Namibia

Etapas:

17/01/2016 Descanso en Rosh Pinah (20 Km).

18/01/2016 Rosh Pinah – Aus (152 Km).

19/01/2016 Descanso en Aus.

20/01/2016 Aus – Desierto carretera C13 (81 Km).

21/01/2016 Desierto carretera C13 – Desierto carretera 14 (107 Km).

22/01/2016 Desierto carretera C14 – Möhabe (71 Km).

23/01/2016 Möhabe – Desierto carretera C14 (77 Km).

24/01/2016 Desierto carretera C14 – Solitaire (92 Km).

25/01/2016 Solitaire – Sesriem (86 Km).

26/01/2016 Descanso Sesriem.

27/01/2016 Sesriem – Solitaire (85 Km).

28/01/2016 Solitaire – Desierto carretera C26 (84 Km).

29/01/2016 Desierto carretera C26 – Paso de Gamsberg (52 Km).

30/01/2016 Paso de Gamsberg – Carretera C26 (75 Km).

31/01/2016 Carretera C26 – Windhoek (78 Km).

01-07/02/2016 Descanso en Windhoek.

08/02/2016 Windhoek – Carretera B6 (90 Km).

09/02/2016 Carretera B6 – Gobabis (139 Km).

10/02/2016 Descanso en Gobabis.

11/02/2016 Gobabis – Buitepos (113 Km).

12/02/2016 Buitepos – Tsootsha (86 Km) (Entrada en Botsuana).

Namibia: En busca del desierto más antiguo de la tierra

Después de las últimas jornadas en Sudáfrica necesitaba un breve descanso, y Javier Bicicleting me había pasado un contacto en Namibia. A 20 kilómetros al Norte de Rosh Pinah vería una granja a mano derecha, la única en esa zona de la carretera y donde encontraría a Richard. Desde hace tiempo este encantador namibio ayuda a los viajeros con una zona donde acampar, ducha caliente y comida, aunque con los ciclistas su invitación va más lejos. Disfruté de una tranquila tarde bebiendo cerveza, comiendo carne a la parrilla y dormí en una buena cama. Por la mañana me cebo con un desayuno de campeones y me fui con las alforjas llenas de cecina de orix.

Con las fuerzas renovadas literalmente volé en el asfalto, y pude avanzar 152 kilómetros hasta el pueblo de Aus. El sol golpea fuerte en el desierto, pero aun así está lleno de vida. Contemplo las aves surcar el cielo, a los orix pastar en la llanura con la puesta de sol, una víbora de las arenas me hace compañía unos instantes y la presencia de un pequeño chacal me advierte de que la noche está cerca. Las últimas horas de la jornada las viví rodeado por la oscuridad, pedaleando bajo la luz de la luna y las estrellas, envuelto por un silencio absoluto y una calma que a más de uno podría inquietar, pero la mejor parte de Namibia no había hecho más que empezar.

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(Orix pastando con la puesta de sol)

El asfalto llega a su fin y desde Aus hasta Windhoek emprendo una nueva aventura por pista de tierra. La inmensa explanada rodeada en la lejanía por las montañas te hace sentir insignificante. El silencio es un fiel compañero de viaje y parece que te mece mientras duermes acampando en mitad de la nada.

Con la luz de la mañana alcanzo el pueblo de Helmeringhausen, importante parada para reabastecerme de agua y comida. Antes de continuar la marcha comienza a llover con fuerza y durante una hora la tormenta me detiene, pero el pequeño retraso no me importó. La llanura clama a gritos por una tregua de agua para mitigar la dura sequía de la zona. Increíblemente cuando continuo pedaleando el terreno es firme, no hay barro ni agua encharcada, la tierra lo filtró todo en cuestión de minutos.

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(Colorado Off Road)

Conseguir leña cada noche para hacer la hoguera no resulta complicado, todo lo que me rodea son arbustos totalmente secos. Con el calor del fuego cocino cada noche la especialidad de la casa, pasta con tomate, además de mantener alejados a los curiosos animalillos nocturnos. Pero una mañana al levantar el campamento me di cuenta de que no había dormido solo. Un pequeño escorpión potencialmente venenoso, había encontrado debajo de mi tienda un confortable lugar en el que echarse la siesta. Siempre hay que extremar las precauciones a la hora de montar el campamento para estar 100% seguros de que somos el único ser vivo dentro de la tienda, y ser igual de precavidos a la hora de empacar todo el equipo por la mañana para no llevarnos ningún colega de viaje.

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(Un querido escorpión que durmió bajo mi tienda de campaña)

Los tres días que emplee para llegar hasta Solitaire fueron de extrema dureza, pero por suerte ya tenía el cuerpo curtido para afrontar las complicaciones del desierto. La llanura es aparente en la distancia, pero en la cercanía la pista de tierra atraviesa de forma constante colina tras colina. El viento pocas veces ha sido un aliado, y nuevamente decidió hacerme sentir que avanzaba contra un muro transparente. El calor me animaba a beber agua en abundancia, mientras que mis cantimploras me demandaban que la racionalizara. En ocasiones, la pista de tierra es demasiado arenosa y rocosa, dejándome la única opción de empujar durante largos tramos. Más concentrado en alcanzar el pueblo en el que reabastecerme, que de prestar atención a mi kilometraje, llegó un momento que ansiaba y necesitaba vivir para subir la moral hasta lo más alto.

Después de 26 meses y 24 días pedaleando para cumplir el sueño de mi vida de dar la vuelta la mundo en bicicleta, y antes de llegar al polvoriento pueblo de Solitaire, cumplo los 50.000 kilómetros de viaje. Como marca la tradición de esta aventura, sigo el ritual de hacerme una foto cada vez que pedaleo 1000 kilómetros, pero en esta ocasión quise rendirle culto y gratitud al verdadero protagonista del viaje, Bucéfalo.

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(Cumpliendo 50.000 kilómetros de aventura)

En el camping de Solitaire tienen el gran gesto de invitarme a acampar y dejarme conectarme a internet. Una revitalizadora noticia llega a mi correo, un follower me manda una donación. En este punto debería haber seguido hacia Windhoek, pero el apoyo económico me da la oportunidad de visitar las famosas dunas del Desierto de Namib.

Invierto mi rumbo para retroceder 80 kilómetros en dirección Sur por otra pista de tierra, y alcanzar Sesriem. Parece que la fauna aprobó mi cambio de itinerario, los orix, antílopes, ñus, avestruces y cebras, toda la vida salvaje del lugar me acompañó durante cada instante.

En el camping de Sesriem me vuelve a sonreír la suerte. Conozco a un viajero estadounidense con coche propio y me ofrece acompañarle hasta las dunas. Al alba entramos en el Parque Nacional, hay 60 kilómetros de asfalto hasta llegar a las dunas más altas y está prohibido acampar, hay que entrar y salir en el mismo día lo cual hace poco viable hacerlo pedaleando. Los últimos 5 kilómetros la carretera desaparece y el terreno es tan arenoso que solo los potentes 4×4 pueden salvar el obstáculo, pero claro está, a un buen precio. Decido ahorrarme el trayecto de ida y camino 45 minutos por el desierto más antiguo de la tierra.

Cuanto más cerca estaba de llegar a Sossusvlei más evidente se hacía la magnitud de Big Daddy, la duna más grande del mundo. Me deje llevar por la emoción y los últimos cientos de metros los hice corriendo para alcanzar la base de la montaña de arena. Bajo un sol implacable empecé a escalar por la cresta, paso a paso fui ganando altura. Quería llegar a lo más alto, pero llevaba 6 días pedaleando y mis piernas no tenían la misma fuerza que de costumbre. A medio camino desistí y decidí volver a los 4×4, pero no lo iba a hacer siguiendo el mismo camino, así que acorté distancia bajando a galope por la ladera de la duna.

(Escalando las dunas del Desierto de Namib)

Después de sacar medio kilo de arena de cada bota y de nuevo en el camping, repuse fuerzas tomando el resto de la tarde para descansar. Aun me quedaban 5 jornadas para llegar hasta Windhoek y fácil nunca ha sido un sinónimo de mi aventura.

El momento más duro que tuve que superar en mi camino a la capital namibia, fue dejando atrás el desierto para entrar en la verde pradera que protege el Paso de Gamsberg. Bajo la lluvia empujé a Bucéfalo durante kilómetros colina arriba y sobre el barro. Al atardecer la lluvia me dio una tregua, encontré un lugar donde acampar, hacer una hoguera para secar la ropa y cocinar la cena…pero la lucha del día no había terminado. El lugar que escogí para dormir estaba peligrosamente cerca de unos pequeños recovecos en la montaña, donde decenas de babuinos se refugiaban del agua. El macho alfa de la manada, me dio claras señales de que si dormía allí, tendría serios problemas. Cada vez que me detenía para descansar, el macho volvía a soltar un grito fuerte, grave y ensordecedor, como si dijera “fuera de aquí”. Tuve que alejarme 2 km bajo la atenta mirada de los babuinos, con los últimos rayos de luz y cuchillo en mano. Finalmente acampé en lo alto del Paso de Gamsberg donde pude dormir con relativa calma.

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(Amaneciendo en lo alto del Paso de Gamsberg)

Por la mañana un nuevo paisaje me recibía. Todo era más frondoso y después de mucho tiempo volvía a ver árboles. Con la luz del sol los babuinos siguieron cruzándose en mi camino, pero esta vez mas asustadizos no fueron peligro alguno.

Por la noche acampé de nuevo junto a la pista de tierra, ya que todo esta vallado delimitando los extensos terrenos de las granjas. A mi alrededor pastaban las vacas y los caballos, pero mientras cocinaba mi cena con el fuego de la hoguera me pusieron muy nervioso. Estaban inquietos, corrían de un lado para otro, había algo oculto en la oscuridad que los inquietaba. Cené todo lo rápido que pude y deje la poca comida que tenía colgada de un árbol. Dentro de la tienda me sentía seguro porque a fin de cuentas, a los ojos de los animales soy un arbusto más. Mientras no duerma con nada de comida cerca, ningún depredador atacaría mi campamento.

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(Acampando en Namibia junto a la hoguera)

Después de una última paliza de 78 kilómetros consigo alcanzar Windhoek, donde me hospedo en un camping económico y juvenil, el lugar ideal para los mochileros.

Mi prioridad en la ciudad era conseguir un nuevo pasaporte, solo me quedaban un par de hojas libres, insuficientes para atravesar África. Los pasaportes solo se pueden imprimir en España y al visitar mi embajada me llevo una desastrosa noticia. Antes tardaban en llegar los pasaportes 3 días, pero debido a los recortes presupuestarios de mi país, ahora tardan 3 semanas en llegar por correo ordinario. Simplemente la idea de estar parado 21 días comiéndome las uñas me frustraba, además del enorme gasto económico que conllevaría.

Después de pagar las tasas y de que mi nuevo pasaporte estuviera en proceso de impresión en España, coordiné con DHL que cuando me notificaran que mi pasaporte hubiera llegado a Windhoek, yo les mandaría un email para ordenarles que lo fueran a recoger y enviarlo a la embajada de Harare, en Zimbabue.

Fue todo un rompecabezas porque desde España no me lo podían mandar directamente a Harare, debía recibirlo obligatoriamente la embajada que había ordenado su impresión. Además solo podían mandarlo de una embajada a otra porque debían inutilizarme el antiguo, y no tenía hojas para el visado de Zimbabue y Zambia (son una pegatina de hoja entera y obligatoriamente siempre tienes que tener una libre en el pasaporte), por lo que mis planes de llegar a las Cataratas Victoria desde Zimbabue quedaban anulados, y decidí invertir los 30 dólares de la entrada en pagar a DHL los 27 que me cobraban por gastos de envío. Creo que después de analizar todas las opciones, opté por la más complicada, económica e irónicamente, la más práctica.

Finalizada una de las gestiones más importantes del viaje, ya solo quedaba esperar que las piezas del domino fueran cayendo una tras otras mientras pedaleaba hasta Harare.

Más relajado y enfocado nuevamente en retomar la marcha, encuentro en el camping una mina de oro. Tenían un basurero de tiendas de campaña totalmente inservibles, apiladas una encima de otra. Para mi era un almacén de repuestos gratuitos y me hago con piquetas, cremalleras, fundas, gomas y varios palos con la misma medida de la estructura de mi querido hogar.

Mientras gozaba de mi buena fortuna, en el cielo se preparaba una tormenta de proporciones catastróficas. El primer día situé mi campamento en una zona que daba la sombra por la mañana, sin prestar atención a que era el lugar mas favorable para sufrir una inundación, total estaba en el desierto y en época seca.

Primero cayeron unas gotas y en pocos segundos empezó el diluvio universal. Enseguida comprendí el peligro que acechaba a todas mis pertenencias y dispuesto a protegerlas de la tormenta me hice con una pala. Estuve durante una hora achicando agua y cavando zanjas, mientras los rayos cortaban el cielo.

Fue una imagen cómica para alguno de los residentes del camping, pero para mi fue una batalla que en ningún momento me plantee perder. Conseguí en gran medida retener la inundación, pero finalmente el agua fue la vencedora. Cuando la tormenta se calmó lleve todas las alforjas y mis pertenecías a la recepción del camping donde puse todo a secar. Mi tienda de campaña paso la noche en el patio, cubierta de barro y con un palo de la estructura quebrado, mientras yo dormía en un sofá.

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(Movilizando todo el campamento después de la inundación)

Cuando crees que ya pasó todo lo malo, hay veces que hay una desgracia que se ha quedado esperando a que te confíes, para aparecer en los momentos que más débil estás y golpearte en la boca del estomago.

Mientras dormía en el sofá deje mi teléfono móvil en el suelo junto a mis chanclas. Por la mañana me desperté extrañado de haberme quedado dormido y de no haber escuchado la alarma a las 07:00 am, la razón fue sencillamente que me robaron el móvil. Confié en la seguridad del camping, pero mis sospechas son que justamente el guarda nocturno fue quien me lo robó. Revisando las cámaras de seguridad, mi teléfono estaba situado en un ángulo muerto, así que era imposible saber quien lo cogió. Solo alguien que ha estado despierto toda la noche “vigilando”, que conoce el sistema desde dentro y sabe que hay no graban las cámaras, podría cometer un robo y quedar impune.

Error, negligencia o descuido, el caso es que me quedé sin GPS y sin forma de hablar con la familia por WhatsApp. Intenté no pensar demasiado en como me las tendría que apañar de aquí en adelante, sin una herramienta que uso diariamente. Comencé a limpiar todo el barro de la tienda y mientras reparaba los destrozos de la tormenta se acerco un cicloviajero suizo, Oliver, con quien había creado amistad, y me regaló uno de los dos móviles que tenía. Enorme gesto que me devolvió la sonrisa y la esperanza.

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(Junto a Oliver, sosteniendo el teléfono móvil que me regaló)

Parece que vaya donde vaya mi presencia nunca pasa desapercibida, siempre hay algo bueno y malo que me está esperando a la vuelta de la esquina. Pero curiosamente nunca pierdo las ganas de seguir hacia delante y no es por merito propio, es la bondad y el apoyo de la gente lo que me mantiene en pie.

Después de despedirme de Oliver, de coordinar un futuro encuentro con otro compañero cicloviajero danés, Thomas, y de compartir unas cervezas con un fotógrafo español, Alberto, llegó el momento de dejar atrás Windhoek y pedalear hacia mi siguiente reto, cruzar Botsuana.

