GRECIA

Etapas:

8/11/2013 Dragostunjë – Krystallopigi (135 Km). (Entrada en Grecia).

9/11/2013 Krystallopigi – Grevena (120 Km).

10/11/2013 Grevena – Stavros (124 Km).

11/11/2013 Stavros – Termópilas (110 Km).

12/11/2013 Termópilas – A1 km 261 (66 Km).

13/11/2013 A1 Km 261 – Makrychori (136 Km).

14/11/2013 Makrychori – Katerini (73 Km).

15/11/2013 Katerini – Thessaloniki (140 Km).

16/11/2013 Descanso en Thessaloniki ( 7 Km).

17/11/2013 Thessaloniki – Vrisi (123 km).

18/11/2013 Vrisi – Komotini (167 Km).

19/11/2013 Descanso en Komotini.

20/11/2013 Komotini –Ipsala (128 Km). (Entrada en Turquía).

Grecia

Cuando planifique el viaje, podría haber escogido el camino fácil y cruzar el norte de Grecia  para llegar a Turquía por la ruta más directa. Pero sabía que tenía que hacer una parada obligatoria que no podía pasar por alto.

Mi primera mañana en Grecia me desperté en el pueblo de Krystallopigi, situado a escasos kilómetros de la frontera albana. Me subí a la bicicleta completamente motivado, decidido a realizar un considerable rodeo de varios cientos de kilómetros, pero que serían pedaleados por mis piernas de gustosa forma.

No tarde mucho tiempo en cruzarme con una señal alertando de la presencia de osos y lobos en los montes griegos, acampar cada noche se está volviendo más peligroso. Pero no me importa,  voy directo a mi destino.

2(Señal advirtiendo de la presencia de osos y lobos en los montes griegos)

Cada vez las noches son más largas y los días duran menos, viéndome obligado cada etapa a pedalear varias horas por las oscuras y solitarias carreteras secundarias. La lluvia y el terreno montañoso griego me complico el avance, pero no conseguiría detenerme. Los dos primeros días en Grecia hago campamento en Grevena y Stravos, después de avanzar 120 y 124 Kilómetros.

La mañana de mi tercer día madrugo para ponerme en marcha lo antes posible, ese día iba a llegar a tan ansiada ubicación y la razón de dar este rodeo, pero la etapa no trascurrió con normalidad. Desde que salió el sol, la lluvia no paraba de ralentizar mi avance y me complicaba más aun escalar los puertos de montaña que había entre mi objetivo y yo. Pero no iba a detenerme tan fácilmente, al menos eso creía. En la cima de la última montaña que me quedaba por superar, el cielo se abre y deja caer un torrente de agua, viéndome obligado a buscar refugio en una gasolinera durante dos horas.

El momento de buscar  campamento para pasar la noche estaba más cerca. Un leve desanimo por la posibilidad de no alcanzar mi preciada meta, precedió al posterior sentimiento de lucha y superación, la lluvia no me iba a vencer tan facilmente. Cambie mis húmedas prendas por ropa seca y me preparé para continuar mi avance a pesar de que en esas condiciones meteorológicas era imposible pedalear, y me vería obligado a continuar con  la bicicleta andando. Pero en el instante que iba a salir de la gasolinera, el torrente se calmó. La suerte se puso de mi lado y baje la montaña como un rayo, pedaleando  durante mis últimos 30 kilómetros del día con más energía que nunca. Cada vez estaba más cerca.

El haber hecho estos kilómetros extra en los días pasados, el haber aguantado la lluvia, el frio y el terreno montañoso, había merecido la pena, pues esa noche, dormiría en las Termópilas.

Nunca he ocultado mi admiración hacia la batalla de las Termópilas, los espartanos y mi curiosidad por saber más e investigar para conocer todo lo posible sobre esta apasionante batalla. Y ahora comparto con todos vosotros las fuerzas que me dio pasar la noche en ese lugar.

