona mas humilde de la ciudad. En Colombia se han marcado los estatus sociales  según los ingresos mensuales de cada persona, agrupados en 7 estratos. Los estratos 1 y 2 son las personas mas humildes, del 3 al 5 son las personas de clase media y por último los estratos 6 y 7 son las clases altas.

El 1 de Enero Luz me llevo a conocer a sus abuelos quienes vivían en un barrio de estrato 2,  donde estaban en plena fiesta. El agua volaba de lado a lado de la calle, la gente se lanzaba espuma y una boca de incendios abierta proyectaba un enorme chorro de agua a presión. Después de conocer a los encantadores abuelos de Luz y de tomarme un Sancocho, una sopa típica colombiana, me lancé de lleno a la fiesta del agua y a luchar contra la fuerza del agua de la boca de incendios. Estaba recibiendo el año en pleno verano, jugando como un niño pequeño y arropado por las personas mas humildes y felices de un barrio de Cali.

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(Fiesta del agua en las calles de Cali el 1 de Enero)

Antes de partir recibí un mensaje de Manuel Sarmiento, distribuidor oficial en Colombia de la firma Kenda y Venzo. Manuel se ofreció a darme un tour por toda la ciudad y a llevarme a conocer el Cristo Rey situado en lo alto de un mirador, el cual, es una replica a escala del Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Después de un largo día de turismo Manuel remato la faena con unas gafas Venzo nuevas para sustituir las rayadas lentes que utilice hasta el momento, y un par de cubiertas Kenda para olvidarme durante varios meses del mantenimiento de las ruedas, además de varios obsequios como cámaras, parches y camisetas. Todo un impulso para continuar el proyecto. La mañana que deje atrás Cali fui acompañado por el grupo de ciclistas Piernas Locas Team hasta 20 kilómetros a las afueras para despedirme.

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(Colorado On The Road junto al Cristo Rey de Cali)

Es difícil muchas veces seguir avanzando sin mirar atrás, pero todo el apoyo que recibo por el camino me tiene que dar fuerzas para mirar al frente con mas energías. Por delante tenia el tramo mas complicado para finalizar mi tour por Colombia, en apenas 470 kilómetros superé 8200 metros de desnivel positivo. Mi llegada a la fría ciudad de Pasto significó encarar el último esfuerzo para llegar a la ciudad fronteriza de Ipiales. Mi última etapa transcurrió en las alturas contemplando los mas impresionantes cañones de Colombia, atravesando caídas de agua de mas de 20 metros y observando los ríos descendiendo entre las montañas.

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(Pedaleando en los Andes Colombianos)

En Ipiales me esperaba Luis, amante de la bicicleta y gran follower del proyecto Colorado On The Road. Esta vez la parada fue mas breve, pero igual de crucial para reponer fuerzas. Ya estaba con la frontera de Ecuador a menos de 2 kilómetros y era momento de prepararse para enfrentar los nuevos retos de mi segundo país en Sudamérica, pero el país numero 28 del viaje.

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(Colorado On The Road junto a Luis y su hijo en Ipiales)

En apenas un mes experimente cuatro estaciones, el verano en Cartagena y Barranquilla, la primavera en Medellín y Cali, el otoño en Pasto y el invierno en Ipiales. Desperté el “escarabajo” que llevo dentro escalando 13.050 metros de desnivel positivo a lo largo de 1725 kilómetros. Colombia es un país en el que viví la bondad y alegría de su gente, el cual me pareció mas seguro de lo que dicen las malas lenguas, siempre y cuando respetes la regla mas importante:

“No des papaya”

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(No des papaya papito)

Vídeo Islas del Rosario:

Vídeo de las etapas desde Barranquilla hasta Medellín:

Vídeo de las etapas desde Medellín hasta Cali:

Prensa Colombiana, El Heraldo:

Prensa Colombiana, La Tribuna (1° Parte):

Prensa Colombiana, La Tribuna (2° Parte):

Prensa Colombiana, Collage:

Costa Rica y Panamá

Etapas:

12/11/2014 Liberia – Cebadilla de Punta Arenas (104 Km).

13/11/2014 Cebadilla de Punta Arenas – San José (117 Km).

14/11/2014 Descanso en San José.

15/11/2014 Descanso en San José.

16/11/2014 Descanso en San José.

17/11/2014 San José – Turrialba (84 Km).

18/11/2014 Turrialba – Cahuita (138 Km).

19/11/2014 Descanso en Cahuita.

20/11/2014 Descanso en Puerto Viejo (22 Km).

21/11/2014 Descanso en Puerto Viejo.

22/11/2014 Descanso en Puerto Viejo.

23/11/2014 Puerto Viejo – Almirante (88 Km) (Entrada en Panamá).

24/11/2014 Almirante – Rambala (74 Km).

25/11/2014 Rambala – Chiriqui (87 Km).

26/11/2014 Chiriqui – San Félix (93 Km).

27/11/2014 San Félix – Santiago (124 Km).

28/11/2014 Santiago – Penonomé (101 Km).

29/11/2014 Penonomé – Panamá City (153 Km).

30/11/2014 Descanso en Panamá.

01/12/2014 Descanso en Panamá.

02/12/2014 Panamá – Colón (100 Km).

03/12/2014 Viaje Colón – Cartagena de Indias (FerryXpress).

04/12/2014 Llegada a Cartagena de Indias (Entrada en Colombia).

Costa Rica y Panamá

Dejar atrás Nicaragua suponía entrar en un país que me ofrecía mas condiciones de seguridad. Durante tres etapas pedalee hacia San José mucho mas relajado a la hora de encontrar campamento y despreocupado por pedalear unas horas en la noche, pero avanzar por Costa Rica no fue nada fácil. Tiene tantas colinas que yo la apodaría Cuesta Rica.

La llegada a San José me reservaba una gran noticia. La locutora española del programa de radio ADN Hoy, Eva Moreno, me estaba esperando para hospedarme, es mas, me llevaba esperando desde que hice la primera entrevista con ella cuando yo estaba en la India 9 meses atrás.

Llegue a casa de Eva un jueves por la noche y me recibió junto a Borja, su pareja, y su perro Clifor. Después de ponernos al día, una buena ducha y recargar el deposito con una ovípara cena, tocaba reponer fuerzas para madrugar y acompañar a Eva a su trabajo, para entrar en directo en su programa de radio. Hasta el momento ya había realizado docenas de entrevistas en directo por teléfono, pero nunca había ido a un estudio. Fue una experiencia totalmente nueva y pasados los sudores fríos del principio, me empecé a sentir cada vez mas cómodo. Una vez finalizamos, estuve hablando con una periodista del periódico La Nación, respondiendo a sus preguntas para publicar un artículo de mi proyecto. Finalizada la breve mañana de trabajo, tocaba volver a casa para organizar, lavar todo el equipo y reparar ciertas averías.

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(Colorado On The Road en el programa de radio ADN Hoy)

El sábado amaneció con un día perfecto. Eva y Borja me enseñaron la ciudad y sus alrededores teniendo un día tranquilo de turisteo, y el domingo visitamos Cartago. A pesar de que tenga mil cosas que agradecer a la española pareja por abrirme las puertas de su casa, mi mente solo es capaz de recordar una, la tremenda tortilla de patatas que cocino Eva y que me traslado a mi niñez de un bocado.

