TURQUÍA

Etapas:

21/11/2013 Ipsala – Kesan (28 Km).

22/11/2013 Kesan – Tekirdag (87 Km).

23/11/2013 Tekirdag – Estambul (143 Km).

24/11/2013 Descanso Estambul (57 Km).

25/11/2013 Descanso Estambul

26/11/2013 Estambul – Tavsanli ( 101 Km).

27/11/2013 Tavsanli – Hicriye (122 Km).

28/11/2013 Hicriye – Bakacak (Bolu) (59 Km).

29/11/2013 Bakacak (Bolu) – Aktas (90 Km).

30/11/2013 Aktas – Ankara (125 Km).

01/12/2013 Descanso Ankara

02/12/2013 Descanso Ankara (16 Km).

03/12/2013 Ankara – Kayadibi (Kirikkale) (57 Km).

04/12/2013 Kayadibi (Kirikkale) – Küllüktepe (121 Km).

05/12/2013 Küllüktepe – Corum (73 Km).

06/12/2013 Corum -Cakalli (135 Km).

07/12/2013 Cakalli – Aybeder (Samsun) (89 Km).

08/12/2013 Aybeder (Samsun) – Piraziz (136 Km).

09/12/2013 Piraziz – Akcaabat (140 Km).

10/12/2013 Akcaabat – Sürmene (60 Km).

11/12/2013 Descanso en Sürmene (45 Km).

12/12/2013 Descanso en Sürmene

13/12/2013 Sürmene -Esiroglu (53 Km).

14/12/2013 Esiroglu – Gümüshane (85 Km).

15/12/2013 Gümüshane – Bayburt (75 Km).

16/12/2013 Bayburt – Askale (80 Km).

17/12/2013 Askale – Pasinles (91 Km).

18/12/2013 Pasinles -Aktas (75 Km).

19/12/2013 Aktas -Agri (75 Km).

20/12/2013 Agri -Karapazar (45 Km).

21/12/2013 Karapazar -Dogubayazit (50 Km).

22/12/2013 Dogubayazit -KhaJal (Entrada en Irán) (85 Km).

Turquía

En cuanto atravese la frontera y entré en Turquía, la tormenta que me había acompañado todo el día, me dio una tregua favoreciendo mi avance hasta el primer pueblo situado a 5 kilometros, Ipsala. Al llegar las calles estaban completamente inundadas por la constante lluvia y a pesar de ir sobre la bicicleta, el agua me llegaba por los tobillos. Cuando encontre el único hostal del pequeño pueblo, recibí la mala noticia de que no quedaban habitaciones disponibles. Eran las 23:30, la única posibilidad de dormir bajo techo era pedalear 25 kilometros más hasta la próxima ciudad. Estaba completamente calado, agotado y mis fuerzas me abandonaban, solo quería descansar.

Pare a las afueras de  una estación de servicio, pensando en las opciones que tenía. La idea de acampar con el riesgo de que la tormenta volviera a descargar un torrente de agua y rayos, no me atraía mucho. En ese breve periodo de reflexión, perdí calor corporal y el frío me atravesó el cuerpo, un fuerte dolor de  estómago me alerto de que tenía que tomar una decisión cuanto antes. Empecé a desnudarme a la intemperie y a sustituir mi húmeda ropa por otra seca de mis alforjas. Concentrado en la tarea, no me percate de que estaba situado a escasos metros de un pararayos. Sin previo aviso, un cegador destello acompañado de un ensordecedor estruendo, me dejo paralizado mientras se quedaba totalmente a  oscuras la estación de servicio. Todos los músculos de mi cuerpo se quedaron en tensión y mi mente permaneció en blanco. A los pocos segundos volvió la iluminación, y fui consciente de que un rayo estuvo a punto de alcanzarme.