El camino a la frontera fue una recta asfaltada, llana y monótona, que de no haber sido por la abundante fauna hubiera sido tremendamente aburrida. Constantemente me anima la presencia de los facóqueros y los ñandúes, ayudé a cruzar la carretera a un par de tortugas y gracias a un babuino viví uno de los momentos más graciosos en mi paso por Namibia.

Los animales están acostumbradísimos a la presencia de los coches, pero las bicicletas inexplicablemente les causa terror, y al ser tan silenciosa hay veces que no me perciben hasta que estoy a escasos metros de ellos. Entre la frondosa y alta hierba que bordea la carretera había oculto un babuino adulto, no se percató de que estaba a punto de pasar hasta que lo tuve a menos de 10 metros. Fue entonces cuando dio un tremendo salto y empezó a correr mientras gritaba y miraba atrás, con una expresión de susto en la cara tan humana, que me desato una carcajada incontrolable.

Entrando en Botsuana atravesé la última frontera gratuita de todo mi viaje por África, a partir de aquí tendría que ingeniármelas para pagar unas tasas llevaderas para el turista, abusivas para el viajero y demoledoras para el aventurero, y es que:

“Cuando se acaba el dinero, empieza la aventura”

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Perú

Etapas

06/02/2015 Tumbes – Zorritos (35 Km).

07/02/2015 Descanso en Zorritos.

08/02/2015 Descanso en Zorritos.

09/02/2015 Descanso en Zorritos.

10/02/2015 Descanso en Zorritos.

11/02/2015 Zorritos – El Alto (97 Km).

12/02/2015 El Alto – Sullana (118 Km).

13/02/2015 Sullana – Km 912 de la 1N (119 Km).

14/02/2015 Km 912 de la 1N – Mórrope (94 Km).

15/02/2015 Mórrope – Pacanguilla (91 Km).

16/02/2015 Pacanguilla – Paiján (104 Km).

17/02/2015 Paiján – Trujillo (52 Km).

18/02/2015 Descanso en Trujillo.

19/02/2015 Descanso en Trujillo.

20/02/2015 Descanso en Trujillo.

21/02/2015 Trujillo – Santa (121 Km).

22/02/2015 Santa – Km 347 de la 1N (105 Km).

23/02/2015 Km 347 de la 1N – Huarmey (61 Km).

24/02/2015 Huarmey – Km 250 de la 1N (47 Km).

25/02/2015 Km 250 de la 1N – Huancho (104 Km).

26/02/2015 Huancho – Chacra y Mar (80 Km).

27/02/2015 Chacra y Mar – Lima (82 Km).

28/02/2015 Descanso en Lima.

01/03/2015 Descanso en Lima.

02/03/2015 Descanso en Lima.

03/03/2015 Descanso en Lima.

04/03/2015 Descanso en Lima.

05/03/2015 Descanso en Lima.

06/03/2015 Lima – Trébol (158 Km).

07/03/2015 Trébol – Paracas (85 Km).

08/03/2015 Paracas – Santiago (96 Km).

09/03/2015 Santiago – El Ingenio (88 Km).

10/03/2015 El Ingenio – Nazca (39 Km).

11/03/2015 Nazca – Villatambo (40 Km).

12/03/2015 Villatambo – Puquio (100 Km).

13/03/2015 Puquio – Km 190 (34 Km).

14/03/2015 Km 190 – Negro Mayo (41 Km).

15/03/2015 Negro Mayo – Promesa (80 Km).

16/03/2015 Promesa – Santa Rosa (80 Km).

17/03/2015 Santa Rosa – Abancay (50 Km).

18/03/2015 Abancay – Cuzco (Remolcado) (200 Km).

19/03/2015 Descanso en Cuzco.

20/03/2015 Descanso en Cuzco.

21/03/2015 Descanso en Cuzco.

22/03/2015 Descanso en Cuzco.

23/03/2015 Descanso en Cuzco.

24/03/2015 Ruta mochilero hasta Aguas Calientes.

25/03/2015 Visita al Santuario Histórico de Machu Picchu.

26/03/2015 Descanso en Cuzco.

27/03/2015 Cuzco – Cusipata (85 Km).

28/03/2015 Cusipata – Marangani (89 Km).

29/03/2015 Marangani – Pukara (117 Km).

30/03/2015 Pukara – Juliaca (67 Km).

31/03/2015 Descanso en Juliaca.

01/04/2015 Juliaca – Ilave (102 Km).

02/04/2015 Ilave – Copacabana (Entrada en Bolivia) (91 Km).

Perú

Mis últimos metros en Ecuador me llevaron hasta el puente de la Paz y con ello a la entrada fronteriza peruana. Perú pasa a ser el país 29º de esta gran aventura, y me iba a deparar varias de las experiencias mas duras que he vivido desde que me subí en la bicicleta en España.

Mi primera noche acampé en Tumbes, pendiente de una llamada que llevaba semanas esperando a realizar. Con la salida del sol fui a una cabina telefónica, marque un numero peruano y en cuanto contestaron salió de mi boca: Que pasa Nachooo!!!

Desde varias semanas atrás estábamos cuadrando esta reunión, mi camino hacia el Sur me llevó a reunirme con un viajero español que iba al Norte, Nacho Dean. Ambos coincidíamos en un mismo objetivo, dar la vuelta al mundo, pero Nacho la estaba llevando a cabo andando y llevaba ya mas de 25.000 km.

Pedalee 35 kilómetros hasta Zorritos donde quedamos en reunirnos. Después de un fuerte abrazo almorzamos y decidimos acampar en el Hostel Ecológico de unos españoles, Grillo Tres Puntas. En ningún momento pudimos dejar de contar todas nuestras experiencias hasta el momento, fue como hablar con un espejo en el que ambos nos veíamos reflejados.

Por la mañana Nacho debía continuar hacia Ecuador y yo me quedaría unos días mas, aceptando la invitación de Ana y León, los propietarios del Hostel, de quedarme ha descansar sin coste alguno. En poco tiempo Nacho y yo construimos una amistad que normalmente tardaría meses en crearse. Con un gran abrazo nos despedimos y le acompañe hasta la puerta para darle el último adiós.

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(Nacho Dean & Colorado On The Road) 

Durante varios días pude descansar y trabajar con el ordenador. Cada mañana me despertaba en la playa y empezaba el día con un baño en el mar. Comencé a trabajar en un proyecto que me propuso la Editorial Santillana y di rienda suelta a mi creatividad. Cada tarde me relajaba con el sonido de las olas, contemplando la puesta de sol mientras me calentaba con una pequeña hoguera y dormía con un sueño ininterrumpido.

Durante mis días en la playa de Zorritos hice buenas migas con otro español, Marc. Un joven catalán que después de trabajar durante año y medio en Lima, decidió dejarlo todo para viajar por Latinoamérica. Por lo general suelo hacer mis paradas de descanso durante el tiempo suficiente para reponer fuerzas y conocer el lugar, pero no lo suficientemente larga como para echar raíces y que la despedida sea mas dura de lo necesario. Esta vez me salte mi norma.

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 (Primeras etapas en Perú)

Pasada una semana deje atrás Zorritos y continué mi marcha sin un céntimo en el bolsillo, podría haberme esperado a recibir un dinero que tenia pendiente de cobro por un artículo que escribí, pero el cuerpo me pedía volver a la carretera. El primer día me alimente con 4 plátanos y 2 magdalenas. Conseguí llegar al pueblo de El Alto tras pasar mi primer choque con el viento del desierto peruano. Instalé mi tienda de campaña en una gasolinera y la dependienta me pregunto que si había cenado, antes de terminar de contestar ya me estaba sacando un plato de pescado con arroz. Ya había asumido que dormiría con el estomago vacío.

Continuando mi camino hacia Trujillo, sobreviví con unas bolsas de patatas fritas que me encontré en la carretera junto a 8 latas de leche evaporada. En un restaurante fui a preguntar si me podían llenar las botellas con agua del grifo y me acabaron ofreciendo un almuerzo. En la carretera pasé junto a un camión volcado lleno de cebollas, tampoco desaproveché la oportunidad y llene mis alforjas con 5 de ellas. En un peaje paré para ir al baño y el guarda me ofreció nuevamente comida mientras me decía: Estas muy delgado hijo!! Al final del día llegué a Sullana, donde acampe y pude sacar el dinero que ya había recibido. Fue una suerte ya que debía cruzar el desierto de Sechura, y tener algo de dinero me ayudo a hacerlo con los vivieres necesarios.

Después de atravesar la ciudad de Piura me dispuse a adentrarme en el desierto. Mientras abandonaba la ciudad una señora que vendía refrescos a los vehículos, me detuvo para avisarme de que un mototaxi me estaba siguiendo. Te van a asaltar me decía, en cuanto te adentres en el desierto te estarán esperando. Llegué a las casetas del peaje y fui a un policía a decirle lo que me había sucedido. En 5 minutos tenia un coche de policía para escoltarme los primeros 20 kilómetros.

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(Entrando en el desierto de Sechura escoltado por la policía)

Finalizada la escolta me adentre en solitario en la planicie desértica inundada por las dunas. El día fue largo y el viento lo prolongó mas de lo necesario. Luchando a contracorriente conseguí llegar a un pequeño restaurante en mitad de la nada, donde me dejaron dormir en el suelo. Aún tenia 94 kilómetros a través del desierto para llegar al Distrito de Mórrope, y mi mayor enemigo fue nuevamente el viento. Después de 10 horas de batalla y concluyendo el día con una pletórica cena, escribí en mi diario:

Cuando el sol seca tu piel,

la sed pega tus labios,

y el viento te empuja hacia atrás.

Solo tu corazón te mantiene pie,

para luchar hacia delante.

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 (Atravesando el desierto de Sechura)

Durante dos etapas mas añadí un nuevo enemigo en el frente, los mosquitos. Cada noche devoraban el repelente y a mínimo que entrara y saliera de mi tienda de campaña, ellos estaban esperando para invadirla. A pesar de lo mucho que hablo de los obstáculos del camino, disfruté de cada instante porque sabia que al final tendría mi victoria, y no hay nada que sepa mejor que una sufrida victoria.

Mi ultima noche antes de llegar a Trujillo dormí junto a una comisaría de policía, bien protegido y cuidado. Por la mañana se despidieron de mi haciéndome un original regalo, una sandia de 5 kilos. Habilite el trasportín para poder portarla y llegué a la casa ciclista de Trujillo, una de las mas importantes de todo Latinoamérica, donde Lucho me recibió y me otorgó una inmejorable cama. Antes de la necesaria ducha, tenia más necesidad de terminar la historia de la sandia, compartiéndola con todos los cicloviajeros que había en la casa. Era una buena sandia, con un delicioso sabor y escondía un toque especial… el sabor de la sufrida victoria.

Pasé mis días en Trujillo junto a Luis Carlos, un ciclista colombiano, y tres ciclistas franceses. Aprovecho el tiempo trabajando con el ordenador y logro finalizar el proyecto para la Editorial Santillana en el que edité un video motivacional para sus vendedores. Las tardes pasaron tranquilas junto a Lucho, su mujer Araceli y sus hijos, el hiperactivo Lance y su encantadora hija Ángela.

Luis Carlos y yo hicimos muy buena amistad, se acostumbro a que en vez de llamarle por su nombre le llamara Colombia, y el me llamaba a mi España. Todas las mañanas íbamos a desayunar juntos al mismo puesto de bocatas donde llenábamos el buche por solo un dólar, y por la noche cenábamos un menú en el mercado y volvíamos a casa rodando. Si algo puedo decir de la comida peruana, es que es buena, abundante y barata. El ultimo día mientras ayudábamos a Lucho a hacer la mudanza de su casa, Colombia y yo decidimos compartir pedaladas hasta Lima.

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 (Casa ciclista de Trujillo)

A la mañana siguiente nos pusimos en marcha, Colombia tiene muy buena pierna para la bicicleta y avanzamos 121 kilómetros bastante tranquilos. Acampamos y cenamos unos espaguetis antes de aniquilar a los mil y un mosquitos que se metieron en nuestras tiendas de campaña. La segunda jornada fue mucho mas intensa, luchando contra las tormentas de arena y pedaleando las eternas colinas. Agotados dejamos de pedalear en el kilometro 347 de la 1N, donde encontramos un restaurante cerrado y dormimos al raso en sus puertas.

Con la luz del sol nos despertó una amable voz, era Don Clemente el propietario del restaurante. Pasar amigos, por favor poneros cómodos nos dijo. Nos invito a un desayuno que nos devolvió a la vida mientras nos enseñaba un libro de visitas de todos los viajeros que pasaron por su local, y a los cuales había ayudado. Fue un honor firmar y formar parte de el. Al despedirnos remato la faena dándonos a cada uno 20 soles (moneda peruana, 3 soles = 1 dólares) para que comiéramos el resto del día. Son momentos en los que sé, que lo mejor de este viaje son las personas que conozco por el camino y sus apasionantes historias.

Despidiéndonos de la generosidad de Don Clemente comenzamos la tercera etapa en nuestra travesía hasta Lima. Colombia gozaba de una formidable condición física y sobretodo la indestructible motivación del que inicia un nuevo viaje. Yo en cambio sentía las piernas mas cansadas por las miles de pedaladas acumuladas. Nuevamente el desierto nos machacó y en Huarmey mis baterías se acabaron, apenas eran las 16:00 pm pero mi cuerpo dijo basta. Pasamos la noche en la iglesia del pueblo y pude reponer algo de fuerzas.

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(Colorado On The Road pedaleando junto a Luis Carlos, Colombia)

Me desperté con buenas vibraciones y entre bromas le decía a Colombia: Hoy lo damos todo en el desierto!!! Pero el desierto siempre tiene la última palabra. Avanzamos lo que el desierto nos deja avanzar, y probablemente ese fue uno de los días mas duros que pase pedaleando en Perú.

En cuanto dejamos atrás Huarmey, el viento nos dio los buenos días. La arena se levantaba y nos golpeaba todo el cuerpo, en mas de una ocasión solo podíamos andar empujando las bicicletas luchando por no ser derribados. En una parada de descanso junto a unas rocas que nos protegían parcialmente de las sacudidas de la arena, le dije a Colombia mientras bebíamos agua: Si algún día me caso estas invitado a mi boda hermano, y si alguien te pregunta de que me conoces, debes decir que nos conocimos cuando atravesamos juntos el infierno!!!

Fueron palabras que nos hicieron reír y bromear, mientras olvidábamos momentáneamente la batalla que estábamos librando y que pronto nos tocaría retomar. Terminamos llegando a un pequeño restaurante en mitad de la nada, donde pudimos cenar algo y recuperar la sonrisa. Colombia agotado se durmió sobre sus brazos apoyándolos en la mesa. Fue un alivio saber que era humano y que también se cansaba, porque hasta el momento había pedaleado como un animal. Pregunte a la propietaria del establecimiento si nos dejaba dormir en el suelo y nos acabo dejando un cobertizo. Vamos Colombia, vámonos a dormir le decía levantándole de la mesa.

A lo largo de toda esa jornada solo habíamos avanzado 47 kilómetros, caímos rendidos en el saco de dormir a las 20:00 pm y no nos movimos en 10 horas. Esa noche solo pude describir la sensación de luchar contra la nada, escribiendo en mi diario: Hoy el viento era tan fuerte que teníamos que pedalear hasta para ir cuesta abajo, en los llanos sentíamos que pedaleábamos cuesta arriba, y avanzar cuesta arriba, era el infierno.

