Bolivia

Etapas

03/04/2015 Copacabana – Huarina (82 Km).

04/04/2015 Huarina – La Paz (78 Km).

05/04/2015 Descanso en La Paz.

06/04/2015 Descanso en La Paz.

07/04/2015 Descanso en La Paz.

08/04/2015 Descanso en La Paz.

09/04/2015 La Paz – Patacamaya (103 Km).

10/04/2015 Patacamaya – Colpapucho (50 Km).

11/04/2015 Colpapucho – Pazña (165 Km).

12/04/2015 Pazña – Sevaruyo (94 Km).

13/04/2015 Sevaruyo – Keluyo (94 Km).

14/04/2015 Keluyo – Uyuni (70 Km).

15/04/2015 Uyuni – Isla Inkawasi (95 Km).

16/04/2015 Isla Inkawasi – San Juan (82 Km).

17/04/2015 San Juan – Ollagüe (Entrada en Chile) (77 Km).

Bolivia

Entrar en Bolivia significaba que entraba en mi país número 31, pero la geografía no dejaba marguen de diferencia, aun seguía en el Altiplano de los Andes Centrales y no descendería de los 3600 msnm hasta llegar a la frontera chilena.

Donde pasar mi primera noche fue una decisión fácil. Pedalee con las últimas horas de luz hasta la costa del Lago Titicaca en la ciudad de Copacabana. Encontrar un lugar tranquilo donde acampar fue algo mas complicado de lo que imaginaba. Debido a la cercanía de la Semana Santa, las orillas del lago estaban repletas de campistas nacionales que habían llegado para pasar las fiestas.

A medida que me alejaba de la costa de la ciudad, iba encontrando cada vez menos bullicio y era exactamente lo que necesitaba, tranquilidad. Finalmente acampé a unos 20 metros de un grupo de viajeros.

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(Acampando a orillas del Lago Titicaca)

Una vez instalé mi campamento a orillas del lago, me acerqué a conocer a mis vecinos de procedencia francesa y colombiana, a calentarme con el fuego de su hoguera y compartir unas cervezas. No tardé en irme a dormir, las duras pedaladas del día no te dejan marguen para la vida nocturna. Pero acercándose el reloj a las 23:00 pm, una patrulla de la policía vino a mi solitario campamento, me despertaron a voces para que saliera de mi calentito saco de dormir y presentara mi documentación. En cuanto me puse en pie y mostré mi pasaporte me preguntaron: Huele usted a alcohol ¿Ha estado bebiendo? Un par de cervezas contesté. ¿Sabe que esta prohibido beber en la vía pública? Me quedé pensando que carajo me estaban echando en cara cuando estaba en una zona arbolada alejada de la ciudad, mientras en la verdadera vía pública estaban decenas de bolivianos bebiendo junto a la orilla, y yo llevaba durmiendo hacia ya varias horas.

Fueron muy severos con su decisión, ¨Recoge todo, súbelo a la furgoneta que nos vamos a la comisaría¨ me dijeron. No daba crédito a lo que me estaba pasando, pero desde el principio sabía perfectamente lo que querían, y sus bromas y risas los delataron con claridad. Lamentablemente para ellos soy un terco cabezón que ni de broma iba a estar por la labor de aflojar la billetera y darles la propina que andaban buscando, así que decidí mi estrategia en cuestión de segundos y la lleve a cabo: ¨De acuerdo señor policía, no se preocupe que cooperare en todo lo que usted requiera, necesito 40 minutos para recoger todo mi campamento y subirlo a su furgoneta. Pero primero notifíqueme a que comisaría me van a trasladar, ya que esta es una situación nueva para mi, y quisiera llamar a un amigo de la Embajada Española para informarle de este suceso¨.

Mientras tecleaba en mi teléfono móvil números aleatorios, se miraron entre los 6 policías las caras de imbécil que se les había quedado, y rápidamente me dijeron que por esta vez iban a hacer la vista gorda. Así que volví a entrar en mi querida tienda de campaña disfrutando del farol que se habían comido, y continuar planchando la oreja en mi mullidito saco de dormir, un tiempo al menos.