El lunes antes de partir realice una entrevista en directo en los 40 Principales Costa Rica, y una vez adquirido el habito de llamar a los costarricenses “Ticos” y a despedirme con un feliz “Pura vida”, era hora de volver al asfalto para alcanzar el Mar Caribe.

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(Colorado On The Road en los 40 Principales Costa Rica)

Invertí dos días en llegar a la costa y pasé la primera noche en las montañas de Turrialba. Con el final de la segunda etapa llegue a Cahuita y me hospede en el camping María. Instale el campamento en la misma costa caribeña con la intención de moverme a Puerto Viejo por la mañana, pero en cuanto amaneció me fue imposible no quedarme un día tirado a la bartola. Además las historias de María eran increíbles, se había recorrido medio mundo junto su ex marido estadounidense y había vivido en cuatro continentes.

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(Mar Caribe)

Antes de irme la pedí tomarnos una fotografía juntos para recordar a tan carismática mujer, y ella me pidió a cambio que firmara el artículo que salió en el periódico hablando de mi proyecto. Es todo un honor formar parte del muro de la fama de su camping.

Puerto Viejo no quedaba lejos, apenas 20 kilómetros. Fui directo al Hostel Rockin J´s y volví a instalar el campamento. Durante el fin de semana que viví allí me deje llevar por la filosofía rastafari, disfrute de la playa, la arena y el sol, compartí grandes y buenos momentos con otros españoles y conocí a gente de otros lados del mundo, me acostumbre al olor de los cigarros de hierba buena y todas las mañanas me sentí afortunado de estar allí.

Con tanta calma y relajación en el cuerpo casi olvido la sensación de cabalgar el asfalto, así que sin mas rodeos retome el viaje con la mirada puesta en Panamá City. Cruzar la frontera fue algo sorprendentemente nuevo, ya que la unión entre Costa Rica y Panamá es un puente antiquísimo con el suelo formado por tablones rotos con huecos en los que sin duda alguna, una persona podría caerse al rio Sixaola. Nunca me iré a dormir sin conocer algo nuevo.

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 (Frontera entre Costa Rica y Panamá)

Por delante tenia 7 etapas para cruzar de la costa Atlántica a la Pacífica, pedaleando 630 kilómetros de montañas y colinas, hasta llegar finalmente a la capital panameña. Los últimos kilómetros el terreno mejoro, casi al mismo tiempo que la carretera empeoro. El ensanchamiento de la ruta panamericana ralentizaba todo el transito de vehículos pesados, así que me lo tuve que tomar con paciencia.

La llegada a Panamá City fue gloriosa. Después de varios días de lucha la carretera se convirtió en una autopista iluminada, con 3 carriles y un arcén donde perfectamente cabria un elefante. Atravesé el Puente de las Américas cruzando el canal de Panamá, y llegue a la ciudad mas moderna y desarrollada de todo Centroamérica.

Antes de salir de San José, Borja me dio el contacto de un amigo suyo de la infancia que vive en Panamá, Gonzalo. Cuando después de 7 días te abren las puertas de una casa se escucha una canción angelical al cruzar el umbral. Gonzalo lo tenia todo preparado para que simplemente me dedicara a relajarme y trabajar el fin de semana. Pero por muy cansado que estuviera ni de broma iba a perderme la visita a una de las mayores obras de la ingeniería.

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(Llegada nocturna a Panamá City recibido por Gonzalo)

A media mañana pusimos rumbo a las esclusas de Miraflores, y llegamos justo cuando un buque de carga iba a ser elevado hasta el nivel del Lago Gatún. El buque entro en la esclusa con un margen de separación entre las paredes de solo 1 metro, mientras era guiado por las locomotoras desde ambos lados. En cuanto se cerraron las compuertas el nivel del agua empezó a subir utilizando solo la fuerza de la gravedad. El inmenso carguero tardo solo unos minutos en alzarse sobre el nivel del mar y adentrarse en el Lago Gatún. Durante todo el proceso no pude apartar la vista ni un solo segundo. Mas tarde visitamos el museo con toda la historia de construcción del canal de Panamá, sentí que había vuelto al colegio.

Mi ultimo día en casa de Gonzalo lo invertí en trabajar con el ordenador, y a la mañana siguiente fui con la bicicleta para despedirme del skyline de Panamá City. Mi siguiente paso seria llegar ese mismo día hasta la ciudad de Colón en la costa atlántica.

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(Colorado On The Road en Panamá City)

En cuanto llegué a Colón mi primera impresión fue la de entrar en un completo suburbio de ciudad. La idea de acampar ni se me paso por la cabeza y me fui directo a un Motel. Sinceramente me parece un desequilibrio social que a tan solo 70 kilómetros de una ciudad de la importancia económica de Panamá City, se encuentre la abandonada ciudad de Colón.

Desde hace tiempo circulaba el rumor de la apertura de una nueva línea de transporte entre Panamá y Colombia. Muchos hemos sido los viajeros que hemos esperado a que se brindara esa oportunidad para conectar Centro con Sudamérica, y finalmente a principios de Noviembre el FerryXpress era ya una realidad. El único inconveniente es la poca información que hay en la red, sobre las condiciones de viaje de la compañía.

Cuando llegué al puerto me notificaron que mi pasaje costaba 99 dólares, un precio justo para tan largo trayecto, pero mi potro mas mi equipaje adicional que deberían ir en la bodega, iban a costarme un total de 150 dólares más. No tenia ni por asomo esa cantidad de efectivo en ese momento, y aunque lo tuviera no me agradaba la idea de pagar esa suma de dinero, pero fue entonces cuando conocí a Oscar.

En frente mío junto a la oficina de información, había un señor de aspecto amble que enseguida se acerco a entablar conversación conmigo. Oscar viajaba en furgoneta hacia Argentina desde Costa Rica y debía pagar 300 dólares por su vehículo, independientemente de lo que llevara dentro, el peso no era problema.

Bucéfalo viajaría dentro de la furgoneta de Oscar, junto con todas mis alforjas ahorrándome así los 150 dólares y ganando un amigo abordo. Sin su ayuda no podría haber embarcado ese día hacia Colombia.

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(Oscar junto a su furgoneta cargando a Bucéfalo)

A las 19:00 pm ya estábamos todos abordo preparados para pasar una noche surcando el mar Caribe. El viaje fue tranquilo y por lo menos pude tener el gesto de invitar a mi nuevo amigo a unas cervezas mientras hablábamos en la cubierta del barco.

Estaba dejando atrás Centroamérica y con ello estaba completando la media vuelta al mundo, estaba a punto de hacer tierra en Sudamérica e iniciar la penúltima gran etapa del viaje. Hasta la fecha había pedaleado 31.000 kilómetros por 26 países y vivido 14 meses de aventura, pero no es momento para mirar hacia atrás, sino de afrontar todos los retos que aun quedan por superar.

“Solo hay que mirar atrás para valorar todo lo que hemos sido capaces de lograr, y así coger energías para seguir adelante con más fuerza”

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(Colorado On The Road antes de hacer tierra en Colombia)

Entrevista en el programa de radio ADN Hoy:

 

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua

Etapas:

16/10/2014 Ciudad Tecún Umán – Tetalhuleu (72 Km).

17/10/2014 Tetalhuleu – Santa Lucía Cotzumalguapa (86 Km).

18/10/2014 Santa Lucía Cotzumalguapa – Chiquimulilla (100 Km).