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(Amaneciendo en mitad del desierto)

Para ahorrar dinero Colombia y yo bebíamos agua del grifo, lo cual nos provocaba ciertas incomodidades que hacia que nuestras necesidades matutinas llegaran puntualmente. A las 06:00 am me desperté para ir corriendo al desierto a echar una buena liberación de peso, cuando termine la tapé echándole arena con los pies, y Colombia cogió el relevo. Cuando regreso le pregunte: ¿Has tapado tu caca con arena como si fueras un gato? Si, me contesto.

Nuestras bromas mañaneras parece que también pusieron de buen humor al desierto y nos concedió una tregua. Con buenas energías pedaleamos hasta cumplir dos jornadas de 104 y 80 kilómetros. Colombia siempre iba delante mío y me sacaba buena distancia. Cuando el paraba compraba galletas y refrescos, se echaba a un lado de la carretera y esperaba a que llegara para que descansáramos juntos.

El ultimo día antes de llegar a Lima conocimos a un Veda que nos ofreció dormir bajo el techo de un devoto del Hare Krishna. Era una casa hecha de adobe y barro, sin agua corriente ni electricidad. Nos brindaron un cuarto para nosotros solos y nos enseñaron a usar un baño seco. Básicamente es un retrete que no funciona con agua y que tiene serrín en el fondo, haces tus necesidades, te limpias el trasero con agua y frotándote con la mano y al acabar echas mas serrín sobre tus desechos. Cuando este lleno el serrín con todo lo que viene se entierra y sirve como abono. Colombia estaba muy sorprendido y fue el primero en usarlo, pero nuestra puntual diarrea llamo a los dos a la vez. Mientras esperaba en la puerta oía a Colombia al otro lado decir lo extraño e inusitado que le parecía. A mi realmente me daba igual, en países musulmanes y en la India hice lo mismo solo que sin serrín, y en ese momento solo quería que Colombia terminara rápido.

Más aliviados fuimos con nuestro anfitrión a dar una paseo por la playa y practicar sandboard en las dunas. Después pasamos una buena noche matando mosquitos y madrugamos para por fin coronar Lima.

A 10 kilómetros de llegar a la capital peruana nos separamos, Colombia iba a la casa de una voluntaria de la ONG Techo con la que colaboraba desde hacia años, y yo iba directo a la casa de un español que me estaba esperando para recibirme, Andrés. Nos dimos tremendo abrazo para despedirnos y con la promesa de volver a coincidir. La dureza de las etapas nos habían unido como hermanos, y juntos fuimos mas fuertes.

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(Últimas pedaladas para llegar a Lima)

El trafico de la capital me hizo pasar instantes muy peligrosos y en un momento un camión casi me lleva por delante. El trafico era muy agresivo y no había lugar para una bicicleta. Llegar al centro fue duro he hice una parada para comer un ceviche en un puesto de la calle. La amable señora no me dejo pagar los 5 soles y me invito al almuerzo. Una vez cerca del barrio de Miraflores la situación se calmo y los carriles para bicicletas aparecieron.

Cuando llegué a la casa de Andrés sentí que las puertas del cielo se abrían. Disfruté de una larga ducha, la gloriosa cena, las cervecitas que nos tomamos riendo mientras compartíamos historias, para después envolverme en las suaves sábanas y dormir como un bebe. Me gustaría decir que tuve un agradable despertar, pero el ceviche que me tomé llegando al centro de Lima me produjo una de las mas terribles diarreas de todo el viaje, dejándome fuera de combate durante dos días.

Pasada la tormenta y los continuos viajes al baño, conocí el centro histórico de la ciudad, pasee por sus calles, visité una exposición de fotografías de la India y caminé por el malecón. Luche por crear una nueva relación con una revista peruana y solucionar mis problemas económicos, pero el barco no llego a ningún puerto. Durante una semana me alimente como un legionario devorando la despensa de Andrés, y repuestas las energías era momento de continuar.

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(Despidiéndome de Andrés en Lima)

Tan prolongado descanso dio sus frutos marcándome una etapa de 158 kilómetros, alimentándome solo a base de plátanos. Por el camino me encontré 5 soles y los invertí en unos paquetes de macarrones para completar el segundo día. El sol apretaba fuerte en mi avance hacia Nazca, pero las noches eran frías. Acampando en medio del desierto me dormí destapado y acalorado, el sueño fue tan profundo que no me di cuenta de la bajada de temperatura y me desperté de madrugada temblando de frío. Un error que pagaría muy pronto.

El tercer amanecer decidí poner en la parte trasera de la bicicleta un cartel en el que escribí ¨Sin Plata¨, con la esperanza de que alguien me brindara algo de comida. A media mañana me encontré una llave inglesa y un destornillador entre la arena del desierto, estaban en buen estado, así que los guarde y unos kilómetros mas adelante los cambie por algo de comer en un taller mecánico. Con la panza llena llegue a un peaje, donde mi cartel llamo la atención a los operarios y me regalaron una bolsa de comida, y un encanto de mujer me dio 10 soles. El día parecía que empezaba mal, pero la ayuda de los peruanos se hizo notar. Terminé acampando en una gasolinera de un pequeño pueblo llamado Santiago, cocine los espaguetis que pude comprar con el dinero que me dieron y antes de irme a dormir dos coches interrumpieron en la estación de servicio. Se había producido un robo en un hogar, los ladrones se dieron a la fuga pero los propietarios dispuestos a imponer su propia justicia habían salido a su captura, interceptándolos en la gasolinera donde estaba descansando. Lo único que impidió que se liaran a tiros fue la aparición casi instantánea de un coche de policía, poniendo nuevamente a los delincuentes en fuga.

Me aconsejaron que moviera todo mi campamento a otro lugar por si volvían, pero las fuerzas me abandonaron y la gélida noche anterior venia a cobrarse su factura. Entre temblores entré en mi tienda, me puse el termómetro y pasados unos minutos leí 38,5ºC. En ese momento lo único que me importaba era entrar en mi saco de dormir, tomarme el antibiótico y descansar.

Por la mañana la fiebre cedió terreno y el calor del sol hizo que sintiera de nuevo la fuerza de mis músculos. Cargue el potro de agua, desayune unas galletas y volví a internarme en el desierto. Cuanto mas calor hacia mejor me sentía, la temperatura subió hasta los 43ºC y avance a buen ritmo. Concentrado en mis pensamientos y en la carretera, no me percate de que dos ciclistas que estaban llevando a cabo su entrenamiento se acercaban por mi espalda. No me di cuenta hasta que se pusieron al lado mío y uno de ellos dijo: Colorado on the road!!!

Resulta que era un follower de mi proyecto, y después de compartir unas palabras quedamos en vernos en un restaurante próximo. Fue agradable hacer el descanso con dos compañeros. Me ofrecieron refrescos, comida y dado el descaro de mi cartel de ¨Sin Plata¨, me dieron 20 soles para continuar. Uno de ellos me pregunto que si estaba tan mal porque continuaba, mi respuesta no fue preparada, solo salió de mi: ¨Haga frío o calor, si nieva o llueve, tenga o no dinero, aun con 38,5 ºC de fiebre siempre seguiré adelante. Si paro me rindo, si avanzo sigo luchando, ese es mi concepto¨.

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(Pedaleando por el desierto con 38,5 ºC de fiebre)

Al final del día acampé cerca de Nazca y dormí con tan solo unas décimas, parecía como si el calor hubiera fundido la fiebre, pero aun no estaba al 100%. Antes de llegar a Nazca contemplé dos líneas desde un mirador, Las Manos y El Árbol. El encargado me dejo subir gratis, ahí no sabría diferenciar si por admiración a mi proyecto o por pena.

Nazca es una ciudad plagada de turistas que vienen de todas partes del mundo para sobrevolar las milenarias Líneas de Nazca. No tenia suficiente plata para darme ninguno de los lujos que me ofrecían, así que salí de la ciudad y acampe al inicio de la carretera que me llevarías a escalar las montañas andinas hasta llegar a Cuzco. Aproveche mi ultimo día de aire seco porque en cuanto comenzara el ascenso el clima comenzaría a castigarme de nuevo.

Tanto tiempo pedaleando por el desierto te anima a cambiar de paisaje y conocer algo nuevo, pero sabia que el reto que se me venia encima iba a ser duro. El inicio fue leve, hasta cómodo podría decir, muy poca pendiente y agradable, hasta que empecé a pedalear por la interminable serpiente asfaltada que reptaba por la ladera de Los Andes. Todo un día exprimiendo mis fuerzas para avanzar solo 40 kilómetros a lo largo, pero mas de 2000 metros a lo alto, un buen comienzo. En Villatambo me dispuse a dormir en la fría y húmeda montaña, y hablando con un camionero tuvo el gran gesto de invitarme a una cena calentita. Tenia mi vista puesta en Puquio pero 100 kilómetrazos que me lo iban a poner muy duro, en la cima de la montaña estaba la Pampa, una verde planicie donde las Llamas pastaban, y pasado el alto llegué a la bajada al valle donde la ciudad de Puquio me esperaba.

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(Subiendo Los Andes desde Nazca)

El desgaste del día anterior no me favoreció para escalar de nuevo y salir del valle, pero finalmente ascendí a 4000 msnm, donde me dejaron dormir en el suelo de un restaurante al cobijo de la lluvia y la niebla. No fue una buena noche, el frío me atravesaba el cuerpo pero aun así al salir el sol retome con motivación mi escalada. Las pedaladas eran largas y termine empujando un buen trecho hasta que alcance la Pampa, la auténtica Pampa a 4541 msnm. El oxigeno era escaso y cada poco tenia que parar a descansar para respirar por muy leve que fuera la subida. Las Llamas me ignoraban mientras se alimentaban en rebaños de cientos, pero las Vicuñas eran diferentes, mas desconfiadas siempre soltaban un grito desde la lejanía para advertir a sus amigas de mi presencia.

Estaba totalmente agotado y entumecido por el frío cuando llegue al casi deshabitado pueblo de Negro Mayo. Una tormenta dejó caer aguanieve justo cuando entraba en un restaurante, para comprar algo de comida y pedir si me dejaban un rincón para dormir. Muy amablemente me brindaron un cobertizo con un montón de gruesas mantas, era un millón de veces mejor que estar ahí afuera luchando con mi tienda de campaña contra la tormenta.

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(Pedaleando a 4541 msnm en la Pampa peruana)

A la una de la madrugada me despertó un intenso dolor de cabeza, la altura me estaba dando un aviso, el cual no pude dejar de escuchar hasta que salió el sol y me ofrecieron en la casa un té de hoja de coca. No fue un remedio milagroso, pero me alivio. Tenia claro que no quería pasar otra noche mas en la altura andina, así que decidido me subí a mi potro con las montañas nevadas de escaparate. En teoría decir Pampa se refiere a una planicie, pero esto no es exactamente así. Por muy fácil que parezca subir una colina al nivel del mar, a 4541 msnm es como escalar una montaña. Fue una jornada especialmente exigente y enigmática a la vez. El deseado descenso llegó rozando el ocaso y pude dormir a 3600 msnm, olvidando el desagradable dolor de cabeza.

Los días siguientes me deslice por la carretera que atraviesa el cañón formado por el caudaloso río Pachachaca. Fueron momentos tranquilos en los que el riesgo de desprendimiento no alteró mi calma, ni aun cuando la roca cubría la carretera y tenia que escalar los montículos para llegar al otro lado. La ciudad de Abancay estaba cada vez mas cerca y con ella la promesa de restar distancia hasta Cuzco.

Pero hubo algo que si perturbo mis tranquilos días, y que agitaría mis mas temidos miedos. Pedaleando con total normalidad y enfrascado en mis pensamientos, un bocinazo de un autobús que estaba a punto de rebasarme me despertó de mi parsimonia. Me aparte de su trayectoria arrimándome cuanto pude al borde del asfalto, entonces fue cuando un tranquilo perro negro decidió cruzar la carretera, inconsciente del peligro que se avecinaba. No se inmuto hasta que el conductor volvió a dar un nuevo aviso con la bocina, el canino desorientado empezó a correr hacia delante, yo comencé a frenar y el autobús me rebaso, pero el perro solo corría hacia delante. El pánico me hizo gritar con todas mis fuerzas, ¨¡Apártate!¨, pero el conductor no hizo ni siquiera un amago de frenar ni de girar, simplemente lo paso por encima a escasos metros de mi. Vi como lo destrozo, como se le salían las tripas, escuché el crujido de todos sus huesos rompiéndose y como lo descuartizaba entre las ruedas. Me detuve junto al pobre animal mientras estiraba la única pata que le quedaba en su sitio, retorció el cuello de dolor y murió.

Hacia mucho tiempo que no lloraba, la última vez fue en Washington cuando hablé con mi hermana después de que diera a luz. Pero esta vez no lloraba de alegría, lloraba de rabia mientras dejaba atrás el aun caliente cadáver del perro. No podía dejar de pensar en partirle la cara al conductor, me hervía la sangre y durante 30 minutos retumbo por todo el cañón un grito que no pude detener: HIJODEP***!!!!!

Conseguí dejar de gritar, conseguí calmarme, pero nunca conseguiré olvidar lo que vi. Me sentía identificado con el pobre perro, y reconozco que tengo miedo de sufrir el mismo final, pero ese miedo no podrá elegir como finalizará este viaje, porque yo ya lo he elegido, volver a casa sano y a salvo.

A medida que me acercaba a Abancay empecé a toparme con rocas en la carretera pero que no parecían haberse caído de la montaña, sino puestas por el hombre. En mi breve desconexión del mundo, parece que en Abancay y Andahuaylas se había desatado una batalla campal en contra de las excesivas facturas de electricidad. Las ciudades eran una zona de batalla.

Tarde poco tiempo en llegar a una barricada a 30 kilómetros de Abancay, donde la caravana de autobuses, coches y camiones permanecía inmóvil desde hacia 2 días. Miles de personas se agolpaban para conseguir algo de comida y la desesperación se apoderaba de todos. Numerosos vigías hacían guardia en lo alto de la montaña para lanzar piedras a cualquiera que se atreviera a transitar la carretera. No había mas opción que sentarse y esperar.

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(Izquierda: Barricada entrando a Abancay. Derecha: Vigías en la montaña)

Junto a la barricada conocí a dos hermanos turcos que viajaban en una furgoneta hacia Cuzco, con la ilusión de montar un puesto de Kebabs. Nos hicimos amigos muy rápidamente y les conté un sin fin de anécdotas que viví en su país, eran buena gente.

Por fortuna el problema de las revueltas fue expuesto en el parlamento y llegaron a un acuerdo, dando así por finalizado el asedio de la ciudad. Levantaron la barricada y dejaron que los vehículos avanzaran. Mis nuevos amigos turcos me ofrecieron llevarme hasta Abancay, y no lo dude ni un solo instante, tenia que alejarme lo antes posible de ahí. Cuando llegamos a la ciudad, nuevamente los protestantes impidieron el paso quemando neumáticos para cortar la carretera. Esto aun no había terminado.

Durante una hora esperamos a que la revuelta finalizara, y por fortuna así fue. Los turcos y yo acampamos en una gasolinera, y rematamos la faena bebiéndonos unos tragos de ron que tenían escondido en la furgoneta. A fin de cuentas teníamos razones para celebrar.

