Zimbabue

Etapas

28/02/2016 Marula – Bulawayo (88 Km).

29/02/2016 Bulawayo – Shangani (89 Km).

01/03/2016 Shangani – Gweru (80 Km).

02/03/2016 Gweru – Kadoma (118 Km).

03/03/2016 Kadoma – Selous (70 Km).

04/03/2016 Selous – Harare (90 Km).

05-07/03/2016 Descanso en Harare (18 Km).

08/03/2016 Harare – Mpinga (82 Km).

09/03/2016 Mpinga – Madadzi (127 Km).

10/03/2016 Madadzi – Makuti (103 Km).

11/03/2016 Makuti – Kariba (74 Km).

12/03/2016 Descanso Kariba.

13/03/2016 Kariba – Aldea Sikoongo´s Chief

Zimbabue: Conociendo lo desaconsejado

Entré en Zimbabue como una hoja en blanco, sin saber que encontraría. De hecho, en Botsuana me advirtieron que extremara las precauciones y que desconfiara de todo el mundo.

Después de pagar 30 dólares por el visado, solo me quedaban 4 en el bolsillo. Los invertí en pan de molde, mantequilla de cacahuete y varias sopas instantáneas de noodles. Al atardecer, llegué al pequeño pueblo de Marula, y preguntando por donde podría acampar de forma segura, todas las personas me indicaron que fuera a la escuelita.

Allí me recibió la directora y decenas de niños, que a pesar de ser fin de semana, viven en las instalaciones debido a que no pueden costearse el autobús desde sus casas hasta el colegio. La tormenta estaba cerca y me esperaba una noche pasada por agua. Pero me dejaron ocupar una de las clases y pude dormir más tranquilo.

Por la mañana preparé a Bucéfalo para hacer una pequeña exposición de mi viaje a los curiosos chavales. Les expliqué en que consistía mi aventura y cómo a pesar de tener pocos recursos, con trabajo duro, determinación e ilusión, podemos llegar muy lejos. Fue la experiencia más hermosa que viví desde que empecé el viaje por África. Parece ser que Zimbabue tiene una energía diferente de la que me habían comentado.

Diario Zimbabue 1

(En la escuela de Marula)

Continué el viaje pedaleando por un mar de colinas. Constantemente el cielo me decía que iba a gozar de una ducha natural, pero no cayó ni una gota en todo el día. En la carretera vi a un pequeño camaleón, estaba intentando cruzar al otro lado pero se dejó ayudar, se subió a mi mano y lo llevé a lugar seguro.

Diario Zimbabue 2

(Sosteniendo al camaleón)

Con la última hora de la tarde atravieso Bulawayo y busco campamento a las afueras. Pregunté en varios hoteles, gasolineras y en la comisarías de policía, pero no me ayudaron en ningún lugar. Así que hice uno de mis clásicos movimientos, llamar a la puerta de una casa. La respuesta fue totalmente diferente, solo pregunté por acampar en el jardín y al final dormí en cama, me invitaron a cenar y por la mañana a desayunar. Siempre que he pedido ayuda a lo largo del viaje ha habido alguien dispuesto a ofrecérmela, y Zimbabue no estaba siendo la excepción.

Gracias al puré de avena, los huevos fritos y los plátanos del desayuno, pedalee como un animal las primeras 3 horas de la mañana. Me detuve en un pequeño puente para descansar y prepararme un sándwich de la peor mantequilla de cacahuetes que he probado jamás.

A los pocos kilómetros fui a un restaurante para pedir agua, y un señor que al pasar con el coche me vio comer en el puente, me invitó a comer Sadza. Un plato constituido por un puré hecho de harina de maíz, acompañado de una porción de carne y una ración de verduras. Es un de las bases de la alimentación en la mayoría de los países africanos.

Con la noche encima llego a un pequeño pueblo, donde pregunto al trabajador de una gasolinera donde acampar. ¿Dormir con la tienda? Me dijo en ingles, duerme mejor en mi cuarto, esta a punto de llover y yo tengo turno de noche…era mi tercer día en Zimbabue y la tercera vez que me hospedaban.

Inocent, mi nuevo colega, vivía en unos barracones detrás de la estación de servicio. Tenía un cuarto con cama, luz y cocina eléctrica. Pude cenar una de las últimas sopas de noodles que me quedaban, mientras la lluvia golpeaba la plancha de metal que tenía como tejado.

Diario Zimbabue 3

(Junto a Inocent)

Me despido de Inocent y pedaleo duro hasta llegar a Gweru. Hago una breve parada para recargar agua, y antes de terminar un niño se me acerca pidiéndome dinero. No es la primera vez que me pasa en mi vuelta al mundo, de hecho me ha ocurrido cientos de veces. Mi respuesta siempre ha sido la misma: “Dinero no amigo, pero si tienes hambre te invito a comer”. Pero esta vez no tenía ni para comer yo. Solo le pude desear suerte, aunque se perfectamente como funciona esto, si el chaval consigue dinero jamás es para él, siempre hay alguien detrás que lo fuerza. Por eso, cuando puedo, les invito a comer algo rico.

Estando a pocos kilómetros de Gweru empieza a llover con fuerza, me detengo en un pequeño almacén de madera donde me dejan resguardarme. Tras una hora esperando junto a los empleados se hace tarde y se van a cenar. Me piden que les acompañe y comparten conmigo un plato enorme de Sadza.

Antes de que la oscuridad fuera total la tormenta me da una breve tregua, lo suficiente para avanzar 20 kilómetros hasta una gasolinera con una zona techada. Me dejan acampar, conectar el teléfono y tender toda mi ropa. Cené las dos últimas sopas que me quedaban, ya no tenía nada más de comida, ni siquiera la rancia mantequilla de cacahuete.

Con la salida del sol alcanzo el pueblo de Chegutu. Apenas pude pedalear 40 kilómetros estando en ayunas y tardé casi 4 horas. Estuve descansando en el suelo de la calle, feliz a pesar de todo. Por primera vez desde que entré en Zimbabue el sol brillaba, y por fin tenía toda la ropa seca.

Cualquiera pensaría que es una situación imposible de superar. Estar tirado en una calle en medio de África, hambriento y sin dinero, siendo un símbolo del dólar en este continente, un blanco europeo con una moderna bicicleta. Pero a los 20 minutos un señor se paró a hablar conmigo, me ofreció invitarme a un refresco pero yo le respondí que necesitaba algo de comer. Terminamos teniendo una larga conversación mientras devoraba unas pechugas de pollo con patatas.

Con el estomago lleno aproveché las ultimas horas de luz para llegar a Selous. Vi mucha gente bebiendo y pasándolo bien en el único hotel de la zona. Me saludaron mientras me decían que me acercara. Siempre he dicho que una buena sonrisa te abre muchas puertas, y esta vez funcionó mejor que nunca.

Conocí al dueño del Hotel, Forget. Me ofreció acampar en el jardín y pude darme una ducha fría. Cuando terminé de instalar mi campamento me invitó a cenar Sadza y a varias cervezas. Después fuimos a jugar al billar y todos querían retar al único blanco del bar, perdí la primera partida pero luego fui imbatible. Me dieron a probar la cerveza local, el “Skas”, preparada a partir del maíz fermentado. Es una bebida muy curiosa, me invitaron a beber hasta reventar y me gustó!

Me fui a dormir con una sonrisa de oreja a oreja, después de hablar con todo el mundo, de transmitir mi buen rollo y disfrutar bailando medio borracho.

Diario Zimbabue 4

(De fiesta en Zimbabue)

Empezando el día con la resaca mañanera y digiriéndola en la bicicleta, consigo alcanzar la capital zimbabuense al final de la jornada. Tras conectarme al wifi de una gasolinera, vi que un follower me había enviado 20€, fue como agua vendita. Después de cenar como una bestia, estuve pensando donde iba a dormir esa noche y decidí probar algo nuevo. En el mapa localicé un Club de Golf y me dije: Si hay no tienen césped de sobra para que pueda acampar, me jubilo!

Si estoy escribiendo esto desde Malawi, claro está que me dejaron dormir con la tienda. El guarda nocturno fue muy amable y por la mañana me pude dar una ducha caliente, la primera desde que crucé la frontera.

En Harare vive David Martin, ciclista profesional zimbabuense. El pasado octubre batió el récord mundial, al pedalear desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo en tan solo 38 días, 12 horas y 16 minutos. Me puse en contacto con él y me recibió en su casa donde pude descansar. Después de trabajar duro con el ordenador, conseguí recaudar dinero suficiente para llegar hasta la frontera con Zambia, y pagar los 50 dólares del visado. Recogí mi nuevo pasaporte en la embajada y repuse fuerzas siguiendo la alimentación de un ciclista de élite.

Diario Zimbabue 5

(Junto a David Martin en Harare)

Antes de retomar la marcha tuve que afrontar una pérdida incalculable. Mi querida GoPro, que me había seguido desde el inicio, dejo de funcionar. Hice todo lo posible por revivirla, pero tristemente, su descanso había llegado. De aquí en adelante solo me queda la cámara de fotos para grabar vídeos, efectiva pero insuficiente. Lo importante es continuar teniendo la oportunidad de seguir luchando para documentar mi viaje.

Dejé atrás Harare para poner rumbo a la frontera con Zambia. Durante 3 jornadas solo pedaleo subiendo o bajando colinas, no hay nada llano. El sol aprieta y mientras mis primeros días fueron pasados por agua, los últimos estaban siendo empapados en sudor. La carretera era muy estrecha y el transito de camiones elevado, pero respetan al ciclista. Reducían la velocidad y dejaban una distancia generosa para adelantarme, actitud que no he visto en muchos países.

En Makuti acampo en la comisaría y me despido de la carretera principal. Quería visitar el Lago Kariba pero para ello debía atravesar 70 kilómetros de un Parque Nacional, en el que entre otros animales, predominaban los leones. Debía empezar la jornada después de las 10:00 am, cuando el sol aprieta y la actividad de los depredadores disminuye.

Diario Zimbabue 6

(Atravesando el Parque Nacional para llegar a Kariba)

Los primeros instantes en la solitaria carretera tuve un subidón de adrenalina alucinante, aunque también estaba bastante asustado. Mi dos únicas armas eran mi cuchillo y un potente silbato de gas, que lanza un pitido muy fuerte y agudo. El día que lo compré en Sudáfrica pensé que si a mi casi me deja sordo, a un animal con un oído 10 veces más potente le debe causar pánico.

Me fui calmando poco a poco a medida que pedaleaba, hasta que me encontré con 20 operarios de carretera cortando la hierba de los bordes. Me paré a hablar con ellos, me volvieron a advertir de la presencia de leones, y me presentaron al cazador que les protegía en todo momento. No es normal verlos cerca de la carretera, me dijo, pero puede pasar. Son momentos en los que detesto ser un terco cabezón, aunque se perfectamente que no puedo remediarlo.

Seguí pedaleando y en 70 kilómetros solo me crucé con babuinos, de hecho a uno casi lo atropello. Se cruzó delante mío mientras bajaba una colina a gran velocidad, pero pude esquivarlo.

Finalmente llego a Kariba sin sufrir percance alguno y con la diosa fortuna lanzándome nuevamente un guiño. A los pocos minutos de llegar al pueblo conocí a Dick, un escoces afincado en Zimbabue desde hace un par de décadas. Me invitó a su propiedad situada en la orilla del lago, y pude ocupar su cuarto de invitados.

Mientras aun estaba organizando todo, un elefante pasó cerca de su jardín. Me quedé petrificado, aunque para Dick era el pan de cada día y nos acercamos hasta tenerlo cara a cara. Más tarde fuimos a la orilla donde pude ver hipopótamos, cocodrilos y más elefantes, dos de ellos estaban jugando y escuchaba los golpes que se daban, eran unos bestias.

Diario Zimbabue 7

(Elefantes del Lago Kariba)

Por la noche, mientras cenábamos, se cortó la luz durante 30 segundos. No le dimos mucha importancia y seguimos charlando. Me ofreció acompañarle por la mañana dentro del Parque Nacional, tenía que dejar a 3 guardas dentro de la reserva. Su misión, localizar y deshabilitar las trampas de los cazadores furtivos. La verdad es que no daba crédito a la suerte que estaba teniendo. En Botsuana me quedé con unas ganas bárbaras de hacer un safari, y ahora lo iba a hacer bajo invitación.

Salimos bien temprano y después de recoger a los guardas entramos dentro de la reserva, donde toda la vida salvaje amanecía junto a nosotros. Cocodrilos, cebras, búfalos, hipopótamos y elefantes, aunque ni rastro de los leones.

Diario Zimbabue 8

(Dick sosteniendo una de las trampas. Lazos de alambre para apresar la pata de cualquier animal)

Al regresar encontramos la explicación al corte de luz de la noche anterior. Los tendidos eléctricos que transportan la electricidad producida en la Presa Kariba, están demasiado bajos en una zona cercana al pueblo. Un elefante los tocó por accidente al pasar en la oscuridad de la noche, y murió electrocutado. Un desafortunado final para el más grande de la sabana africana, y todo por una negligencia de la compañía eléctrica que no hace nada por remediarlo. Cada año mueren 6 elefantes en el mismo punto.

Antes de abandonar el lugar me hice una fotografía denunciando la situación, y la envié a todas las protectoras de animales. En ella pongo como referencia mi cuerpo para mostrar la altura del cable con respecto al suelo. Nada ha cambiado, porque ninguna protectora me ha confirmado que se puedan tomar medidas legales para solucionarlo.

Diario Zimbabue 9

(Foto denuncia poniendo mi cuerpo como referencia a la altura del tendido eléctrico)

Cuando nos fuimos el elefante estaba de una sola pieza, pero la gente se estaba agolpando para esperar su ración de carne. Pasada una hora volví y había varios hombres despellejándolo, se estaban repartiendo los primeros trozos de carne mientras seguía llegando más personas. Jamás olvidare el olor del interior del elefante, se me ha quedado insertado en la memoria y nunca podré dejar de recordarlo. Admito que no estoy en contra de que se aprovechara la carne del animal, aunque me dio la sensación de que la gente esperaba cada semana a que cayera fulminado otro elefante más, para tener ese día carne gratis.

La siguiente vez que volví la imagen se me quedo grabada en la retina. Ya no había orden ni nadie que lo estableciera, todo era un caos. No se podía apreciar al elefante, todo el mundo estaba alrededor y dentro de él, peleando por llevarse el trozo más grande, limando los huesos y forcejando los unos con los otros. Ni me atreví a acercarme.

De regreso a casa de Dick, le doy cuidados a Bucéfalo y le hago una buena limpieza. Por la mañana me despido del Lago Kariba y cruzo la frontera con Zambia bastante pensativo.

Zimbabue había sido una experiencia reveladora. Es un país que tiene muy mala fama, difundida por personas que jamás han puesto un pie en el. Conseguí pedalear 600 kilómetros sin dinero porque toda la gente que conocí quiso ayudarme, y fueron felices ayudándome. En Harare descansé varios días en la casa de un ciclista de elite, porque a pesar de ser un novato a su lado, nos une el compañerismo. Pude disfrutar del lago durmiendo cerca de la orilla teniendo cama y baño privado, porque un señor se me acercó y me preguntó si sabia donde iba a dormir.

Si nos dejáramos llevar por las opiniones negativas, viviríamos encerrados en casa aterrados por salir a la calle, pero creerme cuando os digo que el ser humano es bueno por naturaleza. A pesar de que hay gente que se tuerce a lo largo del camino, las personas de buen corazón predominan en este mundo.

“Donde menos esperas encontrar, es donde más acabas recibiendo”

Diario Zimbabue 10

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Botsuana

Etapas:

13/02/2016 Tsootsha – Ghanzi (129 Km).

14/02/2016 Ghanzi – Kuke (113 Km).

15/02/2016 Kuke – Sehithwa (80 Km).

16/02/2016 Sehithwa – Maun (102 Km).

17-19/02/2016 Descanso en Maun.

20/02/2016 Maun – Makgadikgadi Pans National Park (106 Km).

21/02/2016 Makgadikgadi Pans National Park – Gwetta (115 Km).

22/02/2016 Gwetta – Nata (100 Km).

23/02/2016 Nata – Mosetse (78 Km).

24/02/2016 Mosetse – Francistown (110 Km).

25/02/2016 Descanso en Francistown.

26/02/2016 Francistown – Tsamaya (46 Km).

27/02/2016 Tsamaya – Marula (Entrada en Zimbabue) (91 Km).

Botsuana: En busca de la fauna salvaje

Mi entrada en Botsuana me acercaba más que nunca a la sabana africana. Impaciente por observar la vida salvaje avancé por la llanura para llegar a Maun. Pedaleando por las interminables rectas de asfalto me sentía como un intruso. La carretera esta rodeada por la hierba pero solo unos metros, luego comienza el dominio de la vegetación, árboles y matorral bajo que no te permiten ver con profundidad que es lo que merodea a tu alrededor.

Me daba bastante tranquilidad la presencia de vacas, caballos y burros salvajes junto a la carretera, donde se concentra el pasto más tierno. Digo tranquilidad porque al menos me sentía como el bocado menos suculento. A pesar de ser poco probable toparse con un depredador por esa zona, es imposible no sentir ese picor en la boca del estomago cuando escuchas un sonido a tu alrededor.

La primera noche en mi trigésimo séptimo país de mi vuelta al mundo, dormí camuflado junto a un árbol a pocos metros de la carretera. Fue una noche inquietante en la que una terrible pesadilla interrumpió mi placentero sueño. Me desperté tan agitado y desorientado, que no sabía que estaba en Botsuana, solo sabía que era de noche y que estaba dentro de la tienda. Amanecí fatigado y después de desayunar me dispuse a tomar la profilaxis de la malaria. Desde hace una semana empecé a medicarme para combatir tan temible enfermedad. Curiosamente durante esa semana no había descansado bien ninguna noche, me despertaba agotado después de dormir 8 horas y pedaleando no me sentía al 100%. La inquieta noche que pasé fue la última porque decidí dejar de tomar Malarone. Los efectos secundarios me estaban destrozando.

Me puse en marcha sin gozar de una ducha mañanera y rebozado en mi sudor, como de costumbre. Coincidencia, casualidad o acierto, pedalee con mejor rendimiento que cualquier día de la semana anterior. Parece que la profilaxis de la malaria me estaba robando la energía, y solo me queda tocar madera para no contraerla. Pero si ese fatídico mosquito viene a mi, tomaré medidas para superar el obstáculo, como siempre he hecho. Hasta entonces, simplemente voy a disfrutar extremando las precauciones para que no me piquen.

Finalizo la jornada en una pequeña aldea, donde acampo junto a las chozas de barro y paja. Por la mañana me da los buenos días un cielo claro y azul, pero la época de lluvias está comenzando y la climatología en África es difícil de predecir. Por la tarde me agarra una tormenta, no llueve de forma constante, se iba desplazando hacia el Sur y el cielo descarga agua cada 5 minutos de forma intermitente. Gloriosa ducha natural que me da un respiro y aclara la suciedad de mi ropa.

Diario Botsuana 1

(Acampando en un pequeña aldea de Botsuana)

Al cuarto día en Botsuana alcanzo Maun. En la embajada española de Windhoek me dieron el contacto de Edurne, cónsul honoraria. Hace 20 años creó una agencia de safaris para visitar el Delta del Okavango. Edurne me recibe con los brazos abiertos y me deja ocupar su casa de invitados. Me relajo durante varios días durmiendo en cama, con baño privado, cebándome de buena comida y por primera vez desde que dejé atrás Cape Town, lavo la ropa en una lavadora.

Su esposo es guía profesional de safaris y me da un valioso consejo. Durante sus expediciones siempre lleva un puñado de arena fina en el bolsillo, para interrumpir el ataque de un león lanzándosela a los ojos. Espero nunca tener que ponerlo en practica.

La segunda noche en Maun, Edurne organiza una cena para la reducida comunidad de españoles. Fue cuando conocí a Marcus, piloto de avionetas, que me ofreció acompañarle en un vuelo para recoger a 11 clientes de un Lodge dentro del Delta del Okavango. Por la mañana despegamos y desde el aire vemos cocodrilos e hipopótamos, aterrizamos en la pista de tierra dentro del Parque Nacional y se suben todos a bordo. En el despegue, más digno de un rally, observamos a una manada de elefantes caminando por la inmensa llanura. Una experiencia única!

Diario Botsuana 2

(Junto a Marcus dentro del Delta del Okavango)

Después de reponer fuerzas y decidido a continuar la aventura, organizo todo para continuar la marcha, pero por primera vez en África no iba a pedalear solo. Frank, uno de los guías de safaris de Edurne y aficionado a la bicicleta, decide acompañarme hasta la ciudad de Nata, a 300 kilómetros al Este.

Diario Botsuana 3

(Junto a Edurne, su marido y Frank)

El primer día volamos con el viento a favor y alcanzamos la entrada del Makgadikgadi Pans National Park. Con el atardecer encima, montamos el campamento junto a un árbol, y preparamos la hoguera para mantener a los depredadores a raya durante toda la noche. A nuestro alrededor se pueden apreciar las zonas de paso de los animales de un lado a otro de la carretera, como inmensos agujeros entre los arbustos que solo un animal de gran tamaño podía hacer. Mientras estaba recogiendo leña con los últimos rayo de luz, tuve la hermosa oportunidad de contemplar un elefante pasar a 200 metros del campamento. Fue toda una sorpresa porque no me lo esperaba, pasó andando como si nada, como si no existiéramos. Fue la primera vez en mi vida que veía un elefante salvaje desde tan cerca.

Diario Botsuana 4

(Lejana fotografía que tomé al elefante que pasó por nuestro campamento)

Encendí el fuego con una sonrisa estampada en la cara, todo me parecía tan emocionante. Frank estaba como si nada, a fin de cuentas ha crecido rodeado de esta fauna salvaje, pero yo estaba entusiasmado.

Antes de dormir Frank me advierte: Nada de comida dentro de la tienda. Si tienes cualquier alimento con olor a carne, las hienas y leones vendrán a por ti, si tienes fruta puedes atraer a los elefantes. El fuego nos protegerá durante toda la noche, pero las hienas no lo temen, es probable que vengan a oler e inspeccionar este nuevo arbusto de su territorio, es decir, la tienda de campaña. Debes estar tranquilo y no agitarte, ellas vendrán, olerán, inspeccionaran y finalmente, se alejaran.

Esa noche cerré los ojos con la ilusión de despertar por la mañana y ver las huellas de las hienas alrededor de mi campamento, pero al salir el sol solo había rastro de miles de insectos que se refugiaron bajo mi tienda.

Llegamos al primer pueblo con el fresco de la mañana, donde desayunamos judías con Fat Cakes, unos buñuelos cargados de energía. Frank hace de intérprete y simplemente me dejo llevar siguiéndole a haya donde vaya.

Atravesamos dos Parques nacionales que están separados por la carretera. Al Norte tenemos el Nxai Pan National Park con menos concentración de agua, y al Sur el Makgadikgadi Pans National Park con el Río Boteti y el Lago Nwetwe, en el que se concentra la mayoría de la vida salvaje del lugar, debido a la abundancia del preciado elemento.

Mientras pedaleamos, constantemente contamos con la presencia de los Ñandúes. En la carretera Frank reconoce las heces de una hiena, son recientes me dice, menos de dos días. Los excrementos de hiena empiezan a blanquearse pasadas 24 horas, debido al exceso de calcio procedente de los huesos que comen. Estaba ansioso por ver alguna.

Diario Botsuana 5

(Heces de una hiena)

Durante el camino mi guía personal me cuenta como hace dos años un motorista alemán, falleció en esta misma carretera a manos de un elefante. El animal se le cruzó en la carretera, y el motorista para espantarlo revoluciono el motor al máximo para asustarlo con el potente sonido, pero la respuesta del elefante fue envestirlo hasta la muerte.

En una de sus últimas expediciones como guía de safaris, Frank guiaba a un pequeño grupo de turistas a pie. Él iba 20 metros por delante cuando un elefante empezó a caminar hacia ellos, Frank se escondió detrás de un arbusto esperando la reacción del animal, mientras el grupo se ocultaba junto a un árbol. Cuando lo tuvo frente a él, decidió mostrarse con los brazos levantados para parecer más grande e intimidarlo. El elefante dudo, y ante la duda siempre envisten. Frank recibió un trompazo en la ingle y estuvo a punto de perder las joyas de la corona. Finalmente el grupo espantó al animal gritando y levantando las manos.

Estos relatos no hacen más que aumentar mi curiosidad sobre la actitud de cada animal, y cual sería el correcto comportamiento ante la situación de tenerlos frente a frente. Bombardeo a Frank con miles de preguntas, abro los oídos y memorizo todos y cada uno de sus consejos. Es una mina de información que probablemente en el futuro tenga que poner en práctica.