19/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

20/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

21/10/2014 Chuiquimulilla – San Julián (93 Km) (Entrada en El Salvador).

22/10/2014 Descanso en San Julián.

23/10/2014 San Julián – Santa Tecla (69 Km).

24/10/2014 Santa Tecla – Chamoco (92 Km).

25/10/2014 Chamoco – La Unión (101 Km).

26/10/2014 La Unión – Santa Rosa de Lima (62 Km).

27/10/2014 Santa Rosa de Lima – Choluteca (103 Km) (Entrada en Honduras).

28/10/2014 Choluteca – Somotillo (55 Km) (Entrada en Nicaragua).

29/10/2014 Somotillo – Chinadega (75 Km).

30/10/2014 Chinadega – Nagarote (84 Km).

31/10/2014 Nagarote – Managua (43 Km).

01/11/2014 Descanso en Managua.

02/11/2014 Descanso en Managua.

03/11/2014 Managua – Nandaime (78 Km).

04/11/2014 Nandaime – Santa Cruz (63 Km).

05/11/2014 Descanso en Santa Cruz.

06/11/2014 Santa Cruz – San Juan del Sur (58 Km).

07/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

08/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

09/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

10/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

11/11/2014 San Juan del Sur – Liberia (118 Km) (Entrada en Costa Rica).

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua

Entrar en Centroamérica supuso un gran avance en el viaje, pero también supuso afrontar nuevos riesgos.

El temor de sufrir un asalto estuvo muy presente en mi mente los primeros días, y la seguridad con la que contaban la gran mayoría de negocios reafirmaba mi sentimiento. Gasolineras, bancos, pequeños negocios y camiones de transporte siempre permanecían bajo la atenta mirada de los guardas armados de agencias privadas de seguridad.

Guatemala sufre mas de 30 asesinatos y varios secuestros diarios, y las cifras en los próximos países centroamericanos que tenia por delante eran igualmente desalentadoras. Por lo que decidí extremar las precauciones y seguir de forma estricta una serie de normas:

  1. Pedalear solo de día y en el atardecer buscar el campamento antes de que llegue la noche.
  2. Acampar solo en propiedades privadas, seguras y con la autorización del responsable.
  3. Pedalear solo por las carreteras principales y mas transitadas.

Quizás esta angustia que viví los primeros momentos y el hecho de seguir ciertas pautas de seguridad pueda parecer una exageración, pero siempre me he dicho a mi mismo que es mejor pecar de precavido que de confiado.

Pero mis días transcurrieron con normalidad conociendo a grandes personas de buen corazón, disfrutando de su compañía y de la comida local. El único riesgo del que fui victima fueron las picaduras de mosquitos. Los zancudos estaban siempre al acecho, amenazantes y dispuestos a extraerte la sangre transmitiéndote el Dengue o la fiebre Chikungunya.

Durante mi tercer atardecer en Guatemala, avanzando por una carretera colapsada por el trafico y las obras, escuche una voz familiar llamándome: “Javieeeeeer”. Gire la cabeza de una lado a otro hasta que vi a Madison asomando la cabeza por la furgoneta de Vanajeros. Pedalee como un rayo hasta que me puse a su altura y les intente seguir el ritmo durante varios minutos, pero al final acordamos en reunirnos 20 kilómetros mas adelante para acampar.

Devoré las constantes subidas y bajadas de las colinas guatemaltecas hasta que encontré a Joel esperándome en la carretera, para guiarme al campo de football donde pasaríamos la noche todos juntos.

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(Colorado On The Road reencontrándose con Vanajeros)

Nuevamente me invitaron a cenar, a beber cerveza y me era imposible despegarme la sonrisa de la cara. Estas coincidencias entre amistades creadas a lo largo del viaje, son una de las mas impresionantes sorpresas que la aventura ofrece. Por la mañana nos despedimos bajo la promesa de reencontrarnos en Ecuador, país en el que realizaran una parada de dos meses, dándome así tiempo suficiente para llegar pedaleando con el potro.

La geografía de Centroamérica no deja lugar para distinguir las diferencias entre los países que la componen. El terreno montañoso, los volcanes, el calor, las lluvias y la humedad de la jungla eran constantes día tras día.

Salir de Guatemala fue un tramite sencillo, el visado que adquirí al entrar en este país, la C-4, tenia validez para El Salvador, Honduras y Nicaragua, lo que agilizaba mis pasos fronterizos.

En mi primera etapa en El Salvador, escale durante horas una colina interminable para alcanzar San Salvador antes de que oscureciera. En el transcurso de la jornada conocí a un cicloturista francés, Allan. Decidimos pedalear juntos hasta Santa Tecla, donde un salvadoreño registrado en couchsurfing, Ever, nos estaba esperando para hospedarnos en su casa.

Nuestra llegada fue puntual y antes de que se pusiera el sol ya habíamos alcanzado el final de la etapa, pero nuestro anfitrión aun no había salido de trabajar en la universidad donde imparte clases de ingles. Cenamos en un pequeño restaurante y pasamos un largo tiempo hablando con los curiosos chavales que jugaban en la calle.

Durante la amena espera nos tomamos una cerveza en frente de una tiendecita. No me sorprendió la forma de pagar a través de una cabina con barrotes y cristal blindado, ya me había acostumbrado a las impenetrables medidas de seguridad de cada negocio, pero si llamo mucho mi atención una conversación entre dos salvadoreños que coincidieron en la calle.

Después de saludarse e intercambiar varias cordiales palabras, se despidieron con prisa a medida que se alejaban el uno del otro, hasta que uno se dio la vuelta mientras caminaba y grito: “Oyeeee!!! Salúdame a tu zipo…”

En España utilizamos esa palabra que no he completado, para referirnos de forma vulgar al miembro viril. Estoy seguro de que a ti, escuchar a gritos la palabra “zipo..” te llamaría también la atención.

Ever no tardo en llegar y darnos la bienvenida a su hogar, nos invito a cenar unos tamales de elote y charlamos durante horas en su sala de estar. Ever me saco de mis dudas explicándome que aquella palabra que me llamo tanto la atención era utilizada en El Salvador para referirse a los niños, hijos o chavales, por lo que el señor solo mando saludos para sus hijos en aquella calurosa despedida.

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(De izquierda a derecha: Allan, Ever y Colorado On The Road)

Ever también nos hablo largo tiempo sobre la sangrienta y olvidada historia de El Salvador, de los problemas que sufre su país a causa de las Maras, de como se han hecho con casi todo el control de ciertas áreas y la impotencia que sufren sus ciudadanos. Su testimonio acaparo mis pensamientos en las etapas venideras.

El día que deje atrás San Salvador pedalee hasta el ocaso. La noche apenas llega a las 17:30 pm, lo cual me deja muy poco margen para bombear los músculos y avanzar, por lo que madrugar ya no es una opción, sino una necesidad. Una de mis formas preferidas de acampar es bien pegadito a una comisaria de policía. Podría parecer que la presencia de los turistas pueda incomodarles, pero los agentes del orden saben mejor que nadie a los peligros que nos exponemos al viajar solos, y agradecen la petición de pasar la noche bajo su tutela.

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(Colorado On The Road amaneciendo junto a una comisaría)

Mi transito por Honduras fue breve y fugaz, apenas atravesé 130 kilómetros para llegar a Nicaragua. Cuanto mas avanzaba mas se incrementaba el nivel de seguridad, pero la forma de conducir en esta zona del mundo me dejaba totalmente atónito día a día. Los alocados conductores realizaban constantemente adelantamientos invadiendo el estrecho carril contrario sin importarles lo que viniera por delante, y en mas de una ocasión tuve que salir despedido de la carretera para evitar ser arrollado.