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(En Abancay junto a mis amigos turcos)

Por la mañana nos despertó el sonido de la lluvia y la incertidumbre de que las revueltas volvieran a comenzar, así que cuando mis nuevos amigos me ofrecieron llevarme hasta Cuzco no lo dude, cargue todo el equipo y a mirar hacia delante. Mientras iba en la parte trasera de la Volkswagen no dejaba de pensar que estaba cometiendo un error, pero en situaciones difíciles hay que tomar decisiones difíciles.

Todo apuntaba a que seria un trayecto tranquilo, pero en una curva traicionera una de las ruedas delanteras estalló. Mis amigos turcos habían comprado el coche en Perú, y hasta que la rueda falló no se dieron cuenta de que la furgoneta no contaba con rueda de repuesto, ni gato, ni herramientas. Echados a un lado de la carretera y analizando el problema, me di cuenta de que había una cámara en el interior del neumático. Es la misma idea que en mi bicicleta, pero a mayor escala. Solo pude decirme una cosa a mi mismo, acepto el reto.

Primero detuve a un coche para pedirle prestado el gato, elevé la furgoneta y la sostuve con varias rocas. No pudimos sacar la rueda entera porque las herramientas del coche no eran de la misma medida. Con mucha paciencia conseguí sacar la cámara por el pequeño espacio que quedaba entre la llanta y el neumático. Una vez la tuve en mi mano fui haciendo autostop hasta un pueblo con uno de los turcos, mientras el otro se quedaba vigilando. Ya frente al taller fue sencillo encontrar un repuesto de las mismas medidas, y volver de nuevo hasta la furgoneta haciendo autostop. Ahora venia lo complicado. Introduje la nueva cámara ayudándome de unas herramientas de mi bicicleta, para ir empujándola pacientemente hasta su posición. Una vez instalada comencé a inflarla con el hinchador de mi potro, y 30 minutos después quedo lo suficientemente bien como para llegar a la próxima gasolinera y terminar de hincharla. Justo cuando me dispuse a parar nuevamente a un coche para utilizar su gato y volver a bajar la furgoneta, una grúa se detuvo y nos ayudo a terminar la faena sin coste alguno.

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(Hinchando la rueda con el inflador de mi bicicleta)

Terminamos llegando de noche a Cuzco, pero llegamos!!!. Una amiga me estaba esperando para recibirme, y también invitó a mis nuevos colegas a pasar la noche en casa. Al día siguiente nos despedimos y fueron a visitar a un amigo en el centro de la ciudad. Colombia había llegado un día después que yo y fue una grata sorpresa poder abrazar de nuevo a mi compañero.

Pero tenia que dejar de lado todas las complicaciones que supere para llegar a Cuzco desde Lima, era momento de concentrarse en el presente objetivo, ir al Machu Picchu. Con timidez accedí en mi cuenta bancaria desde el ordenador, para comprobar si me había llegado el pago de la Editorial Santillana, pero en vez de eso encontré un regalo de mis primas para que continuara luchando por este gran sueño. El regalo fue suficiente para cubrir los gastos del transporte, la entrada y la alimentación hasta el Machu Picchu.

Ir en bicicleta hasta el santuario histórico era un reto que no ofrecía viabilidad, no estaba en mi ruta y tenía la complicación de que en vez de ahorrar dinero, la excursión me iba a salir mas cara. La mejor opción era dejar la bicicleta en Cuzco y hacer la ruta como un mochilero, y así dar un buen descanso a Bucéfalo.

Contrate por 80 soles los servicios de una agencia, que me llevaría en autobús hasta la hidroeléctrica y me traería de vuelta. Desde la hidroeléctrica haría una caminata de 14 kilómetros hasta el pueblo de Aguascalientes, situado en la base de la montaña donde se encuentra el Machu Picchu.

Con mi macuto ya preparado me subí en un minibús a las 08:00 am para dejarme llevar durante 7 horas. El viaje fue mucho mas ameno de lo que pensaba gracias a la compañía de una vieja colombiana llamada Andrea, y también porque las dos últimas horas las hicimos cruzando ríos y bordeando precipicios por caminos de tierra. En cuanto mis botas tocaron de nuevo la tierra, me puse en marcha junto a otros viajeros para caminar hasta Aguascalientes.

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(Llegando a la Hidroeléctrica bordeando los acantilados)

El camino consiste en seguir unas vías de tren paralelas al río Vilcanota, evitando así pagar 12 dólares por el pasaje. La mayoría de los guías dicen que es solo un paseo, y lo comparto, a fin de cuentas tengo 28 años y unas piernas de acero. Pero el camino es mas difícil de lo que parece.

Mientras caminábamos serpenteando el cañón, maravillados por la fuerza del río, abrigados del sol por las montañas y la naturaleza, nos topamos con una señora que viajaba junto a su hija, y que estaba teniendo dificultades por la fatiga. Un grupo de israelís llego antes que nosotros y la transportaban en brazos. La señora no podía respirar bien, le costaba andar y tenia la tensión muy baja. Avanzamos unos metros más pero necesitábamos asistencia para transportar a la señora en un vehículo a cualquier centro de salud cercano. Conseguimos llevarla hasta una estación de tren, donde los israelís la dejaron en el suelo para descansar. Aguascalientes estaba a 2 kilómetros, la presté mi sudadera y les pedí que me esperaran, iría corriendo a Aguascalientes a buscar un coche. Fue una buena trotada que me llevo a las puertas del pueblo donde me tope con una patrulla de policía nada mas llegar, antes de que terminara de explicar la situación ellos me dijeron que ya lo sabían. Mientras yo corría un peruano que pasaba por la zona consiguió contactar con la comisaría y pedir ayuda. Pasé unos minutos esperando hasta que los trajeron a todos, busqué un hostal por 20 soles, compré la entrada por 45 dólares y me fui pronto a dormir para reponer fuerzas, las iba a necesitar.

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(Iniciando el camino a Aguascalientes junto a Andrea, viajera colombiana)

Había que hacer el esfuerzo de subir hasta el Machu Picchu, desde Aguas Calientes hay un sin fin de escaleras para llegar a la entrada, y no estaba por la labor de pagar 12 dólares por el autobús. Me levanté a las 03:45 am y a las 04:30 am ya estaba saliendo del hostal bajo la lluvia y rodeado por la niebla. Llendo hacia el primer control de acceso me crucé con dos chilenos con los que terminaría compartiendo la escalada. Llevaba todo el peso del macuto a la espalda ya que al finalizar la visita volvería directamente a la hidroeléctrica para volver a Cuzco. Los primeros pasos fueron fáciles y emocionantes, pero a los 30 minutos el cansancio apareció. Varios fueron los que intentaron parar algún autobús, arrepentidos de no haberse subido desde un primer momento, pero todos iban completamente llenos. Poco a poco, escalón a escalón, fuimos subiendo lentamente. En cuanto salió el sol, la lluvia se calmo y la niebla era cada vez menos densa. Cuando estábamos a escasos metros de coronar me di la vuelta y le dije a uno de los chilenos, ¨Esto es de nivel militar¨. Fue un gran momento finalizar la escalada de mas de 1000 metros en vertical.

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(En la cima, después de subir todas las escaleras hasta la entrada)

Ya en la cima dejamos los macutos en unas taquillas, entramos con ansia por ver la maravilla del mundo, pero la niebla no nos permitió tener la primera impresión que buscábamos. Decidimos subir a un mirador situado a mayor altitud. La mejor opción es subir la montaña de Huayna Picchu, pero la entrada es más cara. Después de una hora llegamos al mirador situado junto a un templo, la niebla aun estaba presente pero unos minutos mas de espera y por fin llegó la claridad. Fue una sensación única, parecía que brillaba el Santuario Histórico de Machu Picchu. Son momentos en los que valoras todo el esfuerzo de haber llegado hasta ese momento. Nuestra siguiente decisión fue bajar para recorrer sus calles y conocerlo más de cerca. Situado a una altitud media de 2500 msnm, el Santuario fue construido en el año 1450 bajo el gobierno del Inka Pachacuti, para que fuera el centro religioso, político y administrativo de la región. Caminar entre sus centenarias rocas fue como darse un baño de historia.

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(Colorado On The Road en el Santuario histórico de Machu Picchu)

Pero el reloj no perdona y la agencia de transportes nos habían dejado un margen muy pequeño. Teníamos que regresar a la Hidroeléctrica antes de las 14:00 pm para regresar a Cuzco. Por delante teníamos 1 hora bajando las resbaladizas escaleras, 14 kilómetros de caminata y 7 horas de minibús. Mientras regresaba valoré toda la experiencia que había vivido, y sin duda alguna lo que mas me gustó, fue la aventura de llegar hasta la cima.

De vuelta a Cuzco no hubo nadie que pudiera moverme de la cama durante todo un día, tenia que descansar. Volví a encontrarme con Colombia, comimos juntos y quedamos de vernos en La Paz. Repare la suela de mis botas, organice todo mi equipo, actualice mi web y cuando volví a consultar el saldo de mi cuenta me llevé la alegría de haber recibido ya el pago de Santillana. Con dinero suficiente para vivir dos meses mas de pedaleo, me dispuse a continuar y poner rumbo a la frontera con Bolivia.

Bucéfalo y yo volvíamos al ruedo, solo que esta fue una de las extrañas ocasiones que pedaleaba con agujetas. Las jornadas fueron agradables, tranquilas y sobre todo sentía la profunda tranquilidad de tener algo de dinero en la cuenta. Un día apure las pedaladas hasta altas horas de la noche, la carretera estaba poco transitada y mi potro cuenta con muchas luces de posición. Un camión me quería adelantar, así que me eche a un lado, me detuve y me rebaso con mucha seguridad. Hubiera sido algo monótono e incluso rutinario, pero nada mas me adelantó vi como un motorista ebrio avanzaba en dirección contraria. El camionero intento esquivarle mientras frenaba al mismo tiempo, pero el motero se estampo de lleno contra el.

Me quede inmóvil, no quería pasar por ahí, no quería verlo, pero tenia que hacerlo. Me aproxime y vi al hombre tirado en el suelo con las dos piernas destrozadas, fui a dejar la bicicleta para ayudar en lo que pudiera, pero un coche de policía llegó en ese momento y decidí dejar el lugar.

Avance lento, afectado por lo que había vivido, avanzaba como un espectro. Mas adelante me cruce con una manada de perros que andaban por la carretera, yo estaba tranquilo y ellos también, parecían buenos chicos. Nos cruzamos la mirada y cada uno siguió su rumbo, todos menos uno. A los 30 segundos paso un coche que no le dio valor a sus vidas y atropello a uno de ellos. Joder estaba ya hasta los huevos.

Termine mis últimos días en Perú escalando hasta el paso de Abra la Raya (4338 msnm) y entrando en el Altiplano de Los Andes Centrales. Mi última comida antes de cruzar la frontera fue una trucha del lago Titicaca. Era momento de empezar un nuevo reto, perseguir nuevos objetivos, conocer mi país numero 30 y continuar mi camino hacia el Sur.

¨La felicidad reside en la libertad,

y la libertad se alcanza con el coraje¨.

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Vídeo Nacho Dean:

Desierto de Sechura:

Desde Nazca hasta Cuzco:

Machu Picchu:

Video para Santillana:

Colombia

Etapas:

04/12/2014 Llegada a Cartagena de Indias (Entrada en Colombia) (7 km).

05/12/2014 Cartagena – Barranquilla (130 Km).

06 -11/12/2014 Descanso en Barranquilla.

12/12/2014 Descanso en Barranquilla (37 km).

13/12/2014 Descanso en Cartagena.

14/12/2014 Descanso en Cartagena.

15/12/2014 Descanso en Barranquilla.

16/12/2014 Descanso en Barranquilla.

17/12/2014 Descanso en Barranquilla.

18/12/2014 Barranquilla – Calamar (100 km).

19/12/2014 Calamar – Oveja (96 km).

20/12/2014 Oveja – Sahagún (93 km).

21/12/2014 Sahagún – La Apartada (123 km).

22/12/2014 La Apartada – Puerto Valdivia (118 km).

23/12/2014 Puerto Valdivia – Ventanas (36 km).

24/12/2014 Ventanas – Piedras Blancas (36 km).

25/12/2014 Piedras Blancas – Medellín (107 km).

26/12/2014 Descanso en Medellín.

27/12/2014 Descanso en Medellín.

28/12/2014 Medellín – La Garrucha (115 km).

29/12/2014 La Garrucha – Santa Rosa de Cabal (81 km).

30/12/2014 Santa Rosa de Cabal – Tuluá (135 km).

31/12/2014 Tuluá – Cali (95 km).

01/01/2015 Descanso en Cali.

02/01/2015 Descanso en Cali.

03/01/2015 Cali – Piendamo (102 km).

04/01/2015 Piendamo – Piedrasentada (94 km).

05/01/2015 Piedrasentada – Pueblo Remolino (103 km).

06/01/2015 Pueblo Remolino – Chachagsí (50 km).

07/01/2015 Chachagsí – Pasto (41 km).

08/01/2015 Pasto – Ipiales (81 km).

09/01/2015 Descanso Ipiales.

10/01/2015 Descanso Ipiales.

Colombia

Cuando planifique mi vuelta al mundo en bicicleta, tenia mis serias dudas de si el FerryXpress que conecta Panamá con Colombia iba a ser una realidad a mi llegada a Centroamérica. Por fortuna llegué dos semanas después de su inauguración, evitándome así el estrés de embarcar en un avión a mi fiel potro.

Partiendo de Colón, hice tierra en la histórica ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Me despedí de Oscar, el viajero argentino que llevó a bucéfalo y todo mi equipo en el interior de su furgoneta durante el trayecto en Ferry, evitándome así pagar las tasas de transporte. Llamé a Juan Pablo, un amigo colombiano de mi cuñado para que me ayudara hospedándome esa noche, y dormir mi primer día en Sudamérica bajo techo.

Mi llegada a Colombia significaba que ya había alcanzado mi media vuelta al mundo en bicicleta. Pero me había marcado la ciudad costera de Barranquilla como kilómetro cero en Sudamérica. La primera etapa pedalee 130 kilómetros a través de llanuras y pequeñas colinas, bajo un sol abrasador y unas elevadísimas condiciones de humedad. Al atardecer corone mi objetivo y experimente el único fenómeno que interrumpe a lo largo del año el intenso calor barranquillero, la lluvia. El cielo se abrió y dejó caer una tromba de agua inundando las calles, y formando fuertes ríos colina abajo atravesando la ciudad para desembocar en el río Magdalena. Nunca antes había pedaleado atravesando la corriente.

En barranquilla estaba el hotel Estelar, donde la empresa de Lucho, mi cuñado, tenia un apartamento alquilado en el que me habían autorizado a dormir hasta su llegada.

Con mi ropa sucia y desgastada, totalmente calado y lleno de barro, entre en la diáfana e inmensa recepción del lujoso hotel bajo la atenta mirada de los botones, mientras dejaba una estela a mi paso de agua y suciedad con cada pisada. Al llegar al mostrador dije el nombre de mi cuñado, me dieron la llave de la habitación y sentí que se me abrían las puertas del cielo.

Durante el fin de semana pase una horrible espera a que mi familiar volara desde Madrid hasta Colombia. Sufriendo con el buffet libre de los desayunos, dándome largas duchas de agua caliente, durmiendo en una esponjosa nube envuelto por el aire acondicionado y acostado en la cama eligiendo entre 150 canales de televisión. De vez en cuando no viene mal desconectar del salvaje viaje.