Cuando estaba inmerso en un profundo sueño, a las 03:00 am el sonido de unas voces y de la música me despertaron. Salí a descubrir de donde procedía tal escandalo y para mi sorpresa, de entre todas las zonas libre que había a decenas de metros de mi campamento, tres jóvenes bolivianos habían decidido instalar su tienda de campaña justo al lado de la mía, para emborracharse y escuchar música a todo volumen. Me acerqué a ellos para pedirles que aunque fuera quitaran la música, ya que estaban tan borrachos que seguro no iban a tardar en perder el conocimiento, pero uno de ellos me sorprendió con una pregunta: ¿Pero tú de donde eres? Yo soy Español le contesté. Entonces este impresentable me dijo algo que me dejo atónito: ¨Gringo de mierda, vete a tu puto país¨. No pude moverme, no pude decir nada, solo pude permanecer de pie frente a ellos durante un par de minutos, mientras me hervía la sangre. Los primeros instantes solo intenté no dar rienda suelta a mi frustración, lo cual me hubiera llevado a dormir el resto de la noche, y a despertarme con la visión de sus cuerpos aun flotando en el Lago Titicaca. Ellos se miraban sin entender que se me estaba pasando por la cabeza. Los últimos segundos, cuando entre en razón, pensé en una salida razonable, ¿Pero que iba a hacer? ¿Llamar a la policía corrupta? Así que tomé la decisión mas inteligente y que menos problemas me iba a dar, pedirles que intentaran hacer el menor ruido posible y volver a dormir. Por supuesto la reacción de ellos fue subir aun mas la música y continuar bebiendo a voces, pero por suerte pasada media hora la borrachera los silencio en un profundo sueño.

A las 07:00 am mi despertador sonó, halla pasado lo que halla pasado por la noche, yo me levanto con la luz del alba y continuo mi viaje, no hay excusas para seguir durmiendo, sino razones para seguir adelante.

Antes de irme de Copacabana, fui a desayunar al mercado con el viajero colombiano que conocí la noche anterior. Me enseño un poco la ciudad y compartimos unas cuantas aventuras. Nos despedimos, crucé el cerro para embarcarme en un pequeño bote que me llevaría al otro lado del estrecho de Tiquina y puse rumbo a La Paz.

Con dos etapas llegue a la capital, y desde el barrio llamado El Alto accedí a la autopista que desciende serpenteando el valle, para llevarme al centro de la ciudad. Tenía claro donde iba a hospedarme, en la Casa Ciclista de Cristian. Ya le había avisado de mi llegada vía email y él me estaba esperando. Ya instalado y con el ordenador conectado, escribí a la viajera colombiana del proyecto ¨El Sur es el Norte¨, Andrea, a quien había conocido subiendo el Machu Picchu. Desde que nos conocimos no perdimos el contacto y nos esforzamos en coordinar nuestra llegada a La Paz, para ir juntos a conocer Las Peleas de Cholitas. Tampoco me olvidé de mi gran amigo Luis Carlos, ciclista colombiano con el que compartí las pedaladas para llegar a Lima, con quien coincidí en Cuzco y también había planificado coincidir en La Paz.

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(Llegada a La Paz)

Andrea fue rápida en su respuesta y quedamos en vernos al día siguiente en la Iglesia de San Francisco, para ir a conocer el espectáculo de las Cholitas. Pero Lucho no dio respuesta.

A la mañana siguiente, decidido a domar mi alocada melena fui directo a una peluquería del centro. Cuando pasé en frente de la Iglesia de San Francisco me topé con un improvisado puesto que Lucho había montado. Estaba con su bicicleta apoyada en la pared y sobre una bandera de Colombia que tenia en el suelo, mostraba los laberintos que el mismo fabricaba con cables de metal, en un intento de recaudar fondos para salir de la dura situación económica que atravesaba.

Nos fundimos en un fuerte abrazo que duro un año, le pregunté que carajo estaba haciendo y nos pusimos al día. Yo acababa de ganar un buen dinero por un trabajo que realice para la Editorial Santillana, así que le pedí que recogiera su puesto porque sus problemas económicos ya estaban solucionados. Decidió esperar a que volviera de cortarme el pelo, así que intente ser lo más rápido posible.