Antes de llegar a Managua, el sol avanzó mas rápido que yo abandonándome antes de que pudiera llegar a la capital nicaragüense. Para evitar entrar en la gran ciudad en plena noche acampé en el pueblo de Nagarote, fue toda una sorpresa descubrir aquel rincón oculto, cargado de tradición y buenas energías. Sus ciudadanos no tardaron en guiarme a la plaza del ayuntamiento para que acampara en ella, bajo la atención de la seguridad privada.

En Managua pare unos días simplemente para descansar y dedicar tiempo a trabajar con el ordenador, quería reponer fuerzas para una expedición que me llevaría a surcar el Lago Nicaragua.

Una vez lo tuve todo preparado me dirigí hacia San Jorge, para embarcarme en un Ferry y alcanzar la isla de Ometepe, haciendo tierra en el Puerto Las Brisas. Nada mas tocar suelo firme pregunte en un hotel para hacerme con un mapa que llevar siempre a mano, fue entonces cuando conocí a Danny, quien me recomendó un camping de unos amigos en Santa Cruz.

Durante las primeras rodadas me quedaba constantemente pasmado viendo de cerca los dos volcanes que componen la Isla: Concepción (1610 msnm) y Maderas (1394 msnm). A causa de la niebla no pude apreciar desde el Ferry la presencia imponente del volcán Concepción, pero ahora desde su base era imposible escapar de ella.

En poco tiempo llegue a Sata Cruz en las cercanías del volcán Maderas, entré en el restaurante Malinche y Sergio, amigo de Danny, me recibió y me asigno un lugar para instalar el campamento. Dispuse todo el equipo con prisa, quería subir al Mirador del Porvenir antes de que anocheciera. Antes de emprender la ruta de senderismo, deje avisado que subiría solo y mi hora prevista de llegada, no quería ninguna sorpresa y Harold, guía local de la isla, me dio preciados consejos.

Llegado el momento me puse en marcha y rápidamente llegue al inicio del sendero. Empecé a seguir los caminos marcados por las pisadas colina arriba, aunque a menudo se cruzaban unos con otros y no tarde mucho en perderme en la selva. Seguí avanzando durante dos horas entre la maleza, el barro, el agua y el sonido de los animales. No conseguí alcanzar el mirador cuando solo me quedaba una hora de luz, por lo que decidí dar media vuelta y regresar al campamento. Perderme ya no era una opción, y poder seguir mis inigualables pisadas en el barro me ayudo a llegar a tiempo.

Por la noche le conté mi experiencia a Harol describiéndole paso a paso todo los caminos que había tomado. Nos reímos y bromeamos durante horas, e hicimos muy buena amistad. Harol tenia una ascensión a la cima del volcán programada a la mañana siguiente para guiar a una pareja de británicos, y me invito a acompañarles sin costo alguno.

A las 06:00 am salí de un salto de la tienda de campaña, tenia hambre de revancha y esta vez iría con todo hasta la cima. A las 07:00 am nos pusimos en marcha y con mayor facilidad que el día anterior, alcanzamos el Mirador del Porvenir. Después de un breve descanso contemplando el volcán Concepción, continuamos con la escalada. A medida que avanzábamos la pendiente era mas pronunciada, la humedad calaba la ropa, la densa vegetación lo abarcaba todo cubriendo los rayos del sol y durante unos breves instantes, nos acompañaron monos aulladores y monos capuchinos.

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(Mirador del Porvenir frente al volcán Concepción)

Cada paso nos acercaba mas a la cima, pero también pesaba cada vez mas y mas. El barro, los arboles caídos y las resbaladizas piedras complicaban la ascensión, a la vez que la hacían mas emocionante. Cuando alcanzamos los 1304 msnm, nos adentramos dentro del cráter descendiendo 200 metros en el interior del volcán, donde se encuentra un lago cubierto por la niebla.

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(Colorado On The Road en el lago del cráter del volcán Maderas)

Descansamos durante 30 minutos, repuse fuerzas con un bocata y me cambie la camiseta totalmente calada por una seca. Habíamos completado la primera parte de la ruta pero ahora quedaba la mas peligrosa, el descenso. Después de 6 horas escalando la ladera, las piernas se resienten perdiendo fuerza y precisión, y cuando el terreno es una pronunciada pendiente entre barro y rocas, los accidentes se suceden constantemente. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, descendimos hasta volver de nuevo al campamento y celebrar con una buena cerveza las 10 horas de ruta por el volcán Maderas.

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(Colorado On The Road descendiendo el volcán)

La aventura en la volcánica isla supero todas mis expectativas, y ya era hora de abandonarla. Desde el puerto de Moyogalpa tome el Ferry hasta San Jorge, de ahí pedalee hasta San Juan del Sur en la costa Pacífica nicaragüense, para seguir la recomendación de un amigo y relajarme en el Naked Tiger Hostel. Durante todo un fin de semana salí de fiesta, la primera desde que coincidí con un amigo madrileño en San Francisco, por lo que no es de extrañar que la cogiera con ganas.

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(Colorado On The Road en The Naked Tiger Hostel)

Si alguna vez visitáis Nicaragua hay dos claras recomendaciones que siempre hare. Primero visitar la isla de Ometepe, y segundo hospedarse en The Naked Tiger. Muy importante seguir el orden, porque si creéis que subir al volcán Maderas es intenso, probar a desmadraros un fin de semana en San Juan del Sur.

“Cuanto mas duro sea el camino, mayor será la recompensa”

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Vídeo de la Isla Ometepe:

USA: CALIFORNIA, NEVADA, UTAH Y ARIZONA

Etapas:

06/07/2014 San Francisco – San José (105 Km).

07/07/2014 San José – Casa de Fruta (119 Km).

08/07/2014 Casa de Fruta – Kerman (160 Km).

09/07/2014 Kerman – Fresno (30 Km).

10/07/2014 Descanso en Fresno.

11/07/2014 Fresno – Woodlake (125 Km).

12/07/2014 Woodlake – Pinewood (70 Km) (Entrada en Sequoia National Park).

13/07/2014 Pinewood – Lindsay (110 Km).

14/07/2014 Lindsay – Edison (121 Km).

15/07/2014 Edison – Ricardo Campground (121 Km).

16/07/2014 Ricardo Campground – Carretera 190 (124 Km).

17/07/2014 Carretera 190 – Stovepipe Wells Village (108 Km) (Entrada en Death Valley National Park).

18/07/2014 Stovepipe Wells Village – Amargosa Valley (100 Km) (Entrada en Nevada).

19/07/2014 Amargosa Valley – Indian Springs (97 Km).

20/07/2014 Indian Springs – Las Vegas (95 Km).

21/07/2014 Descanso en Las Vegas.

22/07/2014 Descanso en Las Vegas.

23/07/2014 Descanso en Las Vegas.

24/07/2014 Las Vegas – Glendale (92 Km).

25/07/2014 Glendale – Beaver Dam (75 Km).

26/07/2014 Beaver Dam – Hurracane (83 Km) (Entrada en Utah).

27/07/2014 Hurracane – Kanab (109 Km).

28/07/2014 Kanab – Page (128 Km) (Entrada en Arizona).