Con la llegada a Gwetta dejamos atrás los parques nacionales, y donde nos esperaba una recompensa con la firma de Edurne. Antes de salir de Maun nos dejó pagada una noche en el camping Planet Baobab, con cena y desayuno incluido. En las cercanías del campamento se concentran los enormes Baobab, majestuosos árboles que llegan a medir 30 metros de alto y 11 metros de diámetro, en sus más de 1000 años de vida.

Diario Botsuana 6

(Bucéfalo junto a un Baobab)

El buffet libre del desayuno nos dejo fuera de combate durante dos horas mientras hacíamos la digestión, y comenzamos a pedalear a mediodía en nuestra última jornada juntos. Antes de llegar a Nata tuvimos que buscar refugio en una granja cercana a la carretera, donde pasamos la tormenta que teníamos justo encima.

Esperamos una hora a que la lluvia cesara dentro de una cabaña de barro y paja. Aprovechamos para hablar de la conducta de los elefantes, lo unidos que están sus grupos, los sentimientos que se procesan, la memoria que los caracteriza y uno de los comportamientos más increíbles, cómo los despiden antes de abandonar la manada para alejarse y morir en soledad, para luego rendirles un particular homenaje póstumo cuando se encuentran con sus restos, tocando con sus trompas y pezuñas los enormes huesos.

(Reflexionando junto a Frank en la cabaña de barro y paja)

Nata es el último pueblo en el que acampo con Frank. Por la mañana me despido del mejor guía de safaris que he conocido y continuo mi viaje en solitario.

Francistown es la última gran ciudad que visito en Botsuana antes de llegar a la frontera con Zimbabue. Fue una parada técnica de un día para trabajar con el ordenador utilizando el wifi del aeropuerto. La primera noche cuando me disponía a dormir en la sala de espera, uno de los operarios conocido por sus compañeros como Mr T, me ofrece acampar en el jardín de su casa. Los trabajadores del aeropuerto viven en una pequeña zona residencial construida a menos de 500 metros, y era una zona segura para dormir. La segunda noche uno de los compañeros de Mr T directamente me ofrece una cama en su casa. En Botsuana hay largas extensiones de terreno salvaje y no hay mucha población, pero las pocas personas con las que me crucé en el camino, fueron sencillamente maravillosas conmigo.

Diario Botsuana 8

(Colorado On The Road junto a Mr T)

Con 30 dólares en metálico en el bolsillo para pagar las tasas de mi próxima frontera, puse rumbo a Zimbabue bajo la lluvia. No duré mucho tiempo pedaleando y a los 50 kilómetros paré en un pequeño pueblo, para buscar refugio en una zona techada de la comisaría. Pude secar la ropa y los agentes me dieron de cenar. Finalmente hice noche allí porque la tormenta no cesaba.

Atravesé el puesto fronterizo con Zimbabue con hambre de más. Me hubiera gustado hacer un Safari salvaje por el Delta del Okavango, pero claro está, los elevados precios me dejan fuera de toda expedición. La bicicleta te limita mucho, pero a la vez ha sido la que me ha dado alas. De no ser por ella jamás hubiera compartido esta experiencia junto a Frank, y sobre todo, jamás hubiera aprendido tanto de él. Hay una frase que me dijo que se me quedó grabada en la memoria:

“Si te sientes como un intruso en un entorno salvaje, es porque lo eres”

 

Brasil

Etapas:

16/08/2015 Barra do Chuí – Curral Alto (100 Km).

17/08/2015 Curral Alto – Taim (89 Km).

18/08/2015 Taim – Sao José do Norte (90 Km).

19/08/2015 Sao José do Norte – Bojuru (81 Km).

20/08/2015 Bojuru – Mostardas (76 Km).

21/08/2015 Mostardas – Säo Simäo (27 Km).

22/08/2015 Säo Simäo – Palmares do Soul (94 Km).

23/08/2015 Palmares do Soul – Porto Alegre (95 Km).

24-29/08/2015 Descanso Porto Alegre (36 Km).

30/08/2015 Porto Alegre – Vía de Servicio en la 386 (55 Km).

31/08/2015 Vía de Servicio en la 386 – Lajeado (86 Km).

01/09/2015 Lajeado – Fontoura Xavier (74 Km).

02/09/2015 Fontoura Xavier – Santo Antonio do Planalto (81 Km).

03/09/2015 Santo Antonio do Planalto – Sarandi (58 Km).

04/09/2015 Sarandi – Seberi (93 Km).

05/09/2015 Seberi – Maravilha (102 Km).

06-10/09/2015 Descanso en Maravilha.

11/09/2015 Maravilha – Sao José do Cedro (96 Km).

12/09/2015 Sao José do Cedro – Irigoyen (Entrada en Argentina) (50 Km).

13/09/2015 Irigoyen – Andresito (75 Km).

14/09/2015 Descanso en Andresito.

15/09/2015 Andresito – Cataratas del Iguazú (60 Km).

16/09/2015 Cataratas del Iguazú – Foz de Iguazú (Entrada en Brasil) (39 Km).

17-23/09/2015 Descanso Foz de Iguazú (26 Km).

24/09/2015 Foz de Iguazú – Sao Jorge (46 Km).

25/09/2015 Sao Jorge – Céu Azul (63 Km).

26/09/2015 Céu Azul – Cascavel (56 Km).

27/09/2015 Cascavel – Salto (17 Km).

28/09/2015 Salto – Bela Vista (63 Km).

29/09/2015 Bela Vista – Laranjeiras do Sul(64 Km).

30/09/2015 Laranjeiras do Sul – Guarapuava (80 Km).

01/10/2015 Guarapuava – Reológio (71 Km).

02/10/2015 Reológio – Restinga (80 Km).

03/10/2015 Restinga – Ponta Grossa (48 Km).

04/10/2015 Ponta Grossa – Cañón Sao Jorge (18 Km).

05/10/2015 Cañón Sao Jorge – Ponta Grossa (28 Km).

06/10/2015 Ponta Grossa – Curitiba (110 Km).

07-08/10/2015 Descanso Curitiba (43 Km).

09/10/2015 Curitiba – Capivari Eco Resort (63 Km).

10/10/2015 Capivari Eco Resort – Carretera 116 (82 Km).

11/10/2015 Carretera 116 – Registro (88 Km).

12/10/2015 Registro – Peruíbe (110 Km).

13/10/2015 Peruíbe – Santos (100 Km).

14/10/2015 Santos – Periferia Sao Paulo (62 Km).

15/10/2015 Periferia Sao paulo – Sao Paulo (35 Km).

16-19/10/2015 Descanso en Sao Paulo.

20/10/2015 Sao Paulo – Cacapava (115 Km).

21/10/2015 Cacapava – Lavrinhas (110 Km).

22/10/2015 Lavrinhas – Barra Mansa (86 Km).

23/10/2015 Barra Mansa – Seropédica (86 Km).

24/10/2015 Seropédica – Río de Janeiro (87 Km).

25-31/10/2015 // 01-07/11/2015 Descanso en Río de Janeiro (77 Km).

08/11/2015 Río de Janeiro – Praia Grande (134 Km).

09/11/2015 Praia Grande – Jacuecanga (57 Km).

10/11/2015 Jacuecanga – Paraty (117 Km).

11/11/2015 Paraty – Ubatuba (94 Km).

12/11/2015 Ubatuba – Ilhabela (85 Km).

13/11/2015 Descanso en Ilhabela.

14/11/2015 Ilhabela – Juqueí (57 Km).

15/11/2015 Juqueí – Santos (101 Km).

16-30/11/2015 // 01-02/12/2015 Descanso en Santos.

03/12/2015 Santos – Periferia de Sao Paulo (47 Km).

04/12/2015 Periferia de sao Paulo – Sao Paulo (39 Km).

05/12/2015 Sao Paulo – Aeropuerto (34 Km).

06-07/12/2015 Vuelo Sao Paulo – Ciudad del Cabo (Entrada en Sudáfrica).

Brasil

Mi primera noche en mi trigésimo cuarto país, acampé en la playa de Barra do Chuí. Tenía la tienda de campaña y la ropa totalmente calada, así que las dos primeras horas simplemente me dedique a secar mis pertenencias. Antes de ir a dormir llegaron cuatro chilenos en una furgoneta, tres arquitectos y un médico que viajaban por Latinoamérica. Acabamos compartiendo unos vinos y al día siguiente el desayuno.

Por la mañana me despierta el sol y el viento me empuja a pedalear. En la carretera me acompañan a lomos de sus caballos los peregrinos Gauchos, y transcurre el primer día en Brasil con mucha calma. Por la noche acampo junto a unas viviendas y comienza a llover mientras duermo. El suelo es arcilloso y no filtra bien, todo el parque nacional son praderas, lagos y pantanos, y acabo sufriendo una pequeña inundación en mi tienda de campaña, no es muy alegre despertarse así de madrugada.

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(Peregrinos Gauchos)

Al amanecer la lluvia no cesa y esta vez el viento cambia de sentido para empujarme hacia atrás. Todo apuntaba a que iba a ser un día duro y nada más. Lo que me rodea es un pantanal y la vida salvaje abunda. Al atardecer comienzo a cruzarme con roedores gigantes, las capibaras, que van en pequeños grupos y al verme hacen un sonido mientras huyen muy parecido al ladrido de un perro. Cuando se hace de noche sigo pedaleando y prácticamente cesa el transito de vehículos, me dejo abrazar por la oscuridad y las estrellas. Me envuelve el sonido de los pájaros, miles de insectos y ranas. Las capibaras, mas confiadas con la oscuridad, se acercan hasta la carretera y paso a escasos metros de ellas alumbrándolas con mi tenue linterna. Los zorros se unen a la fiesta aproximándose a devorar los cuerpos de los gigantes roedores que han sido atropellados. En ocasiones paso tan cerca que los oigo masticar. A lo lejos distingo la luz de una gasolinera. Me acerco para aprovisionarme de agua y comida, acampo junto a un pantano y me duermo tranquilo.

Al amanecer el sol entra directamente por la mosquitera y me despierta suavemente. Escucho a los caballos pastando y bebiendo el agua del pantano. Veo los rayos de luz filtrarse entre los radios de la rueda de Bucéfalo… una forma maravillosa de empezar el día.

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(Amanecer en el Sur de Brasil)

Pedaleo hasta Río Grande y cruzo con un barco el Lago Dos Patos hasta Saó José do Norte donde paso la noche. A pesar de pedalear por una carretera recta y plana es imposible caer en la monotonía, no hubo dos días en los que hiciera el mismo clima, y que no me atravesara con toda la vida salvaje del lugar. Los pueblos son tranquilos y la gente cercana, no hay peligro a la hora de acampar. Una noche dormí en el jardín del predicador del pueblo, mientras escuchaba desde la tienda de campaña la misa amenizada con coros, baterías y guitarras eléctricas.

Llegando a Palmares do Sul viví una tormenta increíble. Desde el horizonte se apreciaba como avanzaba la nube negra como si fuera un ovni de 50 kilómetros de largo. Me puse a cubierto en el porche de una comisaría en el momento exacto que se desato el vendaval. El viento partió las ramas de los arboles y la lluvia lo inundo todo en cuestión de media hora. Cuando todo paso y solo quedó una lluvia cotidiana, busque un hostel donde disfrutar de cama y ducha caliente. Después de tantos días se agradece infinitamente dormir bajo techo.

Ya solo me quedaba una jornada más para llegar a Porto Alegre. Tendría que haber sido un día rutinario entrando en una gran ciudad, pero los neumáticos estaban tan desgastados que acabe pinchando las dos ruedas. Ni se me paso por la cabeza repararlos estando tan cerca de mi objetivo, así que culmine los últimos kilómetros parando cada 15 minutos a hinchar las ruedas, conviviendo una vez más con mi testarudez.

Por desgracia no conseguí localizar a mi contacto de warmshower, y la primera noche me vacié los bolsillos para dormir en un hostel del centro y seguir la obligatoria tradición de la birra de la victoria. No fue una noche tranquila en la cómoda litera, había una persona en la habitación con un ronquido grabe e inquietante, después me di cuenta de que procedía de una señorita. Uno piensa que lo ha visto todo hasta que te das cuenta que aun te queda mucho por ver.

Por la mañana pude contactar con Marcos y quedar en encontrarnos en el estudio de tatuajes donde trabaja. De ahí fuimos en bicicleta hasta su piso donde me recibió con el mejor de los mensajes: “Quédate el tiempo que necesites hermano, mi casa es tu casa.”

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(En Porto Alegre junto a Marcos)

Estuve una semana en Porto Alegre, varios días fui al centro a regalar postales buscando apoyo económico, pero no cuajo mucho. Realice una par de entrevistas para la radio y el periódico, siempre aprovecho toda oportunidad de dar difusión a mi proyecto. Me sume a masa critica para pedalear por toda la ciudad y conocerla afondo sin necesidad de ver un mapa, solo dejándome llevar. Compartí muchos momentos con Marcos y me habló de su viaje hasta Argentina llevando consigo a su perro en un carrito para la bici. El día antes de partir fui al Parque Molino do Vento, donde me cito una cadena de televisión para hacer un reportaje, pero me acabaron dando plantón y hasta la fecha no me han dado razón de ello.

Marcos y su familia me despidieron con una tremenda comilona la tarde en la que continuaba el viaje, y aproveche para llenar el buche todo lo que pude. Salía de Porto alegre con algo de dinero en metálico y una tarjeta de debito caducada, esto ultimo no me importó mucho porque la nueva llegaría en unas semanas a Río de Janeiro y solo tenía 1,45€. No la iba a utilizar mucho.

Continúe el viaje poniendo rumbo hacia las Cataratas del Iguazú. Estaba en uno de los momentos mas inquietantes del viaje ¿Cómo llegaría hasta África?¿Como sobreviviría sin plata?¿Me rendiría y tiraría la toalla? Fueron algunas de las preguntas que se me pasaron por la cabeza pedaleando para salir de la ciudad.

Cuando tengo esas paranoias, la bicicleta y estar en movimiento siempre me ayudan a aclararme la cabeza. Al final del día acampé en un césped a 150 metros de la carretera, era un lugar tranquilo y antes de dormir me quede embobado viendo la luna. Decidí hacer un cartel que expresara mi necesidad y también mi actitud para llevarlo en las alforjas traseras:¨Me Falta Dinheiro, Me Sobra Vontade” (Me falta dinero, me sobra voluntad). Es la segunda vez que hago algo parecido, la primera fue en Perú y conseguí pedalear desde Lima hasta Cuzco escalando Los Andes, y no morirme de hambre en el intento llevando un cartel que ponía: “Sin Plata.” En los momentos desesperados aparecen las medidas desesperadas.

Fabrique el cartel pero no lo utilice en ese momento, aun me quedaban 24 reales (6€) y podía estirarlos mucho, así que pedalee todo el día bajo el sol, subiendo y bajando por la montaña rusa de colinas que atraviesan las carreteras brasileñas. Invertí mi dosis de humor diaria en reírme en la base de las largas cuestas, para decirme una vez más: “Esta me la subo si o si”. Termine el día bastante molido, pero me las ingenié para acampar en un racho de caballos donde los empleados me invitaron a cenar.

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(Amaneciendo en un rancho de caballos)

Creo que el día que viví a continuación merece la pena narrarlo detalladamente, para explicar como se puede pedalear 74 kilómetros de montaña sin dinero:

Amanecí en el racho de caballos desayunando lo ultimo que me quedaba, un litro de leche y un paquete de galletas con chocolate (procuro aprovisionarme de la mayor cantidad de calorías al menor coste). Comienzo a pedalear, no es extraño encontrarse comida en la carretera y a mi me llegan dos bombones de maní perfectamente envueltos, así que a la saca. Continuo avanzando y empiezo a escalar una cuesta de 7 kilómetros bajo la lluvia, un camionero me adelanta a paso de tortuga mientras el copiloto me pregunta por la ventanilla si quiero algo de fruta, asiento y me lanza un plátano con una manzana, el empujón para llegar hasta la cima. Ya en lo alto de la colina, unas señoras que me vieron subir la montaña desde el coche se acercan a mi, conversamos y me acaban ayudando con unas naranjas, un paquete de galletas y 6 reales. Continuo pedaleando hasta que el sol se oculta y continuo una hora mas en la oscuridad buscando donde acampar, hasta que encuentro una vía de servicio. Me dispongo a instalar la tienda de campaña pero hay un problema con una varilla, me siento a repararlo junto a una zona techada pegada a un restaurante y antes de que termine, un señor me invita a cenar. Estoy agotado y no tengo energía para reparar la tienda, veo un autobús abandonado, abro la puerta y duermo dentro protegido de la lluvia y el viento. Por la mañana compro con los 6 reales de la señora leche y galletas, desayuno y empiezo el día como lo deje ayer a 74 kilómetros, con energía y sin dinero.

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(Amaneciendo en el autobús abandonado)

El resto de días no fueron tan duros, la verdad es que los brasileños siempre son hospitalarios. En Sarandi paré a pedir permiso para dormir con la tienda y acabe siendo invitado a la casa, prepararon un asado para cenar, me pude duchar, lavar la ropa, me dieron una donación, por la mañana una bolsa llena de comida y hasta llamaron a la prensa para hacer un reportaje, muy buena energía.

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(Grabando el reportaje con RBS TV)

Conseguí llegar a Maravilha donde me esperaba un follower para hospedarme un par de días y que descansara en su casa de campo. Vinicius es dentista, viajero y aventurero, quiere viajar en coche hasta Alaska con su mejor amigo, y aproveche a devolverle el favor asesorándoles sobre todo lo que aprendí viajando por América. Durante unos días comí como un campeón, dormí a pierna suelta y aproveche para trabajar con el ordenador. La última noche hicieron un asado de despedida , me asome a la terraza para ver el cielo y vi una estrella fugaz gigante, el meteorito mas grande que jamás he visto. Me quede tan acongojado que ni pedí un deseo. Por la mañana me despedí de Vinicius y me echo un cable para poder costearme la entrada a las Cataratas del Iguazú.

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(Descansando en Maravilha)

En dos jornadas ya estaba de vuelta en Argentina, cruzando la frontera mas incoherente que he visto jamás, la de Bernardo de Irigoyen. Además se dio la casualidad de que en ese momento partí por primera vez la cadena. Después de arreglarla me dio por mirar el cuentakilómetros y coincidencias de la vida había cumplido exactamente 45.000 km.

El final del día no me auguró un buen presagio. Avance 10 kilómetros y terminé acampando en una escuelita. Mientras intentaba dormir supe que estaba enfermo, al principio solo tenía unas décimas pero de madrugada me subió mucho la fiebre. Espere a que se hiciera de día y cuando el sol tocó mi piel me sentí con mas energía, así que decidí continuar. No era la primera vez que pasaba una gripe pedaleando, pero pasados 45 minutos me desmoroné. Las fuerzas me fallaron y comencé a buscar un lugar donde poder dormir un par de días. En dos ocasiones me detuve a descansar tumbándome en la naturaleza y ambas me quede completamente dormido durante mas de media hora, aun así seguí avanzando por pura inercia.

Sin saber cómo, consigo llegar al pueblo de Andresito, a 75 kilómetros del punto en el que amanecí. Compré comida para dos días y la diosa fortuna quiso que se acercara un argentino, para hablar conmigo y ofrecerme hospedaje. Termine en una pequeña casita sin habitar de una habitación, era calentita y sin humedad, y a mi parecer el joven la utilizaba de picadero pero era justo lo que necesitaba para pasar la gripe.

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(Pasando la gripe en Andresito)

Estuve descansando durante 36 horas, me alimente bien y al principio los sueños fueros muy agitados, no hay nada más frustrante que despertarse desorientado por los delirios de la fiebre y no saber siquiera que estas en Argentina. Pero todo fue a mejor y salí del pequeño refugio de ladrillo al 100%. Recogí todo el equipo, empaque a Bucéfalo y me dispuse a cruzar el Parque Nacional del Iguazú.

Salí de Andresito muy agradecido por la hospitalidad que me había brindado. En seguida entré en la pista de tierra que atraviesa la selva. El calor era intenso y la humedad elevada. Todo tipo de insectos voladores estaban pululando alrededor mío constantemente, la mayoría eran moscas y mariposas, que los pocos minutos que me detenía a beber agua se posaban por docenas en la bicicleta. En una ocasión también pude ver monos en la copa de los arboles, saltando de rama en rama.

Llegué a la entrada de las Cataratas del Iguazú a las 17:00, momento en el que cierran el parque. Al parecer esta prohibido acampar y no iba a pedalear 15 kilómetros hasta la ciudad, por lo que me aprovisioné de agua, hice que me iba y en el último segundo entré en el parking sin ser visto. En una hora todo el mundo se fue y el claro de césped en mitad de la jungla era perfecto para dormir. Pronto se hizo de noche y desde la tienda de campaña escuchaba todos los sonidos de la selva y se oían perfectamente las cataratas, sonaba como si fuera el océano.

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(Atravesando el Parque Nacional Iguazú y acampando en el parking de las Cataratas)

No quise jugármela a que me descubrieran, así que me desperté una hora antes de la apertura del parque, para recoger todo antes de que llegara el primer coche. Una vez pagada la entrada y ya dentro de las instalaciones, no me sentí muy cómodo. Había mucha gente, demasiadas personas siguiendo el mismo estrecho camino, no digo que estuviera mal organizado, solo que no es mi estilo. Pero por supuesto que merece la pena ver esa maravilla de la naturaleza, y hay un punto en el que te acercas tanto que te mojas.

Hubo un momento en el que encontré un lugar que nadie transitaba, fue perfecto. Me senté tranquilo viendo las cataratas, me comí un bocadillo lejos de la amenaza de los coatis, habilidosos ladrones que han perdido todo su carácter salvaje y sobreviven robando la comida a los turistas. Me relaje bajo la sombra de un árbol y decidí volverme pronto. Aun debía llegar a la frontera, entrar en Brasil y llegar a la casa ciclista de Foz de Iguazú.

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(Cataratas del Iguazú, lado argentino)

Debería haber sido un trayecto sencillo, pero reventé la rueda trasera y ya no tenia cámaras de repuesto. Empuje la bicicleta durante tres horas hasta que llegué a Ciudad Puerto, conseguí encontrar el único taller de bicicletas abierto y me deje estafar por el dueño:

  • Hola muy buenas ¿Tienen una cámara para rueda de 28”?
  • Si, tenemos esta Continental por 100 pesos (10€).
  • Buffff!!! Es un poquito cara y voy muy justo de plata ¿No tendrá una más barata?
  • ¿Cuanto tienes?
  • 60 pesos y no me queda ni para comer.
  • Pues tengo esta de segunda mano por 60 pesos.

Serás hijodep***

Finalmente consigo llegar a las 22:00 a la casa ciclista. Una buena ducha, algo para cenar y a dormir en cama durante 12 horas. Había llegado antes que José Pou, mi amigo uruguayo que desde que nos despedimos en Montevideo, me mantuvo al tanto de su viaje hasta Foz pedaleando desde Canelones. Nos estuvimos coordinando para reencontrarnos y solo le tenía a dos días. Aproveche para organizar bien mi web y las redes sociales para estar libre cuando llegara mi amigo.

Por fin llegó el día de volvernos a juntar, salí a la avenida principal para recibirlo y lo vi llegar desde el final de la calle como un autentico curtido ciclista. Venia moreno después de semanas torrándose bajo el sol, sin camiseta, sucio, con el remolque que arrastra con la rueda chueca por un accidente y una sonrisas de oreja a oreja, todo un guerrero. La primera noche compró cervezas y un buen asado, Pou estaba decidido a cuidar de mi. Estuvimos varios días descansando y poniéndonos al día de las historias que habíamos vivido. Visitamos la triple frontera Paraguay-Argentina-Brasil delimitada por la desembocadura del Río Iguazú en el Río Paraná. Hicimos la puesta apunto de las bicicletas y Pou me facilito un nuevo neumático para la rueda trasera. Cuando tuvimos todo listo nos pusimos en marcha para pedalear juntos hasta Curitiba.

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(Colorado On The Road y José Pou en la Casa Ciclista de Foz de Iguazú)

Comencé una nueva etapa del viaje pedaleando de nuevo con mi compañero uruguayo. El calor, la lluvia, las incesantes colinas ya no parecían tan sufridas al compartir el esfuerzo. Como de costumbre, Pou siempre iba delante mío marcando el ritmo y transmitiéndome energía.