Somnoliento por la dura etapa llevada acabo, tome la difícil decisión de acampar con la esperanza de que la tormenta se alejara de mi ubicación. Por suerte así fue y pude reponer un poco de fuerzas, pero no recuperarme al completo. A la mañana siguiente el dolor de estómago era más agudo y no me permitió ingerir alimento alguno. Debilitado, me subí a la bicicleta y pedalee 25 kilometros hasta Kesan, donde conocí a Mutlu. Un joven turco de 26 años que me ofreció dormir en su casa, con la esperanza de que mi estado mejorara y la energía volviera a rebosar en mi cuerpo. Después de subir las estrechas escaleras de su hogar, compartió conmigo su pasión por el equipo de football del Fenerbahçe y el deporte español.

colorado_on_the_road_turquía(Colorado On The Road junto a Mutlu, sugetando la bandera del Fenerbahçe)

Gracias a la hospitalidad de Mutlu, mis fuerzas volvieron al nivel que estoy acostumbrado. Pedalee con ritmo hasta la ciudad de Tekirdag, donde hice una parada de reabastecimiento para pasar la noche. Antes de continuar conocí a una pareja de mochileros. Él de Tenerife y ella, a pesar de ser alemana,  hablaba un perfecto español. Basto poco tiempo de conversación para decidir acampar juntos a las afueras de la ciudad, en la costa del mar Mármara, y así continuar compartiendo experiencias del viaje. A pesar de que mis intenciones de aquel día eran de pedalear más kilometros, fue muy reconfortante hablar en español con otros trotamundos.

Con la salida del sol, nos despedimos antes de seguir cada uno nuestro camino y puse rumbo a Estambul. Con la noche y después de avanzar mas de 140 kilometros, llegué al caótico tráfico de la tercera ciudad mas poblada del mundo. Con mas de 21 millones de habitantes el flujo de vehículos era incesante, y mi bicicleta insignificante ante aquella marabunda. Todos mis esfuerzos por evitar ser envestido fueron en vano cuando un temerario taxi me llevo por delante. Aún así la fortuna se puso de mi lado y no sufrí daño alguno. Pero aquella situación no podía darse por zanjada tan fácilmente, no para mi temperamental bicicleta, que en la colisión se vengó propinando un buen arañazo en la puerta lateral del vehículo. Hasta mi llegada al centro turístico de Estambul, me sentí continuamente como una hormiga en una estampida de elefantes.

Al final de la jornada y una vez alcanda mi meta, inicié la búsqueda de un hostal acorde con mi bolsillo. Fue entonces cuando conocí a Marc Reverdi, un apasionado ciclista turco, que me guió hasta el Honorable Consulado de Benín regentado por su amigo Kontawa, quien me ofreció hospedarme en la habitacion de invitados situada en el ático del edificio.

El reconfortante descanso fue bien merecido, y temprano por la mañana, Marc vino a buscarme con su bicicleta para guiarme hasta su casa familiar, donde su madre nos había preparado un energético desayuno.

colorado_on_the_road_turquia_2-2(Colorado On The Road junto a Marc Reverdi, desayunando en su casa familar)

Después de devorar la comida, probar un postre tradicional turco, el Asure, y disfrutar de la hospitalidad de su hogar, nos lanzamos a la carretera. Marc, decidido a enseñarme los lugares mas hermosos de la ciudad, me había preparado un tour por Estambul y me reservaba una sorpresa. A mediada que íbamos avanzando se nos fueron uniendo sus amigos de la Asociacion Pampisler Bicycle Group, y poco a poco, formamos un gran pelotón.

Esquivábamos ágilmente el tráfico, nos deteníamos en los puestos de comida para que saboreara la gastronomía turca y la carretera parecía solo nuestra. En mi mente ya no estaba la preocupación de mirar el mapa, de estar atento de no perderme y ser consciente de mi ubicación. Guiado por los miembros de Pampisler, solo me centraba en disfrutar de aquella  soleada tarde de domingo, de sentir mi ligera bicicleta sin las pesadas alforjas, de contemplar la ciudad, sus monumentos y mezquitas, ya no me sentía como una hormiga en una estampida de elefantes, sino como agua que fluia entre las rocas.