29/07/2014 Page – Cameron (135 Km).

30/07/2014 Cameron – Grand Canyon National Park (95 Km).

31/07/2014 Grand Canyon National Park – Williams (100 Km).

01/08/2014 Williams – Via de Servicio I40 (159 Km).

02/08/2014 Via de Servicio I40 – Needless (125 Km) (Entrada en California).

03/08/2014 Descanso en Needless.

04/08/2014 Descanso en Needless.

05/08/2014 Needless – Amboy (125 Km).

06/08/2014 Amboy – Barstow (125 Km).

07/08/2014 Barstow – Victorville (55 Km).

08/08/2014 Victorville – Los Angeles (165 Km).

09/08/2014 Descanso en Los Angeles.

10/08/2014 Descanso en Los Angeles.

11/08/2014 Descanso en Los Angeles.

12/08/2014 Los Angeles – Old Pacific Highway (126 Km).

13/08/2014 Old Pacific Highway – Tijuana (126 Km) (Entrada en México).

Estados Unidos: California, Nevada, Utah y Arizona

Después de visitar el Golden Gate con mis amigos del Grupo Imagine, vuelvo a cruzar todo San Francisco para salir por el puente sur y alcanzar así San José.

Ahora me tocaba iniciar el segundo gran tramo de mi ruta por Estados Unidos, el cual me llevaría a cruzar las Rocosas por tercera y cuarta vez y a encarar una de las pruebas más duras del viaje.

Después de pedalear 5 etapas llegue a la entrada del Parque Nacional de las Sequoias. Desde la base de la montaña contemple uno de los puertos de montaña más complicados a los que me he enfrentado. Aunque empecé a escalarlo con toda la claridad del día, las agotadoras subidas ralentizaron tanto mi paso que la noche me alcanzo cuando me adentraba en el inmenso bosque de sequoias.

Al igual que en la mayoría de los parques nacionales que he visitado en Estados Unidos, la presencia de la vida salvaje no es algo para tomarse a broma, y un automóvil que venía en dirección contraria se paro para advertirme, de que había visto cruzar la carretera a un oso negro 4 kilómetros carretera arriba. No soy la clase de persona que se da por vencido a la primera de cambio, por lo que conteste al amable conductor en un ingles cada vez más depurado: “Tranquilo, estaré bien”

Osos negros, pumas y ciervos eran los animales más comunes de gran tamaño en el bosque. Con la oscuridad de la noche y sin apenas un rastro de luz por parte de la luna, avanzaba sigiloso por la intransitada carretera con la esperanza de llegar lo antes posible al primer campground.

Cada ruido me exaltaba cada vez más, hasta que uno de ellos lo oí tan cerca que me hizo bajar de la bicicleta, ponerla de barrera entre el ruido que cada vez se acercaba mas y mas hacia mí por un lado de la carretera, y desenfundar mi cuchillo. Mirando a la pared de oscuridad que se alzaba entre los troncos de las inmensas sequoias. Simplemente mantenía mi posición mientras me repetía una y otra vez: ” Solo una presa huye”. No era momento de mostrar debilidad ni de tratar de adivinar cuál era el animal que se aproximaba a mí, lo único que sabía que por la forma de crujir las ramas del suelo, era uno grande.

Me da vergüenza admitir directamente que fue lo que empecé a gritar para espantar al animal, producir la mayor adrenalina posible y subirme las revoluciones mientras agarraba con fuerza el cuchillo, pero si diré que las saque de una película cuyo título es el resultado de multiplicar 6×50. Finalmente solo escuche como el crujido de ramas se alejaba de mí. Nunca sabré si lo que tuve delante fue un ciervo o un oso negro. Por fortuna llegue a la zona de campamento sano y a salvo, pude descansar después de una merecida cena y madrugar para visitar el árbol más grande del mundo, el General Sherman.

Con 11 metros de diámetro y 84 metros de altura, el General Sherman se ha especializado en dar dolor de cuello al intentar apreciar su copa, y a hacernos sentir como unas hormiguitas a su lado.

1(Colorado On The Road en la base del General Sherman)

Viví momentos muy emocionantes en el bosque de las sequoias gigantes, pero era hora de bajar el puerto de montaña y continuar hasta mi siguiente objetivo, cruzar el Death Valley.

Con la luz del día y bajando la ladera, me despedía del frondoso bosque para dirigirme a la caldera de Estados Unidos. La inaccesibilidad de la cordillera montañosa, me llevaría a dar un rodeo de 500 kilómetros, llevándome primero hacia el sur para cruzar por tercera vez las Rocosas y volver posteriormente hacia el norte, para alcanzar así la carretera que me llevaría al desierto.

A medida que avanzaba hacia mi objetivo, el desierto de California no se hizo de rogar, y poco a poco la temperatura iba subiendo hasta alcanzar los 45 ºC. La primera medida para soportar el calor y que no ralentizara mi avance, fue cubrirme el cuerpo entero. Manga larga, guantes, cullote largo, sombrero y cara tapada. Cuanta menos piel expusiera a los fuertes rayos del sol, más protegido estaría.

2(Colorado On The Road a punto de cruzar las rocosas por tercera vez)

Una mañana sonó el despertador a las 06:00 am como de costumbre, me desperté y salí de la tienda, había acampado a un lado de la carretera en mitad del desierto, parecía un día normal pero no lo era, hoy tocaba entrar en el Death Valley. Un desayuno rápido y sin perder tiempo empecé a pedalear, la temperatura superaba los 30 ºC a las 10:00 am, y en cuanto baje la montaña para adentrarme en el valle la temperatura se disparo. Mi primera parada para reabastecerme de agua y comida fue Panamint Springs.

3(Colorado On The Road en la entrada al Death Valley)

Con 9 litros de agua y a más de 50 ºC de temperatura, encare un puerto de montaña de 1511 metros de altura. No era momento para hacer sobreesfuerzos y olvidarse donde estaba, tenía que ser paciente y pedalear lento pero seguro. Cuando alcance la cima había gastado casi 4 horas en recorrer apenas 21 kilómetros, pero lo había logrado. Bajar la ladera no fue como cualquier otra, el aire venia tan caliente que me empezó a quemar la cara, las manos y a asarme vivo.

Una vez llegue a Stovepipe Wells Village, busque una forma de acampar a pesar de que mis intenciones al comienzo del día eran las de avanzar 40 kilómetros mas, pero estaba agotado. Viendo el sol ponerse en el horizonte no significo que el calor se fuera a relajar, un fuerte viento arrastraba todo el calor que la roca acumulo durante todo el día. Cerrando los ojos a las 23:00  la temperatura era de 40 ºC, estaba durmiendo en el mismísimo infierno.

Al amanecer el objetivo del día estaba claro, salir de ese horno y dejar de derretirme como un pedazo de mantequilla en una sartén. Mi primera parada fue alcanzar Furnace Creek, con una elevación de -60 metros con respecto el nivel del mar, y donde todo el calor del sol se concentraba. Una vez cargue la bicicleta con litros y litros de agua, salí de la pequeña villa con el sol pegando de frente a 55ºC, la mayor temperatura a la que me he enfrentado jamás en mi vida.

4(Colorado On The Road atravesando el Death Valley)

Pasar horas y horas bajo el agobio del calor pasa factura, pero me llamo mucho la atención  al parar periódicamente en busca de un pedazo de sombra, siempre encontrar un pequeño arbusto de hojas verdes totalmente adaptado al extremo clima. Al fin y al cabo, la vida siempre se abre camino.