El domingo por la noche fui al aeropuerto para recibir a Lucho, era el primer familiar que veía desde que deje atrás España. Fue un momento que espere con ansia durante varios meses. A lo largo de la semana siempre encontraba un hueco en el trabajo para que comiéramos juntos y compartir todo el tiempo posible. Aunque yo tampoco estaba desatareado.

Un colombiano llamado Jorge de la Hoz me había conseguido entrevistas en los principales periódicos del país, en programas de radio y en tres programas de televisión en los que entraría en directo. Realice una marcha con mas de 300 ciclistas por todo Barranquilla junto al grupo Biela Quilla y deje a Bucéfalo en la tienda de ciclismo El Almacén Triciclo, donde me lo devolvieron completamente saneado y listo para rodar 30.000 kilómetros más.

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(Colorado On The Road en diferentes medios de comunicación en Barranquilla)

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(Colorado On The Road junto al grupo de ciclismo Biela Quilla)

Para el fin de semana mi cuñado decidió que tenia que pasar unos días en Cartagena de Indias a cuerpo de rey, a lo que no me opuse ni segundo. Pero aun quedaban mas sorpresas. Mis colegas madrileños Michael y Marta pudieron escaparse de su trabajo en Bogotá y volar hasta la costa para reencontrarnos esos días, así que el equipo ya estaba formado para quemar la noche del viernes: Juan Pablo, Lucho, Michael, Marta y yo.

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(Michael, Colorado On The Road, Marta y Lucho en Cartagena de Indias)

El sábado por la mañana nos alejamos de la historia colonial española de Cartagena, para visitar en la lancha de Juan Pablo las caribeñas islas del Rosario. Un paraíso en la tierra bebiendo cocos con ginebra, comiendo marisco en las playas de arena blanca, tomando cervezas y saltando las olas a ritmo de ACDC.

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(Visitando las Islas del Rosario)

En un momento dado mientras íbamos a toda velocidad con la lancha vimos saltar un delfín, entusiasmados nos acercamos mas para intentar apreciarlo mejor. La música estaba a todo volumen así que Michael le sugirió a Juan Pablo que la bajara, a lo que contesto: “Que va, a ellos les gusta el rock”. No hace falta decir que no volvimos a ver al delfín.

Pasamos las últimas horas del domingo conociendo la historia de Cartagena para finalmente dar por concluido un fin de semana perfecto, y volver cada uno a su vida normal. Antes de ponerme en marcha y salir de Barranquilla tenia que seguir el antiguo ritual de pasar varios días anclado al ordenador, para continuar documentando el viaje.

Después de un largo descanso, despedirme de Lucho con un eterno abrazo y devastar por ultima vez el buffet libre del hotel, emprendí mi ruta por Sudamérica. Mi siguiente objetivo seria pedalear 700 kilómetros, para superar 5000 metros de desnivel positivo y alcanzar Medellín. Los primeros 550 kilómetros supuso atravesar un océano de colinas subiendo y bajando pequeñas pendientes sin cesar, con un clima cálido por el día y agradable por las noches. Durante las primeras 5 etapas encontré descanso acampando en gasolineras 24 horas que contaban con seguridad privada, la idea de hacer acampada libre estaba totalmente descartada. Aunque el pueblo colombiano es gentil y cercano, el peligro de los robos y asaltos es una realidad. Siempre que no encontraba un lugar seguro para pasar la noche con mi fiel tienda de campaña, la mejor opción era invertir en un hospedaje y dormir tranquilo.

A la hora de reponer fuerzas la gastronomía colombiana ofrece una gran variedad, el plato por excelencia es la Bandeja. Un combinado de arroz, frijoles, ensalada, aguacate, huevo y carne a elegir (pollo, cerdo o res), acompañado de un zumo o un jugo de panela con limón, una bebida cargada de azúcar para reponer fuerzas.

Culminar mi quinta etapa desde Barranquilla supuso mi llegada a Puerto Valdivia, y con ello el inicio de la escalada por los Andes hasta llegar a Medellín. Era momento de comprender el termino “escalar como un escarabajo”, y recordar a las leyendas colombianas Lucho Herrera y Fabio Parra.

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(Escalando el primer puerto de montaña en Sudamérica)

Las estaciones en Colombia están marcadas por la altura, y durante la ascensión experimente el cambio de clima. Alcanzar los 2700 msnm supuso toparme con la niebla, el descenso de las temperaturas y la humedad. Sin darme cuenta el día 24 de Diciembre llego antes de que coronara Medellín. Sin saber donde pasaría la Navidad seguí pedaleando sin mas, hasta que en un caserío me invitaron a pasar las fiestas con la gente local.

Por la noche toda las personas de los hogares cercanos se reunieron en el caserío para repartir regalos entre los niños, comer natillas con buñuelos, beber unos tragos y bailar salsa hasta altas horas de la madrugada. Recibí tanto cariño y aprecio que durante unas horas olvide por completo extrañar a la familia, y  me deje llevar por ese momento único en la vida.

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(Pasando las navidades en un Caserío en las montañas Colombianas, presentando a los niños a Bucéfalo)

Después de 3 días afrontando las pendientes y desniveles a lo largo de 180 kilómetros, la recompensa a tan duro esfuerzo fue alcanzar Medallo donde me esperaba Luis, un colombiano que me invito a su casa para conocer la ciudad y su familia.

Medellín es una ciudad que engancha por su buen clima, el cual le ha valido el nombre de la ciudad de la eterna primavera, donde se puede disfrutar de una cultura ciclista insuperable, contemplar la ciudad desde las alturas gracias al metro cable, recargar fuerzas con una típica Bandeja Paisa y por que no decirlo, conocer a las mujeres mas hermosas de Colombia.

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(Junto a  Luis en lo alto del metro cable de Medellín)

Para salir del valle de Aburrá y dejar atrás Medallo, subí el puerto de montaña hacia la ciudad de Caldas, una vía totalmente tomada por los ciclistas. Una vez superada, ascendí por la carretera principal los últimos kilómetros hasta alcanzar los 2400 msnm, y me prepararé para una bajada impresionante con los Andes por escaparate.

La presencia militar es elevada en las carreteras del interior de Colombia. A pesar de que el país esta saliendo de una época de extrema violencia, la guerrilla aun mantiene el conflicto con el Estado. Apostados en la carretera, los militares levantan el dedo pulgar a los conductores representando el gesto “OK”, dando a entender que la carretera es segura y que están protegidos por las fuerzas del orden. La respuesta de los conductores, es hacer sonar levemente el claxon en muestra de agradecimiento.

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(Junto a un militar colombiano en un puesto de carretera)

Hasta Santa Rosa De Cabal es una ascensión progresiva por el eje cafetero colombiano. Una vez alcanzada nuevamente la cima fue hora de recibir al Valle del Cauca, atravesando colina abajo la ciudad de Pereira. El final de los 430 kilómetros que separan Medellín de Cali, fueron 200 kilómetros de llanura pedaleando bajo el sol con un clima inmejorable.

Esta vez si pude seguir fielmente mi itinerario y llegar a la ciudad de Cali el 31 de Diciembre por la tarde, y poder llegar a tiempo para aceptar la invitación de Luz de despedir el año junto a su familia. Estaba viviendo las segundas navidades del viaje, pero realmente eran las primeras ya que hacia justo un año estaba en Irán, donde no hay navidad.

Después de una buena ducha y de ponerme mi ropa mas “elegante”, disfruté de una deliciosa cena junto a una gran familia colombiana, me comí las 12 uvas pero sin mis campanadas de la Puerta del Sol y descubrí una tradición que me encanto, el año viejo. Una vez pasa la media noche y comenzado el nuevo año, prendieron fuego a un muñeco vestido con ropa, relleno de paja y pólvora, simbolizando al año viejo que se marcha.

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(Colorado y Luz en la cena de año viejo)

A la mañana siguiente nos acercamos por la tarde a visitar a mas familiares de Luz a una zona mas humilde de la ciudad. En Colombia se han marcado los estatus sociales  según los ingresos mensuales de cada persona, agrupados en 7 estratos. Los estratos 1 y 2 son las personas mas humildes, del 3 al 5 son las personas de clase media y por último los estratos 6 y 7 son las clases altas.

El 1 de Enero Luz me llevo a conocer a sus abuelos quienes vivían en un barrio de estrato 2,  donde estaban en plena fiesta. El agua volaba de lado a lado de la calle, la gente se lanzaba espuma y una boca de incendios abierta proyectaba un enorme chorro de agua a presión. Después de conocer a los encantadores abuelos de Luz y de tomarme un Sancocho, una sopa típica colombiana, me lancé de lleno a la fiesta del agua y a luchar contra la fuerza del agua de la boca de incendios. Estaba recibiendo el año en pleno verano, jugando como un niño pequeño y arropado por las personas mas humildes y felices de un barrio de Cali.

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(Fiesta del agua en las calles de Cali el 1 de Enero)

Antes de partir recibí un mensaje de Manuel Sarmiento, distribuidor oficial en Colombia de la firma Kenda y Venzo. Manuel se ofreció a darme un tour por toda la ciudad y a llevarme a conocer el Cristo Rey situado en lo alto de un mirador, el cual, es una replica a escala del Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Después de un largo día de turismo Manuel remato la faena con unas gafas Venzo nuevas para sustituir las rayadas lentes que utilice hasta el momento, y un par de cubiertas Kenda para olvidarme durante varios meses del mantenimiento de las ruedas, además de varios obsequios como cámaras, parches y camisetas. Todo un impulso para continuar el proyecto. La mañana que deje atrás Cali fui acompañado por el grupo de ciclistas Piernas Locas Team hasta 20 kilómetros a las afueras para despedirme.

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(Colorado On The Road junto al Cristo Rey de Cali)

Es difícil muchas veces seguir avanzando sin mirar atrás, pero todo el apoyo que recibo por el camino me tiene que dar fuerzas para mirar al frente con mas energías. Por delante tenia el tramo mas complicado para finalizar mi tour por Colombia, en apenas 470 kilómetros superé 8200 metros de desnivel positivo. Mi llegada a la fría ciudad de Pasto significó encarar el último esfuerzo para llegar a la ciudad fronteriza de Ipiales. Mi última etapa transcurrió en las alturas contemplando los mas impresionantes cañones de Colombia, atravesando caídas de agua de mas de 20 metros y observando los ríos descendiendo entre las montañas.

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(Pedaleando en los Andes Colombianos)

En Ipiales me esperaba Luis, amante de la bicicleta y gran follower del proyecto Colorado On The Road. Esta vez la parada fue mas breve, pero igual de crucial para reponer fuerzas. Ya estaba con la frontera de Ecuador a menos de 2 kilómetros y era momento de prepararse para enfrentar los nuevos retos de mi segundo país en Sudamérica, pero el país numero 28 del viaje.

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(Colorado On The Road junto a Luis y su hijo en Ipiales)

En apenas un mes experimente cuatro estaciones, el verano en Cartagena y Barranquilla, la primavera en Medellín y Cali, el otoño en Pasto y el invierno en Ipiales. Desperté el “escarabajo” que llevo dentro escalando 13.050 metros de desnivel positivo a lo largo de 1725 kilómetros. Colombia es un país en el que viví la bondad y alegría de su gente, el cual me pareció mas seguro de lo que dicen las malas lenguas, siempre y cuando respetes la regla mas importante:

“No des papaya”

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(No des papaya papito)

Vídeo Islas del Rosario:

Vídeo de las etapas desde Barranquilla hasta Medellín:

Vídeo de las etapas desde Medellín hasta Cali:

Prensa Colombiana, El Heraldo:

Prensa Colombiana, La Tribuna (1° Parte):

Prensa Colombiana, La Tribuna (2° Parte):

Prensa Colombiana, Collage:

USA: De Montana a California

Etapas:

01/06/2014 Superior – Clinton (139 Km).

02/06/2014 Clinton – Gregson (161 Km).

03/06/2014 Gregson – Norris (136 Km).

04/06/2014 Descanso en Norris.

05/06/2014 Descanso en Norris.

06/06/2014 Norris – West Yellowstone (133 Km).

07/06/2014 West Yellowstone – Yellowstone National Park, Canyon Village (70 Km) (Entrada en Wyoming).

08/06/2014 Yellowstone National Park, Canyon Village (118 Km).

09/06/2014 Canyon Village – Grand Teton National Park, Flagg Ranch (108 Km).

10/06/2014 Flagg Ranch – Jackson (94 Km).

11/06/2014 Jackson – Smoot (137 Km).

12/06/2014 Smoot – Garden City (116 Km) (Entrada en Utah).

13/06/2014 Garden City – Ogden (149 Km).

14/06/2014 Ogden – Farmington (29 Km).

15/06/2014 Descanso Farmington.

16/06/2014 Farmington – Salt Lake City (33 Km).

17/06/2014 Descanso en Salt Lake City.

18/06/2014 Descanso en Salt Lake City.

19/06/2014 Salt Lake City – Grassy Mountain West Rest Area (119 Km).

20/06/2014 Grassy Mountain West Rest Area – Oasis (153 Km).

21/06/2014 Oasis – Ryndon (110 Km) (Entrada en Nevada).

22/06/2014 Ryndon – Rest Area I80 (98 Km).

23/06/2014 Rest Area I80 – Winnemucca (147 Km).

24/06/2014 Winnemucca – Lovelock (123 Km).

25/06/2014 Lovelock – Fernley (103 Km).

26/06/2014 Fernley – Truckee (121 Km) (Entrada en California).

27/06/2014 Truckee – Strawberry (97 Km).

28/06/2014 Strawberry – Sacramento (155 Km).

29/06/2014 Sacramento – San Francisco (203 Km).

30/06/2014 Descanso en San Francisco (14 Km).

01/07/2014 Descanso en San Francisco (60 Km).

02/07/2014 Descanso en San Francisco.

03/07/2014 Descanso en San Francisco (15 Km).

04/07/2014 Descanso en San Francisco (15 Km).

05/07/2014 Descanso en San Francisco.

Estados Unidos: Montana, Wyoming, Utah, Nevada y California

Nada más entrar en Montana, la recompensa por haber escalado un puerto de montaña fue instantánea, una larga bajada entre los frondosos bosques.

El haber cruzado las montañas significaba que entraba en un nuevo ecosistema en el que el Oso es el rey. Todo lo que Darren me había enseñado en mi paso por Canadá era hora de ponerlo en práctica, durante mis tres primeros días de acampada. Fui adquiriendo la costumbre de dejar siempre a 30 metros del campamento las alforjas de la comida colgadas en la rama de un árbol, a repasar siempre antes de dormir que nada con un rastro de olor de comida estuviera dentro de la tienda, ni siquiera la pasta de dientes. Dormir con el cuchillo cerca como última medida de seguridad se estaba convirtiendo en un hábito que ya nunca perdería.

A los lados de la carretera los ciervos salvajes pastaban tranquilamente, pero también algún descuidado cruzaba la carretera al pleno galope y el trágico resultado algunas veces se daba, y terminaban muertos a un lado de la carretera.

El clima era húmedo, los pastos verdes y los bosques no parecen tener fin. Atravesar el estado de Montana en primavera fue sin duda un acierto. Llegando a la ciudad de Norris en plena noche y bajo una intensa lluvia, me detuve en el único establecimiento que había abierto para preguntar por un lugar seguro en el que acampar. Fue entonces cuando conocí a Josh y Penélope, una pareja que tenía un rancho a pocos kilómetros y que me ofrecieron pasar unos días en su casa para descansar, y continuar con toda la energía posible mi camino hacia Yellowstone.