Al tercer día rebasamos Cascabel y nos alcanzó una tormenta que nos obligo a detenernos. Encontramos refugio en el cobertizo de una iglesia clausurada. Pasaron las horas y la lluvia no cesaba por lo que decidimos que tendríamos que hacer noche allí. Sin apenas comida ni agua, Pou se acerco a la única casa cercana para ver si nos ayudaban con algo. Cuando volvió me dijo que era mejor no regresar a preguntar, que lo recibió un señor muy mal humorado y que le lanzo dos disparos cuando se estaba alejando. Un 22 decía Pou, y de esto sabe un rato ya que fue policía durante 20 años.

Al final me ofrecí a pedalear 15 kilómetros hasta la primera gasolinera para comprar algo de comer. Iría rápido sin todo el equipaje y a la vuelta podría secar la ropa con el calor de la hoguera. Todo fue bien hasta que volviendo pinche la rueda delantera y comencé a caminar. En ese transcurso de tiempo me adelantaron dos ambulancias con las sirenas y Pou se temió lo peor. A la media hora un camionero me detiene y me ofrece remolcarme hasta donde estaba mi compañero. Resulta que Pou después de ver las ambulancias, se lanzo a la carretera a parar a todos los vehículos esperando que no le dieran la noticia que no deseaba oír. Finalmente nos volvimos a reencontrar, se le paso el susto y cenamos unas salchichas a la brasa mientras hablábamos junto al fuego.

Continuamos los días completando buenas jornadas, luchábamos codo con codo cada colina, era como escalar un puerto de montaña todos los días. Se acercaba el momento de mi aniversario e iba a cumplir 2 años de viaje. Inevitablemente Pou también se quedó sin dinero y cuando estábamos a 40 km de llegar a Guarapuava me estuvo esperando a un lado de la carretera, para enseñarme un armadillo que había atrapado. No teníamos comida y parecía una cena ideal, pero el corazón nos impidió sacrificar al animal. Lo acabamos dejando en libertad viendo como corría por la pradera. A lo que sucedió después se denomina Karma instantáneo, ya que a 3 km pinche la rueda y nos detuvimos en un puesto de rescate para repararla. Coincidimos con cuatro viajeros que interesados en nuestra aventura nos ayudaron con algo de dinero, suficiente para cenar y desayunar.

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(José Pou con el armadillo)

Esa noche dormimos al raso bajo el techado de una solitaria cafetería de carretera, y amanecimos con el sol del 1 de Octubre de 2015, ya había cumplido 2 años de viaje. Me levanté pensando que ya llevaba 730 días pedaleando y ya debería estar en casa según mi itinerario, y siquiera estaba en África. Aun así es una proeza haber durado tanto. Pienso en las ganas que tengo de estar en casa, comer la comida casera de mi madre, pasear con mi perro bruce y beber cerveza con mis amigos. Si tirara la toalla y volviera a hora a casa se que las dos primeras semanas las disfrutaría mucho, pero luego me estaría arrepintiendo toda la vida de no haber continuado luchando.

Fue un apoyo enorme tener a Pou a mi lado para darme un abrazo y la enhorabuena por el cumpleaños. Llegamos a Guarapuava y mi representante uruguayo empezó a hablar con el dueño de un buffet libre sobre el día tan especial que estábamos viviendo. Dio en el clavo porque él también era ciclista y nos invito a comer. Cuando tienes a tu disposición tanto volumen y variedad de comida, con tal tremendo hambre, la situación se vuelve peligrosa. Es igual de dañino la carencia como el exceso de alimento.

Después de una hora comiendo como auténticos animales, salimos del buffet lo primero agradecidos, pero también preocupantemente mareados. Necesitamos dos horas reposando en el césped para hacer la digestión y cuando volvimos a la carretera, en cada cuesta que escalábamos eructábamos trozos de carne. No falta decir que esa noche no necesitamos cenar.

Antes de llegar a Curitiba nos propusimos visitar el Cañón San Jorge situado a las afueras de Ponta Grossa, ciudad que alcanzamos en nuestro decimo día de pedaleo desde que salimos de Foz de Iguazú. Llegamos a última hora de la tarde, con lluvia y frio, condiciones que nos impedían llegar esa noche al cañón. Mientras decidíamos donde íbamos a dormir, paso por delante nuestro un coche con un megáfono gigante publicitando el circo que acababa de llegar a la ciudad: “Vengan al circo romanoooo, solo este fin de semanaaaa!!!” nos miramos a la cara y nos dijimos entre carcajadas:¨Pues vamos al circo”. Mientras pedaleábamos en busca de la inmensa carpa no dejábamos de bromear, y una vez llegamos nos abrieron las puertas para que acampáramos esa noche con ellos. Ante todo fue una experiencia divertida y original que nos dejo momentos irrepetibles.

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(Acampando en el circo)

Por la mañana nos despedimos de los malabaristas, los payasos, el hombre fuertudo, el mago, los trapecistas…en fin de todo el circo porque fueron encantadores con nosotros. Hicimos una pequeña visita al supermercado y recorrimos los 15 km de pista de tierra hasta el camping del Cañón San Jorge, situado en mitad de la naturaleza. Antes de llegar conocimos a Wilson, un ciclista de Curitiba que nos ofreció hospedaje cuando llegáramos a su ciudad, y ya en el camping el dueño nos invitó a acampar y a comer asado.

Aprovechamos para lavar la ropa en el río, darnos una buena ducha, arreglar mas de una avería, descansar con una buena siesta y terminamos charlando junto a la hoguera. Por la mañana nos fuimos de trekking para ver la vista que nadie ve del cañón, un par de horas de caminata siguiendo una aventura fuera de todo camino marcado. Después llegamos a la base de la caída de agua para refrescarnos bajo la cascada. Esta experiencia la disfruté mil veces más que la visita a las Cataratas del Iguazú, y además no me costó dinero.

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(Cañón San Jorge)

Cuando salimos del camping terminamos durmiendo en la periferia de Ponta Grossa, bien encaminados en la carretera que nos llevaría hasta Curitiba. Esa noche entré en un restaurante a comprar leche y terminaron invitándonos a cenar. En Brasil rara vez te van a ayudar con dinero, hay mucho vicio en la calle, pero con la comida jamás, jamás y jamás te dejan tirado.

Cuando llegamos a Curitiba descansamos en casa de Wilson, y después de semanas volvimos a dormir en una cama. Nuestro camino estaba próximo a separarse, Pou tenía que volver a Uruguay y yo continuar hacia Santos. El día de la despedida la sufrí mucho, siempre fue un gran compañero y es la persona con la que más he pedaleado en todo el viaje, se forjan lazos de amistad muy fuertes compartiendo una experiencia como esta. La era de Sancho Panza y Don Quijote llegó a su fin.

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(Colorado On the Road y José Pou)

Volví a la vida nómada y solitaria a la que estoy acostumbrado, y puse rumbo a la ciudad de Santos para comenzar a buscar un barco que me llevara al otro lado del océano. Los primeros días cuesta coger el ritmo y volver a estar en silencio durante horas, pero todo vuelve a la normalidad y en pocas jornadas conseguí llegar a Santos.

Mi única misión en esa ciudad era contactar con una de las mayores empresas de cargueros que hace el trayecto Santos – Cape Town, y lo conseguí. Logré que me recibiera el director de recursos humanos de MSC, le expuse mi proyecto durante hora y media, fui claro reconociéndole que necesitaba su ayuda para cruzar el océano y que trabajaría abordo a cambio del pasaje. Todo fue muy bien y su respuesta alentadora. Volvería a pisar Santos dentro de un mes, ya que primero subiría hasta Río de Janeiro para completar mi viaje en América, tiempo suficiente para formalizar el proceso.

Primero puse rumbo a Sao Paulo para visitar a Karla y André, la pareja de ciclistas brasileños que conocí en México y que acababan de finalizar su vuelta al mundo. Pasé cinco días en su casa poniéndonos al día de todas nuestras andaduras, descansando y trabajando con el ordenador. Investigue más opciones de cruzar el Atlántico para maximizar mis posibilidades, pude mandar cerca de 1500 emails.

Siempre es alentador estar con amigos, y el día antes de salir de Sao Paulo reflexioné mas de lo habitual escribiendo mi diario. Recordé como era mi mentalidad al principio del viaje y como es ahora. Inicie la aventura con la convicción de que seria capaz de mantenerme económicamente, que lograría algún trabajo con determinadas revistas deportivas o de viaje, y conseguir un modesto patrocinio, pero después de dos años viajando no he logrado nada de eso. Parece que ahora solo pienso en buscar la manera de mantener con vida el viaje, el proyecto, el sueño…y eso me esta llevando a un camino de felicidad que no pesé que existiera. Lo inevitable a ocurrido, el viaje me ha cambiado cuando siempre me decía que nunca dejaría de ser yo, esta aventura pule tus virtudes y lima los defectos. No estoy seguro si le estoy dando un nuevo enfoque al viaje, o ha sido el viaje el que ha cambiado definitivamente mi enfoque de la realidad. Es de locos pensar que seré capaz de cruzar el Océano Atlántico, terminar la aventura recorriendo África de Sur a Norte en bicicleta, sólo, sin asistencia y sin dinero, pero la verdad es que me siento capaz.

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(En Sao Paulo con André y Karla)

Nuevamente volví a despedirme en el viaje de André y Karla. Completé cuatro jornadas de pedaleo nuevamente gracias a la hospitalidad brasileña, encontrando todos los días desayuno, comida y cena a cambio de una sonrisa. Un ejemplo perfecto fue la última noche antes de llegar a Río de Janeiro mientras buscaba donde acampar en la ciudad de Seropédica, donde finalmente me invitando a dormir en un hostel, a cenar y por la mañana después del desayuno, me fui con una bolsa con tres bocadillos que tenia que agarrarlos con las dos manos para poder comérmelos. Sencillamente adorable el trato que me brindaron los brasileños en todo momento.

Entrar en la ciudad de la samba fue complicado por el trafico, como cualquier otra ciudad, hasta que llegué al centro y me incorporé al carril bici para llegar al barrio de Botafogo, donde El Hostel Misti brinda cinco noches gratis a cualquier cicloviajero que llame a sus puertas, nuevamente el empujón que necesitaba. Además me estaba esperando mi nueva tarjeta de debito que había llegado por correo desde España. Después de dos meses recibiendo donaciones a través de mi web, de la venta de varias fotografías a revistas y de un par de entrevistas que conseguí sacar adelante, tenia acumulados 100€, toda una fortuna para mi.

Había completado mi ruta por el continente americano, uniendo en bicicleta Vancouver con Rio de Janeiro, pedaleando 30.000 kilómetros por 17 países de las 3 Américas y esos cinco días en el hostel me los iba a tomar únicamente para disfrutar de la ciudad.

Conocí a Octavio, un murciano que también pedaleaba por Brasil, a Sara y Hodei, pamplonicas de vacaciones, a Vicky viajera argentina, hice amistad con María y Hugo, trabajadores del hostel, y básicamente me relacioné con cualquier persona que se me cruzaba…alemanes, británicos, israelíes, italianos, brasileños, argentinos, franceses, portugueses, españoles…fueron días en los que no se me despego la sonrisa de la cara. Conocí las playas de Copacabana e Ipanema, fui a una fiesta Funky, escalé hasta el Cristo Redentor haciendo un trekking a través de la selva, salí a bailar, beber cerveza y caipiriñas, conocí los alrededores del histórico estadio del Maracaná, vi el atardecer de la montaña Pan de Azúcar…no paré quieto ni un día. Hasta que volví a la realidad del viaje, me mude a la casa de Polyanna, una ciclista de warmshower que me ofreció su casa para hospedarme y seguir buscando la forma de llegar a África.

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(Río de Janeiro)

Pase muchos días pateándome los amarres privados en busca de un velero que fuera a cruzar el Océano, pregunté en los puertos de ferris y en las compañías de cargueros. El 99% de las veces ni me recibían dejando solo al 1% que me decían directamente que no podían ayudarme. Quemé el cartucho de contactar con todas las aerolíneas y agencias de viajes. Hubo un momento en el que muy seriamente me plantee cruzar el charco a remo.

Tenia que volver a Santos, era el único sitio en el que verdaderamente tenía alguna oportunidad. Me despedía de todas las nuevas amistades y en especial de Sara, hicimos muy buena amistad en poco tiempo y me estuvo apoyando en todo momento. Me regaló un collar de África y planeamos coincidir en Kenia, cuando ella vuelva a visitar a la niña que desde hace años tiene en adopción.

Mi vuelta a Santos la hice por la costa, y de camino hice una vital parada en Ilhabela para conocer por fin a Álvaro Neil. Llevaba mucho tiempo viviendo numerosas experiencias con este viajero pero nunca nos habíamos conocido en persona, y esta es la historia:

Después del suceso que viví en Pakistán, recibí muchas críticas a través de las redes sociales. Una de las personas que más dio la cara por mí y que más me apoyo fue Álvaro Neil.

Álvaro de origen asturiano, o más conocido como Biciclown, salió de casa en 2004 para hacer realidad su proyecto MOSAW (Miles of Smiles Around the World, millones de sonrisas alrededor del mundo), dando espectáculos gratuitos de Clown para las personas mas humildes.

Cuando llegué a Guadalajara, México, conocí a Lorenzo Rojo y Salva Rodríguez, dos viajeros españoles que me pusieron al tanto de la ubicación de Álvaro…estábamos en le mismo continente. En la casa ciclista de Tumbaco, Ecuador, Santiago me dijo: “¿Eres español? Pues hace nada paso por aquí Biciclown”. Lo mismo me dijo Lucho en la casa ciclista de Trujillo, Perú, y después Giovanni en Juliaca, cada vez estaba más cerca. Pensé que lo encontraría en la Patagonia argentina, pero él al llegar a Ushuaia tuvo que volar hasta Buenos Aires para salvarse del invierno patagónico, volvía a estar delante mío. En Foz de Iguazú, Brasil, fui a firmar en el libro de visitas de la casa ciclista ¿Y quien fue el último en firmar? Exacto! Biciclown, lo tenía a 3 semanas de pedales. No lo alcance en Sao Paulo ni tampoco en Río de Janeiro, pero por suerte se detuvo en Ilhabela para alquilar una casa donde escribir su sexto libro. En Río de Janeiro llevé una búsqueda fallida de un barco que me pudiera llevar hasta África, así que me desplace hasta Santos y de camino visite Ilhabela, para por fin conocer a Álvaro Neil, que después de 11 años viajando por el mundo en bicicleta, fui la primera persona que recibía como Warmshower.

Tenía claro que el encuentro iba a suceder pero la incógnita siempre fue donde sería. La espera mereció la pena, ya que conocer a esta genuina persona ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de todo el viaje.

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(Biciclown y Colorado On The Road en Ilhabela)

Compartimos mucho durante esos dos días y hablamos durante horas. Me dijo una frase que me ayudó a liberarme de la frustración de como finalmente cruzaría el charco: “Colorado que es más importante para ti ¿Llegar a África? o ¿Cómo llegar a África?”

Estaba claro que no estaba obteniendo los resultados que esperaba, y que muy probablemente mi única salida para mantener el proyecto con vida, sería hacer un Crowdfunding para costearme el billete de avión.

Llegué a Santos con una mentalidad diferente a la que tenía la primera vez que pise la ciudad. Contacté con Rafael, un compañero ciclista que me ofreció una casa que tenía en reformas, para que estuviera allí todo el tiempo que necesitara. Estaba vacía y no había electricidad, pero era un palacete para mí.

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(Mi hogar en Santos)

La primera mañana fui directo a reunirme con MSC y continuaron sin decirme nada claro. Siempre hay que conseguir llegar hasta la persona con el poder de firmar ese papel que te autorice a subir abordo, y por lo que había averiguado esa persona dentro de la empresa era además un cicloviajero. No hubiera depositado tantas esperanzas en esta colaboración, de no conocer perfectamente como funciona la comunidad ciclista y lo leal que es. Pero al ver que ni siquiera quiso reunirse conmigo, comprendí que esa persona no había pedaleado ni 2 kilómetros para ir a comprar el pan, ya que un ciclista hubiera preferido partirse las piernas antes que dejar tirado a un compañero.

Era momento de reconocer mi fracaso. En el ultimo mes y medio había buscando la forma de cruzar el Atlántico sin gastar dinero, hablando con todas las compañías de ferris, empresas de cargueros y puertos privados de veleros, ofreciéndome a trabajar gratis en todos los navíos a cambio del pasaje. Me había pateado todo Río de janeiro y Santos hablando con las compañías y agencias de viajes, reuniéndome con empresas de cargueros y llendo al puerto esperando un velero que fuera a cruzar el océano, pero nada. La opción más viable siempre fue la del carguero y conseguí reunirme con las dos únicas empresas que hacen el trayecto Santos – Cape Town. Me asesoré con un amigo abogado de cómo solucionar ciertos tramites legales, pero la respuesta que recibí fue clara: No te queremos ayudar. No con esas palabras pero ese fue el mensaje. Finalmente me tocó aceptar mi derrota y puesto que todas las aerolíneas, las que se dignaron a contestarme, me comunicaron que solo patrocinan a grandes marcas y no a proyectos independientes, solo me quedó la opción Z, hacer un Crowdfunding. La respuesta de los followers fue, como siempre, leal y firme. Pronto tuve el dinero para el billete de avión.

Mi ultimo fin de semana en Santos pude echarle una mano a Rafael. Desde hace unos años organiza una carrera de mountainbike para 400 bikers en Jarinu. Así que le seguí encantado para ayudarle en todo lo que precisara. El día de la competición llevé a Bucéfalo totalmente equipado para que conocieran una bicicleta que llevaba mas de media vuelta al mundo y que estaba apunto de irse a pedalear por África. A todos les encantó la sorpresa.

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(En la carrera de Mountainbike de Jarinu)

A la vuelta ya tenía fecha para el vuelo, la madrugada del 6 de Diciembre. Me desplace hasta Sao Paulo y me recibió esta vez una amiga del colegio. Con todo organizado pedalee hasta el aeropuerto internacional y tuve mi ultimo susto en la carretera. A escasos 100 metros delante mío hubo un accidente en el que se vieron implicados dos coches y un camión, volví a besar el santo.

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(Día del aeropuerto)

Primero volé hasta Etiopía y de ahí hasta Ciudad del Cabo, en total 26 horas de aviones y escalas. Por fortuna me recibió en el aeropuerto John, un ciclista sudafricano que me abrió las puertas de su casa. No hay tiempo para relajarse, aun hay mucho por hacer y mucho que organizar, por suerte el Crowdfunding dio tan buen resultado que podré comprar nuevos neumáticos, reemplazar material deteriorado, renovar un par de vacunas y hasta comprar unas botas nuevas.

Tengo muy claro que da igual los continentes que haya atravesado, los kilómetros que haya pedaleado o los problemas que haya superado. Desde el momento que he puesto un pie en África, soy un novato más.

“Todos nacemos con dos vidas, y la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una.”

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Uruguay

Etapas:

27/07/2015 Buenos Aires – Carmelo (Entrada en Uruguay) (43 Km).

28/07/2015 Carmelo – Colonia del Sacramento (86 Km).

29/07/2015 Colonia del Sacramento – Nueva Helvecia (73 Km).

30/07/2015 Nueva Helvecia – Ecilda Paullier (20 Km).

31/07/2015 Ecilda Paullier – Canelones (92 Km).

01/08/2015 Descanso en Canelones.

02/08/2015 Descanso en Canelones.

03/08/2015 Canelones – Montevideo (61 Km).

04/08/2015 Descanso en Montevideo.

05/08/2015 Descanso en Montevideo.

06/08/2015 Descanso en Montevideo.

07/08/2015 Descanso en Montevideo.

08/08/2015 Descanso en Montevideo.

09/08/2015 Descanso en Montevideo (57 Km).

10/08/2015 Montevideo – Las Flores (94 Km).

11/08/2015 Las Flores – San Carlos (83 Km).

12/08/2015 Descanso en San Carlos (10 Km).

13/08/2015 San Carlos – Rocha (71 Km).

14/08/2015 Rocha – Castillos (61 Km).

15/08/2015 Castillos – Barra do Chuí (Entrada en Brasil) (95 Km).

Uruguay

Después de hacer tierra en el puerto de Carmelo, todos los pasajeros esperamos a pasar el control de aduanas y yo me puse en último lugar con Bucéfalo.

Por primera vez había alguien que me estaba esperando para recibirme, un follower uruguayo con quien mantenía el contacto desde que estaba por Perú. En Buenos Aires ya coordinamos nuestro encuentro y decidió venirse pedaleando 220 kilómetros desde Canelones, su ciudad natal, hasta el puerto para darme la bienvenida a su país. Antes de pasar el control de aduanas José Fernando Pou se abalanzo para abrazarme y entregarme una bandera de su querido Uruguay. El policía aduanero se sumo a la bienvenida sellándome el pasaporte con una sonrisa de oreja a oreja.

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(José Pou recibiendo a Colorado On The Road en el puerto de Carmelo)

En ese momento viajaba con un exceso de peso por el tremendo cansancio acumulado y el sueño atrasado. Ya era de noche y Pou me guió a un Hostel que pago hospitalariamente, feliz de que por fin nos conociéramos. Coincidimos en nuestra habitación con un viajero alemán, Dennes, quien se unió a un viajecito rápido al supermercado para comprar algo de cena y una cervecita de la victoria. A pesar del buen ambiente mis parpados no duraron mucho abiertos y me fui al sobre antes de que marcaran las 22:00 pm.

Por la mañana me sentía algo mas descansado, pero mis baterías estaban lejos de estar al 100%. Después de meterme entre pecho y espalda un desayuno equiparable al de un elefante, nos pusimos en marcha para hacer una entrevista en Radio Carmelo.

José Pou estaba profundamente motivado a dar presencia al cicloviaje en Uruguay, y ya llevaba mas de 3000 kilómetros rodados en su tierra. A través de la difusión mediática juntos lucharíamos por tan positiva iniciativa.

La entrevista en directo duró a penas una hora, y sin perder tiempo nos pusimos en marcha para recortar distancias hasta Canelones. Pronto me di cuenta del impresionante ritmo de este atleta de 40 años, al que prácticamente le saco una cabeza de estatura y que viaja sin una alforja en la bicicleta, todo su equipaje lo lleva en un remolque que arrastra como si estuviera hecho de papel. En vez de un corazón parecía que tenia un motor de 12 válvulas.

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(José Pou y Colorado On The Road pedaleando por Uruguay)

La carretera atravesaba un mar de colinas sin una sola recta en todo el trayecto. Mi ritmo era lento pero constante, pero el eléctrico Pou me adelantaba para sacarme fotografías en movimiento, lo rebasaba cuando paraba pero enseguida volvía a sobrepasarme para realizar nuevas fotografías. Viajaba con un atento anfitrión que además se convirtió en mi fotógrafo personal, dejando unas imágenes que para mi son imposibles de realizar con el temporizador de mi cámara.

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(Fotografía de José Pou)

En la primera parada de descanso nos tiramos a reposar las piernas en el césped de una gasolinera. Teníamos el viento a favor pero el cansancio acumulado y las constantes colinas me estaban destrozando. Parecía que la juventud se estaba evaporando de mi cuerpo. Entonces vimos a lo lejos a una solitaria ciclista escalando una colina, portaba ligero equipaje y el viento le venia de cara. Nos vio y se acerco para charlar.

Noelia, una joven uruguaya de 21 años que viajaba sola desde Montevideo hasta el pueblo de sus padres. Se sentó a mi lado anonadada con la experiencia que estaba viviendo desde hacia casi dos años, ilusionada de conocer a un aventurero. Mi rostro reflejaba fatiga mientras que el suyo brillaba con el sol. Me fue imposible no abrirla la puerta de mis frustraciones, de cómo este viaje me estaba aplastando emocionalmente en ese momento. No todo es alegría y felicidad, rodar en la carretera al ritmo del Reggae y cantar el Cumbayá. Es raro que pase, pero cuando te vienes abajo es un regalo del cielo tener a alguien que te escuche. La cercanía con mi madre y mis tres hermanas, siempre me ha hecho sentir seguridad a la hora de abrirme como un libro y volver visibles mis inquietudes a una mujer. Noelia me dio el rayo de luz que necesitaba.

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(Noelia y Colorado On The Road)

Después de despedirnos y con la promesa de reencontrarnos en Montevideo, seguimos pedaleando cada uno con la mirada fija en su meta. Me sentía mucho mejor y eso se notó en mi forma de pedalear y bromear con José Pou. Llegamos a buen ritmo hasta Colonia del Sacramento donde Pou había conseguido una noche gratis en un hostel del centro. Compramos una buena cena, cocine para los dos y después de estar bien alimentados disfrutamos de la compañia de otros viajeros.