Conseguir entrar y salir del Death Valley a lomos de mi potro en pleno mes de Julio, fue todo un triunfo digno de una recompensa, pero aun debía ser paciente ya que esta me esperaría en Las Vegas. Por fin llegue a la mítica ciudad del estado de Nevada con apenas 200 kilómetros mas de esfuerzo, donde me esperaba un económico hostal, una ducha, dormir en cama arropado entre sabanas limpias bajo el frescor del aire acondicionado y como no, una cerveza de la victoria bien fría.

5(Colorado On The Road llegando a Las Vegas)

Me gustaría contar más sobre mi paso por Las Vegas, pero como dice la frase: “Lo que pase en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, aunque si me gustaría remarcar que después de haber viajado por zonas de extrema pobreza, de haber compartido y recibido con el que menos tiene y de haber pasado tanto hambre en algunas partes del viaje, ver una ciudad que sin duda alguna es un claro sinónimo de lo desproporcionado, la exageración, el derroche y del capitalismo extremo, me hizo pensar que opinarían cualquiera de los amigos que hice en la India si visitaran Las Vegas.

Después de cuatro merecidas noches de descanso y con un nuevo agujero en el bolsillo, por haber sido tan iluso de pensar que con 50 dólares conseguiría reventar la banca del Bellagio, fue hora de ponerse de nuevo en marcha.

Por delante tendría que salir de Nevada en mi camino hacia el oeste, entrar momentáneamente en Utah y finalmente en Arizona, para ver completado uno de los principales objetivos del proyecto Colorado On The Road, visitar el Cañón del Colorado. En mi quinto día desde que salí de Las Vegas, llegue a la ciudad de Page y pude contemplar por primera vez en mi vida el río Colorado.

6(Colorado On The Road junto al río Colorado)

Cuando avanzaba subiendo el puerto de montaña que me llevaría a la entrada del Grand Canyon National Park, me lleve una sorpresa que jamás pensaría que tendría. El motero con quien coincidí en la India llendo camino a la ciudad de Agra para visitar el Taj Mahal, justo estaba bajando la cuesta que yo subía. Me miro, le mire y acto seguido nos reconocimos al mismo tiempo. Desde luego, hay que reconocer que el mundo es un pañuelo, después de 6 meses y más de 12.000 kilómetros más en los pedales, el destino nos vuelve a encontrar.

7(Colorado On The Road junto a un motero alemán. En la imagen de la izquierda en la India y en la imagen de la derecha en Arizona)

Algo que suele pasar mucho a los viajeros, es que cuando una va al norte y el otro al sur, los encuentros son realmente breves, pero aun así fue un momento digno de recordar, y sobre todo de inmortalizar.

Finalmente, cuando el sol estaba cerca de desaparecer y dejarme sin mi primera impresión del Gran Cañón después de todo el día subiendo la colina, llegue a mi gran parada con los últimos rayos de luz. Antes de tomar la primera fotografía, tenía claro lo que mi corazón me pedía. Apoye la bicicleta, me acerque a un saliente de la ladera con las mejores vistas que jamás halla observado, me puse de rodillas, cogí aire mientras levantaba los brazos y grite a pleno pulmón:”¡¡¡Victoryyyy!!!” .Fue maravilloso escuchar el eco de mi voz.

8(Colorado On The Road en el Gran Cañón del Colorado)

Cuando me prepare para dormir en el campground, me puse la alarma bien temprano, pero esta vez no para pedalear sino para tomarme mi tiempo para desayunar tranquilamente disfrutando de las vistas. De todos modos era lo único que podía hacer,  ya que ni de broma me podía permitir ninguna de las excursiones que me ofrecían en el parque, pero a mí me valió.

Llegado a este punto solo quedaba volver de nuevo a la costa, dejar atrás Arizona y entrar de nuevo en California para llegar a Los Ángeles, llevando así mi última gran etapa, pero eso sí, lo haría al más puro estilo americano, pedaleando por la histórica Ruta 66.

9(Colorado On The Road atravesando la histórica Ruta 66)

Lo malo de llevar acabo tantas etapas seguidas ya no es solo el desgaste físico y mental, ni la falta de higiene al ponerme día tras día la misma pegajosa ropa sin poder ducharme, lo peor son las consecuencias que lo anterior tiene. Las irritaciones y las llagas en el trasero y en las joyas de la corona de todo varón que se precie, me hacen temblar de escalofríos cada noche al despegarme el culotte. Pero es mejor no pensar en las incomodidades del camino, y mantener la moral alta con las recompensas que esperan al final de este. La mía me esperaba en Los Ángeles, donde la hermana mayor de un amigo me hospedaría en su casa,  me recibiría como se tiene que recibir a un español de pelo en pecho, con una cerveza y un buen plato de jamón serrano, esos sí, después de la urgente ducha.

10(Recibimiento a Colorado On The Road en Los Ángeles)

En Los Ángeles principalmente pude descansar y liberar parte del trabajo que se acumula con cada pedalada que doy. Aun así Mariana, mi hospedadora, junto a su prima Paty que estaba de visita, me dieron un tour por toda la ciudad visitando el puerto de Santa Mónica, el final de la Ruta 66, el gimnasio en el que entreno Arnold Schwarzenegger, la casa en la que se rodo los exteriores de la serie El Príncipe de Bel Air, el paseo de la fama, el Teatro Chino, las escaleras de los Oscar y el mítico cartel de Hollywood.

A la hora de poner rumbo a la frontera con Tijuana y entrar en México, me estaba despidiendo de un país en el que lo había vivido casi todo. Desde que entre en Estado Unidos había atravesado todos los estados de la costa oeste descontando Oregon, había pedaleado por Washington, Idaho, Montana, Utah, Wyoming, Nevada, California y Arizona, había atravesado los Parques Nacionales de Yellowstone, Grand Teton, Tahoe, Sequoia, Death Valley y Grand Canyon. Había visto desde los densos bosques del norte hasta las llanuras desérticas del sur, había vivido un festival tan salvaje como lo es el Sasquatch Music Festival, me había acercado un poco mas a Kurt Cobain en Seattle, y conocido mas sobre mí al pedalear a 55 ºC en el Death Valley. Había visitado el árbol mas grande del mundo, vivido el 4 de Julio en San Francisco, pedaleado cual motero por la Ruta 66 y me había atiborrado de comida basura. Había cruzado cuatro veces las montañas rocosas en bicicleta, perdí 50 dólares dejado llevar por la codicia en la mesa del Black Jack del Bellagio, y cruce la frontera hacia México con el visado caducado por dos días…..había vivido toda clase de aventuras, pero ahora tocaba empezar una nueva.

El día antes de ponerme de nuevo en marcha, tome la decisión de desistir en mi persistente labor de encontrar un sponsor que se involucrara en los gastos que tengo que soportar en el desarrollo de tan ambicioso proyecto. De nada sirve que entregue toda mi pasión en la carretera, sino tengo dinero para cargar mi cuerpo de combustible. Por ello decidí crear una campaña de Crowdfunding para intentar recaudar los 7000 € con los que podría terminar el viaje antes de que mis fondos se agoten.

“Con vuestra fuerza y apoyo, podre seguir respondiéndoos con todo mi coraje y corazón.”