Situada a orillas de un gran lago, la casa tenía un paisaje con la firma “Made in Montana”, con las vacas pastando en los prados, las montañas con la cumbre cubierta por la nieve y el imperturbable lago reflejándolas en la superficie del agua. Sin duda alguna, el mejor paisaje para encontrar la paz y la calma.

1(Colorado On The Road junto a Josh y Penélope en Montana)

Durante un par de días, me alimentaron como a un legionario, tuve tiempo de pensar, reflexionar y valorar no solo esta experiencia, sino todas y cada una de las que había vivido a lo largo del viaje. Josh se preocupo mucho por la logística que utilizaba para documentar mí día a día, y me ayudo mejorándola con creces. Me regalo una nueva carcasa sumergible para la Gopro, ya que la mía estaba totalmente machacada, me dio una nueva batería de reserva, una micro SD, un sistema autónomo para cargar baterías e incluso un adaptador de wireless para poder conectarme a internet en cualquier parte de Estados Unidos, y hablar así a diario con mi familia.

Cuando retome el viaje, solo me separaban 130 kilómetros hasta la ciudad de West Yellowstone, y a la entrada oeste al parque nacional. Pase la noche a las afueras de la ciudad para poder madrugar, entrar en Yellowstone y llegar hasta el campground que estaba situado en el centro del parque, Canyon Village.

2(Colorado On The Road entrando en Yellowstone National Park)

Nada mas pagar las tasas de entrada, pocos pedales di para cruzarme con el primer ciervo de muchos que vería a mi paso. La carretera era estrecha y atravesaba una zona de bosque hasta que pude llegar a una inmensa pradera, y contemplar los primeros búfalos desde una respetable distancia.

3(Colorado On The Road observando los búfalos)

Una de las primeras cosas que note nada más entrar en el supervolcan mas grande del continente y considerado en actividad, es que cuenta con su propio clima. A pesar de estar en plena primavera el aire corría frio y había restos de nieve en las montañas. El Parque Nacional de Yellowstone está cubierto por la nieve diez meses y medio al año, una vez más sentías que había escogido la temporada ideal para visitarlo.

Mis nuevos compañeros serian el lobo gris, el lince, el oso grizzly y el oso negro, bisontes, pumas, alces y ciervos. Cuando llegue al campground me puse manos a la obra, monte la tienda de campaña, recogí madera suficiente para calentarme por la noche y por primera vez encendí la hoguera utilizando mi pedernal. Deje todo lo que tuviera un olor atrayente para los osos en las cajas metálicas llamadas Bearbox, y mantenerme a salvo por la noche. Me prepare la cena, contemple largo tiempo las estrellas junto al fuego y me fui pronto a dormir para madrugar con energía.

4(Campamento en Canyon Village)

En mi segundo día en Yellowstone me dispuse a hacer un tour de 113 kilómetros, pero esta vez dejando todo el equipo en la tienda para pedalear con más ligereza por toda la zona montañosa que comprende uno de los supervolcanes más grandes del mundo.

Desde Canyon Village fui hasta Tower Roosevelt atravesando el Dunraven Pass con 8859 pies de altura, la mayor que he pedaleado hasta el momento. Pude contemplar las cascadas de Tower Fall y  superar y salir ileso del atropello marcha atrás de un gigante todoterreno, cuando me detuve a realizar una foto de una puñetera cabra.

Desde Tower Roosevelt pedalee junto a la presencia de búfalos y ciervos hasta Mammoth Hot Springs, donde puede contemplar el colorido de las fuentes termales, producto de la elevada actividad geotérmica del parque. Inicie la vuelta al campamento pasando por Norris y finalmente llegando hasta Canyon Village.

5(Colorado On The Road en Mammoth Hot Springs)

Durante toda mi estancia en el parque nacional, la presencia de animales herbívoros fue constante, pero no tuve la oportunidad de observar ningún depredador durante el día, y la suerte de no verlos frente a mi tienda por la noche. La elevada actividad geotérmica del parque era uno de los atractivos turísticos, constante mente veía las calderas, fuentes calientes y geiseres. Pero a mí la idea de dormir dentro de un supervolcan activo me robaba mucho sueño, y ya era hora de continuar.

Mi última jornada me llevaría a visitar el Yellowstone Lake y a salir del Parque Nacional, para llegar hasta el Gran Teton National Park. Pedaleando por la solitaria carretera, una vez más vi como el destino se pondría de mi parte. Un inmenso árbol cayó enfrente de mí cortando la carretera, unos segundos antes y me hubiera aplastado. Los coches se empezaron a acumular y en pocos minutos habíamos formado un grupo de 30 hombres, para intentar liberar la carretera a base de puro musculo. Finalmente uno de los carriles quedo despejado y el tráfico se reanudo mientras llegaban los Rangers del parque para finalizar el trabajo.

6(El árbol caído cortando la carretera)

Mi avance hacia Salt Lake City no fue tarea fácil, el viento en contra de Wyoming parecía que no quería que continuara con el viaje y los puertos de montaña no cesaban. Los días iban pasando pero siempre los iniciaba con fuerza y los acababa completamente agotado. Cuando entre en Utah y alcance Salt Lake City, pude descansar después de unas agotadoras jornadas cabalgando sin cesar con mi potro.

Pero el hecho de que al inicio de cada diario especifico el itinerario que he seguido y que en varios días ponga “Descanso en …” realmente es cuando más trabajo tengo para documentar el viaje. Mis piernas reposan pero mis quehaceres se incrementan. Hospedado en un hostal de la ciudad, libero mi mente de la presión de encontrar campamento, mantenerme a salvo de los peligros de la carretera, la fauna salvaje y de las condiciones climatológicas, para sustituir esta presión por las interminables pero ociosas horas frente al ordenador.

Escribir diarios, editar fotos, videos, actualizaciones GPS, actualizaciones de mi web, Facebook, Twitter, Canal de Youtube y Vimeo, escribir y contestar emails de prensa, entrevistas, mensajes de mis queridos followers y encontrar esos preciados minutitos para hablar con mi familia. Los días los finalizo arreglando pinchazos, limpiando y haciendo el mantenimiento a mi potro, recogiendo la colada y cayendo en la tentación de la comida rápida para cenar, y no retrasar más la increíble recompensa de dormir entre sabanas limpias, bajo techo y protegido.

Sino amase esta aventura como la amo, sino disfrutase tanto documentándola y compartiéndola con mis followers, sino se me encogiera el corazón con cada mensaje de apoyo y admiración que me enviáis…evidentemente no encontraría fuerzas para seguir trabajando de esta manera.

En Salt Lake City me lleve frente al televisor y arropado con mi bandera española la misma desilusión que todos nos llevamos, al ver como Chile pulverizaba nuestras esperanzas de volver a ser campeones al vencer a nuestra Selección. Pero a pesar del fracaso deportivo de nuestros internacionales más queridos y admirados, el sentimiento de agradecimiento por estos seis maravillosos años del mejor football con la firma española, es evidente y me llena de orgullo patriótico.

No era momento para las lamentaciones, una vez limpiada mi agenda de deberes y con las piernas bailando al son del pedaleo, era momento de embarcarme en otra gran etapa para recorrer 1430 kilómetros hasta llegar a San Francisco, sin hacer ningún día de descanso para poder pasar más tiempo en esta ciudad californiana.

Por la tarde, en medio de un desierto de sal en Utah y antes de cruzar a Nevada, a las 00:00 horas según la franja horaria española, en el kilómetros 19.195, cumplí 28 años de edad. Esa noche la pase en medio del desierto de Nevada, solo, sin familiares ni amigos y sin cerveza, no tenia nadie con quien brindar. Aun así fue un momento especial bajo las estrellas, rodeado por la calma del desierto.

7(Colorado On The Road en el desierto de Utah)

El norte de Nevada es puro desierto con largos kilómetros sin nada más que arena, arbustos y serpientes de cascabel. Las rectas son interminables y las cuestas parecían no tener fin, de vez cuando las montañas se interponían en mi camino y bajo el sol abrasador las superaba intentando ahorrar sudor.

Cada noche a la hora de acampar, enciendo un pequeño fuego y disperso las cenizas alrededor de mi campamento, con la esperanza de evitar que las serpientes de cascabel encuentren debajo de mi tienda un confortable hueco calentito en el que dormir. Cada día al despertar salgo de la tienda con cuidado y la levanto del suelo con más cuidado aun, por si  algún reptil ha decidido dormir bajo mi campamento. A pesar de que afortunadamente no me lleve ninguna sorpresa mañanera, si las tuve a lo largo del camino.

8(Una de las muchas serpientes de cascabel que vi en el desierto)

Cuando llevo etapas de tan larga distancia  entre dos grandes ciudades, cada día es importante mantener la moral bien alta. Estar más de diez días de ruta sin ducharse, durmiendo en la tienda y poniéndome cada mañana la misma ropa, los pequeños placeres o pequeñas recompensas son fundamentales para no caer en la desmotivación. Por ello, una vez atravesado el duro desierto del norte de Nevada, después de haber dejado atrás las infinitas llanuras y los fuertes vientos, después de conseguir entrar en California y sus verdes bosques, de atravesar por segunda vez las Rocosas, cruzar el lago Tahoe y después de haber cumplido 20.000 kilómetros, encontrar un momento de paz junto a la hoguera con una cerveza fría, es un privilegio que nunca dejare de lado.

9(Colorado On The Road junto al fuego en California)

Cuando alcance Sacramento, ya solo me quedaban 203 kilómetros para alcanzar San Francisco, así que ni corto ni perezoso lleve a cabo la etapa más larga hasta el momento en el continente americano después de 10 días de ruta…Ole!!!

En el barrio de Palo Alto en el sur de San Francisco me estaba esperando Fernando, un follower que me invito a pasar unos días en una Hacker House, una casa que alquila habitaciones a personas que vienen a San Francisco en busca de financiación para desarrollar una idea tecnológica. Fernando además me enseño la sede de Google, Facebook y Twitter, mientras me explicaba que en San Francisco se desarrolla prácticamente el mundo tecnológico que hoy en día conocemos.

10(Colorado On The Road junto a Fernando)

Una vez más mi mensaje de Facebook pidiendo ayuda para encontrar alojamiento, me había dejado varias generosas invitaciones para ser hospedado. Después de cruzar la ciudad hasta llegar a la zona norte, me hospede varios días en casa de Bárbara, la hermana mayor de una buena amiga madrileña, y conseguí reencontrarme con Javier, un amigo de Madrid que conocí en mi Erasmus en Italia cuando vino a visitar a un compañero.

11(Colorado On The Road junto a su tocayo Javier)

Viví el 4 de Julio, el día más importante para los estadounidenses en su aniversario de la independencia, pero he de reconocer que para un español acostumbrado a los fuegos artificiales valencianos, no me supo a mucho. La mañana que volví a preparar la bicicleta para volver de nuevo a la carretera, tuve una reunión con el Grupo Imagine para hacerles una exposición de mi proyecto, y transmitirles que no hay nada más hermoso que luchar por un sueño, para posteriormente cruzar junto a ellos en bicicleta el Golden Gate.

Llevaba más de la mitad de mi ruta por Estados Unidos, pero aun me quedaba las etapas más duras no solo del país, sino también del viaje.

“La única forma de alcanzar tus objetivos, es a base de esfuerzo y trabajo.”

12(Colorado On The Road junto al Grupo Imagine visitando el Golden Gate)

USA: CALIFORNIA, NEVADA, UTAH Y ARIZONA

Etapas:

06/07/2014 San Francisco – San José (105 Km).

07/07/2014 San José – Casa de Fruta (119 Km).

08/07/2014 Casa de Fruta – Kerman (160 Km).

09/07/2014 Kerman – Fresno (30 Km).

10/07/2014 Descanso en Fresno.

11/07/2014 Fresno – Woodlake (125 Km).

12/07/2014 Woodlake – Pinewood (70 Km) (Entrada en Sequoia National Park).

13/07/2014 Pinewood – Lindsay (110 Km).

14/07/2014 Lindsay – Edison (121 Km).

15/07/2014 Edison – Ricardo Campground (121 Km).

16/07/2014 Ricardo Campground – Carretera 190 (124 Km).

17/07/2014 Carretera 190 – Stovepipe Wells Village (108 Km) (Entrada en Death Valley National Park).

18/07/2014 Stovepipe Wells Village – Amargosa Valley (100 Km) (Entrada en Nevada).

19/07/2014 Amargosa Valley – Indian Springs (97 Km).

20/07/2014 Indian Springs – Las Vegas (95 Km).

21/07/2014 Descanso en Las Vegas.

22/07/2014 Descanso en Las Vegas.

23/07/2014 Descanso en Las Vegas.

24/07/2014 Las Vegas – Glendale (92 Km).

25/07/2014 Glendale – Beaver Dam (75 Km).

26/07/2014 Beaver Dam – Hurracane (83 Km) (Entrada en Utah).

27/07/2014 Hurracane – Kanab (109 Km).

28/07/2014 Kanab – Page (128 Km) (Entrada en Arizona).

29/07/2014 Page – Cameron (135 Km).

30/07/2014 Cameron – Grand Canyon National Park (95 Km).

31/07/2014 Grand Canyon National Park – Williams (100 Km).

01/08/2014 Williams – Via de Servicio I40 (159 Km).

02/08/2014 Via de Servicio I40 – Needless (125 Km) (Entrada en California).

03/08/2014 Descanso en Needless.

04/08/2014 Descanso en Needless.

05/08/2014 Needless – Amboy (125 Km).

06/08/2014 Amboy – Barstow (125 Km).

07/08/2014 Barstow – Victorville (55 Km).

08/08/2014 Victorville – Los Angeles (165 Km).

09/08/2014 Descanso en Los Angeles.

10/08/2014 Descanso en Los Angeles.

11/08/2014 Descanso en Los Angeles.

12/08/2014 Los Angeles – Old Pacific Highway (126 Km).

13/08/2014 Old Pacific Highway – Tijuana (126 Km) (Entrada en México).

Estados Unidos: California, Nevada, Utah y Arizona

Después de visitar el Golden Gate con mis amigos del Grupo Imagine, vuelvo a cruzar todo San Francisco para salir por el puente sur y alcanzar así San José.

Ahora me tocaba iniciar el segundo gran tramo de mi ruta por Estados Unidos, el cual me llevaría a cruzar las Rocosas por tercera y cuarta vez y a encarar una de las pruebas más duras del viaje.

Después de pedalear 5 etapas llegue a la entrada del Parque Nacional de las Sequoias. Desde la base de la montaña contemple uno de los puertos de montaña más complicados a los que me he enfrentado. Aunque empecé a escalarlo con toda la claridad del día, las agotadoras subidas ralentizaron tanto mi paso que la noche me alcanzo cuando me adentraba en el inmenso bosque de sequoias.

Al igual que en la mayoría de los parques nacionales que he visitado en Estados Unidos, la presencia de la vida salvaje no es algo para tomarse a broma, y un automóvil que venía en dirección contraria se paro para advertirme, de que había visto cruzar la carretera a un oso negro 4 kilómetros carretera arriba. No soy la clase de persona que se da por vencido a la primera de cambio, por lo que conteste al amable conductor en un ingles cada vez más depurado: “Tranquilo, estaré bien”

Osos negros, pumas y ciervos eran los animales más comunes de gran tamaño en el bosque. Con la oscuridad de la noche y sin apenas un rastro de luz por parte de la luna, avanzaba sigiloso por la intransitada carretera con la esperanza de llegar lo antes posible al primer campground.