A mi llegada al pueblo de las Termópilas me recibe el monumento a Leónidas, sobresaliendo de la oscuridad de la noche iluminado por los focos. Después de contemplar el monumento, observo un cartel informativo en el cual los historiadores ubican la costa actual y la costa en el año 480 a.c. A pesar de lo que había cambiado la geografía del lugar en  casi 2500 años, las indicaciones eran precisas.

En el momento de buscar campamento y pasar la noche, la decisión estaba clara. Dormiría en las mismísimas Termópilas, en su ubicación hace 2500 años junto al monumento a Leónidas.

6(Colorado On The Road junto el monumento a Leónidas)

Llegado el momento de dormir, me quite los zapatos y calcetines totalmente calados por la continua lluvia del día. No me lo podía creer, tenía mis pies completamente arrugados, hinchados y doloridos. No era consciente del tremendo error que había cometido. Para evitar cometerlo de nuevo incluí una nueva y fundamental regla:

# 10. Mantén siempre secos los pies.

Por la mañana me lo tome con calma. Desayune, tome más fotos, grave un par de escenas de video y me di un buen baño caliente en las termas. No me pudo sentar mejor, tenía ganas de pasar otro día más allí pero sabía que debía retomar la carretera.

Por delante me quedaba ascender la costa griega del mar Egeo hacia Thessaloniki, para  poner rumbo a Turquía. La lluvia y el frio me siguieron haciendo el camino más duro, pero cada vez me afectaba menos. Una esperada noticia me daría más ánimo a continuar, pero a la vez, ganas de volver a  mi hogar con mi familia. Mi sobrino Álvaro había nacido, de un día para otro sin darme cuenta entre pedalada y pedalada, ya era tío. Con las tecnologías de hoy en día se hace llevadero el contacto con los seres queridos, pero no borran la melancolía. Lo más importante es que  todo salió según lo previsto y que tanto mi hermana como mi sobrino estaban bien.

Continuando con el viaje, hubo un día especialmente complicado por la lluvia y por el viento. Pero la amabilidad de los griegos me iba a sorprender. En medio de una carretera secundaria me dio el alto un coche de policía, con la intención de avisarme de lo peligroso que era avanzar con la bicicleta. Decididos a proteger mi seguridad, fui escoltado por los policías durante varios kilómetros hasta llegar a la desviación a una carretera menos transitada, y que también llegaba a mi destino. Por el camino los simpáticos agentes me animaban por el megáfono del coche policía diciendo:” Go, go, my friend”.

Ese mismo día paré en una cafetería a calentarme con un café, y antes de salir para continuar mi camino, la señora que la regentaba decidió obsequiarme con un bocata para la próxima parada. El día empezó mal, pero la amabilidad griega lo mejoro con creces.

Antes de llegar a Thessalonniki, hice una pequeña desviación para recorrer varios kilómetros y realizar una parada igual de necesaria que las Termópilas. Tuve la oportunidad de visitar el pequeño pueblo de Pella, ciudad natal de Alejandro Magno.

La historia de este sobrenatural hombre nunca me dejo indiferente, y después de leer la novela biográfica del escritor Valerio Massimo Manfredi, mi admiración por Alejandro Magno no podría ser mayor. He de reconocer que desde que inicie el viaje, llamé a mi bicicleta Orbea con el mismo nombre que el llamo a su caballo, Bucéfalo.

DSCN0404(Colorado On The Road junto al monumento de Alejandro Magno montando a Bucéfalo)

En Thessaloniki pude descansar un día, pero solo de pedalear. Debido a la gran cantidad de recados pendientes que eran de gran importancia ser llevados a cabo antes de salir de Europa. El más importante de ellos era hacerle una puesta a punto a la bicicleta, ya que después de casi 5000 kilómetros, las ruedas y los frenos inevitablemente estaban desgastados. Para tal misión simplemente pregunte por la mejor tienda de bicicletas de Thessaloniki, y todo el mundo coincidió en una. Por lo que puse rumbo a la tienda “Cycle” donde el mecánico dio rienda suelta a su experiencia para llevar acabo la revisión de la bicicleta. Como no podía ser de otra forma, este gran mecánico era un gran admirador de la marca Orbea.