Llegado el momento de despedirse y de volver cada uno a sus hogares, Marc me acompaño hasta el Consulado de Benín, donde Kontawa me ofreció hospedarme un día mas. Ya en la cama y a punto de cerrar los ojos, repase todo el día escribiendo mi diario de viaje. La sonrisa de felicidad no se borraba de mi cara, aquella experiencia tan auténtica y original, no se puede contratar en una agencia de viajes.

Mi último día en Estambul hice vida normal de turista, visitando la Mezquita Azul, el Hagia Sophia, el gran bazar, probando toda la comida turca que estaba a mi alcance y finalmente, terminando en la azotea del Consulado contemplado el atardecer y la gran ciudad iluminada, tenia Estambul a mis pies.

colorado_on_the_road_turquia_3(Iluminacion nocturna de Estambul)

De nuevo era el momento de preparar las alforjas y el equipaje, de retomar la carretera y continuar la aventura. Agradezco a Marc y Kontawa toda la hospitalidad que me han brindado y me despido de ellos con un gran abrazo.

colorado_on_the_road_turquia_4(Marc Reverdi, Colorado On The Road y Kontawa, en frente del Honorable Consulado de Benín junto a sus bicicletas)

Dentro de Estambul, subiéndome a un ferry dejo atrás el continente europeo y hago tierra en Asia. En mi camino hacia la capital turca, Ankara, de nuevo el terreno no me lo iba a poner nada fácil. Los continuos puertos de montaña, el frío y la lluvia, hacian mas sufridas mis pedaladas, pero no lograban detener mi avance. Había un tramo especialmente difícil de superar, el puerto de montaña de Bolu, del cual ya había sido avisado por numerosos turcos de la dura prueba que iba ser escalarlo con mi bicicleta.

En la mañana de mi tercer día desde mi salida de Estambul, me levante totalmente motivado para llevar acabo el reto. La lluvia, el fuerte viento, el frío y una pendiente de mas del 10%, hicieron que me esforzara al máximo en cada pedalada que daba. Poco a poco subía cada vez mas alto y a causa de mi lento pero constante avance, la noche me alcanzó antes de llegar a la cima. El frío hacía mella en  mis ya debilitadas fuerzas y sólo me consolaba el pensamiento de que cada vez quedaba menos para superar la montaña, pero algo hizo que me detuviera en mitad de aquella pronunciada pendiente. Un leve sonido y una sombra en la cuneta de la carretera me llamaron la atención. Alumbre con mi linterna y vi en el fondo de aquella profunda zanja a un empapado perro callejero, con el caudaloso agua embarrada  que  caía a causa de la constante lluvia cubriéndole hasta la mitad del cuerpo.

Sorprendido por aquella visión, empecé a llamar al animal para guiarlo a un lugar mas seguro, pero solo me miraba y se quedaba inmóvil. Avance hasta una solitaria área de descanso en lo alto del puerto de montaña, donde deje la bicicleta y volví  para intentar convencer al desorientado animal de que saliera  de aquel lugar. Cuando me aproximé, baje lento por la embarrada pendiente y deje que me oliera la mano, para darle a entender que estaba en buena compañía. Fue entonces cuando me percate de las numerosas heridas de su cuerpo. Tenía las patas traseras paralizadas e intentaba ponerse en pie con la fuerza que le quedaba en las delanteras. El miedo se apodero de mi, he hizo que saliera de la zanja. ¿Que podia hacer?, me preguntaba constantemente. Era de noche, estaba congelado por el frío, empapado por la lluvia y debilitado por el gran esfuerzo de la etapa.

El sentimiento de impontencia era implacable y no pude evitar romper a llorar desconsolado, mientras me alejaba con pasos lentos y dudoso a la vez que escuchaba los llantos del animal que  dejaba atrás, envuelto en la oscuridad esperando  el inevitable destino.