Ya de vuelta fuimos juntos a la casa ciclista y de camino compramos comida en abundancia en un supermercado. Nadie mejor que yo sabe el desgaste acumulado que se alcanza tras duras jornadas de pedaleo, y quería cuidar de mi hermano colombiano. Con el estomago lleno de arroz, pollo y patatas, salí a comprar una botella de ron para brindar con mi compañero. De camino hice una parada en el cajero para darle una ayuda a mi querido amigo.

El reloj marco el inicio de la tarde y era hora de acudir a la Iglesia de San Francisco para reencontrarme con Andrea, e ir a conocer Las Peleas de Cholitas. Por supuesto invite a Lucho a que nos acompañara, como una familia de viajeros.

La verdad que esperaba una pelea aburrida de Pressing Catch, pero fue un espectáculo ver volar por los aires a las pequeñas luchadoras dentro del cuadrilátero, además el ron lo animó mucho más. Disfrutamos de esos momentos juntos, la vida de los viajeros de diferentes nacionalidades siempre hacen las coincidencias mas emocionantes, ya que no sabemos cuando nos volveremos a reencontrar.

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(Colorado On The Road recibiendo una paliza de las Cholitas)

Pasados unos días, la primera en partir fue Andrea hacia el interior de Bolivia. Después fui yo quien puso rumbo hacia Uyuni, despidiéndome para siempre en esta aventura de mi hermanito pequeño. Lucho había tomado la decisión de regresar a Colombia, lo que hacia imposible que nuestras pedaladas nos volvieran a unir.

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(Colorado On the Road y Luis Carlos, alias Lucho, alias Colombia)

Para salir de La Paz, podía optar por la autopista de 12 kilómetros con una pendiente muy moderada, o salir en línea recta por la cara mas empinada de la montaña y hacer solo 3 kilómetros para regresar a El Alto. Durante este viaje siempre he tenido una inquietud que no he sabido resolver. Cada vez que estoy triste y retomo la carretera, tengo la necesidad de sufrir haciendo marchas de grandes distancias y hasta altas horas de la noche. Es como si quisiera consumir mis lamentos.

Tomé la salida mas dura de la ciudad. Encaré directamente la montaña perdiendo la capacidad de pedalear, la pendiente era tan pronunciada que mientras empujaba a mi potro tenia que parar a respirar cada poco tiempo. La altura hacia que el oxígeno escaseara y la elevada polución provocaba que el aire que inhalaba ardiera en mis pulmones. Con un gran esfuerzo coroné la cima del valle, miré atrás y me despedí de la ultima visión de La Paz.

Mi primera noche fuera de la capital boliviana la pasé en un económico hostel, regentado por una encantadora señora que me dejó su mejor habitación, al precio de la mas barata. Por la mañana me regaló la bandera de Bolivia y me acompaño hasta la calle junto a su marido para despedirme y desearme buena suerte, eran simplemente encantadores.

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(Bucéfalo recibiendo la bandera de Bolivia)

A medida que avanzaba por el interior del país, la gente se volvió cada vez mas cercana. Cuando paraba a comer siempre me daban doble ración, me hacían preguntas sobre mi viaje, me hospedaron en unas termas y me daban las gracias por llevar su bandera. Una valoración que tuve hace ya mucho, es que la actitud de unos pocos no puede ser la imagen de muchos. A pesar de mi desafortunada primera noche en Copacabana, un cretino es un cretino, y lamentablemente hay muchos en este mundo. Pero eso no quiere decir que por cruzarme con uno vaya a catalogar a las personas de su misma nacionalidad con la misma sombra. Esos prejuicios solo ciegan la verdadera imagen de una sociedad.

Los últimos 250 kilómetros hasta Uyuni la carretera dejó de existir. La pista de tierra era mi nueva carretera, el barro, los baches y las rocas mis nuevos compañeros. Por el día el viento pega duro pero al atardecer se relaja, así que apuro mis pedaladas bajo la luz de mi linterna. A la hora de acampar me cuesta irme a dormir, sin ningún rastro de luz, el cielo brilla con miles de estrellas. Las noches son frías pero los días cálidos. Los obreros que construyen la carretera que unirá Santiago de Huari con Uyuni, duermen en grandes campamentos que cada medio día visito para conocer sus cantinas, y almorzar bajo su invitación.