11(Colorado On The Road)

Death Valley:

Gran Cañón del Colorado:

CANADÁ

Etapas:

07/05/2014 Bangkok – Aeropuerto de Bangkok (37 Km).

08/05/2014 Aeropuerto de Bangkok.

09/05/2014 Vuelo de Bangkok – Seúl (Entrada a la República de Corea)

09/05/2014 Seúl – Vancouver (Isla Victoria) (20 Km).

10/05/2014 Descanso en Isla Victoria.

11/05/2014 Isla Victoria – Vancouver (Downtown) ( 46 Km).

12/05/2014 Descanso en Vancouver.

13/05/2014 Descanso en Vancouver (46 Km).

14/05/2014 Vancouver – Bellingham (101 Km) (Entrada en Estados Unidos).

Canadá

Preparada y lista la bicicleta, salí del Guest House de Bangkok a las 03:00 am para pedalear mis últimos kilómetros en Asia hasta el aeropuerto, y llegar a tiempo para embalar a mi potro y coger el avión a las 08:00 am con destino al continente americano.

A las 06:00 am ya estaba en la ventanilla para facturar todo el equipaje, pero algo no marchaba bien. Un problema con la venta del billete me había dejado sin asiento en el avión, y una estúpida política de la aerolínea me impedía comprar uno nuevo en ese momento. Al parecer, no podían venderme un billete de avión sin tener una carta de invitación por parte de la embajada Canadiense, menuda ridiculez, lo único que necesita un ciudadano español para conseguir el visado de turista en Canadá es tener el pasaporte en regla y nada mas, pero a pesar de mis insistencias el avión despego sin mi.

Durante toda la mañana pateé el aeropuerto buscando un nuevo pasaje de avión con otra compañía diferente, y finalmente lo conseguí y al mismo precio que el original, pero la hora de salida me llevaba a pasar encerrado en el aeropuerto un total de 42 horas desde mi temprana llegada.

Sin mas cosas en la que pensar mas que en descansar, busqué un banco en la terminal y dormí 12 horas, interrumpido constantemente por los continuos ruidos del ajetreado vaivén de viajeros.

Imagen(Colorado On The Road en el aeropuerto de Bangkok con todo el equipaje embalado)

Sin prisa pero sin pausa, fui recopilando cajas de cartón en todos los comercios para posteriormente desmontar y embalar a mi poderosa Orbea. Una vez facturado el equipaje, fui uno de los primeros en subir al avión, abrocharme el cinturón de seguridad y esperar impaciente mirando por la ventana a que el pájaro se despegara del suelo y poder ahora si, volar con la imaginación y pensar en todas las nuevas aventuras que me depararía en esta segunda gran etapa del viaje.

Después de una escala de 11 horas en Seúl (República de Corea), volé de nuevo 10 horas, hice tierra en Vancouver (Canadá), estampé sin problemas el nuevo visado en mi pasaporte, monté de nuevo la bicicleta y me dirigí como un rayo al ferry que me llevaba a Isla Victoria, donde me esperaba la invitación de un follower para conocer ese gran paraje natural, Darren.

Darren y su amigo Emil, vinieron en sus bicicletas a recogerme al puerto y pedaleamos juntos hasta la casa de Darren, donde saboreé la primera cerveza del nuevo continente mientras compartíamos anécdotas, pero el momento de descansar y hacerme a la nueva franja horaria llegó temprano, ya que nos esperaba un día muy intenso.

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(Colorado On The Road junto a Darren y Emil)

Nos despertamos a las 06:30 am, nos metimos entre pecho y espalda un desayuno de legionarios para cargar el cuerpo con energía, y a las 08:00 am ya estábamos en la playa preparados para una excursión marina, yo a bordo de un Kayak y Darren de una tabla de Paddle Surf.

Minutos antes de lanzarnos al agua, Darren y yo mantuvimos una conversación en español en la que me explicó las normas de seguridad del Kayak, y me comentó las posibilidades de avistar focas, ballenas, águilas e incluso de observar a un lobo que vive solitario en una pequeña isla.

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(Colorado On The Road junto a Darren antes de la excursión en Kayak)

El momento de remar no se hizo esperar y una calmada corriente favorecía nuestro avance. Las águilas nos sobrevolaban, la brisa marina era tranquila y cálida a la vez, era un momento ideal para disfrutar de una mañana soleada haciendo deporte y cargar los pulmones de aire fresco. Las curiosas focas no se hicieron de rogar, y nos acompañaron en todo momento guardando una pequeña distancia, la sufriente para poder observarnos con toda claridad.

Tanto remar dio su fruto e hicimos tierra en la pequeña isla en la que habitaba un lobo solitario, el cual había llegado nadando hacia unos años y se había convertido en la mayor curiosidad de todos lo canadienses, ya que pocos eran quienes le habían visto.

Antes de adentrarnos en la isla, Darren me dio una serie de instrucciones sobre el comportamiento que debíamos tener en el caso de toparnos con el rey de la isla.

“Háblale alto, con voz grave, con seguridad, intenta aparentar ser mas grande de lo que eres, abre los brazos, retrocede lentamente pero nunca intentes huir corriendo y pase lo que pase, no pierdas el contacto visual y mírale siempre a los ojos, de lo contrario, una mirada baja le daría a entender que te sientes vencido y el ataque seria inminente”, me decía Darren. “Si esto no daba resultado, no quedaba otra opción que sacar el cuchillo y luchar por tu vida”. Esta lección me valdría también para el caso de cruzarnos con un oso, pero en ese momento solo podía pensar en el lobo.

Empezamos a adentrarnos en la pequeña isla, a contemplar la intacta naturaleza del lugar hasta que llegamos a una zona de acampada, donde la entidad de conservación canadiense había dejado unas cajas metálicas para que los campistas guardasen toda la comida, los productos de higiene personal o cualquier cosa que pueda tener un olor interesante para un animal salvaje, y evitar así que este se aproxime a tu tienda mientras duermes.

De nuevo nos hicimos a la mar y por fortuna no tuvimos ningún desagradable encontronazo con un animal, pero una fortuna mayor estaba a punto de llegar. Bordeando la isla y sin previo aviso apareció sobre lo alto de una inmensa roca. Mostrando su brillante pelaje grisáceo y blanquecino nos miro, se sentó sobre su patas traseras como si de un corriente canino se tratara, ladeo la cabeza y acto seguido se tumbó sin dejar de mirarnos fijamente. A los pocos segundos se levantó y se adentró nuevamente en el bosque. No dábamos crédito, habíamos visto al escurridizo lobo, tan difícil de ver que muchos creían que era una mera leyenda, y lo mejor de todo es que lo había grabado con mi cámara.

El tiempo se nos hecho encima y una fuerte corriente nos hizo luchar cada palada para restar metros y llegar a la playa. Por suerte unos pescadores nos recogieron y nos llevaron a aguas mas calmadas. De nuevo en tierra firme, recogimos a Emil y fuimos a la ciudad a recargar energías con un buen almuerzo y una cerveza.