Cada ruido me exaltaba cada vez más, hasta que uno de ellos lo oí tan cerca que me hizo bajar de la bicicleta, ponerla de barrera entre el ruido que cada vez se acercaba mas y mas hacia mí por un lado de la carretera, y desenfundar mi cuchillo. Mirando a la pared de oscuridad que se alzaba entre los troncos de las inmensas sequoias. Simplemente mantenía mi posición mientras me repetía una y otra vez: ” Solo una presa huye”. No era momento de mostrar debilidad ni de tratar de adivinar cuál era el animal que se aproximaba a mí, lo único que sabía que por la forma de crujir las ramas del suelo, era uno grande.

Me da vergüenza admitir directamente que fue lo que empecé a gritar para espantar al animal, producir la mayor adrenalina posible y subirme las revoluciones mientras agarraba con fuerza el cuchillo, pero si diré que las saque de una película cuyo título es el resultado de multiplicar 6×50. Finalmente solo escuche como el crujido de ramas se alejaba de mí. Nunca sabré si lo que tuve delante fue un ciervo o un oso negro. Por fortuna llegue a la zona de campamento sano y a salvo, pude descansar después de una merecida cena y madrugar para visitar el árbol más grande del mundo, el General Sherman.

Con 11 metros de diámetro y 84 metros de altura, el General Sherman se ha especializado en dar dolor de cuello al intentar apreciar su copa, y a hacernos sentir como unas hormiguitas a su lado.

1(Colorado On The Road en la base del General Sherman)

Viví momentos muy emocionantes en el bosque de las sequoias gigantes, pero era hora de bajar el puerto de montaña y continuar hasta mi siguiente objetivo, cruzar el Death Valley.

Con la luz del día y bajando la ladera, me despedía del frondoso bosque para dirigirme a la caldera de Estados Unidos. La inaccesibilidad de la cordillera montañosa, me llevaría a dar un rodeo de 500 kilómetros, llevándome primero hacia el sur para cruzar por tercera vez las Rocosas y volver posteriormente hacia el norte, para alcanzar así la carretera que me llevaría al desierto.

A medida que avanzaba hacia mi objetivo, el desierto de California no se hizo de rogar, y poco a poco la temperatura iba subiendo hasta alcanzar los 45 ºC. La primera medida para soportar el calor y que no ralentizara mi avance, fue cubrirme el cuerpo entero. Manga larga, guantes, cullote largo, sombrero y cara tapada. Cuanta menos piel expusiera a los fuertes rayos del sol, más protegido estaría.

2(Colorado On The Road a punto de cruzar las rocosas por tercera vez)

Una mañana sonó el despertador a las 06:00 am como de costumbre, me desperté y salí de la tienda, había acampado a un lado de la carretera en mitad del desierto, parecía un día normal pero no lo era, hoy tocaba entrar en el Death Valley. Un desayuno rápido y sin perder tiempo empecé a pedalear, la temperatura superaba los 30 ºC a las 10:00 am, y en cuanto baje la montaña para adentrarme en el valle la temperatura se disparo. Mi primera parada para reabastecerme de agua y comida fue Panamint Springs.

3(Colorado On The Road en la entrada al Death Valley)

Con 9 litros de agua y a más de 50 ºC de temperatura, encare un puerto de montaña de 1511 metros de altura. No era momento para hacer sobreesfuerzos y olvidarse donde estaba, tenía que ser paciente y pedalear lento pero seguro. Cuando alcance la cima había gastado casi 4 horas en recorrer apenas 21 kilómetros, pero lo había logrado. Bajar la ladera no fue como cualquier otra, el aire venia tan caliente que me empezó a quemar la cara, las manos y a asarme vivo.

Una vez llegue a Stovepipe Wells Village, busque una forma de acampar a pesar de que mis intenciones al comienzo del día eran las de avanzar 40 kilómetros mas, pero estaba agotado. Viendo el sol ponerse en el horizonte no significo que el calor se fuera a relajar, un fuerte viento arrastraba todo el calor que la roca acumulo durante todo el día. Cerrando los ojos a las 23:00  la temperatura era de 40 ºC, estaba durmiendo en el mismísimo infierno.

Al amanecer el objetivo del día estaba claro, salir de ese horno y dejar de derretirme como un pedazo de mantequilla en una sartén. Mi primera parada fue alcanzar Furnace Creek, con una elevación de -60 metros con respecto el nivel del mar, y donde todo el calor del sol se concentraba. Una vez cargue la bicicleta con litros y litros de agua, salí de la pequeña villa con el sol pegando de frente a 55ºC, la mayor temperatura a la que me he enfrentado jamás en mi vida.

4(Colorado On The Road atravesando el Death Valley)

Pasar horas y horas bajo el agobio del calor pasa factura, pero me llamo mucho la atención  al parar periódicamente en busca de un pedazo de sombra, siempre encontrar un pequeño arbusto de hojas verdes totalmente adaptado al extremo clima. Al fin y al cabo, la vida siempre se abre camino.

Conseguir entrar y salir del Death Valley a lomos de mi potro en pleno mes de Julio, fue todo un triunfo digno de una recompensa, pero aun debía ser paciente ya que esta me esperaría en Las Vegas. Por fin llegue a la mítica ciudad del estado de Nevada con apenas 200 kilómetros mas de esfuerzo, donde me esperaba un económico hostal, una ducha, dormir en cama arropado entre sabanas limpias bajo el frescor del aire acondicionado y como no, una cerveza de la victoria bien fría.

5(Colorado On The Road llegando a Las Vegas)

Me gustaría contar más sobre mi paso por Las Vegas, pero como dice la frase: “Lo que pase en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, aunque si me gustaría remarcar que después de haber viajado por zonas de extrema pobreza, de haber compartido y recibido con el que menos tiene y de haber pasado tanto hambre en algunas partes del viaje, ver una ciudad que sin duda alguna es un claro sinónimo de lo desproporcionado, la exageración, el derroche y del capitalismo extremo, me hizo pensar que opinarían cualquiera de los amigos que hice en la India si visitaran Las Vegas.

Después de cuatro merecidas noches de descanso y con un nuevo agujero en el bolsillo, por haber sido tan iluso de pensar que con 50 dólares conseguiría reventar la banca del Bellagio, fue hora de ponerse de nuevo en marcha.

Por delante tendría que salir de Nevada en mi camino hacia el oeste, entrar momentáneamente en Utah y finalmente en Arizona, para ver completado uno de los principales objetivos del proyecto Colorado On The Road, visitar el Cañón del Colorado. En mi quinto día desde que salí de Las Vegas, llegue a la ciudad de Page y pude contemplar por primera vez en mi vida el río Colorado.

6(Colorado On The Road junto al río Colorado)

Cuando avanzaba subiendo el puerto de montaña que me llevaría a la entrada del Grand Canyon National Park, me lleve una sorpresa que jamás pensaría que tendría. El motero con quien coincidí en la India llendo camino a la ciudad de Agra para visitar el Taj Mahal, justo estaba bajando la cuesta que yo subía. Me miro, le mire y acto seguido nos reconocimos al mismo tiempo. Desde luego, hay que reconocer que el mundo es un pañuelo, después de 6 meses y más de 12.000 kilómetros más en los pedales, el destino nos vuelve a encontrar.

7(Colorado On The Road junto a un motero alemán. En la imagen de la izquierda en la India y en la imagen de la derecha en Arizona)

Algo que suele pasar mucho a los viajeros, es que cuando una va al norte y el otro al sur, los encuentros son realmente breves, pero aun así fue un momento digno de recordar, y sobre todo de inmortalizar.

Finalmente, cuando el sol estaba cerca de desaparecer y dejarme sin mi primera impresión del Gran Cañón después de todo el día subiendo la colina, llegue a mi gran parada con los últimos rayos de luz. Antes de tomar la primera fotografía, tenía claro lo que mi corazón me pedía. Apoye la bicicleta, me acerque a un saliente de la ladera con las mejores vistas que jamás halla observado, me puse de rodillas, cogí aire mientras levantaba los brazos y grite a pleno pulmón:”¡¡¡Victoryyyy!!!” .Fue maravilloso escuchar el eco de mi voz.

8(Colorado On The Road en el Gran Cañón del Colorado)

Cuando me prepare para dormir en el campground, me puse la alarma bien temprano, pero esta vez no para pedalear sino para tomarme mi tiempo para desayunar tranquilamente disfrutando de las vistas. De todos modos era lo único que podía hacer,  ya que ni de broma me podía permitir ninguna de las excursiones que me ofrecían en el parque, pero a mí me valió.

Llegado a este punto solo quedaba volver de nuevo a la costa, dejar atrás Arizona y entrar de nuevo en California para llegar a Los Ángeles, llevando así mi última gran etapa, pero eso sí, lo haría al más puro estilo americano, pedaleando por la histórica Ruta 66.

9(Colorado On The Road atravesando la histórica Ruta 66)

Lo malo de llevar acabo tantas etapas seguidas ya no es solo el desgaste físico y mental, ni la falta de higiene al ponerme día tras día la misma pegajosa ropa sin poder ducharme, lo peor son las consecuencias que lo anterior tiene. Las irritaciones y las llagas en el trasero y en las joyas de la corona de todo varón que se precie, me hacen temblar de escalofríos cada noche al despegarme el culotte. Pero es mejor no pensar en las incomodidades del camino, y mantener la moral alta con las recompensas que esperan al final de este. La mía me esperaba en Los Ángeles, donde la hermana mayor de un amigo me hospedaría en su casa,  me recibiría como se tiene que recibir a un español de pelo en pecho, con una cerveza y un buen plato de jamón serrano, esos sí, después de la urgente ducha.

10(Recibimiento a Colorado On The Road en Los Ángeles)

En Los Ángeles principalmente pude descansar y liberar parte del trabajo que se acumula con cada pedalada que doy. Aun así Mariana, mi hospedadora, junto a su prima Paty que estaba de visita, me dieron un tour por toda la ciudad visitando el puerto de Santa Mónica, el final de la Ruta 66, el gimnasio en el que entreno Arnold Schwarzenegger, la casa en la que se rodo los exteriores de la serie El Príncipe de Bel Air, el paseo de la fama, el Teatro Chino, las escaleras de los Oscar y el mítico cartel de Hollywood.

A la hora de poner rumbo a la frontera con Tijuana y entrar en México, me estaba despidiendo de un país en el que lo había vivido casi todo. Desde que entre en Estado Unidos había atravesado todos los estados de la costa oeste descontando Oregon, había pedaleado por Washington, Idaho, Montana, Utah, Wyoming, Nevada, California y Arizona, había atravesado los Parques Nacionales de Yellowstone, Grand Teton, Tahoe, Sequoia, Death Valley y Grand Canyon. Había visto desde los densos bosques del norte hasta las llanuras desérticas del sur, había vivido un festival tan salvaje como lo es el Sasquatch Music Festival, me había acercado un poco mas a Kurt Cobain en Seattle, y conocido mas sobre mí al pedalear a 55 ºC en el Death Valley. Había visitado el árbol mas grande del mundo, vivido el 4 de Julio en San Francisco, pedaleado cual motero por la Ruta 66 y me había atiborrado de comida basura. Había cruzado cuatro veces las montañas rocosas en bicicleta, perdí 50 dólares dejado llevar por la codicia en la mesa del Black Jack del Bellagio, y cruce la frontera hacia México con el visado caducado por dos días…..había vivido toda clase de aventuras, pero ahora tocaba empezar una nueva.

El día antes de ponerme de nuevo en marcha, tome la decisión de desistir en mi persistente labor de encontrar un sponsor que se involucrara en los gastos que tengo que soportar en el desarrollo de tan ambicioso proyecto. De nada sirve que entregue toda mi pasión en la carretera, sino tengo dinero para cargar mi cuerpo de combustible. Por ello decidí crear una campaña de Crowdfunding para intentar recaudar los 7000 € con los que podría terminar el viaje antes de que mis fondos se agoten.

“Con vuestra fuerza y apoyo, podre seguir respondiéndoos con todo mi coraje y corazón.”

11(Colorado On The Road)

Death Valley:

Gran Cañón del Colorado:

LAOS

Etapas:

27/03/2014 Descanso En Vientiane.

28/03/2014 Descanso En Vientiane.

29/03/2014 Descanso En Vientiane.

30/03/2014 Descanso En Vientiane.

31/03/2014 Vientiane – Nongkeun (123 Km).

01/04/2014 Nongkeun – Thang Beng (121 Km).

02/04/2014 Thang Beng – Thakhek (108 Km).

03/04/2014 Thakhek – Ban Nonvilay (121 Km).

04/04/2014 Ban Nonvilay – B.Vang Bouang Nuea (136 Km).

05/04/2014 B.Vang Bouang Nuea – Da Krong (102 Km) Entrada en Vietnam.

Laos

Nada mas cruzar a la otra orilla del río Mekong, tramitar el visado en el puesto fronterizo de Laos fue algo rutinario. Después del papeleo y de pagar 35 dólares de tasas, pedaleé los últimos 20 kilómetros de la jornada para llegar a su capital, Vientiane.

Después de haber escalado los duros puertos de montaña tailandeses, necesitaba un buen descanso y tiempo para tramitar el visado de Vietnam, por lo que me hospedé cuatro días en un Guest House para reponer fuerzas.

A pesar del continuo movimiento de los turistas en la capital laosiana, se respiraba paz y calma. Todas las tardes me acercaba a una terraza para degustar una cerveza local y contemplar el atardecer, después de haber cumplido con mis quehaceres del día…que sería de la vida sin un capricho de vez en cuando.

La gastronomía no se alejaba mucho de la tailandesa, pero con ciertas diferencias. Sin duda alguna la que mas me llamo la atención y que rápidamente descatalogué de mi dieta, era la carne de perro. No es porque no me guste la carne, al contrario, como carne a diario, es solo que considero al perro como un animal de compañía, al que muchas personas llaman mascota, pero que para mi, el colega de cuatro patas que me espera en Madrid, es parte de mi familia.

Una vez tuve el visado de Vietnam estampado en mi pasaporte, y con 75 dólares menos en mi cuenta por el pago de las tasas, retomé la ruta lazándome de nuevo a la carretera.

A medida que avanzaba y dejaba atrás la ciudad, fui sumergiéndome poco a poco en la parte mas tradicional del país donde la mayoría de la población, lejos de los núcleos urbanos, se dedica principalmente a la ganadería, la pesca y la agricultura, y quienes construyen sus hogares y comercios con la materia prima que la selva les proporciona.

Colorado_On_The_Road_Laos_Vientiane_Vuelta_al_mundo   (1)(Atravesando los primeros pueblos y dejando atrás Vientiane)

El primer día después de haber pedaleado 123 kilómetros, pare en un pequeño pueblo donde pedí permiso a una familia para acampar cerca de su hogar, y advertirles de mi presencia. Pero en vez de obtener el consentimiento al que estaba acostumbrado, me obsequiaron con la invitación de dormir en su casa.

Pude recobrar fuerzas con un buen baño y una suculenta cena, pero al sentarme junto al padre de familia, su mujer y sus tres hijos a ver la televisión en el único cuarto que consistía la casa, pude mitigar por unos instantes la melancolía de tener a mi familia a miles de kilómetros.