Por la mañana, después de haber dormido casi 12 revitalizantes horas, hicimos una nota de prensa para la televisión y nos pusimos en marcha. Al final de la jornada llegamos a Nueva Helvecia, donde nos hospedó un amigo de Pou al que todos conocen como “El Comba”. Un personaje que nos deleito con un buen asado y unas conversaciones que nos arrancaron mas de una carcajada. Hasta el momento mi viaje por Uruguay tuvo un inmejorable comienzo, pero el desarrollo de cada día lo estaba volviendo perfecto.

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(El Comba)

Al amanecer el cielo nos despertó con lluvia, pero aun así decidimos avanzar. A unos escasos 20 kilómetros de etapa nos vimos obligados a parar en una estación de servicio. La lluvia no cesaba y la visibilidad en la carretera era preocupante. El propietario de la gasolinera nos invito a pasar la noche en la zona techada del garaje, al cobijo de la tormenta. Cuando una persona ayuda a un viajero, hay veces que se embala cuando la puerta de la hospitalidad se queda abierta. Esto lo he vivido muchísimas veces y esta fue una de esas situaciones.

El señor empezó con la invitación a dormir en el garaje, luego nos trajo unas sillas para que estuviéramos mas cómodos hasta que llegara la noche, después vino la contraseña del wifi seguida de una merienda. La faena la remato con una cena que te hace bailar los jugos gástricos antes de dar el primer bocado, acompañada de una cervezaza para pasar el chorizo. Al amanecer una taza de café tan grande que puedes nadar en ella seguida de unos dulces, y un tierno abrazo de despedida que le calienta a uno el corazón. Jamás he estado tan agradecido de que lloviera.

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(Durmiendo en el garaje de la vía de servicio)

La tormenta nos dio una tregua y pedaleamos los 92 kilómetros que nos separaban de Canelones. A la llegada hicimos una nota en el programa de televisión “El Surtidor” que llamó mucho la atención a los canarios. Ya en la casa familiar de José Pou, su padre nos preparó un asado de bienvenida, y en la sobremesa me cuenta las proezas de los uruguayos. El histórico partido del Maracaná en el que Uruguay ganó la final del Mundial de futbol en 1950 o más conocido como el Maracanazo, y me mostró el autógrafo del autor del gol de la victoria Alcides Edgardo Ghiggia. Me habló de la famosa historia del accidente aéreo en Los Andes en el que un equipo de rugby uruguayo junto a familia y amigos llevaron acabo una de las mas extremas historias de supervivencia, y como cada año de un país de 3 millones de habitantes salen jugadores de futbol de categoría mundial.

La verdad es que ya había escuchado hablar de todo esto, pero jamás con la pasión con la que lo narra un uruguayo. Le hace a uno pensar ¿Qué tendrán los uruguayos para ser tan guerreros? El misterio sigue abierto.

El sábado lo pasamos visitando el mercadillo por la mañana, y tomando mates por la tarde en el monumento a la bandera junto a otros ciclistas. El domingo aproveché para repartir postales y recaudar algo de fondos para continuar el viaje, la respuesta fue cálida y cercana.

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(Paseando por el mercadillo el Sábado y repartiendo postales en el Monumento a la Bandera de Canelones el Domingo)

El lunes pedalee hasta Montevideo con José Pou, donde nos estaba esperando Noelia para recibirnos en casa de sus tíos. Pase una semana tranquila en la capital en la que hubo tiempo para todo. Trabajar con el ordenador, salir a caminar por la ciudad, despedirme de Dennes el viajero alemán que conocí en Carmelo, un par de salidas nocturnas con las amigas de Noelia y rematé la visita pedaleando con Masa Critica por todo Montevideo.

Seguir adelante en el viaje suponía volver a mi rutinaria vida de nómada, y esta vez se me juntarían muchas despedidas. En poco tiempo había creado un fuerte lazo de amistad con José Pou, Noelia y Dennes, pero la vida del viajero es así. Siempre es mejor no pensarlo en el momento, ser alegre y agradecido con el destino que unió los caminos y avanzar mirando hacia delante.

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(Dennes, José Pou, Colorado On The Road y Noelia en Montevideo)

Salí de Montevideo pedaleando por la costa y la primera noche acampé frente al mar. El sol no brillaba al amanecer, la lluvia y el viento hicieron que cambiara de estrategia y me alejara de la costa buscando mejores condiciones para pedalear. Con la noche ya encima y la tormenta acercándose, instalé mi campamento a un lado de la carretera a las afueras de San Carlos. Cuando ya estaba dentro de la tienda de campaña empezó a llover y ya no paró.

Llovía, llovía y llovía hasta que se hizo de día y aun seguía lloviendo. Por la mañana espere despierto cuatro horas a que el tiempo me diera un respiro, aunque solo fuera para recoger la tienda de campaña, pero nada.

Al final levante el campamento mientras todo se mojaba. No estaba siendo un buen comienzo, así que decidí cederle la batalla al clima y retroceder hasta San Carlos donde busqué la estación de bomberos para que me hospedaran una noche. Tras una ducha caliente, una buena comida y la ropa secándose, me senté a descansar hasta el día siguiente.

Por la mañana todo estaba más calmado, aunque los accesos a la ciudad estaban inundados. El primer tramo de carretera que atravesé estaba totalmente cubierto por el agua, pero fue fácil salir y continuar la marcha. Había ganas de avanzar.

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(Colorado On The Road con los bomberos de San Carlos)

Llegué a Rocha a muy buena hora de la tarde. Bruno y su pareja Yeyo, uno de mis primeros followers de mi canal de YouTube, me estaban esperando para recibirme. Me invitaron a su casa donde preparamos un asado para cenar, tomamos una cerveza mientras hablaba del viaje y contaba historias, aunque la verdad es que se las sabían todas. Por la mañana me llenaron las alforjas de bocadillos y fruta para todo el día, y continué restando distancia hasta la frontera con Brasil.

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(En casa de Bruno y Yeyo)

Apenas duro una hora el buen tiempo hasta que empezó a llover a mares, no estaba teniendo ni un día de tregua. Constantemente estas atravesando colinas y nunca vas en plano, o estas subiendo o bajando. Llueve y hace frio, la bicicleta pesa mucho más porque todo esta empapado y el viento te acaba dando la ultima alegría. En esos momentos uno intenta visualizar como sería el día perfecto para viajar, que condiciones se darían y cuando se darían todas a la vez. Es absurdo esperar a que se de un día así, porque cuando estas viviendo un sueño tan grande, todos los días son perfectos para pedalear. Esta es una de las razones por las que siempre he sido capaz de enfrentarme a tantas situaciones difíciles.

A la tarde siguiente alcancé la frontera con Brasil en el paso de Chuy. Ya solo me quedaba un país para completar todo mi recorrido por el continente americano. Me despedía de hablar español y era hora de ver como me las arreglaría con el portugués. Después de un año de viaje por Latinoamérica ya era momento de cambiar de aires. Mucho he pedaleado desde Vancouver y pronto tendría que solucionar una difícil situación, cómo cruzar el Océano Atlántico para llegar a África. Es difícil saber la respuesta cuando apenas llevas dinero para comer, aunque la opción de viajar en barco parece la más esperanzadora. Pase lo que pase, de una forma o de otra, siempre hay que seguir hacia delante y jamás dejar de luchar!

“Pregúntate si lo que estás haciendo hoy,

te acerca al lugar en el que quieres estar mañana”

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Perú

Etapas

06/02/2015 Tumbes – Zorritos (35 Km).

07/02/2015 Descanso en Zorritos.

08/02/2015 Descanso en Zorritos.

09/02/2015 Descanso en Zorritos.

10/02/2015 Descanso en Zorritos.

11/02/2015 Zorritos – El Alto (97 Km).

12/02/2015 El Alto – Sullana (118 Km).

13/02/2015 Sullana – Km 912 de la 1N (119 Km).

14/02/2015 Km 912 de la 1N – Mórrope (94 Km).

15/02/2015 Mórrope – Pacanguilla (91 Km).

16/02/2015 Pacanguilla – Paiján (104 Km).

17/02/2015 Paiján – Trujillo (52 Km).

18/02/2015 Descanso en Trujillo.

19/02/2015 Descanso en Trujillo.

20/02/2015 Descanso en Trujillo.

21/02/2015 Trujillo – Santa (121 Km).

22/02/2015 Santa – Km 347 de la 1N (105 Km).

23/02/2015 Km 347 de la 1N – Huarmey (61 Km).

24/02/2015 Huarmey – Km 250 de la 1N (47 Km).

25/02/2015 Km 250 de la 1N – Huancho (104 Km).

26/02/2015 Huancho – Chacra y Mar (80 Km).

27/02/2015 Chacra y Mar – Lima (82 Km).

28/02/2015 Descanso en Lima.

01/03/2015 Descanso en Lima.

02/03/2015 Descanso en Lima.

03/03/2015 Descanso en Lima.

04/03/2015 Descanso en Lima.

05/03/2015 Descanso en Lima.

06/03/2015 Lima – Trébol (158 Km).

07/03/2015 Trébol – Paracas (85 Km).

08/03/2015 Paracas – Santiago (96 Km).

09/03/2015 Santiago – El Ingenio (88 Km).

10/03/2015 El Ingenio – Nazca (39 Km).

11/03/2015 Nazca – Villatambo (40 Km).

12/03/2015 Villatambo – Puquio (100 Km).

13/03/2015 Puquio – Km 190 (34 Km).

14/03/2015 Km 190 – Negro Mayo (41 Km).

15/03/2015 Negro Mayo – Promesa (80 Km).

16/03/2015 Promesa – Santa Rosa (80 Km).

17/03/2015 Santa Rosa – Abancay (50 Km).

18/03/2015 Abancay – Cuzco (Remolcado) (200 Km).

19/03/2015 Descanso en Cuzco.

20/03/2015 Descanso en Cuzco.

21/03/2015 Descanso en Cuzco.

22/03/2015 Descanso en Cuzco.

23/03/2015 Descanso en Cuzco.

24/03/2015 Ruta mochilero hasta Aguas Calientes.

25/03/2015 Visita al Santuario Histórico de Machu Picchu.

26/03/2015 Descanso en Cuzco.

27/03/2015 Cuzco – Cusipata (85 Km).

28/03/2015 Cusipata – Marangani (89 Km).

29/03/2015 Marangani – Pukara (117 Km).

30/03/2015 Pukara – Juliaca (67 Km).

31/03/2015 Descanso en Juliaca.

01/04/2015 Juliaca – Ilave (102 Km).

02/04/2015 Ilave – Copacabana (Entrada en Bolivia) (91 Km).

Perú

Mis últimos metros en Ecuador me llevaron hasta el puente de la Paz y con ello a la entrada fronteriza peruana. Perú pasa a ser el país 29º de esta gran aventura, y me iba a deparar varias de las experiencias mas duras que he vivido desde que me subí en la bicicleta en España.

Mi primera noche acampé en Tumbes, pendiente de una llamada que llevaba semanas esperando a realizar. Con la salida del sol fui a una cabina telefónica, marque un numero peruano y en cuanto contestaron salió de mi boca: Que pasa Nachooo!!!

Desde varias semanas atrás estábamos cuadrando esta reunión, mi camino hacia el Sur me llevó a reunirme con un viajero español que iba al Norte, Nacho Dean. Ambos coincidíamos en un mismo objetivo, dar la vuelta al mundo, pero Nacho la estaba llevando a cabo andando y llevaba ya mas de 25.000 km.

Pedalee 35 kilómetros hasta Zorritos donde quedamos en reunirnos. Después de un fuerte abrazo almorzamos y decidimos acampar en el Hostel Ecológico de unos españoles, Grillo Tres Puntas. En ningún momento pudimos dejar de contar todas nuestras experiencias hasta el momento, fue como hablar con un espejo en el que ambos nos veíamos reflejados.

Por la mañana Nacho debía continuar hacia Ecuador y yo me quedaría unos días mas, aceptando la invitación de Ana y León, los propietarios del Hostel, de quedarme ha descansar sin coste alguno. En poco tiempo Nacho y yo construimos una amistad que normalmente tardaría meses en crearse. Con un gran abrazo nos despedimos y le acompañe hasta la puerta para darle el último adiós.

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(Nacho Dean & Colorado On The Road) 

Durante varios días pude descansar y trabajar con el ordenador. Cada mañana me despertaba en la playa y empezaba el día con un baño en el mar. Comencé a trabajar en un proyecto que me propuso la Editorial Santillana y di rienda suelta a mi creatividad. Cada tarde me relajaba con el sonido de las olas, contemplando la puesta de sol mientras me calentaba con una pequeña hoguera y dormía con un sueño ininterrumpido.

Durante mis días en la playa de Zorritos hice buenas migas con otro español, Marc. Un joven catalán que después de trabajar durante año y medio en Lima, decidió dejarlo todo para viajar por Latinoamérica. Por lo general suelo hacer mis paradas de descanso durante el tiempo suficiente para reponer fuerzas y conocer el lugar, pero no lo suficientemente larga como para echar raíces y que la despedida sea mas dura de lo necesario. Esta vez me salte mi norma.

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 (Primeras etapas en Perú)

Pasada una semana deje atrás Zorritos y continué mi marcha sin un céntimo en el bolsillo, podría haberme esperado a recibir un dinero que tenia pendiente de cobro por un artículo que escribí, pero el cuerpo me pedía volver a la carretera. El primer día me alimente con 4 plátanos y 2 magdalenas. Conseguí llegar al pueblo de El Alto tras pasar mi primer choque con el viento del desierto peruano. Instalé mi tienda de campaña en una gasolinera y la dependienta me pregunto que si había cenado, antes de terminar de contestar ya me estaba sacando un plato de pescado con arroz. Ya había asumido que dormiría con el estomago vacío.

Continuando mi camino hacia Trujillo, sobreviví con unas bolsas de patatas fritas que me encontré en la carretera junto a 8 latas de leche evaporada. En un restaurante fui a preguntar si me podían llenar las botellas con agua del grifo y me acabaron ofreciendo un almuerzo. En la carretera pasé junto a un camión volcado lleno de cebollas, tampoco desaproveché la oportunidad y llene mis alforjas con 5 de ellas. En un peaje paré para ir al baño y el guarda me ofreció nuevamente comida mientras me decía: Estas muy delgado hijo!! Al final del día llegué a Sullana, donde acampe y pude sacar el dinero que ya había recibido. Fue una suerte ya que debía cruzar el desierto de Sechura, y tener algo de dinero me ayudo a hacerlo con los vivieres necesarios.

Después de atravesar la ciudad de Piura me dispuse a adentrarme en el desierto. Mientras abandonaba la ciudad una señora que vendía refrescos a los vehículos, me detuvo para avisarme de que un mototaxi me estaba siguiendo. Te van a asaltar me decía, en cuanto te adentres en el desierto te estarán esperando. Llegué a las casetas del peaje y fui a un policía a decirle lo que me había sucedido. En 5 minutos tenia un coche de policía para escoltarme los primeros 20 kilómetros.

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(Entrando en el desierto de Sechura escoltado por la policía)

Finalizada la escolta me adentre en solitario en la planicie desértica inundada por las dunas. El día fue largo y el viento lo prolongó mas de lo necesario. Luchando a contracorriente conseguí llegar a un pequeño restaurante en mitad de la nada, donde me dejaron dormir en el suelo. Aún tenia 94 kilómetros a través del desierto para llegar al Distrito de Mórrope, y mi mayor enemigo fue nuevamente el viento. Después de 10 horas de batalla y concluyendo el día con una pletórica cena, escribí en mi diario:

Cuando el sol seca tu piel,

la sed pega tus labios,

y el viento te empuja hacia atrás.

Solo tu corazón te mantiene pie,

para luchar hacia delante.

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 (Atravesando el desierto de Sechura)

Durante dos etapas mas añadí un nuevo enemigo en el frente, los mosquitos. Cada noche devoraban el repelente y a mínimo que entrara y saliera de mi tienda de campaña, ellos estaban esperando para invadirla. A pesar de lo mucho que hablo de los obstáculos del camino, disfruté de cada instante porque sabia que al final tendría mi victoria, y no hay nada que sepa mejor que una sufrida victoria.

Mi ultima noche antes de llegar a Trujillo dormí junto a una comisaría de policía, bien protegido y cuidado. Por la mañana se despidieron de mi haciéndome un original regalo, una sandia de 5 kilos. Habilite el trasportín para poder portarla y llegué a la casa ciclista de Trujillo, una de las mas importantes de todo Latinoamérica, donde Lucho me recibió y me otorgó una inmejorable cama. Antes de la necesaria ducha, tenia más necesidad de terminar la historia de la sandia, compartiéndola con todos los cicloviajeros que había en la casa. Era una buena sandia, con un delicioso sabor y escondía un toque especial… el sabor de la sufrida victoria.

Pasé mis días en Trujillo junto a Luis Carlos, un ciclista colombiano, y tres ciclistas franceses. Aprovecho el tiempo trabajando con el ordenador y logro finalizar el proyecto para la Editorial Santillana en el que edité un video motivacional para sus vendedores. Las tardes pasaron tranquilas junto a Lucho, su mujer Araceli y sus hijos, el hiperactivo Lance y su encantadora hija Ángela.

Luis Carlos y yo hicimos muy buena amistad, se acostumbro a que en vez de llamarle por su nombre le llamara Colombia, y el me llamaba a mi España. Todas las mañanas íbamos a desayunar juntos al mismo puesto de bocatas donde llenábamos el buche por solo un dólar, y por la noche cenábamos un menú en el mercado y volvíamos a casa rodando. Si algo puedo decir de la comida peruana, es que es buena, abundante y barata. El ultimo día mientras ayudábamos a Lucho a hacer la mudanza de su casa, Colombia y yo decidimos compartir pedaladas hasta Lima.

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 (Casa ciclista de Trujillo)

A la mañana siguiente nos pusimos en marcha, Colombia tiene muy buena pierna para la bicicleta y avanzamos 121 kilómetros bastante tranquilos. Acampamos y cenamos unos espaguetis antes de aniquilar a los mil y un mosquitos que se metieron en nuestras tiendas de campaña. La segunda jornada fue mucho mas intensa, luchando contra las tormentas de arena y pedaleando las eternas colinas. Agotados dejamos de pedalear en el kilometro 347 de la 1N, donde encontramos un restaurante cerrado y dormimos al raso en sus puertas.

Con la luz del sol nos despertó una amable voz, era Don Clemente el propietario del restaurante. Pasar amigos, por favor poneros cómodos nos dijo. Nos invito a un desayuno que nos devolvió a la vida mientras nos enseñaba un libro de visitas de todos los viajeros que pasaron por su local, y a los cuales había ayudado. Fue un honor firmar y formar parte de el. Al despedirnos remato la faena dándonos a cada uno 20 soles (moneda peruana, 3 soles = 1 dólares) para que comiéramos el resto del día. Son momentos en los que sé, que lo mejor de este viaje son las personas que conozco por el camino y sus apasionantes historias.

Despidiéndonos de la generosidad de Don Clemente comenzamos la tercera etapa en nuestra travesía hasta Lima. Colombia gozaba de una formidable condición física y sobretodo la indestructible motivación del que inicia un nuevo viaje. Yo en cambio sentía las piernas mas cansadas por las miles de pedaladas acumuladas. Nuevamente el desierto nos machacó y en Huarmey mis baterías se acabaron, apenas eran las 16:00 pm pero mi cuerpo dijo basta. Pasamos la noche en la iglesia del pueblo y pude reponer algo de fuerzas.

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(Colorado On The Road pedaleando junto a Luis Carlos, Colombia)

Me desperté con buenas vibraciones y entre bromas le decía a Colombia: Hoy lo damos todo en el desierto!!! Pero el desierto siempre tiene la última palabra. Avanzamos lo que el desierto nos deja avanzar, y probablemente ese fue uno de los días mas duros que pase pedaleando en Perú.

En cuanto dejamos atrás Huarmey, el viento nos dio los buenos días. La arena se levantaba y nos golpeaba todo el cuerpo, en mas de una ocasión solo podíamos andar empujando las bicicletas luchando por no ser derribados. En una parada de descanso junto a unas rocas que nos protegían parcialmente de las sacudidas de la arena, le dije a Colombia mientras bebíamos agua: Si algún día me caso estas invitado a mi boda hermano, y si alguien te pregunta de que me conoces, debes decir que nos conocimos cuando atravesamos juntos el infierno!!!

Fueron palabras que nos hicieron reír y bromear, mientras olvidábamos momentáneamente la batalla que estábamos librando y que pronto nos tocaría retomar. Terminamos llegando a un pequeño restaurante en mitad de la nada, donde pudimos cenar algo y recuperar la sonrisa. Colombia agotado se durmió sobre sus brazos apoyándolos en la mesa. Fue un alivio saber que era humano y que también se cansaba, porque hasta el momento había pedaleado como un animal. Pregunte a la propietaria del establecimiento si nos dejaba dormir en el suelo y nos acabo dejando un cobertizo. Vamos Colombia, vámonos a dormir le decía levantándole de la mesa.

A lo largo de toda esa jornada solo habíamos avanzado 47 kilómetros, caímos rendidos en el saco de dormir a las 20:00 pm y no nos movimos en 10 horas. Esa noche solo pude describir la sensación de luchar contra la nada, escribiendo en mi diario: Hoy el viento era tan fuerte que teníamos que pedalear hasta para ir cuesta abajo, en los llanos sentíamos que pedaleábamos cuesta arriba, y avanzar cuesta arriba, era el infierno.

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(Amaneciendo en mitad del desierto)

Para ahorrar dinero Colombia y yo bebíamos agua del grifo, lo cual nos provocaba ciertas incomodidades que hacia que nuestras necesidades matutinas llegaran puntualmente. A las 06:00 am me desperté para ir corriendo al desierto a echar una buena liberación de peso, cuando termine la tapé echándole arena con los pies, y Colombia cogió el relevo. Cuando regreso le pregunte: ¿Has tapado tu caca con arena como si fueras un gato? Si, me contesto.

Nuestras bromas mañaneras parece que también pusieron de buen humor al desierto y nos concedió una tregua. Con buenas energías pedaleamos hasta cumplir dos jornadas de 104 y 80 kilómetros. Colombia siempre iba delante mío y me sacaba buena distancia. Cuando el paraba compraba galletas y refrescos, se echaba a un lado de la carretera y esperaba a que llegara para que descansáramos juntos.

El ultimo día antes de llegar a Lima conocimos a un Veda que nos ofreció dormir bajo el techo de un devoto del Hare Krishna. Era una casa hecha de adobe y barro, sin agua corriente ni electricidad. Nos brindaron un cuarto para nosotros solos y nos enseñaron a usar un baño seco. Básicamente es un retrete que no funciona con agua y que tiene serrín en el fondo, haces tus necesidades, te limpias el trasero con agua y frotándote con la mano y al acabar echas mas serrín sobre tus desechos. Cuando este lleno el serrín con todo lo que viene se entierra y sirve como abono. Colombia estaba muy sorprendido y fue el primero en usarlo, pero nuestra puntual diarrea llamo a los dos a la vez. Mientras esperaba en la puerta oía a Colombia al otro lado decir lo extraño e inusitado que le parecía. A mi realmente me daba igual, en países musulmanes y en la India hice lo mismo solo que sin serrín, y en ese momento solo quería que Colombia terminara rápido.

Más aliviados fuimos con nuestro anfitrión a dar una paseo por la playa y practicar sandboard en las dunas. Después pasamos una buena noche matando mosquitos y madrugamos para por fin coronar Lima.

A 10 kilómetros de llegar a la capital peruana nos separamos, Colombia iba a la casa de una voluntaria de la ONG Techo con la que colaboraba desde hacia años, y yo iba directo a la casa de un español que me estaba esperando para recibirme, Andrés. Nos dimos tremendo abrazo para despedirnos y con la promesa de volver a coincidir. La dureza de las etapas nos habían unido como hermanos, y juntos fuimos mas fuertes.

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(Últimas pedaladas para llegar a Lima)

El trafico de la capital me hizo pasar instantes muy peligrosos y en un momento un camión casi me lleva por delante. El trafico era muy agresivo y no había lugar para una bicicleta. Llegar al centro fue duro he hice una parada para comer un ceviche en un puesto de la calle. La amable señora no me dejo pagar los 5 soles y me invito al almuerzo. Una vez cerca del barrio de Miraflores la situación se calmo y los carriles para bicicletas aparecieron.

Cuando llegué a la casa de Andrés sentí que las puertas del cielo se abrían. Disfruté de una larga ducha, la gloriosa cena, las cervecitas que nos tomamos riendo mientras compartíamos historias, para después envolverme en las suaves sábanas y dormir como un bebe. Me gustaría decir que tuve un agradable despertar, pero el ceviche que me tomé llegando al centro de Lima me produjo una de las mas terribles diarreas de todo el viaje, dejándome fuera de combate durante dos días.