DSCN0414

(Colorado On The Road junto el mecánico después de la puesta a punto de la bicicleta)

Después de un duro día de recados en la ciudad de Thessaloniki, retomé la ruta durante dos etapas  para esta vez sí, hacer una parada para descansar en la ciudad de Komotini, donde John Gorman, el primo de mi buen amigo Michael, me recibiría con los brazos abiertos para hospedarme un par de noches.

John, junto con su mujer y su hija pequeña, me  hicieron sentir de nuevo lo que es dormir en un auténtico hogar. Esta encantadora familia me trato con gran gentileza, hospitalidad, y sin duda alguna se han ganado mi cariño y mi respeto.

La mañana de retomar la ruta, John me preparó una  suculenta bolsa de comida para alimentarme toda la etapa, y me acompañó a su farmacia para despedirme de su mujer que en ese momento estaba trabajando.

DSCN0431(Colorado On The Road junto John y su mujer, en su farmacia de Komotini)

Después de darnos el último adiós, retome la ruta  y a los pocos minutos comenzó a llover. Lo que parecía una simple llovizna, derivo a los pocos kilómetros en un buen chaparrón que me acompañaría todo el día. Llegada la noche la lluvia se convirtió en tormenta. De repente caía un tremendo aguacero, soplaba el viento con fuerza y los rayos iluminaban el cielo, pero a los 20 minutos paraba y luego volvía a empezar de nuevo. Constantemente me detenía para buscar refugio, hasta que en una de estas ocasiones en mitad de la nada, no había posibilidad de resguardarse y la que me cayó fue la más gorda de todas. En mitad de una carretera secundaria, sin iluminación alguna solo veía cuando los constantes rayos atravesaban el cielo, la lluvia y el fuerte viento me obligaron a detenerme sin más opción que la de inclinarme sobre el manillar de la bicicleta, abrocharme bien la capucha y esperar a que el temporal pasara. Pasados los primeros 15 minutos, la verdad es que disfrute del espectáculo de descargas eléctricas, hasta que rematando la faena empezó a caer del cielo bolas de granizo del tamaño de un guisante, castigándome todo el cuerpo… ya no me lo estaba pasando tan bien.

Finalmente cedió un poco el temporal, y pude continuar hasta llegar al puesto fronterizo griego. Cuando pasó el vehículo de delante  mio y llegado mi turno de presentar mi identificación, el policía de la garita muy sorprendido me miró con una cara de espanto, diciéndome una frase en griego que a pesar de que no entiendo el idioma, esto  si lo entendí muy bien debido a su expresión y al contexto:

“Pero hijo mío, qué haces tú aquí con la que está cayendo”.

Después de la cómica situación, avance hasta el puesto de control turco atravesando el puente que delimita ambas fronteras. Debido a las prisas de los militares que vigilaban el paso para que abandonara el puente, no pude hacer una buena foto, pero si conseguí sacar una.

DSCN0432(Límite entre Grecia y Turquía)

Era momento de estampar el visado en mi pasaporte, cambiar los euros por liras turcas y avanzar hasta el primer pueblo llamado Ipsala, para buscar un hostal donde refugiarme del tiempo.

A pesar de la drástica climatología del último día en Grecia, conseguí mi objetivo de llegar a Turquía. Atrás dejo Europa y encaro Oriente medio para atravesar Turquía, Irán y Pakistán, hasta poder alcanzar el sudeste asiático. El viaje toma una nueva perspectiva, y sin duda alguna cruzar este terreno en pleno invierno será una parte del viaje que pondrá mi moral a prueba.

“There is nothing impossible to him who will try”.

Alejandro Magno.

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