Hay días en los que la batalla esta perdida antes de empezarla, días en los que luchar parece inútil, días en los que te cruzas con circunstacias que te hacen pensar que no queda rastro de esperanza alguna…….pero hoy no era ese día.

Me detuve antes de llegar  de nuevo a la bicicleta, levante la cabeza y me seque las lágrimas de la cara, di media vuelta y empecé a avanzar, pero mis pasos ya no eran lentos y dudosos, sino rápidos y firmes. Cuando llegué a la altura del animal, pegué un salto a la inundada cuneta a la vez que llamaba al canino, utilizando un adjetivo que siempre me gusta emplear para referirme a los animales: “¡Tranquilo Fiero!”

Cogí en brazos a Fiero y trepe la resbaladiza pared haciendo acopio de mis últimas energías, anduve 200 metros con él entre mis brazos mientras me olía la cara y me miraba con asombro. Al llegar a la solitaria estación de servicio subí las escaleras de un clausurado local,  y dejé a mi nuevo compañero con suavidad en el suelo bajo el iluminado porche. Volví corriendo a por mi bicicleta y la llevé junto a él.

Rapidamente empecé a desvestirme y a cambiar mis caladas prendas por otras secas. Para entrar en calor y dejar de temblar, me metí dentro del saco de dormir mientras contemplaba como la lluvia se volvía nieve por la continua bajada de temperatura.

Antes de prepararme para pasar la noche a la intenperie y buscar con la salida del sol  un veterinario, saque de mis alforjas pan, salami y judias en conserva. Una escasa cena para uno, y mas aún al ser compartida entre dos.

colorado_on_the_road_turquia_5(Colorado On The Road cenando a la intemperie junto a Fiero)

Cuando me dispuse a dormir se abrió la puerta del restaurante colindante, el cual creía vacio. Un señor se acerco a mi y boquiabierto después de explicarle la situación,  me invitó a pasar la noche caliente y bajo techo. Resguardamos a Fiero protegido del tiempo en un cobertizo donde almacenaban la leña. Al entrar en el restaurante, me dio de cenar una sopa caliente de pollo y arroz, mientras no dejaba de pensar en aquella curiosa circunstancia en la que habia pasado de rescatador, a rescatado. Agotado y con el estómago lleno, me duermo en la misma postura en la que había cenado, utilizando de almohada mis brazos cruzados sobre la mesa.

Me despierto a primera hora de la mañana con el sonido del primer cliente del dia. Rápidamente me levanto y corriendo llego hasta el cobertizo, abro la puerta y Fiero me mira levantando la cabeza. Había luchado toda la noche, y ahora me tocaba luchar a mi.

No pierdo ni un segundo e intento convencer a todos los clientes que llegan al concurrido establecimiento, para que me ayuden a llevar a Fiero en coche al centro de la ciudad para prestarle asistencia sanitaria. Puesto que ninguno de los turcos tenia ni pajolera idea de inglés, me valgo de gestos, onomatopeyas y finalmente les guio hasta el cobertizo para que viendo a mi nuevo amigo, terminaran de entender el mensaje, pero la respuesta era siempre una rotunda negativa.

Pasaron las horas y sentado junto a la ventana, no hacia mas que esperar a un nuevo cliente al que intentar convencer, las opciones se me acababan. Los murmullos de los comensales eran constantes, a la vez que me miraban fijamente ajenos a una innegable realidad, la persona que tenian delante es una de las mas cabezonas y tenaces que iban a ver en mucho tiempo.

Entonces la oportunidad que estaba esperando se presento. Un grupo de operarios paso por la carretera en una furgoneta pick up, colocando conos de señalizacion para hacer trabajos de saneamiento en la calzada. Me lancé a la carrera y esta vez si, obtuve la respuesta que tanto estaba luchando por encontrar. Uno de los operarios dio marcha atras a la furgoneta mientras yo cogía a Fiero en brazos del cobertizo. Lo puse en la parte trasera y nos desplazamos 20 kilometros hasta una recinto canino municicpal, donde Fiero recibio los cuidados de un veterinario.

colorado_on_the_road_turquia_6

(Llevando a fiero al veterinario)

Después de despedirme y de darle todo mi apoyo a aquel animal, volví con el operario al restaurante donde dejé la bicicleta, para continuar de nuevo con el viaje. La verdad es que no se si se recuperaría de sus heridas y si en estos momentos estará bien, pero de algo si estoy seguro, Fiero tuvo la segunda oportunidad que todos nos merecemos. La oportunidad de luchar por seguir adelante.