Pasada la tormenta y los continuos viajes al baño, conocí el centro histórico de la ciudad, pasee por sus calles, visité una exposición de fotografías de la India y caminé por el malecón. Luche por crear una nueva relación con una revista peruana y solucionar mis problemas económicos, pero el barco no llego a ningún puerto. Durante una semana me alimente como un legionario devorando la despensa de Andrés, y repuestas las energías era momento de continuar.

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(Despidiéndome de Andrés en Lima)

Tan prolongado descanso dio sus frutos marcándome una etapa de 158 kilómetros, alimentándome solo a base de plátanos. Por el camino me encontré 5 soles y los invertí en unos paquetes de macarrones para completar el segundo día. El sol apretaba fuerte en mi avance hacia Nazca, pero las noches eran frías. Acampando en medio del desierto me dormí destapado y acalorado, el sueño fue tan profundo que no me di cuenta de la bajada de temperatura y me desperté de madrugada temblando de frío. Un error que pagaría muy pronto.

El tercer amanecer decidí poner en la parte trasera de la bicicleta un cartel en el que escribí ¨Sin Plata¨, con la esperanza de que alguien me brindara algo de comida. A media mañana me encontré una llave inglesa y un destornillador entre la arena del desierto, estaban en buen estado, así que los guarde y unos kilómetros mas adelante los cambie por algo de comer en un taller mecánico. Con la panza llena llegue a un peaje, donde mi cartel llamo la atención a los operarios y me regalaron una bolsa de comida, y un encanto de mujer me dio 10 soles. El día parecía que empezaba mal, pero la ayuda de los peruanos se hizo notar. Terminé acampando en una gasolinera de un pequeño pueblo llamado Santiago, cocine los espaguetis que pude comprar con el dinero que me dieron y antes de irme a dormir dos coches interrumpieron en la estación de servicio. Se había producido un robo en un hogar, los ladrones se dieron a la fuga pero los propietarios dispuestos a imponer su propia justicia habían salido a su captura, interceptándolos en la gasolinera donde estaba descansando. Lo único que impidió que se liaran a tiros fue la aparición casi instantánea de un coche de policía, poniendo nuevamente a los delincuentes en fuga.

Me aconsejaron que moviera todo mi campamento a otro lugar por si volvían, pero las fuerzas me abandonaron y la gélida noche anterior venia a cobrarse su factura. Entre temblores entré en mi tienda, me puse el termómetro y pasados unos minutos leí 38,5ºC. En ese momento lo único que me importaba era entrar en mi saco de dormir, tomarme el antibiótico y descansar.

Por la mañana la fiebre cedió terreno y el calor del sol hizo que sintiera de nuevo la fuerza de mis músculos. Cargue el potro de agua, desayune unas galletas y volví a internarme en el desierto. Cuanto mas calor hacia mejor me sentía, la temperatura subió hasta los 43ºC y avance a buen ritmo. Concentrado en mis pensamientos y en la carretera, no me percate de que dos ciclistas que estaban llevando a cabo su entrenamiento se acercaban por mi espalda. No me di cuenta hasta que se pusieron al lado mío y uno de ellos dijo: Colorado on the road!!!

Resulta que era un follower de mi proyecto, y después de compartir unas palabras quedamos en vernos en un restaurante próximo. Fue agradable hacer el descanso con dos compañeros. Me ofrecieron refrescos, comida y dado el descaro de mi cartel de ¨Sin Plata¨, me dieron 20 soles para continuar. Uno de ellos me pregunto que si estaba tan mal porque continuaba, mi respuesta no fue preparada, solo salió de mi: ¨Haga frío o calor, si nieva o llueve, tenga o no dinero, aun con 38,5 ºC de fiebre siempre seguiré adelante. Si paro me rindo, si avanzo sigo luchando, ese es mi concepto¨.

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(Pedaleando por el desierto con 38,5 ºC de fiebre)

Al final del día acampé cerca de Nazca y dormí con tan solo unas décimas, parecía como si el calor hubiera fundido la fiebre, pero aun no estaba al 100%. Antes de llegar a Nazca contemplé dos líneas desde un mirador, Las Manos y El Árbol. El encargado me dejo subir gratis, ahí no sabría diferenciar si por admiración a mi proyecto o por pena.

Nazca es una ciudad plagada de turistas que vienen de todas partes del mundo para sobrevolar las milenarias Líneas de Nazca. No tenia suficiente plata para darme ninguno de los lujos que me ofrecían, así que salí de la ciudad y acampe al inicio de la carretera que me llevarías a escalar las montañas andinas hasta llegar a Cuzco. Aproveche mi ultimo día de aire seco porque en cuanto comenzara el ascenso el clima comenzaría a castigarme de nuevo.

Tanto tiempo pedaleando por el desierto te anima a cambiar de paisaje y conocer algo nuevo, pero sabia que el reto que se me venia encima iba a ser duro. El inicio fue leve, hasta cómodo podría decir, muy poca pendiente y agradable, hasta que empecé a pedalear por la interminable serpiente asfaltada que reptaba por la ladera de Los Andes. Todo un día exprimiendo mis fuerzas para avanzar solo 40 kilómetros a lo largo, pero mas de 2000 metros a lo alto, un buen comienzo. En Villatambo me dispuse a dormir en la fría y húmeda montaña, y hablando con un camionero tuvo el gran gesto de invitarme a una cena calentita. Tenia mi vista puesta en Puquio pero 100 kilómetrazos que me lo iban a poner muy duro, en la cima de la montaña estaba la Pampa, una verde planicie donde las Llamas pastaban, y pasado el alto llegué a la bajada al valle donde la ciudad de Puquio me esperaba.

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(Subiendo Los Andes desde Nazca)

El desgaste del día anterior no me favoreció para escalar de nuevo y salir del valle, pero finalmente ascendí a 4000 msnm, donde me dejaron dormir en el suelo de un restaurante al cobijo de la lluvia y la niebla. No fue una buena noche, el frío me atravesaba el cuerpo pero aun así al salir el sol retome con motivación mi escalada. Las pedaladas eran largas y termine empujando un buen trecho hasta que alcance la Pampa, la auténtica Pampa a 4541 msnm. El oxigeno era escaso y cada poco tenia que parar a descansar para respirar por muy leve que fuera la subida. Las Llamas me ignoraban mientras se alimentaban en rebaños de cientos, pero las Vicuñas eran diferentes, mas desconfiadas siempre soltaban un grito desde la lejanía para advertir a sus amigas de mi presencia.

Estaba totalmente agotado y entumecido por el frío cuando llegue al casi deshabitado pueblo de Negro Mayo. Una tormenta dejó caer aguanieve justo cuando entraba en un restaurante, para comprar algo de comida y pedir si me dejaban un rincón para dormir. Muy amablemente me brindaron un cobertizo con un montón de gruesas mantas, era un millón de veces mejor que estar ahí afuera luchando con mi tienda de campaña contra la tormenta.

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(Pedaleando a 4541 msnm en la Pampa peruana)

A la una de la madrugada me despertó un intenso dolor de cabeza, la altura me estaba dando un aviso, el cual no pude dejar de escuchar hasta que salió el sol y me ofrecieron en la casa un té de hoja de coca. No fue un remedio milagroso, pero me alivio. Tenia claro que no quería pasar otra noche mas en la altura andina, así que decidido me subí a mi potro con las montañas nevadas de escaparate. En teoría decir Pampa se refiere a una planicie, pero esto no es exactamente así. Por muy fácil que parezca subir una colina al nivel del mar, a 4541 msnm es como escalar una montaña. Fue una jornada especialmente exigente y enigmática a la vez. El deseado descenso llegó rozando el ocaso y pude dormir a 3600 msnm, olvidando el desagradable dolor de cabeza.

Los días siguientes me deslice por la carretera que atraviesa el cañón formado por el caudaloso río Pachachaca. Fueron momentos tranquilos en los que el riesgo de desprendimiento no alteró mi calma, ni aun cuando la roca cubría la carretera y tenia que escalar los montículos para llegar al otro lado. La ciudad de Abancay estaba cada vez mas cerca y con ella la promesa de restar distancia hasta Cuzco.

Pero hubo algo que si perturbo mis tranquilos días, y que agitaría mis mas temidos miedos. Pedaleando con total normalidad y enfrascado en mis pensamientos, un bocinazo de un autobús que estaba a punto de rebasarme me despertó de mi parsimonia. Me aparte de su trayectoria arrimándome cuanto pude al borde del asfalto, entonces fue cuando un tranquilo perro negro decidió cruzar la carretera, inconsciente del peligro que se avecinaba. No se inmuto hasta que el conductor volvió a dar un nuevo aviso con la bocina, el canino desorientado empezó a correr hacia delante, yo comencé a frenar y el autobús me rebaso, pero el perro solo corría hacia delante. El pánico me hizo gritar con todas mis fuerzas, ¨¡Apártate!¨, pero el conductor no hizo ni siquiera un amago de frenar ni de girar, simplemente lo paso por encima a escasos metros de mi. Vi como lo destrozo, como se le salían las tripas, escuché el crujido de todos sus huesos rompiéndose y como lo descuartizaba entre las ruedas. Me detuve junto al pobre animal mientras estiraba la única pata que le quedaba en su sitio, retorció el cuello de dolor y murió.

Hacia mucho tiempo que no lloraba, la última vez fue en Washington cuando hablé con mi hermana después de que diera a luz. Pero esta vez no lloraba de alegría, lloraba de rabia mientras dejaba atrás el aun caliente cadáver del perro. No podía dejar de pensar en partirle la cara al conductor, me hervía la sangre y durante 30 minutos retumbo por todo el cañón un grito que no pude detener: HIJODEP***!!!!!

Conseguí dejar de gritar, conseguí calmarme, pero nunca conseguiré olvidar lo que vi. Me sentía identificado con el pobre perro, y reconozco que tengo miedo de sufrir el mismo final, pero ese miedo no podrá elegir como finalizará este viaje, porque yo ya lo he elegido, volver a casa sano y a salvo.

A medida que me acercaba a Abancay empecé a toparme con rocas en la carretera pero que no parecían haberse caído de la montaña, sino puestas por el hombre. En mi breve desconexión del mundo, parece que en Abancay y Andahuaylas se había desatado una batalla campal en contra de las excesivas facturas de electricidad. Las ciudades eran una zona de batalla.

Tarde poco tiempo en llegar a una barricada a 30 kilómetros de Abancay, donde la caravana de autobuses, coches y camiones permanecía inmóvil desde hacia 2 días. Miles de personas se agolpaban para conseguir algo de comida y la desesperación se apoderaba de todos. Numerosos vigías hacían guardia en lo alto de la montaña para lanzar piedras a cualquiera que se atreviera a transitar la carretera. No había mas opción que sentarse y esperar.

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(Izquierda: Barricada entrando a Abancay. Derecha: Vigías en la montaña)

Junto a la barricada conocí a dos hermanos turcos que viajaban en una furgoneta hacia Cuzco, con la ilusión de montar un puesto de Kebabs. Nos hicimos amigos muy rápidamente y les conté un sin fin de anécdotas que viví en su país, eran buena gente.

Por fortuna el problema de las revueltas fue expuesto en el parlamento y llegaron a un acuerdo, dando así por finalizado el asedio de la ciudad. Levantaron la barricada y dejaron que los vehículos avanzaran. Mis nuevos amigos turcos me ofrecieron llevarme hasta Abancay, y no lo dude ni un solo instante, tenia que alejarme lo antes posible de ahí. Cuando llegamos a la ciudad, nuevamente los protestantes impidieron el paso quemando neumáticos para cortar la carretera. Esto aun no había terminado.

Durante una hora esperamos a que la revuelta finalizara, y por fortuna así fue. Los turcos y yo acampamos en una gasolinera, y rematamos la faena bebiéndonos unos tragos de ron que tenían escondido en la furgoneta. A fin de cuentas teníamos razones para celebrar.

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(En Abancay junto a mis amigos turcos)

Por la mañana nos despertó el sonido de la lluvia y la incertidumbre de que las revueltas volvieran a comenzar, así que cuando mis nuevos amigos me ofrecieron llevarme hasta Cuzco no lo dude, cargue todo el equipo y a mirar hacia delante. Mientras iba en la parte trasera de la Volkswagen no dejaba de pensar que estaba cometiendo un error, pero en situaciones difíciles hay que tomar decisiones difíciles.

Todo apuntaba a que seria un trayecto tranquilo, pero en una curva traicionera una de las ruedas delanteras estalló. Mis amigos turcos habían comprado el coche en Perú, y hasta que la rueda falló no se dieron cuenta de que la furgoneta no contaba con rueda de repuesto, ni gato, ni herramientas. Echados a un lado de la carretera y analizando el problema, me di cuenta de que había una cámara en el interior del neumático. Es la misma idea que en mi bicicleta, pero a mayor escala. Solo pude decirme una cosa a mi mismo, acepto el reto.

Primero detuve a un coche para pedirle prestado el gato, elevé la furgoneta y la sostuve con varias rocas. No pudimos sacar la rueda entera porque las herramientas del coche no eran de la misma medida. Con mucha paciencia conseguí sacar la cámara por el pequeño espacio que quedaba entre la llanta y el neumático. Una vez la tuve en mi mano fui haciendo autostop hasta un pueblo con uno de los turcos, mientras el otro se quedaba vigilando. Ya frente al taller fue sencillo encontrar un repuesto de las mismas medidas, y volver de nuevo hasta la furgoneta haciendo autostop. Ahora venia lo complicado. Introduje la nueva cámara ayudándome de unas herramientas de mi bicicleta, para ir empujándola pacientemente hasta su posición. Una vez instalada comencé a inflarla con el hinchador de mi potro, y 30 minutos después quedo lo suficientemente bien como para llegar a la próxima gasolinera y terminar de hincharla. Justo cuando me dispuse a parar nuevamente a un coche para utilizar su gato y volver a bajar la furgoneta, una grúa se detuvo y nos ayudo a terminar la faena sin coste alguno.

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(Hinchando la rueda con el inflador de mi bicicleta)

Terminamos llegando de noche a Cuzco, pero llegamos!!!. Una amiga me estaba esperando para recibirme, y también invitó a mis nuevos colegas a pasar la noche en casa. Al día siguiente nos despedimos y fueron a visitar a un amigo en el centro de la ciudad. Colombia había llegado un día después que yo y fue una grata sorpresa poder abrazar de nuevo a mi compañero.

Pero tenia que dejar de lado todas las complicaciones que supere para llegar a Cuzco desde Lima, era momento de concentrarse en el presente objetivo, ir al Machu Picchu. Con timidez accedí en mi cuenta bancaria desde el ordenador, para comprobar si me había llegado el pago de la Editorial Santillana, pero en vez de eso encontré un regalo de mis primas para que continuara luchando por este gran sueño. El regalo fue suficiente para cubrir los gastos del transporte, la entrada y la alimentación hasta el Machu Picchu.

Ir en bicicleta hasta el santuario histórico era un reto que no ofrecía viabilidad, no estaba en mi ruta y tenía la complicación de que en vez de ahorrar dinero, la excursión me iba a salir mas cara. La mejor opción era dejar la bicicleta en Cuzco y hacer la ruta como un mochilero, y así dar un buen descanso a Bucéfalo.

Contrate por 80 soles los servicios de una agencia, que me llevaría en autobús hasta la hidroeléctrica y me traería de vuelta. Desde la hidroeléctrica haría una caminata de 14 kilómetros hasta el pueblo de Aguascalientes, situado en la base de la montaña donde se encuentra el Machu Picchu.

Con mi macuto ya preparado me subí en un minibús a las 08:00 am para dejarme llevar durante 7 horas. El viaje fue mucho mas ameno de lo que pensaba gracias a la compañía de una vieja colombiana llamada Andrea, y también porque las dos últimas horas las hicimos cruzando ríos y bordeando precipicios por caminos de tierra. En cuanto mis botas tocaron de nuevo la tierra, me puse en marcha junto a otros viajeros para caminar hasta Aguascalientes.

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(Llegando a la Hidroeléctrica bordeando los acantilados)

El camino consiste en seguir unas vías de tren paralelas al río Vilcanota, evitando así pagar 12 dólares por el pasaje. La mayoría de los guías dicen que es solo un paseo, y lo comparto, a fin de cuentas tengo 28 años y unas piernas de acero. Pero el camino es mas difícil de lo que parece.

Mientras caminábamos serpenteando el cañón, maravillados por la fuerza del río, abrigados del sol por las montañas y la naturaleza, nos topamos con una señora que viajaba junto a su hija, y que estaba teniendo dificultades por la fatiga. Un grupo de israelís llego antes que nosotros y la transportaban en brazos. La señora no podía respirar bien, le costaba andar y tenia la tensión muy baja. Avanzamos unos metros más pero necesitábamos asistencia para transportar a la señora en un vehículo a cualquier centro de salud cercano. Conseguimos llevarla hasta una estación de tren, donde los israelís la dejaron en el suelo para descansar. Aguascalientes estaba a 2 kilómetros, la presté mi sudadera y les pedí que me esperaran, iría corriendo a Aguascalientes a buscar un coche. Fue una buena trotada que me llevo a las puertas del pueblo donde me tope con una patrulla de policía nada mas llegar, antes de que terminara de explicar la situación ellos me dijeron que ya lo sabían. Mientras yo corría un peruano que pasaba por la zona consiguió contactar con la comisaría y pedir ayuda. Pasé unos minutos esperando hasta que los trajeron a todos, busqué un hostal por 20 soles, compré la entrada por 45 dólares y me fui pronto a dormir para reponer fuerzas, las iba a necesitar.

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(Iniciando el camino a Aguascalientes junto a Andrea, viajera colombiana)

Había que hacer el esfuerzo de subir hasta el Machu Picchu, desde Aguas Calientes hay un sin fin de escaleras para llegar a la entrada, y no estaba por la labor de pagar 12 dólares por el autobús. Me levanté a las 03:45 am y a las 04:30 am ya estaba saliendo del hostal bajo la lluvia y rodeado por la niebla. Llendo hacia el primer control de acceso me crucé con dos chilenos con los que terminaría compartiendo la escalada. Llevaba todo el peso del macuto a la espalda ya que al finalizar la visita volvería directamente a la hidroeléctrica para volver a Cuzco. Los primeros pasos fueron fáciles y emocionantes, pero a los 30 minutos el cansancio apareció. Varios fueron los que intentaron parar algún autobús, arrepentidos de no haberse subido desde un primer momento, pero todos iban completamente llenos. Poco a poco, escalón a escalón, fuimos subiendo lentamente. En cuanto salió el sol, la lluvia se calmo y la niebla era cada vez menos densa. Cuando estábamos a escasos metros de coronar me di la vuelta y le dije a uno de los chilenos, ¨Esto es de nivel militar¨. Fue un gran momento finalizar la escalada de mas de 1000 metros en vertical.

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(En la cima, después de subir todas las escaleras hasta la entrada)

Ya en la cima dejamos los macutos en unas taquillas, entramos con ansia por ver la maravilla del mundo, pero la niebla no nos permitió tener la primera impresión que buscábamos. Decidimos subir a un mirador situado a mayor altitud. La mejor opción es subir la montaña de Huayna Picchu, pero la entrada es más cara. Después de una hora llegamos al mirador situado junto a un templo, la niebla aun estaba presente pero unos minutos mas de espera y por fin llegó la claridad. Fue una sensación única, parecía que brillaba el Santuario Histórico de Machu Picchu. Son momentos en los que valoras todo el esfuerzo de haber llegado hasta ese momento. Nuestra siguiente decisión fue bajar para recorrer sus calles y conocerlo más de cerca. Situado a una altitud media de 2500 msnm, el Santuario fue construido en el año 1450 bajo el gobierno del Inka Pachacuti, para que fuera el centro religioso, político y administrativo de la región. Caminar entre sus centenarias rocas fue como darse un baño de historia.

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(Colorado On The Road en el Santuario histórico de Machu Picchu)

Pero el reloj no perdona y la agencia de transportes nos habían dejado un margen muy pequeño. Teníamos que regresar a la Hidroeléctrica antes de las 14:00 pm para regresar a Cuzco. Por delante teníamos 1 hora bajando las resbaladizas escaleras, 14 kilómetros de caminata y 7 horas de minibús. Mientras regresaba valoré toda la experiencia que había vivido, y sin duda alguna lo que mas me gustó, fue la aventura de llegar hasta la cima.

De vuelta a Cuzco no hubo nadie que pudiera moverme de la cama durante todo un día, tenia que descansar. Volví a encontrarme con Colombia, comimos juntos y quedamos de vernos en La Paz. Repare la suela de mis botas, organice todo mi equipo, actualice mi web y cuando volví a consultar el saldo de mi cuenta me llevé la alegría de haber recibido ya el pago de Santillana. Con dinero suficiente para vivir dos meses mas de pedaleo, me dispuse a continuar y poner rumbo a la frontera con Bolivia.

Bucéfalo y yo volvíamos al ruedo, solo que esta fue una de las extrañas ocasiones que pedaleaba con agujetas. Las jornadas fueron agradables, tranquilas y sobre todo sentía la profunda tranquilidad de tener algo de dinero en la cuenta. Un día apure las pedaladas hasta altas horas de la noche, la carretera estaba poco transitada y mi potro cuenta con muchas luces de posición. Un camión me quería adelantar, así que me eche a un lado, me detuve y me rebaso con mucha seguridad. Hubiera sido algo monótono e incluso rutinario, pero nada mas me adelantó vi como un motorista ebrio avanzaba en dirección contraria. El camionero intento esquivarle mientras frenaba al mismo tiempo, pero el motero se estampo de lleno contra el.

Me quede inmóvil, no quería pasar por ahí, no quería verlo, pero tenia que hacerlo. Me aproxime y vi al hombre tirado en el suelo con las dos piernas destrozadas, fui a dejar la bicicleta para ayudar en lo que pudiera, pero un coche de policía llegó en ese momento y decidí dejar el lugar.

Avance lento, afectado por lo que había vivido, avanzaba como un espectro. Mas adelante me cruce con una manada de perros que andaban por la carretera, yo estaba tranquilo y ellos también, parecían buenos chicos. Nos cruzamos la mirada y cada uno siguió su rumbo, todos menos uno. A los 30 segundos paso un coche que no le dio valor a sus vidas y atropello a uno de ellos. Joder estaba ya hasta los huevos.

Termine mis últimos días en Perú escalando hasta el paso de Abra la Raya (4338 msnm) y entrando en el Altiplano de Los Andes Centrales. Mi última comida antes de cruzar la frontera fue una trucha del lago Titicaca. Era momento de empezar un nuevo reto, perseguir nuevos objetivos, conocer mi país numero 30 y continuar mi camino hacia el Sur.

¨La felicidad reside en la libertad,

y la libertad se alcanza con el coraje¨.

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Vídeo Nacho Dean:

Desierto de Sechura:

Desde Nazca hasta Cuzco:

Machu Picchu:

Video para Santillana:

Ecuador

Etapas:

11/01/2015 Ipiales – Ambuqui (Entrada en Ecuador) (94 Km).

12/01/2015 Ambuqui – Otovalo (70 Km).

13/01/2015 Otovalo – Quito (85 Km).

14/01/2015 Quito – Tumbaco (58 Km).

15/01/2015 Descanso en Tumbaco.

16/01/2015 Descanso en Tumbaco.

17/01/2015 Descanso en Tumbaco.

18/01/2015 Descanso en Tumbaco.

19/01/2015 Descanso en Tumbaco.

20/01/2015 Descanso en Tumbaco.

21/01/2015 Tumbaco – Alluriquín (134 Km).

22/01/2015 Alluriquín – La Crespa (92 Km).

23/01/2015 La Crespa – Tosagua (95 Km).

24/01/2015 Tosagua – San Lorenzo (104 Km).

25/01/2015 San Lorenzo – Ayampe (89 Km).

26/01/2015 Descanso en Ayampe.

27/01/2015 Descanso en Ayampe.

28/01/2015 Descanso en Ayampe (38 Km).

29/01/2015 Ayampe – Vía a la Costa (86 Km).

30/01/2015 Vía a la Costa – Troncal a la Costa (162 Km).

31/01/2015 Troncal a la Costa – Hierba Buena (59 Km).

01/02/2015 Hierba Buena – Cuenca (84 Km).

02/02/2015 Descanso en Cuenca.

03/02/2015 Descanso en Cuenca.

04/02/2015 Cuenca – Pasaje (142 Km).

05/02/2015 Pasaje – Tumbes (Entrada en Perú) (104 Km).