La ciudad era tranquila, con poco tráfico, sin ruidos agobiantes, edificios bajos, calles limpias y aire puro proveniente del denso bosque que la rodeaba. Disfrutando del sol de la tarde y saboreando una cerveza en una terraza, Emil, de orígenes dominicanos mantuvo una conversación en español con Darren, a quien le contó el interesante video que había visto recientemente en la red sobre unas ballenas persiguiendo unas focas. Rápidamente pregunte, ¿Ballenas?¿Persiguiendo focas?¿Para que?, para comérselas me contesto Darren, ¿Pero si las ballenas no comen focas? Pregunte de nuevo. Emil saco su teléfono y me mostró el impresionante video sobre unas orcas… espera un momento, eso son orcas asesinas no ballenas, ¿No me digas que lo que íbamos a ver hoy con el kayak eran orcas asesinas?, le pregunte a Darren, pues si me contesto él.

El momento nos valió para reír durante varios minutos, pero he de reconocer que de haber visto la tremenda aleta dorsal de una orca asesina asomando por la superficie del agua, como mínimo me hubiera caída del Kayak del susto.

Después de la larga y provechosa jornada, volvimos a casa para descansar y despertarnos temprano a la mañana siguiente. Antes de irse a trabajar, Darren me había organizado una mañana de naturaleza y aire puro. Primero subimos a pie la cima de una pequeña montaña atravesando un bosque de inmensos árboles, era la primera vez que contemplaba un paraje natural tan impresionante. El respeto y el cuidado que los canadienses depositan en sus medios naturales me estaba dejando sin palabras.

Imagen(Colorado On The Road junto a Darren en la cima de la montaña)

Antes de dejarme en el ferry y despedirnos, visitamos dos de sus playas favoritas. Cada vez que Darren compartía cualquier aspecto de su mentalidad conmigo, no dejaba de asombrarme y de identificarme con él, una mentalidad que era una declaración de amor a la vida misma. Acuéstate pronto y despiértate bien temprano todos los días me decía, en un mismo día puedes ir a trabajar, estar con la mujer, con los amigos, disfrutar de la bicicleta y hacer deporte al aire libre, lo único que necesitas es madrugar, organizarte y cargar el cuerpo con comida sana.

Desde luego, el inicio de mi segunda gran etapa del viaje estaba siendo totalmente reveladora, por no decir del cambio de contraste de pasar de un continente a otro.

Después de un gran abrazo y de darle mi mas sincero agradecimiento a Darren por haberme brindado la oportunidad de conocer Isla Victoria, me embarqué de nuevo en el ferry de vuelta a Vancouver, para subirme de nuevo a la bicicleta y pedalear hasta Downtown, donde me esperaba la invitación de un follower español, Jorge.

Ya en el portal del edificio y antes de tocar al telefonillo, Jorge salió por la ventana y me gritó: “Espera macho que ahora bajo”. Para una persona como yo que lleva tanto tiempo viajando, escuchar esas palabras de parte de otro madrileño me hicieron sentir como en casa.

Después de la ayudita para subir la bicicleta por el ascensor, Jorge me presentó a Marta, su novia y compañera de piso. Esta pareja de arquitectos madrileños, vino hace un mes a Vancouver en busca de una oportunidad laboral y poder abrirse camino en su vida profesional.

Al parecer Jorge y yo manteníamos mas cosas en común que la pasión por la bicicleta. Él también hizo un Erasmus en Italia y el mismo año que yo, y además su compañero de universidad era un gran amigo mío del Catering en el que trabajé para pagar mis estudios y este gran viaje, el Señor Cuesta.

Esa misma noche salimos a cenar una buena hamburguesa a Granville, y lo que mas me llamó la atención en ese momento era el gran número de personas sin hogar que había en esa calle. Jorge me explicó, que el clima de Vancouver era el más suave de todo Canadá, y las personas que no tenían donde vivir venían a esta ciudad para poder superar los duros inviernos.

A la mañana siguiente, me mire al espejo y me di cuenta de la horrible pinta que tenía con esa larga y descuidada barba y la alborotada melena, era hora de invertir algo de dinero en cuidar un poco la imagen y pagar una peluquería.

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(Antes y después de Colorado On The Road al pasar por la peluquería en Vancouver)

Por la tarde quedé con Thor, un amigo de mi hermana mayor el cual vino hace un mes, casualmente en el mismo avión que Jorge y Marta, y a quien mi hermana le había metido en la maleta una serie de regalos para mí, entre otras cosas un nuevo ordenador para poder trabajar mejor.

En mi último día en Vancouver, Marta, Jorge y yo, salimos a dar un paseo por Stanley Park en bicicleta. A media mañana ellos volvieron a casa para seguir mandando curriculums, y yo continué mi visita llendo hasta el Lynn Canyon Park, para atravesar un enorme puente colgante y pedalear por las pistas de tierra del bosque.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (6)(Colorado On The Road junto a Marta y Jorge en Stanley Park)

En tan solo 40 minutos estaba rodeado de naturaleza y de aire puro, puede que parezca una exageración, pero después de haber atravesado la India, Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya, de haber aguantado el calor húmedo de la selva, de haber saturado mis pulmones con la contaminación mas densa que jamás haya visto y de soportar el cúmulo de basura, la experiencia de conocer un paraje natural tan impresionante y cuidado como el Canadiense, me estaba dejando maravillado.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (7)(Colorado On The Road en Lynn Canyon Park)

Esa misma tarde aprovechamos para jugar un partido de Volleyball en la playa, y así despedirme de esta ciudad y de mis nuevas amistades con una puesta de sol perfecta.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (8)(Puesta de sol en la playa de Vancouver mientras jugábamos un partido de Volleyball)

A la mañana siguiente, los abrazos y las palabras no fueron suficientes para agradecer, ya no solo la hospitalidad de esta pareja de madrileños, sino por lo que me hicieron sentir al estar de nuevo junto a españoles.

Pedaleando hacia la frontera estadounidense, la valoración de mis primeras experiencias en el nuevo continente eran claras. Elegir vivir en Vancouver era eligir vivir en una ciudad que incita a la vida sana, al deporte, donde una bicicleta no es una hormiga en la carretera sino un vehículo mas, donde la mezcla de nacionalidades te hace descubrir mundo sin tener que moverte de un mismo punto, donde a 40 minutos de la ciudad puedes encontrar parques naturales donde poder desconectar, y si eso no es suficiente, en un ferry de una hora estas en Isla Victoria. No hace falta que reconozca lo cautivado que me dejo Vancouver.

En la frontera con Estados Unidos di gracias por haber arreglado mi descuidada imagen ante la infinidad de preguntas que tuve que contestar. Por primera vez en una frontera registraron mi bicicleta, pero antes de ello les advertí de los dos cuchillos que llevaba en mis alforjas, y de una mandarina que guardaba en la alforja del manillar. Los cuchillos no parecieron importarles, pero la mandarina me fue confiscada y mi merienda esta vez se había quedado sin Vitamina C, pero no me importó, mi visado ya estaba estampado en mi pasaporte y por delante tenía tres meses para conocer toda la costa oeste… Estados Unidos! Here we go!!!

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (9)(Bienvenido a Estados Unidos)

Desde que conocí a Darren he pensado mucho sobre el paso del tiempo, sobre como el aprovecha el suyo al máximo, sobre cuantas veces me he quejado y he escuchado quejarse a la gente de lo rápido que avanza el tiempo. Solo hay una cosa que pueda decir sobre mi cambio de mentalidad:

“Si el tiempo avanza deprisa, avanza tu mas rápido que él”

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (10)(Colorado On The Road junto a Darren en una playa de Isla Victoria)

 Trayecto Bangkok – Vancouver:

Canadá: 1ª Parte.

Canadá: 2ª Parte.