Un nuevo olor me acompañaba impregnado en mi ropa, el aroma a perro mojado. Pero no me disgustaba, al contrario, me hacia recordar a un querido miembro de mi familia que deje en Madrid y que añoro profundamente, mi fiel mascota Bruce.

colorado_on_the_road_bruce(Colorado On The Road junto a su fiel mascota, Bruce)

Durante mi avance hacia Ankara, constantemente los turcos me invitaron a entrar a sus locales para escapar del frío, ofreciendome té caliente, alimentándome sin pedir dinero a cambio y en varias ocasiones, acogiéndome para pasar la noche. Gracias a ellos conseguí llegar a la capital en el plazo que me había marcado. Me alojé dos días en el hotel mas económico que pude encontrar para recobrar fuerzas y el sueño atrasado. En Ankara conocí a numerosos jóvenes universitarios, estudiantes de español  y tuve la oportunidad de saber mas sobre Mustafa Kemal Atatük. Lider de la guerra de independencia turca, fundador y primer presidente de la republica de  Turquia, quien tiene un gran mausoleo en el centro de la gran ciudad, Antitkabir. En todos los establecimientos, lugares públicos y hogares en los que he estado en Turquía, siempre he visto una imagen de Atatük. Conocer mas sobre el me ayudó a conocer mas sobre la poblacion turca.

colorado_on_the_road_turquia_7(Colorado On The Road visitando Antitkabir)

He de reconocer que aunque disfruto de las grandes ciudades, siempre es muy caótico entrar en ellas con la bicicleta, todo es mas caro y me siento como un simple turista mas. Prefiero estar en la carretera, rodeado de la naturaleza, del aire libre y pasar la noche en los pequeños pueblos, donde no me tratan como un turista, sino como un invitado de honor.

Mi parada en Ankara marcaría un antes y un después en el trayecto del viaje. Cuando abandoné mi descanso y puse rumbo a la costa del mar negro, sabía que me encaminaba al duro invierno. Cada día que avanzaba hacia la ciudad costera de Samsum, el frío en las montañas turcas era cada vez mayor. Nuevamente, gracias a la gentileza de la población, varias noches las pase bajo techo. El descenso de las temperaturas iba siendo gradual, por lo que mi cuerpo y mi mente se fueron adaptando poco a poco a la gran prueba que me esperaba en mi ultimo tramo en Turquia.

Finalmente alcance la ciudad de Samsum donde deje atrás la lluvia de la montaña, la cual a medida que avanzaba por la costa fue sustituida por la densa nieve. Mis intenciones iniciales eran de avanzar en cuatro etapas bordeando la costa hasta llegar a Rize, y preparame para adentrarme en la region mas fría de Turquía, para alcanzar así la frontera con Irán.

colorado_on_the_road_turquia_8(Costa nevada del Mar Negro)

Justo en la etapa en la que haría noche en Rize, me detuve al medio día en Sürmene buscado un Kebab. Fue entonces cuando conocí a Kutay, un joven universitario turco que me advirtió del peligro que corría si me aventuraba a continuar por la ruta que tenía establecida. Las constantes nevadas de los días anteriores habían provocado el cierre de la carretera que habia escogido, convirtiéndola en intransitable. Pero Kutay se ganó las alas de ángel salvador y me invitó a pasar dos dias en su casa. Tiempo suficiente para que el temporal de nieve se calmara, tramitar el visado de Irán y reponer fuerzas después de 7 días de ruta.