Ecuador

Por primera vez crucé una frontera acompañado. Luis Chamorro quien me estuvo hospedando mis últimos días en Colombia, pedalearía a mi lado hasta llegar al pueblo ecuatoriano de Ambuqui, donde dormiríamos en su casa de vacaciones.

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(Entrada en Ecuador)

A medida que avanzábamos por mi país numero 28 desde que inicié esta gran aventura, las montañas y las eternas pendientes me hacían pensar que no había cruzado esa línea imaginaria, pero no tardó mucho tiempo en cambiar el paisaje, dejar atrás las frondosas colinas sustituidas por un terreno mas árido y sin casi vegetación.

Constantemente Luis me deja atrás, mi marcha no era tan rápida como la suya pero finalizamos la jornada con una tremenda bajada que nos llevaría a nuestro destino.

En mi primera impresión de Ecuador, el descenso de seguridad en las carreteras hizo que me relajara pedaleando en un país mas tranquilo, sin constantes controles policiales ni retenes militares.

Al amanecer llegó la mujer de Luis con su hijo y un amigo. Mientras ellos disfrutaban de la piscina nosotros pedaleamos hasta Ibarra donde quedamos para almorzar en la Laguna de Yahuarcocha, y me dieron a probar los famosos helados caseros de Paila. La despedida no fue cómoda, siempre estrecho lazos muy rápido con las personas que me reciben en su hogar, y sin duda alguna echaré de menos a Luis y su familia. Pedaleando con la luz del atardecer llegué hasta Otovalo para hacer noche y prepararme para mi llegada a Quito.

Las carreteras ecuatorianas están en constante expansión, creando unas autopistas que sin duda alguna fortalecerán la economía del país. El presidente de la republica incita a todos los ciudadanos con carteles publicitarios para ayudar a Ecuador a convertirse en una potencia turística, y la respuesta de sus ciudadanos acompaña la iniciativa recibiendo a los extranjeros con los brazos abiertos.

Pedalear hasta la capital fue una tortura por las eternas pendientes, especialmente la última antes de llegar a la ciudad. Pero he ahí donde esta la belleza de la bicicleta, aguantar el duro camino en una simbiosis entre el musculo y el metal, para finalmente alcanzar la meta.

Con el objetivo de visitar el Monumento a la Mitad del Mundo situado al norte de Quito, pasé la noche en un hostal de Carcelén. No me quedaba lejos así que llegué a muy buena hora, pero lo primero con lo que me tope fueron unos tornos. Debía pagar 3 dólares y no podía acceder con mi bicicleta. Bucéfalo y yo somos uno, así que la idea de separarme de él no me agrado ni un solo segundo. Intente hablar con algún encargado a ver si podría entrar aunque fueran solo 5 minutos para sacarme la fotografía con mi potro, pero no hubo manera. Desde los tornos realice varias fotografías y saque mi cámara de video para grabarme y presentar un articulo que estaba preparando para los lectores de una revista de ciclismo española. Mis primeras palabras fueron: “Estoy en la Mitad del Mundo, en Ecuador, me gustaría mostrároslo mas de cerca pero lamentablemente no me dejan entrar con la bicicleta y mi potro y yo somos uno…”. En cuanto fui a grabar la segunda toma se acerco a mi una encargada de la seguridad del Monumento, me abrió los tornos y me dijo “ Ven, te dejo grabar mas de cerca”. Al parecer la solución me la dio mi cámara de video y además no pague ni un céntimo. Hecho el trabajo pedalee hasta Tumbaco, situado al Este de la ciudad para llegar a la Casa Ciclista de Santiago, una de las mas visitadas en todo Latinoamérica.

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(Colorado On The Road en el Monumento de la Mitad del Mundo)

Santiago lleva mas de 20 años recibiendo a cicloviajeros en su casa, y firme en su cuarto libro de visitas siendo yo el numero 463, y el tercer viajero que llegaba en 2015. Santiago ofrece un lugar tranquilo y seguro para dormir con la tienda de campaña, la oportunidad de aprender mecánica en su taller de bicicletas y de compartir experiencias con otros viajeros. Durante varios días compartí momentos con un Colombiano, un Francés y un Argentino. Fueron unos días muy tranquilos en los que el deber me llamaba. Tenia mucho que trabajar con el ordenador para actualizar todo el material documental del viaje y preparar el articulo para la revista española.

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(Colorado On The Road junto a Santiago)

Demasiadas horas enganchado al portátil me dejaban la cara cuadriculada, pero pasaba buenos ratos con mis compañeros que me daban ánimos y me arrancaban siempre una sonrisa. La mala noticia fue que tanto el video que grabe en el Monumento de la Mitad del Mundo, como el articulo y las fotografía que envié junto a varios de mis documentales, no interesó a la revista por lo que decidieron al final no comprarme todas esas horas de trabajo, una puerta mas cerrada en las narices.

A pesar de estar junto a gran compañía, el clima de montaña no es lo mío. Reanudé la marcha directo a la costa pedaleando montaña abajo a través de la niebla, la lluvia y el frio junto al bosque húmedo siguiendo el cauce del rio. La primera noche acampé sobre el barro y bajo la lluvia al lado de un reten de la policía, cocinando la cena de una forma que nunca antes había usado. Ante la dificultad de encontrar bombonas para mi camping gas, seguí el manual de una página de internet para fabricar un hornillo con una lata de Coca-Cola utilizando alcohol como combustible. El invento dio resultado, el agua tarda bastante en hervir pero el resultado son unos espaguetis para cenar.

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(Bajando los Andes camino a la costa)

Durante las dos etapas siguientes me topé con muchas colinas de pequeña altura que no me dejaron margen para avanzar con velocidad. La lluvia cada día era menos abundante y el calor de la costa cada vez llegaba con mas fuerza.

El final de mi tercera etapa desde Quito instalé el campamento en el césped próximo a una gasolinera, cené lo poco que tenía y me fui pronto a dormir. A los 20 minutos de estar dentro del sobre alguien vino a mi “puerta”, abrí la cremallera y asome la cabeza, vi a un hombre parado frente a mi con un plato de comida y un vaso de zumo. Pensaba que me iba a dormir con el estomago casi vacío, pero en vez de eso descansaría con una cena completa. Por la mañana el generoso vecino llamado Javier, me invito a desayunar a su casa y a conocer a su familia.

Pasé un par de horas con su mujer, su suegra y sus tres hijas, disfrutando de un abundante desayuno, eran una familia humilde. Mientras me alimentaba me dijeron algo que he ido escuchando por medio mundo: “Hemos pasado momentos difíciles, y sabemos lo que es pasarlo mal. Ahora que nos van mejor las cosas siempre intentamos ayudar con lo que tenemos, aunque no sea mucho”.

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(Colorado On The Road con la familia de Javier)

Mi infancia fue muy buena, nunca me ha faltado de nada y cuando quise tener la oportunidad de trabajar y estudiar, la tuve. En este viaje estoy afrontando los momentos mas difíciles de mi vida y entiendo perfectamente la postura de esta familia, lo cual me hizo valorar muchísimo mas su gran gesto.

Deje atrás a la encantadora familia de Javier y pedalee los últimos kilómetros hasta Manta, alcanzando así la costa ecuatoriana, el calor, el buen tiempo y cumpliendo los 33.000 kilómetros. Apuré el día hasta San Lorenzo, donde acampé en la playa junto la brisa del mar y el sonido de las olas.

La etapa siguiente recorrí la costa dirección Sur hasta llegar al pueblo de Ayampe, donde había quedado con encontrarme con un amigo aventurero. Llegué a los hostales de la primera línea de playa antes de que el sol se pusiera. Sin teléfono al que llamar simplemente me quedé de pie rodeado de surferos esperando toparme con mi colega, y a los pocos minutos escuche mi nombre a lo lejos. Saliendo del mar, con una tabla de surf en una mano y levantando la otra saludándome, mientras caminaba hacia mi con una sonrisa en la cara, estaba Parker.

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(Colorado On The Road junto a Parker)

Mis amigos de Vanajeros habían tenido un problema con su furgoneta al entrar en Ecuador, el motor de su fiel vehículo había gripado. Joel ya estaba de vuelta en Estados Unidos, Aidan y Madison se habían quedado en Cuenca siguiendo sus planes iniciales de instalarse en la ciudad y trabajar durante unos meses, y Parker continuo de mochilero unas semanas mas recorriendo Ecuador antes de volver a casa. Coincidir con él en el camino fue la mejor noticia que tuve en semanas.

Durante varios días estuve disfrutando de la paz y calma de una costa dedicada al deporte. Cada día la puesta de sol era sencillamente perfecta y por las noches bebía cerveza a orillas del mar con otros viajeros. Una noche iluminado por la luz de la luna me di un baño en las agitadas aguas, y el mar guió mi camino envolviéndome con el plancton fluorescente. Fue un breve descanso que valió mil veces mas la pena que haber pedaleado 20 kilómetros mas hasta Montañita, la ciudad de la juerga absurda de la costa ecuatoriana.

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(Puesta de sol en Ayampe)

La ruta continua y cada vez es mas complicado no mirar atrás, pero justamente todo lo que voy dejando en el camino es lo que mas fuerzas me da para seguir adelante, cada vez son mas personas las que apoyan mi proyecto, y que quieren verme completándolo con éxito.

Con un fuerte abrazo me despedí de Parker y de todas las nuevas amistades que hice en mi estancia en Ayampe. Puse un punto y aparte con Vanajeros, ya que mi siguiente destino sería Cuenca. Aidan y Madison ya estaban pendientes de mi llegada, ahora solo me quedaba a mi cumplir y trepar la montaña para alcanzar una de las ciudades mas hermosas de Latinoamérica.

Con tan solo dos jornadas llegué a dormir en las faldas de la montaña, a escasos metros sobre el nivel del mar. Mi objetivo era escalar el Parque Nacional Cajas para coronar en dos días su cima pedaleando hasta los 4166 msnm.

A poco que te introduces en la montaña el clima cambia radicalmente, adiós al calor y adiós al sol. En pocas horas ya estaba envuelto por la niebla, pedaleando bajo la lluvia, y el frio poco a poco era cada vez mas intenso. La abundante vegetación no dejaba que se escapara ni un ápice de la humedad del ambiente y los ríos caían colina abajo.

Después de 60 kilómetros solo cuesta arriba conseguí llegar en medio de la oscuridad al pueblecito de Hierba Buena, donde un restaurante aun permanecía abierto. Converse con dos ecuatorianos de Cuenca, Patricio y Francisco, quienes me dieron su teléfono para cualquier necesidad que tuviera en su ciudad, y hablaron con la encargada del local para que me brindaran un lugar donde dormir esa noche protegido del frío y la lluvia. Agotado y casi sin fuerzas, metí todo mi material en una habitación que me cedieron para que descansara. Entré en el saco de dormir con ropa seca y algo caliente en el estomago, cerré los ojos y dormí profundamente hasta el amanecer.

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(Colorado On The Road subiendo el Parque Nacional Cajas)

Bien temprano continué con mi lucha por superar los Andes ecuatorianos. Nuevamente envuelto por la niebla seguí escalando lentamente. La jornada fue larga y dura, y a pesar de tener la belleza andina de escaparate, en mi mente estaba la preocupación de coronar la cima con la oscuridad de la noche, por lo que a medida que pasaban las horas aceleraba mi marcha.

Finalmente con los últimos 10 minutos de luz del día me hice con el paso de Cajas. Había escalado 4166 metros en tan solo dos días comenzando desde el nivel del mar, logrando mi objetivo en el aniversario de mi salida de Madrid. Estaba celebrando mis 16 meses de viaje superando mi récord de altura. A pesar de la euforia del momento no quedaba mucho tiempo para despistes. Me desnude bajo la atenta mirada de los conductores que transitaban la carretera, saque ropa seca de mis alforjas y me preparé para bajar la montaña. Me deslice a gran velocidad en silencio hasta que el ruido de la ciudad me envolvió de nuevo.

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(Colorado On The Road en la cima del Parque Nacional Cajas)

No hay dinero para pagar hostales, ya no. Intenté que me hospedaran en la estación de bomberos pero nadie respondió a la puerta. Pasada la media noche fui a la estación de autobuses, me senté en un banco ya que la seguridad de la estación no dejaba a nadie tumbarse, até el potro a mi pierna y me dormí durante unas horas.

Por la mañana llame a Francisco, el ecuatoriano que conocí en Hierba Buena y me invito a dormir en su casa, pero debía esperar hasta la tarde a que saliera de trabajar. Aidan y Madison comenzaron su estancia en Cuenca alquilando un departamento propio, pero las dificultades económicas que siempre atravesamos los viajeros les llevo a mudarse a la casa de unos señores Británicos, quienes les acogieron sin coste alguno, pero sin la posibilidad de recibir a ningún otro viajero.

La buena noticia es que en la estación no se estaba del todo mal, había buena temperatura, enchufes para conectar el ordenador y buena señal de wifi, así que me puse manos a la obra y aproveché el día actualizando mi web. Francisco me llamó cuando salió del trabajo y fui a su casa, cenamos como unos legionarios y hablamos un par de horas, hasta que llego el momento de dormir y me envolví en las sábanas sobre una mullida cama, agradecidísimo de no volver a pasar la noche en la estación de autobús.

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(Trabajando en la estación de autobús de Cuenca)

Al día siguiente Francisco volvió a trabajar y yo volví con mis quehaceres. Primero fui de nuevo a la estación para revisar mi correo electrónico, ahí conocí a un señor que llevaba un hostal y después de hablar un rato me ofreció ir a su casa para lavar la ropa e invitarme a comer. Por la tarde me acerque a la oficina de Francisco donde me ofrecieron poner unas pegatinas de su empresa en mi bicicleta, a cambio de darme una ayudita para la alimentación de unos días ¡¡Bienvenida sea!! Remate la jornada llendo a visitar a mi colegas de Vanajeros. Durante un par de horas fue como si no hubiera pasado el tiempo, siempre que ves una cara conocida en el viaje es un momento único, y me encanto comprobar como cada vez les van mejor las cosas.

Terminé el día subiendo con Francisco y Patricio a lo alto de un mirador para observar la ciudad iluminada, mientras bebíamos unos tragos de Canelazo, una cálida bebida con alcohol típica de Ecuador.

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(Colorado On The Road junto a Francisco)

 Había visitado una ciudad considerada uno de los mejores destinos para vivir del mundo, y prácticamente no hice turismo por no decir nada, lo cual no me hizo sentir mal, ya que es la vida del viajero. Cada parada es fundamental para realizar todos los recados necesarios y puestas a punto para continuar con el viaje. Mi turismo es el que la naturaleza me brinda y el que la carretera me otorga.

En Cuenca me despedí de nuevas y antiguas amistades, y para poner fin a mi travesía por Ecuador avance 142 kilómetros bajando la montaña, aunque los Andes nuevamente me quisieron regalar mis últimos tramos antes de llegar a Machala. Descendí por una carretera en la que bajaba 300 metros y acto seguido subía 150 mas. Pero al ocaso conseguí dormir cerca de la frontera con Perú.

Siempre acostumbro a hacer una valoración de mis experiencias al final de cada diario, pero ahora me pregunto que valoración harían de mi todas las personas que me van conociendo por el camino. Ecuador ha sido un país generosos, cordial y amable, y estoy casi seguro de que la huella que he dejado a mi paso es casi inapreciable, pero:

“Lo que siempre se recuerda mientras viajas, son las personas que conoces por el camino, y la huella que dejan en ti”

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 Documental desde Quito hasta la costa:

 

Documental del Parque Nacional Cajas:

México: De Mazatlán a Guatemala

Etapas:

01/09/2014 Llegada a Mazatlán (9 Km).

02/09/2014 Descanso en Mazatlán.

03/09/2014 Descanso en Mazatlán.

04/09/2014 Descanso en Mazatlán.

05/09/2014 Descanso en Mazatlán.

06/09/2014 Mazatlán – El Rosario (73 Km).

07/09/2014 El Rosario –Acaponeta (91 Km).

08/09/2014 Acaponeta – Tepic (95 Km).

09/09/2014 Descanso en Tepic.

10/09/2014 Tepic – Ixtlán del Río (80 Km).

11/09/2014 Ixtlán del Río – Guadalajara (125 Km).

12/09/2014 Descanso en Guadalajara.

13/09/2014 Descanso en Guadalajara.

14/09/2014 Descanso en Guadalajara.

15/09/2014 Descanso en Guadalajara.

16/09/2014 Descanso en Guadalajara.

17/09/2014 Descanso en Guadalajara.

18/09/2014 Guadalajara – La Barca (110 Km).

19/09/2014 La Barca – Penindicuaro (100 Km).

20/09/2014 Penindicuaro – Araró (104 Km).

21/09/2014 Araró – Vía de Servicio (70 Km).

22/09/2014 Vía de Servicio – Toluca (113 Km).

23/09/2014 Toluca – México DF (50 Km).

24/09/2014 Descanso México DF.

25/09/2014 México DF – Llano Grande (80 Km).

26/09/2014 Llano Grande – Puebla (78 Km).

27/09/2014 Descanso en Puebla.

28/09/2014 Puebla – Tehuacán (126 Km).

29/09/2014 Tehuacán – Tepelmené (83 Km).

30/09/2014 Tepelmené – Oaxaca (124 Km).

01/10/2014 Oaxaca – Vado (75 Km).

02/10/2014 Vado – San Pedro de Juchatengo (73 Km).

03/10/2014 San Pedro de Juchatengo – Puerto Escondido (110 Km).

04/10/2014 Descanso en Puerto Escondido.

05/10/2014 Descanso en Puerto Escondido.

06/10/2014 Descanso en Puerto Escondido.

07/10/2014 Descanso en Puerto Escondido.

08/10/2014 Puerto Escondido – Zipolite (79 Km).

09/10/2014 Zipolite – Morro Ayuntla (96 Km).

10/10/2014 Morro Ayuntla – Tehuantepec (114 Km).

11/10/2014 Tehuantepec – Zanatepec (106 Km).

12/10/2014 Zanatepec – Tonada (95 Km).

13/10/2014 Tonada – Mapastepec (134 Km).

14/10/2014 Mapastepec – Huixtla (63 Km).

15/10/2014 Huixtla – Ciudad Tecún Umán (81 Km) (Entrada en Guatemala).

México (De Mazatlán a Guatemala)

Estaba ya cansado del desierto y quería salir cuanto antes de Baja California para alejarme de la amenaza del Huracán Marie. Por fortuna la compañía Baja Ferries decidió apoyar mi proyecto patrocinándome el billete, el transporte de la bicicleta con el equipaje y concediéndome una cabina con una confortable cama y baño propio.

Durante el trayecto pude disfrutar de la terraza, cenar con calma, dormir tranquilo y desayunar como un campeón. Además me invitaron a subir al puente de mando para conocer al capitán, y sentir por unos instantes el poder que significa estar en lo mas alto de la nave. Durante el trayecto conocí a tres jóvenes franceses que viajaban desde Canadá hasta Brasil haciendo autostop, que se hacen llamar Thesharingbros.

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(Izquierda: Colorado On The Road en el puente de mando junto al capitán. Derecha: Colorado On The Road junto a Thesahingbros.com)

A medio día llegamos a Mazatlán donde me esperaba Marchi, la hija de un follower mexicano que me ofreció una pequeña casa que tenia en venta para que me hospedara allí el tiempo que quisiera. Marchi me guio hasta la casa, me dio las llaves y su teléfono por si necesitaba ayuda en algún momento, era el lugar ideal para abrir el ordenador y trabajar durante varios días. La primera noche me escribieron Vanajeros para que me pasara por su hostal a tomar unas cervezas. No lo dude y me subí a la bicicleta sin perder ni un instante. A pesar de mi primer gran día en Mazatlán, el segundo no me dejo muy buenos recuerdos, es mas, borro todos los que tenia del viaje hasta el momento.

Después de una jornada poniéndome al día tecleando sin parar, deje el ordenador en el suelo de la desamueblada habitación con la cámara de fotos, el móvil y mi segunda GoPro conectados para que se cargaran toda la noche. A las 23:00 pm empezó a llover mientras yo me regodeaba en la cama escuchando caer la lluvia, disfrutando de no estar en la tienda de campaña, sino bajo techo.

La lluvia fue constante toda la noche e hizo que creciera demasiado un arroyo cercano hasta que se desbordo, inundando las calles y la casa en la que me hospedaba. A las 05:00 am me desperté para ir al baño y no daba crédito, el agua me llegaba por encima de los tobillos y mi portátil flotaba por la habitación.

Tarde varias horas en digerir la gran perdida mientras achicaba el agua de toda la casa. El portátil en el que tenia toda la información del viaje hasta el momento, con imágenes y videos inéditos que no había publicado, junto mi móvil, cámara de fotos y de video, se habían perdido en el naufragio.

Conserve el portátil para intentar recuperar y salvar el disco duro, la GoPro porque dio algún parpadeo de luz, y mi querida cámara de fotos que sin mas rodeos digo claramente que era cojonuda, la conserve porque aun puede llevar a cabo la ultima gran misión. Siempre la llevare en las alforjas en un espacio de rápido acceso acompañándome en todo momento, para si llegado el caso de sufrir un violento asalto, entregarla para saciar al atracador y salvar la situación. Este inerte objeto que en su día hizo unas fotos cojonudas por medio mundo, a partir de hoy ha pasado a llamarse, “La cámara del Titanic”.

Durante el viaje hay que aguantar momentos duros, pero eso no significa que sea escusa para dejar de mirar hacia delante. Durante varios días estuve trabajando en un cibercafé cercano hasta que tuve todo preparado para ponerme en marcha y llegar a Guadalajara.

Empezar a pedalear fue una gozada, había dejado atrás el desierto y a medida que salía de Mazatlán solo veía frondosa vegetación, todo era verde y había arboles, ¡Arboles! Llevaba semanas sin ver un árbol junto a la carretera con el que ocultarme del sol unos segundos, y beber agua al refugio de su sombra.

Poco a poco me fui adentrando en la estrecha carretera libre, tan estrecha que no había vehículo que me adelantara sin cortarme el pelo. Por lo que a la mañana siguiente fui convencido a la carretera de cuota, mas amplia y con arcén, pensando que tendría que montar una escena para que me dejaran pasar, pero en vez de ello me levantaron la barrera, me dejaron pasar sin pagar ni un peso y me desearon buen día… eso es tener autentico buen rollo con los turistas.

A un día de llegar a Guadalajara hice una parada en Tepic, donde me recibieron Pablo y Gabriela, dos moteros inscritos en Warmshower para apoyar a cualquier viajero. Al día siguiente aparecieron André y Karla, la pareja brasileña que conocí en San Ignacio (Baja California), al parecer ellos tomaron el Ferry un par de días después que yo. El Huracán Marie finalmente se adentro en el océano y perdió fuerza, pero otro de la misma categoría se formo días después, el Huracán Odile, agitando el mar y propinándoles a mis compañeros brasileños el peor viaje en barco de sus vidas. Días mas tarde, el huracán hizo tierra en Baja California Sur y la devasto.

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(Colorado On The Road junto a Gabriela, André y Karla)

Finalmente respire tranquilo cuando llegue a Guadalajara, era momento de hacer una larga, confortable y productiva parada en la casa del ciclista. Desde hace años hospedan a cicloviajeros de todo el mundo ofreciéndonos un lugar donde dormir, cocina, baño y todas las herramientas que podamos imaginar. André y Karla no tardaron mucho en llegar y durante varios días formamos una gran familia junto los mecánicos del taller.

La campaña de crowdfunding que monte en Los Ángeles estaba en pleno auge, y decenas de followers contribuían con sus donaciones a diario. Gracias a ello pude comprarme una nueva cámara de fotos para seguir documentando el viaje, y una follower mexicana me envió un portátil en perfectas condiciones para así poder seguir trabajando en cada una de mis publicaciones.

Lo mas importante fue poder sustituir las machacadas cubiertas de las dos ruedas por unas totalmente nuevas. En un humilde gesto de agradecimiento escribí los nombres de todas las personas que realizaron una donación en las nuevas cubiertas, y lo documente en un emotivo video.

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 (Izquierda: Casa del ciclista. Derecha: Recibiendo las cubiertas nuevas)

En los días que pase en Guadalajara, tuve la oportunidad de reunirme con una vieja amiga mexicana a la cual hacia casi 6 años que no veía, Karen. Disfrute de la vida nocturna de la ciudad y viví la fiesta del Grito de Dolores, con la que se conmemora la independencia de México, y tuve la oportunidad de conocer a Salvador y Lorenzo Rojo, dos viajeros españoles con años de trayectoria por todo el mundo.

Pero para alcanzar México DF y reencontrarme con mi gran amigo Gerardo Arche tenia que cruzar la región de Michoacán. Durante años los carteles de la droga han mantenido una sangrienta guerra con el estado mexicano, y mi única posibilidad para cruzar Michoacán era hacerlo por la militarizada carretera de cuota.