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(Colorado On The Road atravesando Bolivia)

Finalmente alcanzo la ciudad de Uyuni, una de las paradas del Dakar. Con tan solo una noche de descanso me preparo para la aventura que mas deseaba vivir en Bolivia, cruzar el Salar de Uyuni.

Desde el pueblo de Colchani pongo rumbo a la entrada del mayor desierto de sal y a mayor altitud del mundo. A medida que me aproximo al primer acceso, me doy cuenta de que esta totalmente inundado. Los todoterrenos que transportan a los turistas superan el obstáculo con facilidad, pero yo no puedo cometer ningún error o sino mi potro podría ahogarse en las aguas saladas, y con él perder todo mi equipo electrónico.

Esperé pacientemente para observar que ruta escogían los experimentados guías bolivianos al volante de sus todoterrenos, hasta que encontré una ruta que no era tan profunda. Cogí aire y comencé a pedalear con firmeza sobre el agua a medida que esta ganaba profundidad. En varios tramos pedaleaba con el agua por las espinillas, pero Bucéfalo cumplió y juntos superamos el obstáculo, ya estábamos dentro del salar.

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(Colorado On The Road después de atravesar la entrada inundada)

Había invertido demasiadas horas de luz en llegar hasta ese punto, y aun tenia 75 kilómetros hasta la Isla de Inkawasi situada en el centro del desierto salado. La llanura era eterna, el suelo firme y la sal crujía bajo las ruedas. El sol se reflejaba en la sal, a mas de 3660 msnm y próximos al ecuador, la radiación solar era intensa por lo que cubrí cada centímetro de la piel de mi cuerpo para evitar abrasarme. Pero mi mayor enemigo fue el fuerte viento en contra que soplaba constantemente, y arrastraba temperaturas de 10 ºC.

Con las horas de luz pedalee contento y emocionado, disfrutando de la experiencia y en ocasiones cerraba los ojos durante largos instantes, total, no había nada contra lo que pudiera chocar. Pero no presté atención a lo lento que avanzaba por causa del viento, ya que no disponía de ninguna referencia geográfica a mi alrededor.

Hipnotizado por el apasionante atardecer, me escudé en la esperanza de que el viento dejara de soplar con la oscuridad y poder abarcar con rapidez los últimos 20 kilómetros hasta la rocosa Isla de Inkawasi. Pero no fue así.

En pocos minutos estaba rodeado por la mas profunda oscuridad, la temperatura cayó en picado, el viento sopló con mas fuerza y avanzaba lento bajo la débil iluminación de mi linterna. El verdadero reto había comenzado.

Avanzaba a una media de 7 Km/h y necesitaba pararme a descansar cada 30 minutos, a ese ritmo tardaría tres horas y media en llegar a la isla. Cuando estaba a menos de 10 kilómetros de llegar a mi objetivo, me detuve totalmente agotado. Deje tumbado a Bucéfalo sobre la sal y me senté junto a él para que me protegiera del helado viento. Abrí una de sus alforjas y saque una lata de cerveza que había comprado para celebrar una victoria que aun no había llegado. Apagué la luz de mi linterna y dejé que la oscuridad me envolviera por completo, estaba desesperado. Cuando di el primer trago de cerveza alcé la cabeza y me quedé embobado con un espectáculo irrepetible, millones de estrellas, polvo cósmico y constelaciones saludándome. Entonces viví una de las más extrañas emociones que solo en este viaje he vivido. Comencé a reírme a carcajada limpia, me levanté emocionado gritando al infinito mientras saboreaba la cerveza de la victoria. En ocasiones olvido la gran aventura que estoy viviendo debido a la responsabilidad que me impongo de alcanzar cada objetivo, pero cuando recuerdo porque estoy aquí, porque lo hago, la adrenalina explota en mi y no puedo dejar de sonreír.