A 40 Kilometros de Sürmene estaba la ciudad de Trabzon. Era el punto de entrada mas largo hacia el interior de Turquía, pero a la vez el mas seguro, y ademas donde pude tramitar el visado de la Republica Islamica de Irán.

colorado_on_the_road_turquia_9(En Sürmene junto a Kutay y su pareja)

Pasados dos días y con el visado ya estampado en mi pasaporte, tremendamente agradecido por la suerte de haber encontrado en el camino a Kutay, emprendí el reto mas duro al que me iba a enfrentar desde que inicie el viaje. Pedalear desde la ciudad de Trabzon hasta la frontera con Iran, atravesando las regiones de Erzurum y Agri.

Los puertos de montaña eran ya una asignatura dominada, pero las placas de hielo en la carretera, las continuas nevadas, las temperaturas entre los -10ºC y -20ºC, las escasas horas de luz del mes de diciembre y el constante peligro en algunas zonas montañosas por la presencia de lobos, me pusieron a prueba día a día. Mi avance fue lento pero firme, haciendo etapas de menos de 80 kilometros, pero finalizando todas y cada una de ellas con la moral bien alta.

Cada vez que me subía a la bicicleta por la mañana o después de realizar una parada, el frío se hacía insoportable los primeros minutos hasta que lograba entrar en calor. El constante viento que impactaba contra mi cuerpo, hacía que la sensación térmica fuera mucho menor de los -20ºC.

 A pesar de la ropa de abrigo, en muchos momentos perdía la sensibilidad en partes de la cara, en las manos y los pies durante la marcha, derivando en un fuerte dolor que sólo era aliviado por el calor de un cobijo. El hielo se acumulaba en todo mi cuerpo y la prenda que usaba para protegerme del cuello hasta debajo de los ojos, se congelaba y endurecía a los pocos minutos adoptando la forma de mi cara.

colorado_on_the_road_turquia_10(Colorado On The Road cubierto de hielo a -14ºC)

Los vehículos que transitaban aquellas carreteras se detenían en numerosas ocasiones. Atónitos y sorprendidos por el hielo que cubría mi cuerpo, enseguida me ofrecían trasladarme hacía mi destino, pero con una sonrisa en la cara rechazaba sus amables ofertas y continuaba pedaleando, lo cual los dejaba aún mas estupefactos.

Cuando planifiqué el viaje sabía que  inevitablemente tendría que vivir un invierno en algún lugar del mundo, yo decidí vivirlo aqui, decidí ponerme a prueba en este territorio y en esta época del año.

colorado_on_the_road_turquia_11(Atravesando las montañas heladas de Turquía)

En mi última parada, llegué a la ciudad de Dogubayazit y me recibieron las impresionantes vistas del pico mas alto de Turquía, el  Monte Ararat. A penas me separaban 32 kilometros de la militarizada frontera iraní, para dejar atrás un país en el que dejo un pedacito de mi corazon, a cambio de toda la gran hospitalidad que me ha mostrado.

colorado_on_the_road_turquia_12(Llegada a Dogubayazit, con el Monte Ararat de fondo)

Para alcanzar la frontera di lo mejor de mi  mismo en cada etapa, sudé escarcha en mi frente, avance sobre el hielo, me abrí camino entre la nieve, superé montañas y me llevé un recuerdo de esta dura prueba, la pérdida de sensibilidad en algunos dedos de los pies a causa de la congelación, la cual espero recuperar en climas mas cálidos que me depare el camino.

“Dicen que lo que no te mata te hace mas fuerte, pero yo prefiero pensar, que cada vez que nos superamos a nosotros mismos, nos hacemos mas fuertes”.

by Colorado On The Road

colorado_on_the_road_turquia_13

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2 pensamientos en “TURQUÍA

  1. Mi respeto y admiración! Te sigo en Facebook pero no leía siempre tus entradas. Ahora me tienes enganchado a tus relatos y me muero por saber cómo te las apañanste en Irán.

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