Colorado_On _The Road_Laos_Vientiane_Vuelta_al_ mundo   (2)(Colorado On The Road junto al padre de familia que me hospedo en su hogar)

Los dos días posteriores avance en dirección sur paralelo al río Mekong. Fue en una de estas jornadas, abrasado por el duro calor y asfixiado por la humedad, cuando estuve apunto de sufrir una insolación. Un fuerte dolor de cabeza, el incesante sudor y un mareo que me hacía tambalear de la bicicleta, me alertaron del estado de mi cuerpo, pero la solución estaba a mi alcance. Aparqué la bicicleta, me quité la camiseta y me zambullí en el refrescante río Mekong. A los pocos segundos ya estaba recuperado y como nuevo para continuar la marcha.

Antes de llegar a la ciudad de Savannakhet, cambié de dirección para dirigirme a la frontera con Vietnam, poniendo de nuevo rumbo al Este. Cada día de ruta en Laos, hacía breves paradas para explorar un poco la selva y contemplar mas de cerca las plantas y árboles que veía por primera vez. Cuando llegaba la noche, ver el sol ocultarse entre las montañas me aliviaba del fuerte calor, pero un nuevo inconveniente salía a la carretera. Millones de insectos voladores impactaban contra mi cuerpo, mi cara, y decenas de ellos caían atrapados en mi larga rizada melena En muchas ocasiones no tenia ni idea de que tenia enredado en el pelo, solo lo agarraba con la mano, tiraba fuerte para desenredarlo, lo lanzaba y continuaba pedaleando.

Colorado_On_The_Road_Laos_Vientiane_Vuelta_al_mundo   (3)(Colorado On The Road explorando la selva de Laos)

A la hora de acampar, los sonidos de la selva eran sencillamente impresionantes, y daba igual el pequeño pueblo o aldea en el que pasara la noche, el cielo estaba cubierto por un manto de estrellas.

La población laosiana es simplemente encantadora. Todos los chavales salían corriendo de sus casas para decirme ̈Hello” mientras agitaban la mano. Cada día compraba en el mercado una sandía y me sentaba a merendar junto a ellos, y por las tardes, todos lo jóvenes volvían de la escuela montados en sus bicicletas, compartiendo conmigo varios kilómetros y haciéndome compañía.

Colorado_On_The_Road_Laos_Vientiane_Vuelta_al_mundo   (4)(Colorado On The Road pedaleando junto a los jóvenes que vuelven de la escuela)

Mi paso por Laos fue breve, pero el suficiente para darme cuenta de los paraísos naturales que alberga, y de la gran variedad de ocio que ofrece. Sin duda alguna, es en el que mas grupos de turistas me he cruzado hasta el momento, y en el que mas he extrañado estar junto a mis amigos.

“Conocer el paraíso no es lo mismo, sino tienes con quien compartirlo”.

Colorado_On_The_Road_Laos_Vientiane_Vuelta_al_mundo   (5)(Colorado On The Road a orillas del río Mekong)

ESPAÑA (EL COMIENZO)

Etapas:

1/10/13 Madrid- Torija (78 Km)

2/10/13 Torija- Alcolea del Pinar ( 84 Km)

3/10/13 Alcolea del Pinar – La Almunia de Doña Godina (146 Km)

4/10/13 La Almunia de Doña Godina – Peñalba (144 Km)

5/10/13 Peñalba – Cervera (146 Km)

6/10/13 Cervera – Barcelona (114 Km)

7/10/13 Descanso en Barcelona.

8/10/13 Descanso en  Barcelona (28 Km)

9/10/13 Barcelona – Girona (111 Km)

El comienzo

Suena el despertador, me levanto, voy al baño y me miro al espejo. Parece un día normal, pero no lo es. Hoy, 1 de Octubre de 2013 me dispongo a iniciar la aventura en solitario de dar la vuelta al mundo sobre mi bicicleta Orbea. Después de más de un año de planificación me parece casi irreal que este día haya llegado.

Desayuno, me visto y me dispongo a dar el último paseo de los próximos dos años a mi querido perro, Bruce. Cuando me dirijo hacia el salón para salir de casa, veo la bicicleta que hasta altas horas de la madrugada del día anterior estuve terminando de equipar,  la adrenalina se me dispara.

Llega el momento de las despedidas familiares, los consejos de última hora y por fin, salir a la carretera. Me dirijo a la Puerta de Sol, donde sobre la placa del Km cero de todas las carreteras españolas, inicio el viaje bajo el arropo de mis amigos que se han presentado para la ocasión.

Llegado el momento de iniciar la ruta, las primeras pealadas son tímidas y titubeantes, pero poco a poco, las ganas de emprender este gran proyecto me dan la seguridad para pedalear con firmeza. El primer objetivo, llegar a Barcelona atravesando Guadalajara, Zaragoza y Lleida.

 Image(Colorado On The Road segundos antes de iniciar el viaje en la Puerta del Sol bajo el arropo de sus amigos)

En este primer día, después de atravesar Guadalajara, acampe a las afueras de un pueblo llamado Torija. Apenas había realizado 75 Km, pero la noche se acercaba y  era hora de acampar. Con las prisas y la inexperiencia, elegí el lugar más incomodo, pedregoso, lleno de bichos y como no, de los insufribles mosquitos. Después de una austera cena, me dispuse a dormir y las malas sensaciones llegaron todas de repente… qué carajo hago yo aquí, me preguntaba, con lo agusto que estoy en mi casa…decidí ponerme una canción con el MP3 y el buen rollo me empezó a envolver, los malos sentimientos fueron sustituidos por unos increíblemente buenos y por suerte, conseguí dormir con una sonrisa de oreja a oreja.

El amanecer del segundo día fue perfecto y  cada vez iba a mejor al retomar la carretera, me sentía muy motivado, contento y con energía. Pedalee hasta llegar a un pueblo llamado Alcolea del Pinar y esta vez elegí el sitio perfecto para acampar, cómodo, sin piedras y bien ubicado. Después de haber cenado y antes de disponerme a dormir, me era imposible quitarme la idea de todos los sitios que me quedan por descubrir y por conocer. Entonces  una sensación de vértigo  y angustia me inundo debido a la magnitud del viaje en sí. En ese mismo momento decidí no ver más allá de una semana, centrarme en objetivos diarios y como máximo semanales. Así, poco a poco, paso a paso, pedalada a pedalada, objetivo a objetivo, alcanzaría las grandes metas de este viaje.

Todo iba bien aquella noche, dormía plácidamente y el descanso era gratificante, hasta que sobre las 04:00 de la madrugada, un sonido grave, ronco y violento se acercaba poco a poco hacia mi tienda de campaña acompañado del sonido de unos pasos. Inquieto por los ruidos, salto del saco de dormir con prisa, me pongo las zapatillas y agarro con una mano la linterna y con la otra sujeto la pala desmontable. Abro rápidamente la cremallera de la tienda y con la luz encendida salgo de un brinco de la tienda con la intención de espantar a aquello que me estaba acechando. Para mi sorpresa y mi espanto se trataba de un jabalí, que por suerte al ver la luz de la linterna, cambio de dirección y desapareció en la oscuridad de la noche.

Pasado el peligro, tome aire e intente relajarme, respire profundamente y poco a poco conseguí calmarme. Antes de entrar de nuevo a la tienda para arroparme en mi mullido y calentito saco, observe en el horizonte una tormenta eléctrica espectacular. Los rayos eran gigantescos e iluminaban todo el cielo. El único pensamiento que se me paso por la cabeza fue que por favor no se dirigiera hacia a mí, pero algo me decía que me la iba a comer entera. Me resguarde en mi tienda, esperando a algo que no quisiera que llegara, pero llego. En un abrir y cerrar de ojos la lluvia golpeo la tienda y los fuertes vientos amenazaban con saltar las piquetas con las que estaba sujeta al suelo. Los rayos iluminaban la tienda y parecía en todo momento que uno de ellos me iba a partir por la mitad. Los truenos eran ensordecedores y la ansiedad se apodero de mi, pero en un momento de lucidez en mitad de la violenta tormenta, tome la decisión de ponerme los cascos de música y conectarlos al móvil, ya que tiempo atrás leí que si te caía un rayo, la electricidad se transmitiría por los cables de los cascos al aparato electrónico al que estuviera conectado, haciendo así de toma de tierra  y tener una opción de salvar la vida en caso de que un rayo te alcanzara. Lógicamente el móvil estaba apagado, no quería tener ningún aparato electrónico encendido, la misma razón por la que no realice ningún video ni fotografía.

La tormenta duro apenas 15 interminables minutos, pero cuando paso, pude descansar como un bebe hasta la hora de montarme de nuevo en mi bicicleta Orbea.

El día siguiente fue sencillamente perfecto, el tiempo, la carretera, el paisaje y el lugar de acampada cerca de La Almunia de Doña Godina,  hicieron que la jornada fuera perfecta. Paso la noche y retome el camino. Después de numerosos puertos de montaña, y de estar retenido en una estación de servicio durante una hora por repentino aguacero, llegue por fin a Zaragoza. La vida de la ciudad me lleno de energía, disfrute  paseando por sus calles hasta llegar a la Plaza del Pilar, donde me compre unas pulseras de la bandera de  España con la estampa de la Virgen. Una para mí y otra para mi bicicleta, para que nos protegiera de los peligros  en el duro camino. También compre otra bandera de España pero esta mas grande, de unos 20 cm, para llevarla ondeando en las alforjas traseras, ya que con la que inicie el viaje la perdí en los días anteriores.

Después de reabastecerme de agua y alimentos, continúe mi camino hacia Lleida. Pensando por el camino decidí crearme un manual propio de supervivencia basado en reglas que poco a poco iría ampliando y que seguiría en todo momento con el objetivo de que me ayuden a seguir adelante con pie firme.

#1 No te fíes de nadie.

#2 No vayas en contra de la naturaleza, avanza junto ella.

#3 Haz caso a tus instintos.

Dejando Zaragoza atrás y después de una jornada de casi 150 Km pedaleados, me dispuse a buscar un lugar para acampar. Encontré una colina en el campo, situada a unos 100 metro de la N-II, parecía perfecta. Me dispuse a  montar el campamento empezando por  la tienda. Saque una piqueta para asegurar la primera zona de agarre  y al ir a clavarla esta se doblo como si de un regaliz se tratara, y de igual forma paso con la siguiente. Cogí la pala y me dispuse a cavar para sacar esa piedra tan porculera, pero di de lleno con la montaña. Al parecer esa perfecta colina era pura roca tapada con una fina capa de arena, era imposible montar la tienda. En ese momento  me percate de una clara señal que no había visto antes, a 15 metro estaba lleno de huellas de animal, no eran de cabra ni de oveja, eran de algo diferente ya que estaban sobre un barrizal que la lluvia de día anteriores había creado, se trataba de jabalíes. No lo dude y  siguiendo la regla #3, recogí toda mi equitación y salí a la carretera, cada vez el sol se ocultaba mas por el horizonte y la noche estaba más cerca.

Por suerte llegue a un pueblo llamado Peñalba, donde pude colarme en el polideportivo en plena noche y dormir al raso en un porche de la cafetería de las instalaciones.

Después de pasar una noche tranquila, retome el viaje atravesando paisajes que cada vez se parecían menos a los del comienzo del viaje, todo era más frondoso, los campos de cultivo se alzaban a ambos lados de la carretera  y los amigables ciclistas que me cruzaba me daban ánimos en todo momento. Después de atravesar Lleida y pedaleando por una carretera secundaria, en un momento de desorientación y de testarudez, a pesar de las claras normas de prohibición, tome la estúpida decisión de entrar un par de kilómetros por la A-2. Error!!!!!!! Apenas 50 metros avanzados, las sirenas de los Mossos me dan el alto y me empapelan castigando mi ya escueta cartera con 100 € de multa. Lo cual me lleva a la regla número cuatro.

4# Haz caso de las leyes.

Después del bajón, seguí la ruta hasta llegar al pueblo de Cerveras e hice campamento en un callejón apartado detrás de una iglesia. Mientras me preparaba la cena con el camping gas se me ocurrieron dos reglas más.

#5 Nunca desaproveches la oportunidad de abastecerte.

#6 Busca con tiempo el campamento, por lo menos 1 hora antes de que empiece el atardecer.

Mientras me preparaba la cena en aquel oscuro callejón, vi  a unos metros brillar un par de ojos iluminados por la luz de la linterna, era un gato. Sin darle más importancia, seguí cocinando en el camping gas hasta que volví a levantar la vista y esta vez ya no eran un par de ojos, sino varios de ellos, tanto a izquierda como a derecha mía. Tampoco le di importancia y empecé a cenar,  cuando termine me dispuse a dormir, me metí en el saco, apague la linterna y para comprobar la reacción de los lindos gatitos encendí la  luz de la linterna a los pocos segundos de haberla pagado. Lo que vi no fue nada terrorífico pero si muy inquietante, apenas en unos segundos de oscuridad, estaba completamente rodeado de gatos, al menos una decena de ellos. Del sobre salto decidí recoger todo el material y buscar en plena noche otro lugar donde no me acechara ningún animal. Por suerte encontré cobijo en una escuela infantil del pueblo, localizada a unos 500 metros donde por fin, pude descansar.

Al amanecer, retome el camino que me llevaría después de 5 días a Barcelona. Tras pedalear 712 Km desde el inicio del viaje, me esperaba una ducha caliente, comida casera y la primera cerveza del viaje en casa de mi hermana y mi cuñado, Rocío y Lucho.  En Barcelona pude descansar y abastecerme del material que me faltaba para continuar el viaje y centrarme en la siguiente prueba, salir de España y recorrer Francia por la costa azul hasta Italia.

Retomadas las fuerza y después de terminar de equipar la bicicleta con las alforjas delanteras, inicie de nuevo el camino hacia la frontera francesa. En Girona haría mi última parada antes de salir de la península, donde para mi sorpresa seria acogido por una pareja amigos de mi hermana. Amat y Saskia, no dudaron en abrirme las puertas de su casa en Girona, donde viven en una pequeña villa antigua situada cerca de la catedral. Mis intenciones iniciales eran de pasar la noche en la estación de tren, así que no es de extrañar lo agradecido que les estoy de poder haber disfrutado de una cama calentita, un buen desayuno, una buena ducha mañanera y como no, de su encantadora compañía.

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(Colorado On The Road, junto a Saskia y Amat)

Después de despedirme de mis anfitriones, doy una  vuelta turística por las calles de Girona antes de lanzarme de nuevo a la carretera.

De nuevo con la bicicleta preparada, me toca dar el siguiente paso decisivo en el viaje, salir de España. Cada pedalada que me acerca cada vez más a la frontera, produce en mi una extraña sensación de nostalgia que me provoca un nudo en el estomago.

Un pueblo llamado El Pertus, es el primer contacto que tengo con Francia nada más cruzar la frontera. Me es inevitable pararme y mirar atrás, le digo adiós a España y con ella, a mis seres queridos para los próximos dos años. En ese momento el sentimiento de soledad no se arraigo en mí, y no dejare que aparezca en ningún momento del viaje, puesto que os llevare a todos conmigo en el corazón.

Solo hay una frase que me ronda ahora la cabeza:

“Con el genio se inician las grandes obras, pero solo con el trabajo se llevan a cabo”.