Cada 30 minutos un convoy de militares me adelantaba por la carretera 15D y en cada control de pago había un fuerte retén de la policía federal. Cada noche pedía permiso a los federales para acampar por las inmediaciones de los controles, en los lugares que ellos convenían mas seguros para mi. Finalmente llegué a la capital, lo cual marco una nueva marca en mi viaje al superar el Puerto las Cruces, con 3035 msnm.

Mi amigo Gerardo Arche a quien no veía desde hace años me estaba esperando para recibirme. Durante 3 noches gocé del hospedaje 5 estrellas que la familia Arche me brindó y antes de partir Raúl Arche, padre de Gerardo, me obsequio con unas botas nuevas, un kilo de barritas energéticas y un antiestaminico para picaduras de alacranes. Uno nunca sabe lo que se va a encontrar en el camino, así que mejor ir preparado.

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(Izquierda: Gerardo Arche, Colorado On The Road y Sergio Arche. Derecha: Calzando botas nuevas)

A la hora de cruzar la capital sufrí durante horas un trafico horrible, en muchos momentos pensé que no saldría del valle hasta el atardecer, pero finalmente corone Llano Grande y dormí al fresco a mas de 3000 de altura. Con la calma de la mañana baje la montaña y llegue a medio día a Puebla, donde me esperaba una amiga de la familia, Fernanda. En momentos como el que estoy teniendo ahora escribiendo estas palabras, me dio cuenta de lo impresionante que resulta que tantas personas me habrán las puertas de su casa y me traten como un invitado de honor. Durante esos días en Puebla deguste tortilla de patata y jamón serrano, probé el camote, el mole poblano y dulces típicos mexicanos, visite catedrales, capillas y conocí la que es a mi parecer una de las ciudades mas bonita de México.

Después de tantas comodidades el cuerpo me pedía una buena batalla. Para llegar a las playas de Puerto Escondido elegí encarar las montañas de lleno. En tres duras etapas alcance Oaxaca, eso fue la parte fácil, de ahí en adelante tenia 240 kilómetros de un laberinto de curvas atravesando la montaña, estaba en frente del reto de cruzar la carretera 131 en el aniversario de mi salida de la Puerta del Sol. Había alcanzado los 365 días de viaje y había que celebrarlo escalando una montaña.

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(Colorado On The Road iniciando la ruta por la carretera 131)

Durante tres etapas pedalee por la estrecha carretera, sin arcén, sin barreras protectoras en muchos tramos, bordeando precipicios bajo la lluvia, atravesando zonas de desprendimientos de tierra, alcanzando picos de hasta 2000 metros, durmiendo cada día en los márgenes de la selva y compartiendo mi campamento con tarántulas.

En la ultima jornada pedalee 110 kilómetros pasando las ultimas horas bajando la montaña en plena noche. La oscuridad era total y solo se interrumpía con los escasos vehículos que la transitaban, la selva devoraba prácticamente el asfalto dejando paredes de vegetación a ambos lados. Poco a poco empecé a apreciar destellos fluorescentes provenientes de los márgenes de la carretera, el numero de destellos se fue incrementando lenta pero constantemente hasta llegar un punto que decidí apagar mi linterna, y dejarme guiar por las luciérnagas que me mostraban el camino hacia al mar.

Cuanto mas sufrido es el camino mayor es la recompensa, llegar desde Puebla hasta Puerto Escondido fue un reto exigente. La recompensa a tal sufrido camino fue llegar a casa de Iñigo, follower y crowdfunder. Iñigo, director del Hotel Escondido y un surfero nato, me enseño la sensación de llegar a la playa por la mañana antes de que salga el primer rayo de sol, y zambullirse al agua en busca de olas. Cada tarde le acompañaba al hotel que regentaba donde con toda la calma del mundo dedicaba el día a trabajar con el ordenador, y a relajarme en la piscina.

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(Colorado On The Road en el Hotel Escondido)

Cuanto mas me quedo en un lugar mas me cuesta alejarme de el. Despedirme de Iñigo y de Puerto Escondido no fue nada fácil, pero he de reconocer que esos primeros minutos pedaleando con todo el equipo a lomos del potro, con la incertidumbre de que me deparara el camino, es una sensación adictiva.

Cada vez estaba mas cerca de la frontera con Guatemala, y durante una pelea con el viento atravesando un parque de molinos eólicos conocí al Profe Roro. Me dio su numero de teléfono para que al final del día durmiera en su casa familiar de Zanatepec. En la mañana siguiente antes de partir, me dio el contacto de su amigo Noé para que me hospedara en mi siguiente parada, Mapastepec.

Hay ciertas coincidencias del viaje que me hace pensar que el mundo es muy pequeño, y una de ellas estaba apunto de ocurrir. Cuando llegue al hogar de Noé, yo no era el único invitado, otro cicloturista español había llegado un día antes, se trataba de Juan Sisto (http://www.fisterrabicicleta.com/). Llevaba manteniendo el contacto hacia meses con este compañero, pero desde hacia semanas no habíamos hablado. Siempre decíamos que teníamos que quedar en el camino, compartir experiencias y justamente el camino fue el que nos unió en tremenda coincidencia. Compartimos historias durante horas y seguimos por la mañana hasta que el viaje nos llamo a continuar, el suyo hacia el Norte y el mío hacia el Sur.

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(Colorado On The Road junto a Juan Sisto)

Pedaleando camino hacia la frontera con Guatemala en plena época de lluvias, realice una valoración de todas las experiencias que había vivido en México, de cómo todas las personas que me cruce por el camino se preocuparon por hacerme sentir seguro, hacerme sentir cómodo, hacerme sentir bienvenido.

Las tormentas se sucedían cada vez con mas fuerza y frecuencia, la visibilidad en la carretera era prácticamente nula. Hubo un día que pedalee bajo la lluvia durante 4 horas, caía tanto agua que me resultaba difícil diferenciar las luces de los coches, por lo que estaba seguro de que ningún vehículo se percataría de mi hasta haberme adelantado. Cuando llegue al pueblo de Huixtla fui directo a pedir ayuda en la estación de bomberos, la idea de acampar era inviable. No me pusieron ninguna pega y me dejaron un lugar seguro para acomodar la bicicleta. A los 10 minutos de mi llegada recibieron una llamada de urgencia, varias casas están a punto de inundarse. Mientras se preparaban y organizaban el equipo lance una pregunta al aire, ¿Puedo ayudar? Se miraron durante unos segundos y mientras se lo pensaban hable nuevamente diciendo: “Quiero ayudar”.

En pocos segundos estaba con un peto de brigada comunitaria, subido en la furgoneta y de camino a auxiliar la viviendas en peligro. Cuando llegamos a la zona afectada la calle estaba totalmente inundada, el agua me llegaba por las rodillas y los desagües estaban totalmente colapsados. Abrieron la furgoneta, empezaron a repartir picos y palas para abrir un surco y liberar el agua hacia una zona despoblada. Durante un par de horas trabajamos codo con codo hasta que el agua empezó a fluir permitiendo respirar tranquilos a todos los vecinos.

A lo largo de la jornada atendimos un par de llamadas mas y de vuelta a la estación de bomberos todos bromeaban conmigo. Dormimos juntos en un cuarto acomodados con colchonetas en el suelo, y estuvieron alerta toda la noche por si se producía una nueva llamada. A la mañana siguiente me despedí de todos y cada uno de ellos, estaban muy contentos de haberme conocido y yo de haberles ayudado. Antes de partir me admitieron que fui el primer viajero que pasaba por allí que decidió apoyarles en su trabajo.

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(Colorado On The Road junto a los bomberos de Huixtla)

Cuando crucé Tijuana me sentí como un pollo perdido, y dos meses después estaba a 80 kilómetros de Guatemala a punto de despedirme de México, como un bombero voluntario.

Llegue a Ciudad Hidalgo y me despedí de mi aventura por Norteamérica, para cruzar el río Cabuz y dar la bienvenida a una nueva etapa, Centroamérica. Desde que inicie el reto de cruzar el continente americano he tenido momentos buenos y malos, y de ambos he sabido disfrutar, ya que considero que:

“Si no existieran momentos difíciles en la vida, no sabríamos valorar los felices”

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Video Baja Ferries:

Crowdfunders Guadalajara:

Video Carretera 131:

México: Baja California

Etapas:

14/08/2014 Descanso en Tijuana.

15/08/2014 Descanso en Tijuana.

16/08/2014 Tijuana – Trinidad (101 Km).

17/08/2014 Trinidad – San Vicente (91 Km).

18/08/2014 San Vicente – San Quintín (109 Km).

19/08/2014 San Quintín – El Rosario (59 Km).

20/08/2014 El Rosario – Cataviña (128 Km).

21/08/2014 Cataviña – Parador de Punta Prieta (105 Km).

22/08/2014 Parador de Punta Prieta – Guerrero Negro (134 Km).

23/08/2014 Descanso en Guerrero Negro.

24/08/2014 Guerrero Negro – San Ignacio (147 Km).

25/08/2014 San Ignacio – Playa Dos Amigos (109 Km).

26/08/2014 Paya Dos Amigo – Bahía Coyote (77 Km).

27/08/2014 Bahía Coyote – Loreto (113 Km).

28/08/2014 Loreto – Ciudad Insurgentes (121 Km).

29/08/2014 Ciudad Insurgentes – Km 128 Transpeninsular (110 Km).

30/08/2014 Km 128 Transpeninsular – La Paz (125 Km).

31/08/2014 La Paz – Mazatlán (Baja Ferries)

México (Baja California)

Minutos antes de cruzar el transitado paso fronterizo de Tijuana, me despedí de Estados Unidos dando mis ultimas pedaladas por la ciudad de San Diego. Llegado el momento, me incorpore a la fluida columna de vehículos que inundaba los cuatro carriles de acceso, pague mis tasa en la oficina de migración, estampe el visado mexicano y entre a la ciudad fronteriza mas visitada del mundo.

El contraste social fue instantáneo, atravesé zonas marginales y de gran pobreza que me hicieron recordar mi paso por Asia. El sol se ocultaba y era hora de descansar, localice un Motel adaptado a mi bolsillo y cerré los ojos en el vigésimo país que transitaba en mi aventura.

Después de tres meses en Estado Unidos todo cambio de golpe. Las carreteras, el tráfico, los vehículos, la moneda, las tiendas, la comida, los precios…pero sin duda alguna lo mas emocionante fue iniciar la etapa latinoamericana, y con ello, romper la barrera del idioma.

El momento de dejar atrás Tijuana no tardo en llegar. En mis primeras pedaladas me acompaño un inusual viento a favor, llenándome el cuerpo de buenas energías y haciendo que avanzara con una sonrisa pegada en la cara durante horas ¡Buen comienzo! Paré a almorzar en un pequeño puesto de carretera, donde devore un tremendo burrito, tan grande que si le hubiera puesto un pañal parecería un recién nacido. El hecho de disfrutar de mi primera etapa no me alejo de la concentración que debía mantener, ya que un nuevo reto se me venia encima.

La carretera Transpeninsular que recorre toda Baja California y que me llevaría hasta La Paz, esta considerada como una de las carreteras mas peligrosas de todo México, y debía pedalear mas de 1400 kilómetros por ella. Como un paso angosto y sin arcenes, atraviesa un territorio desértico donde viven escorpiones y serpientes de cascabel, una carretera que cuenta con constantes cambios de rasante cruzando zonas de terreno accidentado, y que ha costado la vida a numerosas personas. Las cruces que hay en los bordes de la carretera son prueba de ello.

Desde el primer momento asumí los riesgos que conlleva pedalear en compañía de impacientes tráilers por el estrecho asfalto, y las largas distancias entre abastecimientos de agua y comida. A fin de cuentas tantos kilómetros en la carretera ya me habían endurecido lo suficiente para afrontarlo como un día cualquiera.

Pero aunque la carretera sea mi hogar, no podía descuidar una nueva norma de seguridad a la hora de dormir en mi templo de descanso, mi tienda de campaña. Los días en los que acampaba donde me diera la real gana se acabaron. El riesgo de ser asaltado era una realidad, y las personas locales no tardaron en recordármelo a la vez que me facilitaban lugares seguros para instalar mi campamento. Ya sean hoteles, ranchos o campings, siempre hay que acampar en una propiedad privada, segura y con el consentimiento de sus dueños, y fue algo que la hospitalidad mexicana me lo puso realmente fácil.

A lo largo de las jornadas hago buenas medias de kilometraje por día, el calor no es algo que me afecte demasiado y llego sin problemas hasta San Quintín, donde me preparo para afrontar 400 kilómetros en 4 etapas por un desolado y montañoso desierto ¡Toca tirar de galones!

En la mañana que dejaba atrás San Quintín, un amigable camión me adelanto tan cerca que me zumbaron los oídos, provocando que me fuera de la carretera adentrándome descontroladamente en el desierto. Sin posibilidad de reaccionar choque contra una roca dando un tremendo llantazo con la rueda trasera, que le valió un agujero a la cubierta por el que asomaba la cámara. Me dejo pasmado la actitud del conductor, pero me dejo tremendamente alucinado como el potro aguanta a pesar de todo lo que se le viene encima. Bucéfalo es único en su especie.

A pesar de que las ruedas estaban en una situación crítica, aguantaban heroicamente mientras se iban sucediendo las etapas. El día que corone el pueblo de Cataviña, dedique un vídeo de agradecimiento a mis Crowdfunders por haber llenado mis botellas de agua y mis alforjas de comida, y poder llevar acabo toda y cada una de las etapas que se me venían por delante.

El mal estado de las cubiertas del potro me llevaron a reparar pinchazos día y noche, y para llegar a la ciudad de Guerrero Negro debía cruzar el Valle de los Cirios, bajo el vuelo de las aves rapaces y el sol abrasador. Pero el desierto de Baja California me guardaba un fenómeno que nunca antes contemple en ningún otro desierto.

La aparente sequia era solo interrumpida por autenticas trombas de agua que inundaban la arena y formaban ríos que rápidamente secaban. El resultado era un vacío en la carretera que te llevaba a pasar de pedalear en una llanura, a adentrarte en un hueco en la tierra y acto seguido a subir una cuesta de gran pendiente. En estas tierras lo bautizaron como Vado, yo lo denomine como Rompe Piernas.

Pero los lugares que ofrecen mas dificultades para ser explorados, son los que esconden los paisajes mas inusuales. El enigmático Valle de los Cirios cautiva durante el día, e hipnotiza en cada puesta de sol ofreciendo místicos atardeceres.

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(Atardecer en el Valle de los Cirios)

Alcanzar la ciudad de Guerrero Negro me supuso disfrutar de un día de descanso, agua fría y abundante comida mexicana. Reponer fuerzas fue vital para completar las 6 etapas que me separaban de La Paz, y prepararme para las sorpresas que la carretera me tenia guardadas.

Con las piernas fuertes y ligeras, pedalee como una bestia con el escaparate de un cielo oscuro en el horizonte, dando imagen a una tormenta que se alejaba. Mi objetivo era recorrer 147 kilómetros y llegar a San Ignacio, pero al final del día algo me ralentizó.

De repente una larga fila de vehículos esperaban inmóviles, y a medida que me acercaba la gente me gritaba desde sus coches: “¡¡Pero a donde vas!! ¡¡Que te vas ahogar!!” Me deje caer por una cuesta que me llevo a la razón de tal colapso. La tormenta que contemple alejarse en el horizonte, había inundado un vado dejando hasta 2 metros de agua en su parte mas profunda.

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(Colorado On The Road dispuesto a superar la inundación)

Solo los camiones y los todoterrenos mas potentes se atrevían a pasar, mientras el resto de conductores esperaban a que el nivel de agua bajara. Fue entonces cuando conocí a Parker y Aidan, dos jóvenes estadounidenses que viajan en una furgoneta Volkswagen junto a sus amigos Joel y Madison, para recorrer el continente americano y completar un proyecto al que bautizaron con el nombre de Vanajeros. Rápidamente hicimos amistad y me guiaron a una zona en el interior del desierto entre cactus y lodo, donde el nivel del agua era mas asequible y me brindaba la oportunidad de luchar junto al potro por superar el obstáculo.

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(Izquierda: Colorado On The Road hablándole de Bucéfalo a Parker. Derecha: Colorado On The Road atravesando la zona inundada)

Con el agua por las rodillas coronamos la otra orilla sin dificultad, y pedalee bajo el cielo estrellado hasta llegar a San Ignacio, donde quede con encontrarme con mis nuevos amigos en un camping a orillas de una pequeño lago.

He de reconocer que mi simple tienda de campaña no parecía nada en comparación con el despliegue de equipo del que disponía Vanajeros. Parker cocino para todos y me invitaron a cenar con ellos, luego pasamos varias horas bebiendo unas cervezas y hablando de nuestras aventuras.

Con la salida del sol me di un baño en el lago, y mientras preparaba el equipo para volver de nuevo al ruedo conocí a una pareja de brasileños que llevaban mas de dos años pedaleando por el mundo, André y Karla. Antes de que el sol empezara a pegar con fuerza me despedí del grupo y volví a la carretera.

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(Izquierda: Furgoneta de Vanajeros. Derecha: Colorado On The Road)

Transcurridas dos etapas bajo fuertes e intermitentes tormentas, alcance la Playa Coyote. Manteniendo una conversación con el dueño de un abarrotes me entere que Baja California estaba bajo la amenaza del Huracán Marie, situado a 750 kilómetros de la costa Pacífica y con vientos de 215 km/h. Si el huracán tocaba tierra, no me cabía ni la menor duda de que me llevaría volando de regreso a España.

Decidí acampar en la playa cerca de las casa para mantenerme informado de la situación. El mar del Golfo de California estaba tranquilo, y la puesta de sol te hacia pensar que era imposible que se estuviera acercando un huracán de categoría cinco por la otra costa, pero ahí estaba.

Antes de cerrar los ojos llegó un coche a la playa, en el iba David, un pontevedrés y su amiga californiana. Grata sorpresa que me llevo a desvelarme unas horas mientras hablábamos bajo las estrellas, e hicimos planes para coincidir en Loreto situado a menos de 115 kilómetros.

Mi despertador sonó a las 05:00 am cuando aun era de noche, y pude contemplar como el cielo cambiaba de color por instantes a medida que el sol salía por el horizonte. Empezar una etapa bien temprano es la diferencia entre completarla con éxito, o fracasar. A media mañana David me adelanto mandándome ánimos y al final del día volvimos a coincidir en el camping, donde además había una pareja de moteros, una mallorquina y un argentino. Hay momentos del viaje muy solitarios y otros en los que no paro de hacer nuevas amistades, pero esta vez habíamos coincidido 3 españoles viajando en tres modalidades diferentes, y con algo mas que una bandera en común, un corazón aventurero.

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(De izquierda a derecha y por procedencia: Mallorca, Colorado On The Road, Pontevedra, Estados Unidos y Argentina)

En el último esfuerzo para llegar a La Paz superé una zona montañosa y kilómetros de desierto. Estaba totalmente roto después de 14 etapas, mi ropa tenia tanta mugre que en muchos momentos del día me picaba todo el cuerpo, sufrí una reacción alérgica y me aparecieron sarpullidos por todo el pecho, llevaba mas de 15 días lavando la ropa a mano. No dude en alojarme en un Motel para darme una larga ducha y lavar la ropa con agua caliente.

Después de pasar tantas horas rodeado de la calma del desierto y de haber hecho tantas nuevas amistades, opino que no ha que incomodarse en los solitarios momentos, ya que:

“Debemos aprende a valorar la soledad, como una compañera mas de la aventura”

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(Colorado On The Road amaneciendo en Playa Coyote)

Video Baja California:

Video Crowdfunders Baja California:

USA: CALIFORNIA, NEVADA, UTAH Y ARIZONA

Etapas:

06/07/2014 San Francisco – San José (105 Km).

07/07/2014 San José – Casa de Fruta (119 Km).

08/07/2014 Casa de Fruta – Kerman (160 Km).

09/07/2014 Kerman – Fresno (30 Km).

10/07/2014 Descanso en Fresno.

11/07/2014 Fresno – Woodlake (125 Km).

12/07/2014 Woodlake – Pinewood (70 Km) (Entrada en Sequoia National Park).

13/07/2014 Pinewood – Lindsay (110 Km).

14/07/2014 Lindsay – Edison (121 Km).

15/07/2014 Edison – Ricardo Campground (121 Km).

16/07/2014 Ricardo Campground – Carretera 190 (124 Km).

17/07/2014 Carretera 190 – Stovepipe Wells Village (108 Km) (Entrada en Death Valley National Park).

18/07/2014 Stovepipe Wells Village – Amargosa Valley (100 Km) (Entrada en Nevada).

19/07/2014 Amargosa Valley – Indian Springs (97 Km).

20/07/2014 Indian Springs – Las Vegas (95 Km).

21/07/2014 Descanso en Las Vegas.

22/07/2014 Descanso en Las Vegas.

23/07/2014 Descanso en Las Vegas.

24/07/2014 Las Vegas – Glendale (92 Km).

25/07/2014 Glendale – Beaver Dam (75 Km).

26/07/2014 Beaver Dam – Hurracane (83 Km) (Entrada en Utah).

27/07/2014 Hurracane – Kanab (109 Km).

28/07/2014 Kanab – Page (128 Km) (Entrada en Arizona).

29/07/2014 Page – Cameron (135 Km).

30/07/2014 Cameron – Grand Canyon National Park (95 Km).

31/07/2014 Grand Canyon National Park – Williams (100 Km).

01/08/2014 Williams – Via de Servicio I40 (159 Km).

02/08/2014 Via de Servicio I40 – Needless (125 Km) (Entrada en California).

03/08/2014 Descanso en Needless.

04/08/2014 Descanso en Needless.

05/08/2014 Needless – Amboy (125 Km).

06/08/2014 Amboy – Barstow (125 Km).

07/08/2014 Barstow – Victorville (55 Km).

08/08/2014 Victorville – Los Angeles (165 Km).

09/08/2014 Descanso en Los Angeles.

10/08/2014 Descanso en Los Angeles.

11/08/2014 Descanso en Los Angeles.

12/08/2014 Los Angeles – Old Pacific Highway (126 Km).

13/08/2014 Old Pacific Highway – Tijuana (126 Km) (Entrada en México).

Estados Unidos: California, Nevada, Utah y Arizona

Después de visitar el Golden Gate con mis amigos del Grupo Imagine, vuelvo a cruzar todo San Francisco para salir por el puente sur y alcanzar así San José.

Ahora me tocaba iniciar el segundo gran tramo de mi ruta por Estados Unidos, el cual me llevaría a cruzar las Rocosas por tercera y cuarta vez y a encarar una de las pruebas más duras del viaje.

Después de pedalear 5 etapas llegue a la entrada del Parque Nacional de las Sequoias. Desde la base de la montaña contemple uno de los puertos de montaña más complicados a los que me he enfrentado. Aunque empecé a escalarlo con toda la claridad del día, las agotadoras subidas ralentizaron tanto mi paso que la noche me alcanzo cuando me adentraba en el inmenso bosque de sequoias.

Al igual que en la mayoría de los parques nacionales que he visitado en Estados Unidos, la presencia de la vida salvaje no es algo para tomarse a broma, y un automóvil que venía en dirección contraria se paro para advertirme, de que había visto cruzar la carretera a un oso negro 4 kilómetros carretera arriba. No soy la clase de persona que se da por vencido a la primera de cambio, por lo que conteste al amable conductor en un ingles cada vez más depurado: “Tranquilo, estaré bien”

Osos negros, pumas y ciervos eran los animales más comunes de gran tamaño en el bosque. Con la oscuridad de la noche y sin apenas un rastro de luz por parte de la luna, avanzaba sigiloso por la intransitada carretera con la esperanza de llegar lo antes posible al primer campground.

Cada ruido me exaltaba cada vez más, hasta que uno de ellos lo oí tan cerca que me hizo bajar de la bicicleta, ponerla de barrera entre el ruido que cada vez se acercaba mas y mas hacia mí por un lado de la carretera, y desenfundar mi cuchillo. Mirando a la pared de oscuridad que se alzaba entre los troncos de las inmensas sequoias. Simplemente mantenía mi posición mientras me repetía una y otra vez: ” Solo una presa huye”. No era momento de mostrar debilidad ni de tratar de adivinar cuál era el animal que se aproximaba a mí, lo único que sabía que por la forma de crujir las ramas del suelo, era uno grande.