Cuando levanté a Bucéfalo del suelo, lo hice convencido de mis dos opciones, llegar a la Isla de Inkawasi o llegar a la Isla de Inkawasi. A pesar del cansancio de la dura jornada, pedalee los últimos kilómetros con mas fuerza que cualquier otro del día. Una inmensa roca se alzaba en la planicie salada, y con ella un refugio que frenaba el viento y me proporcionó el campamento perfecto para dormir sin congelarme.

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(Amaneciendo en la Isla de Inkawasi)

A la mañana siguiente miraba el Salar de Uyuni desde otra perspectiva. Brújula en mano tenía que pedalear hacia el sur para alcanzar el pueblo de Chuvica, ya en tierra firme, y el viento lo tenia de espaldas convirtiéndose hoy en un aliado.

Con energías renovadas, invertí parte de la experiencia en inmortalizar el momento con numerosas fotografías y llevar acabo una hermosa tradición del salar, pedalear desnudo.

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(Colorado On The Road y Bucéfalo en el Salar de Uyuni)

Cuando abandoné el implacable desierto miré atrás, y di por concluido el mayor reto en tierras bolivianas. Desde Chuvica hasta San Juan pedalee duro por pistas de tierra y nuevamente la noche me dio caza, pero complete la etapa con éxito. Éxito que merecía la recompensa de dormir bajo techo y sobre un colchón. De todos los hostel que hay en San Juan, justo el primero en el que entré me deparó una sorpresa.

Mientras hablaba con la encargada y me daba la mala noticia de que no había ni un hueco libre, Andrea cruzo la habitación para abrazarme con fuerza, tremenda casualidad. El hostel estaba dividido en habitaciones compartidas, designadas para cada vehículo de agencias privadas que hacen tours de varios días por el salar. Después de hablar con las compañeras de Andrea y con la encargada, me dejaron dormir en el suelo de su habitación con un colchón. Las chicas no habían acabado con la cena que les sirvieron, así que di rienda suelta a mi apetito devorando una ensalada, una sopa y 4 pechugas de pollo.

Cuando todos se fueron a dormir, Andrea y yo estuvimos hablando hasta tarde, poniéndonos al día de todo lo que vivimos desde La Paz. Lo que mas me marco fue cuando me contó que a Lucho le robaron la bicicleta, dejándole la única opción de volver a Colombia en autobús. Malditos Bastardos!

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(Colorado On The Road y Andrea en San Juan)

Por la mañana nos despedimos con la esperanza de que ambos viajes se volvieran a unir en Santiago de Chile. Yo tenía casi 80 kilómetros cruzando el Salar de Chiguana hasta el paso de Ollagüe, y despedirme así de Bolivia.

Cruzaría a Chile desde el volcán Ollagüe y comenzaría a descender hasta la costa, dejando atrás el Altiplano. Nunca hay excusas para detenerse, sino razones para seguir adelante.

¨Creyendo en los sueños es como los creamos.

Sigue creyendo,

sigue soñando,

sigue creando.¨

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Peleas de Cholitas Cholitas:

Salar de Uyuni:

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6 pensamientos en “Bolivia

  1. Muy grande, Colorado. Bufff, tuvo que ser impresionante estar en completa oscuridad en el desierto de sal y mirar ese cielo lleno de estrellas.
    Mucho ánimo, ¡¡máquina!!.

    PD: Por cierto, la canción que pusiste en el final del video “Desde Nasca hasta Cusco”, ¿podrías decirme cual es? Me parece preciosa y muy emocionante, me encantaría escucharla entera.

  2. Compañero de pedaleadas. he leído detenidamente las resumidas aventuras que a diario debes pasar, son muy buenas y sabes sortear con habilidad cada obstáculo que se presenta. un abrazo desde Piendamó,Cauca. un día compartimos un tinto colombiano, cuando pasabas con destino a la ciudad de Popayán y mas al sur.

  3. Pedazaraco de post, tocayo. Y muy buen gestionado lo de los polis eh?, todo un pro… 😉

    Tu colega Lucho, tiene blog?

    Abrazo compañero

  4. Espectacular como siempre! Impresentables los policías y una salida ¡genial! por tu parte. Fuerza en las piernas y ánimo en el corazón.
    Un fuerte abrazo!
    PD: mejor con el pelo corto 😉

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