Me da vergüenza admitir directamente que fue lo que empecé a gritar para espantar al animal, producir la mayor adrenalina posible y subirme las revoluciones mientras agarraba con fuerza el cuchillo, pero si diré que las saque de una película cuyo título es el resultado de multiplicar 6×50. Finalmente solo escuche como el crujido de ramas se alejaba de mí. Nunca sabré si lo que tuve delante fue un ciervo o un oso negro. Por fortuna llegue a la zona de campamento sano y a salvo, pude descansar después de una merecida cena y madrugar para visitar el árbol más grande del mundo, el General Sherman.

Con 11 metros de diámetro y 84 metros de altura, el General Sherman se ha especializado en dar dolor de cuello al intentar apreciar su copa, y a hacernos sentir como unas hormiguitas a su lado.

1(Colorado On The Road en la base del General Sherman)

Viví momentos muy emocionantes en el bosque de las sequoias gigantes, pero era hora de bajar el puerto de montaña y continuar hasta mi siguiente objetivo, cruzar el Death Valley.

Con la luz del día y bajando la ladera, me despedía del frondoso bosque para dirigirme a la caldera de Estados Unidos. La inaccesibilidad de la cordillera montañosa, me llevaría a dar un rodeo de 500 kilómetros, llevándome primero hacia el sur para cruzar por tercera vez las Rocosas y volver posteriormente hacia el norte, para alcanzar así la carretera que me llevaría al desierto.

A medida que avanzaba hacia mi objetivo, el desierto de California no se hizo de rogar, y poco a poco la temperatura iba subiendo hasta alcanzar los 45 ºC. La primera medida para soportar el calor y que no ralentizara mi avance, fue cubrirme el cuerpo entero. Manga larga, guantes, cullote largo, sombrero y cara tapada. Cuanta menos piel expusiera a los fuertes rayos del sol, más protegido estaría.

2(Colorado On The Road a punto de cruzar las rocosas por tercera vez)

Una mañana sonó el despertador a las 06:00 am como de costumbre, me desperté y salí de la tienda, había acampado a un lado de la carretera en mitad del desierto, parecía un día normal pero no lo era, hoy tocaba entrar en el Death Valley. Un desayuno rápido y sin perder tiempo empecé a pedalear, la temperatura superaba los 30 ºC a las 10:00 am, y en cuanto baje la montaña para adentrarme en el valle la temperatura se disparo. Mi primera parada para reabastecerme de agua y comida fue Panamint Springs.

3(Colorado On The Road en la entrada al Death Valley)

Con 9 litros de agua y a más de 50 ºC de temperatura, encare un puerto de montaña de 1511 metros de altura. No era momento para hacer sobreesfuerzos y olvidarse donde estaba, tenía que ser paciente y pedalear lento pero seguro. Cuando alcance la cima había gastado casi 4 horas en recorrer apenas 21 kilómetros, pero lo había logrado. Bajar la ladera no fue como cualquier otra, el aire venia tan caliente que me empezó a quemar la cara, las manos y a asarme vivo.

Una vez llegue a Stovepipe Wells Village, busque una forma de acampar a pesar de que mis intenciones al comienzo del día eran las de avanzar 40 kilómetros mas, pero estaba agotado. Viendo el sol ponerse en el horizonte no significo que el calor se fuera a relajar, un fuerte viento arrastraba todo el calor que la roca acumulo durante todo el día. Cerrando los ojos a las 23:00  la temperatura era de 40 ºC, estaba durmiendo en el mismísimo infierno.

Al amanecer el objetivo del día estaba claro, salir de ese horno y dejar de derretirme como un pedazo de mantequilla en una sartén. Mi primera parada fue alcanzar Furnace Creek, con una elevación de -60 metros con respecto el nivel del mar, y donde todo el calor del sol se concentraba. Una vez cargue la bicicleta con litros y litros de agua, salí de la pequeña villa con el sol pegando de frente a 55ºC, la mayor temperatura a la que me he enfrentado jamás en mi vida.

4(Colorado On The Road atravesando el Death Valley)

Pasar horas y horas bajo el agobio del calor pasa factura, pero me llamo mucho la atención  al parar periódicamente en busca de un pedazo de sombra, siempre encontrar un pequeño arbusto de hojas verdes totalmente adaptado al extremo clima. Al fin y al cabo, la vida siempre se abre camino.

Conseguir entrar y salir del Death Valley a lomos de mi potro en pleno mes de Julio, fue todo un triunfo digno de una recompensa, pero aun debía ser paciente ya que esta me esperaría en Las Vegas. Por fin llegue a la mítica ciudad del estado de Nevada con apenas 200 kilómetros mas de esfuerzo, donde me esperaba un económico hostal, una ducha, dormir en cama arropado entre sabanas limpias bajo el frescor del aire acondicionado y como no, una cerveza de la victoria bien fría.

5(Colorado On The Road llegando a Las Vegas)

Me gustaría contar más sobre mi paso por Las Vegas, pero como dice la frase: “Lo que pase en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, aunque si me gustaría remarcar que después de haber viajado por zonas de extrema pobreza, de haber compartido y recibido con el que menos tiene y de haber pasado tanto hambre en algunas partes del viaje, ver una ciudad que sin duda alguna es un claro sinónimo de lo desproporcionado, la exageración, el derroche y del capitalismo extremo, me hizo pensar que opinarían cualquiera de los amigos que hice en la India si visitaran Las Vegas.

Después de cuatro merecidas noches de descanso y con un nuevo agujero en el bolsillo, por haber sido tan iluso de pensar que con 50 dólares conseguiría reventar la banca del Bellagio, fue hora de ponerse de nuevo en marcha.

Por delante tendría que salir de Nevada en mi camino hacia el oeste, entrar momentáneamente en Utah y finalmente en Arizona, para ver completado uno de los principales objetivos del proyecto Colorado On The Road, visitar el Cañón del Colorado. En mi quinto día desde que salí de Las Vegas, llegue a la ciudad de Page y pude contemplar por primera vez en mi vida el río Colorado.

6(Colorado On The Road junto al río Colorado)

Cuando avanzaba subiendo el puerto de montaña que me llevaría a la entrada del Grand Canyon National Park, me lleve una sorpresa que jamás pensaría que tendría. El motero con quien coincidí en la India llendo camino a la ciudad de Agra para visitar el Taj Mahal, justo estaba bajando la cuesta que yo subía. Me miro, le mire y acto seguido nos reconocimos al mismo tiempo. Desde luego, hay que reconocer que el mundo es un pañuelo, después de 6 meses y más de 12.000 kilómetros más en los pedales, el destino nos vuelve a encontrar.

7(Colorado On The Road junto a un motero alemán. En la imagen de la izquierda en la India y en la imagen de la derecha en Arizona)

Algo que suele pasar mucho a los viajeros, es que cuando una va al norte y el otro al sur, los encuentros son realmente breves, pero aun así fue un momento digno de recordar, y sobre todo de inmortalizar.

Finalmente, cuando el sol estaba cerca de desaparecer y dejarme sin mi primera impresión del Gran Cañón después de todo el día subiendo la colina, llegue a mi gran parada con los últimos rayos de luz. Antes de tomar la primera fotografía, tenía claro lo que mi corazón me pedía. Apoye la bicicleta, me acerque a un saliente de la ladera con las mejores vistas que jamás halla observado, me puse de rodillas, cogí aire mientras levantaba los brazos y grite a pleno pulmón:”¡¡¡Victoryyyy!!!” .Fue maravilloso escuchar el eco de mi voz.

8(Colorado On The Road en el Gran Cañón del Colorado)

Cuando me prepare para dormir en el campground, me puse la alarma bien temprano, pero esta vez no para pedalear sino para tomarme mi tiempo para desayunar tranquilamente disfrutando de las vistas. De todos modos era lo único que podía hacer,  ya que ni de broma me podía permitir ninguna de las excursiones que me ofrecían en el parque, pero a mí me valió.

Llegado a este punto solo quedaba volver de nuevo a la costa, dejar atrás Arizona y entrar de nuevo en California para llegar a Los Ángeles, llevando así mi última gran etapa, pero eso sí, lo haría al más puro estilo americano, pedaleando por la histórica Ruta 66.

9(Colorado On The Road atravesando la histórica Ruta 66)

Lo malo de llevar acabo tantas etapas seguidas ya no es solo el desgaste físico y mental, ni la falta de higiene al ponerme día tras día la misma pegajosa ropa sin poder ducharme, lo peor son las consecuencias que lo anterior tiene. Las irritaciones y las llagas en el trasero y en las joyas de la corona de todo varón que se precie, me hacen temblar de escalofríos cada noche al despegarme el culotte. Pero es mejor no pensar en las incomodidades del camino, y mantener la moral alta con las recompensas que esperan al final de este. La mía me esperaba en Los Ángeles, donde la hermana mayor de un amigo me hospedaría en su casa,  me recibiría como se tiene que recibir a un español de pelo en pecho, con una cerveza y un buen plato de jamón serrano, esos sí, después de la urgente ducha.

10(Recibimiento a Colorado On The Road en Los Ángeles)

En Los Ángeles principalmente pude descansar y liberar parte del trabajo que se acumula con cada pedalada que doy. Aun así Mariana, mi hospedadora, junto a su prima Paty que estaba de visita, me dieron un tour por toda la ciudad visitando el puerto de Santa Mónica, el final de la Ruta 66, el gimnasio en el que entreno Arnold Schwarzenegger, la casa en la que se rodo los exteriores de la serie El Príncipe de Bel Air, el paseo de la fama, el Teatro Chino, las escaleras de los Oscar y el mítico cartel de Hollywood.

A la hora de poner rumbo a la frontera con Tijuana y entrar en México, me estaba despidiendo de un país en el que lo había vivido casi todo. Desde que entre en Estado Unidos había atravesado todos los estados de la costa oeste descontando Oregon, había pedaleado por Washington, Idaho, Montana, Utah, Wyoming, Nevada, California y Arizona, había atravesado los Parques Nacionales de Yellowstone, Grand Teton, Tahoe, Sequoia, Death Valley y Grand Canyon. Había visto desde los densos bosques del norte hasta las llanuras desérticas del sur, había vivido un festival tan salvaje como lo es el Sasquatch Music Festival, me había acercado un poco mas a Kurt Cobain en Seattle, y conocido mas sobre mí al pedalear a 55 ºC en el Death Valley. Había visitado el árbol mas grande del mundo, vivido el 4 de Julio en San Francisco, pedaleado cual motero por la Ruta 66 y me había atiborrado de comida basura. Había cruzado cuatro veces las montañas rocosas en bicicleta, perdí 50 dólares dejado llevar por la codicia en la mesa del Black Jack del Bellagio, y cruce la frontera hacia México con el visado caducado por dos días…..había vivido toda clase de aventuras, pero ahora tocaba empezar una nueva.

El día antes de ponerme de nuevo en marcha, tome la decisión de desistir en mi persistente labor de encontrar un sponsor que se involucrara en los gastos que tengo que soportar en el desarrollo de tan ambicioso proyecto. De nada sirve que entregue toda mi pasión en la carretera, sino tengo dinero para cargar mi cuerpo de combustible. Por ello decidí crear una campaña de Crowdfunding para intentar recaudar los 7000 € con los que podría terminar el viaje antes de que mis fondos se agoten.

“Con vuestra fuerza y apoyo, podre seguir respondiéndoos con todo mi coraje y corazón.”

11(Colorado On The Road)

Death Valley:

Gran Cañón del Colorado:

USA: Washington e Idaho

Etapas:

15/05/2014 Belligham – North Creek (128 Km).

16/05/2014 North Creek – Redmond (31 Km).

17/05/2014 Descanso en Redmond.

18/05/2014 Descanso en Redmond.

19/05/2014 Descanso en Redmond (20 Km).

20/05/2014 Redmond – Easton (108 Km).

21/05/2014 Easton – Vantage (117 Km)

22/05/2014 Vantage – George (54 Km).

23/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

24/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

25/05/2014 Sasquatch Music Festival!!!

26/05/2014 George – Ritzville (152 Km).

27/05/2014 Descanso en Ritzville.

28/05/2014 Ritzville – Spokane (121 Km).

29/05/2014 Descanso en Spokane (19 Km).

30/05/2014 Spokane – Pine Creek (103 Km) (Entrada en Idaho).

31/05/2014 Pine Creek – Superior (131 Km) (Entrada en Montana).

USA: Washington e Idaho

Entrar en Estados Unidos fue más que nada emocionante. Un país del que tanto he oído hablar y tantas veces he deseado visitar, y sobre todo la costa oeste.

En mi camino hacia Seattle, donde me estaba esperando Elena una incondicional follower alicantina, todo lo que atravesé fueron pequeños pueblecitos. Poco a poco me acostumbraba más a los cruces en X, aunque he de reconocer que soy más de una buena rotonda. Las esperas de 30 minutos a que los largos trenes cruzaran la carretera cada vez eran más llevaderas, y las dos mañanas que me desperté en la tienda de campaña antes de llegar a la capital de Washington, me daba los buenos días un policía muy encantador a la vez que me decía, “Tío, aquí está prohibido acampar, pírate ya”.

Cuando llegue a Seattle, Elena vino a recogerme para llevarme a su casa situada en medio de las montañas de Redmond, donde vive con su marido estadounidense Tomi, sus perros y sus gatos.

Después de una buena comilona con una fresquita cerveza, cada vez iba conociendo más a Elena, sus orígenes en Denia, su afán por el viaje y la aventura, su amor por los animales y la naturaleza, la historia de cómo conoció a Tomi a los 18 años y como tiempo después se volvieron a reencontrar.

colorado_on_the_road_eeuu(Colorado On The Road almorzando en la casa de Elena)

A la mañana siguiente, Elena me preparo un desayuno cargado de energías y nos fuimos de visita a las antiguas vías de tren que transportaban toneladas de madera décadas atrás, y contemplamos la cascada más grande de todo el estado, Snoqualmie Fall, con 82 metros de caída. Sin demorarnos mucho volvimos a casa para descansar y madrugar al día siguiente, porque el tour que me tenía preparado por Seattle iba a ser completo.

colorado_on_the_road_usa(Colorado On The Road junto a Elena en Snoqualmie Fall)

Empezamos el día con una parada muy significativa para mí, el Viretta Park. En este parque normal y corriente, tenía cerca su casa familiar una de las personas que más ha influido en la música, marcando un antes y un después. Este artista salía de su casa y solía sentarse en un banco a beber cerveza, fumarse un cigarro y pensar sobre su música. El momento que me senté en el mismo banco que él, me sentí mas conectado al músico que más me ha influido en mi vida, Kurt Cobain.

Nuestra siguiente parada fue el Pioneer Square, de donde salieron los pioneros que viajaron a Alaska por la fiebre del oro. El Konklide Gold Rush Museum, te acerca más a la realidad en la que muchos mineros perdieron la vida en las duras ascensiones a la montaña, y como solo unos pocos consiguieron hacerse ricos.

La ciudad de Seattle debe su nombre al jefe de los nativos americanos, que poblaron estas tierras antes de que llegara el hombre blanco y negociara con el su traslado a una reserva en un lugar apartado, y con unas extensiones de tierras mucho menores. En el Pioneer Square, se encuentra la estatua conmemorativa al jefe Noah Settle.

colorado_on_the_road_viajar(Estatua de Noah Settle)

Esta innovadora ciudad en constante expansión, tiene un contraste entre lo moderno y lo tradicional. Su fortaleza empresarial se centra en la Sede de Microsoft, vio nacer al primer Starbucks de los miles que hay hoy en día por el mundo, y la naturaleza se convierte en un componente más de la ciudad, bañada por los lagos Washington, Union y Puget.

Conocemos el Pike Market Place, un mercado antiguo que cuando estuvo a punto de cerrar sus puertas, los ciudadanos a través de sus donaciones hicieron realidad las labores de restauración, y hoy en día sus nombres permanecen en las baldosas del mercado.

Cerca del mercado se encuentra The Seattle Gum Wall, donde realice mi pequeña contribución pegando un chicle sabor menta, mientras me preguntaba quien había sido el artista que pegaría el segundo, ya que estoy seguro de que el primero fue considerado un vándalo.

colorado_on_the_road_travel(Colorado On The Road pegando un chicle en The Seattle Gum Wall)

Elena me muestra antes de volver a casa el Gas Work Park, una antigua fábrica convertida en un parque a orillas del lago, dando por concluido un completo día de turisteo.

Después de un día más de descanso y de organizar todos mis quehaceres en la preciosa casita de la montaña de Elena y Tomi, me puse de nuevo en marcha. Poco a poco fui dejando las montañas atrás y todo se volvió verdes praderas e infinidad de campos de cultivo.

Esa noche dormí en un camping habilitado solo para tiendas de campañas, un Campground, el primero de muchos a lo largo de mi travesía por Estados Unidos.
La mañana del día siguiente no fui consciente de la sorpresa que tendría al final del día, todo parecía que se iba a desarrollar con normalidad y así fue hasta que llegue a la ciudad de Vantage. Con intenciones de evitarme el pago de la cuota por una parcela en el campground, pregunte a unos jóvenes a ver si podía dormir en su parcela y compartir los gastos. Matt y su pareja, junto a otro cicloturista, Luster, no me pusieron ni la más mínima pega. Ellos se habían conocido minutos antes de mi llegada y teníamos algo en común, todos íbamos al Sasquatch Music Festival, y me incluyo porque Luster no tardo mucho en regalarme una entrada que le sobraba para vivir tres días de festival.

Estuvimos varias horas conociéndonos sentados alrededor del fuego y bebiendo cerveza, pero ahorrando energías por que al día siguiente empezaba lo bueno. Mientras Matt y su novia iban en coche al festival, Luster y yo fuimos juntos en bicicleta. A medida que nos acercábamos más y más a la ciudad de George encontrábamos jóvenes que al igual que nosotros, andaban detrás de Sasquatch.

colorado_on_the_road_bike(Colorado On The Road junto a Luster y Matt de camino al festival)

Era jueves 22 de Mayo y el festival no empezaba hasta el viernes por la mañana. Uno podría pensar que seriamos de los pocos que llegarían para instalar la tienda y el campamento un día antes, pero la realidad es que no cabía ni un alfiler en la zona de acampada.

Hice buenas migas con mis vecinos, Nick y Samantha, y simplemente pasamos la tarde de buen rollo, contemplando cómo casi la mayoría de gente se había traído la casa sobre ruedas. Mi pequeña tienda de campaña era una hormiguita frente a las autocarabanas totalmente equipadas, el despliegue de cocinas, neveras, sofás, carpas…se lo montaban muy bien.

Cuando el sol salió, todos nos despertamos para iniciar el festival junto con una pequeña resaca. Por delante teníamos un fin de semana con 12 horas de música en directo por día, 5 escenarios y la joya de la corona, el escenario principal situado junto al cañón del rio Columbia, sencillamente impresionante.

La primera canción sonó y el descontrol se apodero de todos los presentes. No conocía muchos de los grupos de música, pero el concierto de la banda The Naked & Famous, libero toda mi adrenalina.

usa_colorado_on_the_road(Colorado On The Road alzando la única bandera española de festival)

Sumergido entre los míticos vasos rojos de cerveza, comida rápida, juegos de beber, rock & roll, el mejor buen rollo que podría haber imaginado conociendo a personas de todo Estados Unidos y Canadá, y luciendo la única bandera española de toda la colina. Se me pasaron los tres días volando.

La mañana del lunes parecía una travesía de zombis recogiendo el campamento y volviendo a la vida real, yo uno de ellos, aunque era uno de los pocos que lo haría en bicicleta. Despedirme de todos mis nuevos amigos fue una vez más un paso difícil, aunque cada vez me cuesta menos gracias a que siempre miro atrás con cariño, y a la vez hacia delante con emoción.

Volver de nuevo a la carretera se hizo un poco difícil los primeros kilómetros, tenía mucha cerveza que sudar, pero en cuanto recupere mi ritmo de pedaleo todo volvió a la normalidad, o al menos eso creía.

Pedalee 152 kilómetros desde George hasta la ciudad de Riztville totalmente ausente de lo que acontecía en la carretera, tenía la mente totalmente divagando en una serie de pensamientos que minaban mi motivación con una serie de dudas. No dejaba de pensar en los momentos que viví en Camboya junto a mi amigo Diego Morodo, junto al cicloturista alemán Johannes, los buenos momentos en Bangkok junto a Pier, los rincones naturales que conocí gracias a Darren en Isla Victoria, la ciudad de Vancouver que tanto me maravillo y como junto a Jorge me sentí de vuelta en Madrid. Las energías que recobre en casa de Elena y que había fundido en el Sasquatch Music Festival junto a la larga lista de nuevas amistades que cada segundo hacia. Ese día me sentí más solo que en toda mi vida, venía de vivir tantas buenas experiencias junto a tantas buenas personas, que ahora me daba miedo continuar el viaje porque no sabía cuando iba a conocer a alguien más.

Cuando llegue a Ritzville, agotado emocionalmente no vi otra solución para pasar la noche que pagar por una habitación en un Motel. Tuve tiempo de reparar una serie de cámaras que había pinchado, pero mi pinchazo emocional no había cómo arreglarlo. Por la mañana me quede tirado en la cama escuchando cada cinco minutos, la alarma que me había programando para ponerme de nuevo en pie, pero no podía. El único esfuerzo que hice fue el de llamar por teléfono a la oficina para decir que me quedaría un día más.

Pase todo el día tirado en la cama cambiando de canal en la televisión constantemente, y me costó mucho encontrar de nuevo la motivación para seguir adelante a la mañana siguiente, pero una vez más encontré un rastro de luz que me ayudo a seguir.

Mi llegada nocturna y bajo los chubascos ocasionales a la ciudad de Spokane, me llevaron a buscar un campamento a las afueras de la ciudad, no quería gastar más dinero en moteles de carretera, pero no fue tan fácil como de costumbre. Cuando había encontrado una zona segura cercana a un barrio residencial, los momentos previos a clavar la primera piqueta de la tienda, una agradable mofeta decidió merodear mi campamento describiendo círculos alrededor de mi posición.

El Colorado On The Road que se cruzo Turquía a -20 ºC, que atravesó el desierto iraní sin pestañear, que aguanto el calor, la humedad, el caótico tráfico y todas las incomodidades posibles del sudeste asiático, hubiera cogido la mofeta y la mandaría a freír puñetas. Pero ahora no me veía a mí mismo, no con esta moral. Derrotado por la presencia de un fétido animalillo me fui al primer motel que encontré, y pase la noche intentando recordar en donde había perdido mi coraje.

Pocos kilómetros realice por la mañana para llegar hasta la tienda de bicicletas, y hacerle una puesta a punto a mi potro. En Fitness Fanatics le dieron un buen repaso a mi querida Orbea, pero tanto tiempo sin pasar por el taller hizo que la lista fuera demasiado larga y que la llanta de la rueda trasera, tardara en demorase un día para estar lista. John y Robin, matrimonio y propietarios de la tienda, me hospedaron en su casa para que a la mañana siguiente pudiera continuar con la bicicleta en condiciones de soportar otros 17.000 kilómetros.

Después de cambiar la llanta trasera, las dos cubiertas, las pastillas de frenos, hacerme con mas cámaras de repuesto, reajustar la horquilla, cambiar el sistema de piñones trasero y la cadena, limpiar y engrasar las piezas móviles, el potro volvió a la carreta bufando como nunca. Bucéfalo volvió a recobrar su fuerza, fuerza que me transmitió una vez más.

EEUU_colorado_on_the_road(Colorado On The Road en Fitness Fanatics junto a John y Robin)

Me despedí de John y Robin muy agradecido por todo su esfuerzo por devolverme a la carretera con energías renovadas, y por haberme hospedado en un momento en que lo necesitaba más que nunca. Volví a sentir el viento soplando a mi favor, pero una buena noticia estaba por llegar.

Mi hermana mayor, que desde hace unos días había salido de cuentas y estaba a punto de dar a luz, había tenido a su primer hijo y gracias a Dios, tanto ella como mi segundo sobrino estaban perfectamente. Fue el empujón que necesitaba, no iba a dejar pasar los años y contarle a mi segundo sobrino que el día que nació, su tío estaba en un momento de depresión en su vuelta al mundo, NO!! Era momento de ser fuerte, y volver a ser la bestia que lo aguantaba todo.

Después de salir de Washington y entrar en Idaho, me dispuse a encarar la primera de las cuatro veces que tenía previsto atravesar las Rocosas. Esta vez seria para entrar en Montana y avanzar para atravesar el Parque Nacional de Yellowstone. Fue el puerto de montaña que mas rápido escale en todo el viaje, tenía hambre de kilómetros y necesitaba más…había vuelto!!!

“Para llegar hasta lo más alto, hay que empezar desde lo más bajo.”
colorado_on_the_road_iaho(Colorado On The Road amaneciendo la mañana que atravesaría las Rocosas)

Seattle:

Sasquath Music Festival: