Botsuana

Etapas:

13/02/2016 Tsootsha – Ghanzi (129 Km).

14/02/2016 Ghanzi – Kuke (113 Km).

15/02/2016 Kuke – Sehithwa (80 Km).

16/02/2016 Sehithwa – Maun (102 Km).

17-19/02/2016 Descanso en Maun.

20/02/2016 Maun – Makgadikgadi Pans National Park (106 Km).

21/02/2016 Makgadikgadi Pans National Park – Gwetta (115 Km).

22/02/2016 Gwetta – Nata (100 Km).

23/02/2016 Nata – Mosetse (78 Km).

24/02/2016 Mosetse – Francistown (110 Km).

25/02/2016 Descanso en Francistown.

26/02/2016 Francistown – Tsamaya (46 Km).

27/02/2016 Tsamaya – Marula (Entrada en Zimbabue) (91 Km).

Botsuana: En busca de la fauna salvaje

Mi entrada en Botsuana me acercaba más que nunca a la sabana africana. Impaciente por observar la vida salvaje avancé por la llanura para llegar a Maun. Pedaleando por las interminables rectas de asfalto me sentía como un intruso. La carretera esta rodeada por la hierba pero solo unos metros, luego comienza el dominio de la vegetación, árboles y matorral bajo que no te permiten ver con profundidad que es lo que merodea a tu alrededor.

Me daba bastante tranquilidad la presencia de vacas, caballos y burros salvajes junto a la carretera, donde se concentra el pasto más tierno. Digo tranquilidad porque al menos me sentía como el bocado menos suculento. A pesar de ser poco probable toparse con un depredador por esa zona, es imposible no sentir ese picor en la boca del estomago cuando escuchas un sonido a tu alrededor.

La primera noche en mi trigésimo séptimo país de mi vuelta al mundo, dormí camuflado junto a un árbol a pocos metros de la carretera. Fue una noche inquietante en la que una terrible pesadilla interrumpió mi placentero sueño. Me desperté tan agitado y desorientado, que no sabía que estaba en Botsuana, solo sabía que era de noche y que estaba dentro de la tienda. Amanecí fatigado y después de desayunar me dispuse a tomar la profilaxis de la malaria. Desde hace una semana empecé a medicarme para combatir tan temible enfermedad. Curiosamente durante esa semana no había descansado bien ninguna noche, me despertaba agotado después de dormir 8 horas y pedaleando no me sentía al 100%. La inquieta noche que pasé fue la última porque decidí dejar de tomar Malarone. Los efectos secundarios me estaban destrozando.

Me puse en marcha sin gozar de una ducha mañanera y rebozado en mi sudor, como de costumbre. Coincidencia, casualidad o acierto, pedalee con mejor rendimiento que cualquier día de la semana anterior. Parece que la profilaxis de la malaria me estaba robando la energía, y solo me queda tocar madera para no contraerla. Pero si ese fatídico mosquito viene a mi, tomaré medidas para superar el obstáculo, como siempre he hecho. Hasta entonces, simplemente voy a disfrutar extremando las precauciones para que no me piquen.

Finalizo la jornada en una pequeña aldea, donde acampo junto a las chozas de barro y paja. Por la mañana me da los buenos días un cielo claro y azul, pero la época de lluvias está comenzando y la climatología en África es difícil de predecir. Por la tarde me agarra una tormenta, no llueve de forma constante, se iba desplazando hacia el Sur y el cielo descarga agua cada 5 minutos de forma intermitente. Gloriosa ducha natural que me da un respiro y aclara la suciedad de mi ropa.

Diario Botsuana 1

(Acampando en un pequeña aldea de Botsuana)

Al cuarto día en Botsuana alcanzo Maun. En la embajada española de Windhoek me dieron el contacto de Edurne, cónsul honoraria. Hace 20 años creó una agencia de safaris para visitar el Delta del Okavango. Edurne me recibe con los brazos abiertos y me deja ocupar su casa de invitados. Me relajo durante varios días durmiendo en cama, con baño privado, cebándome de buena comida y por primera vez desde que dejé atrás Cape Town, lavo la ropa en una lavadora.

Su esposo es guía profesional de safaris y me da un valioso consejo. Durante sus expediciones siempre lleva un puñado de arena fina en el bolsillo, para interrumpir el ataque de un león lanzándosela a los ojos. Espero nunca tener que ponerlo en practica.

La segunda noche en Maun, Edurne organiza una cena para la reducida comunidad de españoles. Fue cuando conocí a Marcus, piloto de avionetas, que me ofreció acompañarle en un vuelo para recoger a 11 clientes de un Lodge dentro del Delta del Okavango. Por la mañana despegamos y desde el aire vemos cocodrilos e hipopótamos, aterrizamos en la pista de tierra dentro del Parque Nacional y se suben todos a bordo. En el despegue, más digno de un rally, observamos a una manada de elefantes caminando por la inmensa llanura. Una experiencia única!

Diario Botsuana 2

(Junto a Marcus dentro del Delta del Okavango)

Después de reponer fuerzas y decidido a continuar la aventura, organizo todo para continuar la marcha, pero por primera vez en África no iba a pedalear solo. Frank, uno de los guías de safaris de Edurne y aficionado a la bicicleta, decide acompañarme hasta la ciudad de Nata, a 300 kilómetros al Este.

Diario Botsuana 3

(Junto a Edurne, su marido y Frank)

El primer día volamos con el viento a favor y alcanzamos la entrada del Makgadikgadi Pans National Park. Con el atardecer encima, montamos el campamento junto a un árbol, y preparamos la hoguera para mantener a los depredadores a raya durante toda la noche. A nuestro alrededor se pueden apreciar las zonas de paso de los animales de un lado a otro de la carretera, como inmensos agujeros entre los arbustos que solo un animal de gran tamaño podía hacer. Mientras estaba recogiendo leña con los últimos rayo de luz, tuve la hermosa oportunidad de contemplar un elefante pasar a 200 metros del campamento. Fue toda una sorpresa porque no me lo esperaba, pasó andando como si nada, como si no existiéramos. Fue la primera vez en mi vida que veía un elefante salvaje desde tan cerca.

Diario Botsuana 4

(Lejana fotografía que tomé al elefante que pasó por nuestro campamento)

Encendí el fuego con una sonrisa estampada en la cara, todo me parecía tan emocionante. Frank estaba como si nada, a fin de cuentas ha crecido rodeado de esta fauna salvaje, pero yo estaba entusiasmado.

Antes de dormir Frank me advierte: Nada de comida dentro de la tienda. Si tienes cualquier alimento con olor a carne, las hienas y leones vendrán a por ti, si tienes fruta puedes atraer a los elefantes. El fuego nos protegerá durante toda la noche, pero las hienas no lo temen, es probable que vengan a oler e inspeccionar este nuevo arbusto de su territorio, es decir, la tienda de campaña. Debes estar tranquilo y no agitarte, ellas vendrán, olerán, inspeccionaran y finalmente, se alejaran.

Esa noche cerré los ojos con la ilusión de despertar por la mañana y ver las huellas de las hienas alrededor de mi campamento, pero al salir el sol solo había rastro de miles de insectos que se refugiaron bajo mi tienda.

Llegamos al primer pueblo con el fresco de la mañana, donde desayunamos judías con Fat Cakes, unos buñuelos cargados de energía. Frank hace de intérprete y simplemente me dejo llevar siguiéndole a haya donde vaya.

Atravesamos dos Parques nacionales que están separados por la carretera. Al Norte tenemos el Nxai Pan National Park con menos concentración de agua, y al Sur el Makgadikgadi Pans National Park con el Río Boteti y el Lago Nwetwe, en el que se concentra la mayoría de la vida salvaje del lugar, debido a la abundancia del preciado elemento.

Mientras pedaleamos, constantemente contamos con la presencia de los Ñandúes. En la carretera Frank reconoce las heces de una hiena, son recientes me dice, menos de dos días. Los excrementos de hiena empiezan a blanquearse pasadas 24 horas, debido al exceso de calcio procedente de los huesos que comen. Estaba ansioso por ver alguna.

Diario Botsuana 5

(Heces de una hiena)

Durante el camino mi guía personal me cuenta como hace dos años un motorista alemán, falleció en esta misma carretera a manos de un elefante. El animal se le cruzó en la carretera, y el motorista para espantarlo revoluciono el motor al máximo para asustarlo con el potente sonido, pero la respuesta del elefante fue envestirlo hasta la muerte.

En una de sus últimas expediciones como guía de safaris, Frank guiaba a un pequeño grupo de turistas a pie. Él iba 20 metros por delante cuando un elefante empezó a caminar hacia ellos, Frank se escondió detrás de un arbusto esperando la reacción del animal, mientras el grupo se ocultaba junto a un árbol. Cuando lo tuvo frente a él, decidió mostrarse con los brazos levantados para parecer más grande e intimidarlo. El elefante dudo, y ante la duda siempre envisten. Frank recibió un trompazo en la ingle y estuvo a punto de perder las joyas de la corona. Finalmente el grupo espantó al animal gritando y levantando las manos.

Estos relatos no hacen más que aumentar mi curiosidad sobre la actitud de cada animal, y cual sería el correcto comportamiento ante la situación de tenerlos frente a frente. Bombardeo a Frank con miles de preguntas, abro los oídos y memorizo todos y cada uno de sus consejos. Es una mina de información que probablemente en el futuro tenga que poner en práctica.

Con la llegada a Gwetta dejamos atrás los parques nacionales, y donde nos esperaba una recompensa con la firma de Edurne. Antes de salir de Maun nos dejó pagada una noche en el camping Planet Baobab, con cena y desayuno incluido. En las cercanías del campamento se concentran los enormes Baobab, majestuosos árboles que llegan a medir 30 metros de alto y 11 metros de diámetro, en sus más de 1000 años de vida.

Diario Botsuana 6

(Bucéfalo junto a un Baobab)

El buffet libre del desayuno nos dejo fuera de combate durante dos horas mientras hacíamos la digestión, y comenzamos a pedalear a mediodía en nuestra última jornada juntos. Antes de llegar a Nata tuvimos que buscar refugio en una granja cercana a la carretera, donde pasamos la tormenta que teníamos justo encima.

Esperamos una hora a que la lluvia cesara dentro de una cabaña de barro y paja. Aprovechamos para hablar de la conducta de los elefantes, lo unidos que están sus grupos, los sentimientos que se procesan, la memoria que los caracteriza y uno de los comportamientos más increíbles, cómo los despiden antes de abandonar la manada para alejarse y morir en soledad, para luego rendirles un particular homenaje póstumo cuando se encuentran con sus restos, tocando con sus trompas y pezuñas los enormes huesos.

(Reflexionando junto a Frank en la cabaña de barro y paja)

Nata es el último pueblo en el que acampo con Frank. Por la mañana me despido del mejor guía de safaris que he conocido y continuo mi viaje en solitario.

Francistown es la última gran ciudad que visito en Botsuana antes de llegar a la frontera con Zimbabue. Fue una parada técnica de un día para trabajar con el ordenador utilizando el wifi del aeropuerto. La primera noche cuando me disponía a dormir en la sala de espera, uno de los operarios conocido por sus compañeros como Mr T, me ofrece acampar en el jardín de su casa. Los trabajadores del aeropuerto viven en una pequeña zona residencial construida a menos de 500 metros, y era una zona segura para dormir. La segunda noche uno de los compañeros de Mr T directamente me ofrece una cama en su casa. En Botsuana hay largas extensiones de terreno salvaje y no hay mucha población, pero las pocas personas con las que me crucé en el camino, fueron sencillamente maravillosas conmigo.

Diario Botsuana 8

(Colorado On The Road junto a Mr T)

Con 30 dólares en metálico en el bolsillo para pagar las tasas de mi próxima frontera, puse rumbo a Zimbabue bajo la lluvia. No duré mucho tiempo pedaleando y a los 50 kilómetros paré en un pequeño pueblo, para buscar refugio en una zona techada de la comisaría. Pude secar la ropa y los agentes me dieron de cenar. Finalmente hice noche allí porque la tormenta no cesaba.

Atravesé el puesto fronterizo con Zimbabue con hambre de más. Me hubiera gustado hacer un Safari salvaje por el Delta del Okavango, pero claro está, los elevados precios me dejan fuera de toda expedición. La bicicleta te limita mucho, pero a la vez ha sido la que me ha dado alas. De no ser por ella jamás hubiera compartido esta experiencia junto a Frank, y sobre todo, jamás hubiera aprendido tanto de él. Hay una frase que me dijo que se me quedó grabada en la memoria:

“Si te sientes como un intruso en un entorno salvaje, es porque lo eres”

 

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Brasil

Etapas:

16/08/2015 Barra do Chuí – Curral Alto (100 Km).

17/08/2015 Curral Alto – Taim (89 Km).

18/08/2015 Taim – Sao José do Norte (90 Km).

19/08/2015 Sao José do Norte – Bojuru (81 Km).

20/08/2015 Bojuru – Mostardas (76 Km).

21/08/2015 Mostardas – Säo Simäo (27 Km).

22/08/2015 Säo Simäo – Palmares do Soul (94 Km).

23/08/2015 Palmares do Soul – Porto Alegre (95 Km).

24-29/08/2015 Descanso Porto Alegre (36 Km).

30/08/2015 Porto Alegre – Vía de Servicio en la 386 (55 Km).

31/08/2015 Vía de Servicio en la 386 – Lajeado (86 Km).

01/09/2015 Lajeado – Fontoura Xavier (74 Km).

02/09/2015 Fontoura Xavier – Santo Antonio do Planalto (81 Km).

03/09/2015 Santo Antonio do Planalto – Sarandi (58 Km).

04/09/2015 Sarandi – Seberi (93 Km).

05/09/2015 Seberi – Maravilha (102 Km).

06-10/09/2015 Descanso en Maravilha.

11/09/2015 Maravilha – Sao José do Cedro (96 Km).

12/09/2015 Sao José do Cedro – Irigoyen (Entrada en Argentina) (50 Km).

13/09/2015 Irigoyen – Andresito (75 Km).

14/09/2015 Descanso en Andresito.

15/09/2015 Andresito – Cataratas del Iguazú (60 Km).

16/09/2015 Cataratas del Iguazú – Foz de Iguazú (Entrada en Brasil) (39 Km).

17-23/09/2015 Descanso Foz de Iguazú (26 Km).

24/09/2015 Foz de Iguazú – Sao Jorge (46 Km).

25/09/2015 Sao Jorge – Céu Azul (63 Km).

26/09/2015 Céu Azul – Cascavel (56 Km).

27/09/2015 Cascavel – Salto (17 Km).

28/09/2015 Salto – Bela Vista (63 Km).

29/09/2015 Bela Vista – Laranjeiras do Sul(64 Km).

30/09/2015 Laranjeiras do Sul – Guarapuava (80 Km).

01/10/2015 Guarapuava – Reológio (71 Km).

02/10/2015 Reológio – Restinga (80 Km).

03/10/2015 Restinga – Ponta Grossa (48 Km).

04/10/2015 Ponta Grossa – Cañón Sao Jorge (18 Km).

05/10/2015 Cañón Sao Jorge – Ponta Grossa (28 Km).

06/10/2015 Ponta Grossa – Curitiba (110 Km).

07-08/10/2015 Descanso Curitiba (43 Km).

09/10/2015 Curitiba – Capivari Eco Resort (63 Km).

10/10/2015 Capivari Eco Resort – Carretera 116 (82 Km).

11/10/2015 Carretera 116 – Registro (88 Km).

12/10/2015 Registro – Peruíbe (110 Km).

13/10/2015 Peruíbe – Santos (100 Km).

14/10/2015 Santos – Periferia Sao Paulo (62 Km).

15/10/2015 Periferia Sao paulo – Sao Paulo (35 Km).

16-19/10/2015 Descanso en Sao Paulo.

20/10/2015 Sao Paulo – Cacapava (115 Km).

21/10/2015 Cacapava – Lavrinhas (110 Km).

22/10/2015 Lavrinhas – Barra Mansa (86 Km).

23/10/2015 Barra Mansa – Seropédica (86 Km).

24/10/2015 Seropédica – Río de Janeiro (87 Km).

25-31/10/2015 // 01-07/11/2015 Descanso en Río de Janeiro (77 Km).

08/11/2015 Río de Janeiro – Praia Grande (134 Km).

09/11/2015 Praia Grande – Jacuecanga (57 Km).

10/11/2015 Jacuecanga – Paraty (117 Km).

11/11/2015 Paraty – Ubatuba (94 Km).

12/11/2015 Ubatuba – Ilhabela (85 Km).

13/11/2015 Descanso en Ilhabela.

14/11/2015 Ilhabela – Juqueí (57 Km).

15/11/2015 Juqueí – Santos (101 Km).

16-30/11/2015 // 01-02/12/2015 Descanso en Santos.

03/12/2015 Santos – Periferia de Sao Paulo (47 Km).

04/12/2015 Periferia de sao Paulo – Sao Paulo (39 Km).

05/12/2015 Sao Paulo – Aeropuerto (34 Km).

06-07/12/2015 Vuelo Sao Paulo – Ciudad del Cabo (Entrada en Sudáfrica).

Brasil

Mi primera noche en mi trigésimo cuarto país, acampé en la playa de Barra do Chuí. Tenía la tienda de campaña y la ropa totalmente calada, así que las dos primeras horas simplemente me dedique a secar mis pertenencias. Antes de ir a dormir llegaron cuatro chilenos en una furgoneta, tres arquitectos y un médico que viajaban por Latinoamérica. Acabamos compartiendo unos vinos y al día siguiente el desayuno.

Por la mañana me despierta el sol y el viento me empuja a pedalear. En la carretera me acompañan a lomos de sus caballos los peregrinos Gauchos, y transcurre el primer día en Brasil con mucha calma. Por la noche acampo junto a unas viviendas y comienza a llover mientras duermo. El suelo es arcilloso y no filtra bien, todo el parque nacional son praderas, lagos y pantanos, y acabo sufriendo una pequeña inundación en mi tienda de campaña, no es muy alegre despertarse así de madrugada.

Diario Brasil.1

(Peregrinos Gauchos)

Al amanecer la lluvia no cesa y esta vez el viento cambia de sentido para empujarme hacia atrás. Todo apuntaba a que iba a ser un día duro y nada más. Lo que me rodea es un pantanal y la vida salvaje abunda. Al atardecer comienzo a cruzarme con roedores gigantes, las capibaras, que van en pequeños grupos y al verme hacen un sonido mientras huyen muy parecido al ladrido de un perro. Cuando se hace de noche sigo pedaleando y prácticamente cesa el transito de vehículos, me dejo abrazar por la oscuridad y las estrellas. Me envuelve el sonido de los pájaros, miles de insectos y ranas. Las capibaras, mas confiadas con la oscuridad, se acercan hasta la carretera y paso a escasos metros de ellas alumbrándolas con mi tenue linterna. Los zorros se unen a la fiesta aproximándose a devorar los cuerpos de los gigantes roedores que han sido atropellados. En ocasiones paso tan cerca que los oigo masticar. A lo lejos distingo la luz de una gasolinera. Me acerco para aprovisionarme de agua y comida, acampo junto a un pantano y me duermo tranquilo.

Al amanecer el sol entra directamente por la mosquitera y me despierta suavemente. Escucho a los caballos pastando y bebiendo el agua del pantano. Veo los rayos de luz filtrarse entre los radios de la rueda de Bucéfalo… una forma maravillosa de empezar el día.

Diario Brasil.2

(Amanecer en el Sur de Brasil)

Pedaleo hasta Río Grande y cruzo con un barco el Lago Dos Patos hasta Saó José do Norte donde paso la noche. A pesar de pedalear por una carretera recta y plana es imposible caer en la monotonía, no hubo dos días en los que hiciera el mismo clima, y que no me atravesara con toda la vida salvaje del lugar. Los pueblos son tranquilos y la gente cercana, no hay peligro a la hora de acampar. Una noche dormí en el jardín del predicador del pueblo, mientras escuchaba desde la tienda de campaña la misa amenizada con coros, baterías y guitarras eléctricas.

Llegando a Palmares do Sul viví una tormenta increíble. Desde el horizonte se apreciaba como avanzaba la nube negra como si fuera un ovni de 50 kilómetros de largo. Me puse a cubierto en el porche de una comisaría en el momento exacto que se desato el vendaval. El viento partió las ramas de los arboles y la lluvia lo inundo todo en cuestión de media hora. Cuando todo paso y solo quedó una lluvia cotidiana, busque un hostel donde disfrutar de cama y ducha caliente. Después de tantos días se agradece infinitamente dormir bajo techo.

Ya solo me quedaba una jornada más para llegar a Porto Alegre. Tendría que haber sido un día rutinario entrando en una gran ciudad, pero los neumáticos estaban tan desgastados que acabe pinchando las dos ruedas. Ni se me paso por la cabeza repararlos estando tan cerca de mi objetivo, así que culmine los últimos kilómetros parando cada 15 minutos a hinchar las ruedas, conviviendo una vez más con mi testarudez.

Por desgracia no conseguí localizar a mi contacto de warmshower, y la primera noche me vacié los bolsillos para dormir en un hostel del centro y seguir la obligatoria tradición de la birra de la victoria. No fue una noche tranquila en la cómoda litera, había una persona en la habitación con un ronquido grabe e inquietante, después me di cuenta de que procedía de una señorita. Uno piensa que lo ha visto todo hasta que te das cuenta que aun te queda mucho por ver.

Por la mañana pude contactar con Marcos y quedar en encontrarnos en el estudio de tatuajes donde trabaja. De ahí fuimos en bicicleta hasta su piso donde me recibió con el mejor de los mensajes: “Quédate el tiempo que necesites hermano, mi casa es tu casa.”

Diario Brasil.3

(En Porto Alegre junto a Marcos)

Estuve una semana en Porto Alegre, varios días fui al centro a regalar postales buscando apoyo económico, pero no cuajo mucho. Realice una par de entrevistas para la radio y el periódico, siempre aprovecho toda oportunidad de dar difusión a mi proyecto. Me sume a masa critica para pedalear por toda la ciudad y conocerla afondo sin necesidad de ver un mapa, solo dejándome llevar. Compartí muchos momentos con Marcos y me habló de su viaje hasta Argentina llevando consigo a su perro en un carrito para la bici. El día antes de partir fui al Parque Molino do Vento, donde me cito una cadena de televisión para hacer un reportaje, pero me acabaron dando plantón y hasta la fecha no me han dado razón de ello.

Marcos y su familia me despidieron con una tremenda comilona la tarde en la que continuaba el viaje, y aproveche para llenar el buche todo lo que pude. Salía de Porto alegre con algo de dinero en metálico y una tarjeta de debito caducada, esto ultimo no me importó mucho porque la nueva llegaría en unas semanas a Río de Janeiro y solo tenía 1,45€. No la iba a utilizar mucho.

Continúe el viaje poniendo rumbo hacia las Cataratas del Iguazú. Estaba en uno de los momentos mas inquietantes del viaje ¿Cómo llegaría hasta África?¿Como sobreviviría sin plata?¿Me rendiría y tiraría la toalla? Fueron algunas de las preguntas que se me pasaron por la cabeza pedaleando para salir de la ciudad.

Cuando tengo esas paranoias, la bicicleta y estar en movimiento siempre me ayudan a aclararme la cabeza. Al final del día acampé en un césped a 150 metros de la carretera, era un lugar tranquilo y antes de dormir me quede embobado viendo la luna. Decidí hacer un cartel que expresara mi necesidad y también mi actitud para llevarlo en las alforjas traseras:¨Me Falta Dinheiro, Me Sobra Vontade” (Me falta dinero, me sobra voluntad). Es la segunda vez que hago algo parecido, la primera fue en Perú y conseguí pedalear desde Lima hasta Cuzco escalando Los Andes, y no morirme de hambre en el intento llevando un cartel que ponía: “Sin Plata.” En los momentos desesperados aparecen las medidas desesperadas.

Fabrique el cartel pero no lo utilice en ese momento, aun me quedaban 24 reales (6€) y podía estirarlos mucho, así que pedalee todo el día bajo el sol, subiendo y bajando por la montaña rusa de colinas que atraviesan las carreteras brasileñas. Invertí mi dosis de humor diaria en reírme en la base de las largas cuestas, para decirme una vez más: “Esta me la subo si o si”. Termine el día bastante molido, pero me las ingenié para acampar en un racho de caballos donde los empleados me invitaron a cenar.

Diario Brasil.4

(Amaneciendo en un rancho de caballos)

Creo que el día que viví a continuación merece la pena narrarlo detalladamente, para explicar como se puede pedalear 74 kilómetros de montaña sin dinero:

Amanecí en el racho de caballos desayunando lo ultimo que me quedaba, un litro de leche y un paquete de galletas con chocolate (procuro aprovisionarme de la mayor cantidad de calorías al menor coste). Comienzo a pedalear, no es extraño encontrarse comida en la carretera y a mi me llegan dos bombones de maní perfectamente envueltos, así que a la saca. Continuo avanzando y empiezo a escalar una cuesta de 7 kilómetros bajo la lluvia, un camionero me adelanta a paso de tortuga mientras el copiloto me pregunta por la ventanilla si quiero algo de fruta, asiento y me lanza un plátano con una manzana, el empujón para llegar hasta la cima. Ya en lo alto de la colina, unas señoras que me vieron subir la montaña desde el coche se acercan a mi, conversamos y me acaban ayudando con unas naranjas, un paquete de galletas y 6 reales. Continuo pedaleando hasta que el sol se oculta y continuo una hora mas en la oscuridad buscando donde acampar, hasta que encuentro una vía de servicio. Me dispongo a instalar la tienda de campaña pero hay un problema con una varilla, me siento a repararlo junto a una zona techada pegada a un restaurante y antes de que termine, un señor me invita a cenar. Estoy agotado y no tengo energía para reparar la tienda, veo un autobús abandonado, abro la puerta y duermo dentro protegido de la lluvia y el viento. Por la mañana compro con los 6 reales de la señora leche y galletas, desayuno y empiezo el día como lo deje ayer a 74 kilómetros, con energía y sin dinero.

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(Amaneciendo en el autobús abandonado)

El resto de días no fueron tan duros, la verdad es que los brasileños siempre son hospitalarios. En Sarandi paré a pedir permiso para dormir con la tienda y acabe siendo invitado a la casa, prepararon un asado para cenar, me pude duchar, lavar la ropa, me dieron una donación, por la mañana una bolsa llena de comida y hasta llamaron a la prensa para hacer un reportaje, muy buena energía.

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(Grabando el reportaje con RBS TV)

Conseguí llegar a Maravilha donde me esperaba un follower para hospedarme un par de días y que descansara en su casa de campo. Vinicius es dentista, viajero y aventurero, quiere viajar en coche hasta Alaska con su mejor amigo, y aproveche a devolverle el favor asesorándoles sobre todo lo que aprendí viajando por América. Durante unos días comí como un campeón, dormí a pierna suelta y aproveche para trabajar con el ordenador. La última noche hicieron un asado de despedida , me asome a la terraza para ver el cielo y vi una estrella fugaz gigante, el meteorito mas grande que jamás he visto. Me quede tan acongojado que ni pedí un deseo. Por la mañana me despedí de Vinicius y me echo un cable para poder costearme la entrada a las Cataratas del Iguazú.

Diario Brasil.7

(Descansando en Maravilha)

En dos jornadas ya estaba de vuelta en Argentina, cruzando la frontera mas incoherente que he visto jamás, la de Bernardo de Irigoyen. Además se dio la casualidad de que en ese momento partí por primera vez la cadena. Después de arreglarla me dio por mirar el cuentakilómetros y coincidencias de la vida había cumplido exactamente 45.000 km.

El final del día no me auguró un buen presagio. Avance 10 kilómetros y terminé acampando en una escuelita. Mientras intentaba dormir supe que estaba enfermo, al principio solo tenía unas décimas pero de madrugada me subió mucho la fiebre. Espere a que se hiciera de día y cuando el sol tocó mi piel me sentí con mas energía, así que decidí continuar. No era la primera vez que pasaba una gripe pedaleando, pero pasados 45 minutos me desmoroné. Las fuerzas me fallaron y comencé a buscar un lugar donde poder dormir un par de días. En dos ocasiones me detuve a descansar tumbándome en la naturaleza y ambas me quede completamente dormido durante mas de media hora, aun así seguí avanzando por pura inercia.

Sin saber cómo, consigo llegar al pueblo de Andresito, a 75 kilómetros del punto en el que amanecí. Compré comida para dos días y la diosa fortuna quiso que se acercara un argentino, para hablar conmigo y ofrecerme hospedaje. Termine en una pequeña casita sin habitar de una habitación, era calentita y sin humedad, y a mi parecer el joven la utilizaba de picadero pero era justo lo que necesitaba para pasar la gripe.

Diario Brasil.8

(Pasando la gripe en Andresito)

Estuve descansando durante 36 horas, me alimente bien y al principio los sueños fueros muy agitados, no hay nada más frustrante que despertarse desorientado por los delirios de la fiebre y no saber siquiera que estas en Argentina. Pero todo fue a mejor y salí del pequeño refugio de ladrillo al 100%. Recogí todo el equipo, empaque a Bucéfalo y me dispuse a cruzar el Parque Nacional del Iguazú.

Salí de Andresito muy agradecido por la hospitalidad que me había brindado. En seguida entré en la pista de tierra que atraviesa la selva. El calor era intenso y la humedad elevada. Todo tipo de insectos voladores estaban pululando alrededor mío constantemente, la mayoría eran moscas y mariposas, que los pocos minutos que me detenía a beber agua se posaban por docenas en la bicicleta. En una ocasión también pude ver monos en la copa de los arboles, saltando de rama en rama.

Llegué a la entrada de las Cataratas del Iguazú a las 17:00, momento en el que cierran el parque. Al parecer esta prohibido acampar y no iba a pedalear 15 kilómetros hasta la ciudad, por lo que me aprovisioné de agua, hice que me iba y en el último segundo entré en el parking sin ser visto. En una hora todo el mundo se fue y el claro de césped en mitad de la jungla era perfecto para dormir. Pronto se hizo de noche y desde la tienda de campaña escuchaba todos los sonidos de la selva y se oían perfectamente las cataratas, sonaba como si fuera el océano.

Diario Brasil.9

(Atravesando el Parque Nacional Iguazú y acampando en el parking de las Cataratas)

No quise jugármela a que me descubrieran, así que me desperté una hora antes de la apertura del parque, para recoger todo antes de que llegara el primer coche. Una vez pagada la entrada y ya dentro de las instalaciones, no me sentí muy cómodo. Había mucha gente, demasiadas personas siguiendo el mismo estrecho camino, no digo que estuviera mal organizado, solo que no es mi estilo. Pero por supuesto que merece la pena ver esa maravilla de la naturaleza, y hay un punto en el que te acercas tanto que te mojas.

Hubo un momento en el que encontré un lugar que nadie transitaba, fue perfecto. Me senté tranquilo viendo las cataratas, me comí un bocadillo lejos de la amenaza de los coatis, habilidosos ladrones que han perdido todo su carácter salvaje y sobreviven robando la comida a los turistas. Me relaje bajo la sombra de un árbol y decidí volverme pronto. Aun debía llegar a la frontera, entrar en Brasil y llegar a la casa ciclista de Foz de Iguazú.

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(Cataratas del Iguazú, lado argentino)

Debería haber sido un trayecto sencillo, pero reventé la rueda trasera y ya no tenia cámaras de repuesto. Empuje la bicicleta durante tres horas hasta que llegué a Ciudad Puerto, conseguí encontrar el único taller de bicicletas abierto y me deje estafar por el dueño:

  • Hola muy buenas ¿Tienen una cámara para rueda de 28”?
  • Si, tenemos esta Continental por 100 pesos (10€).
  • Buffff!!! Es un poquito cara y voy muy justo de plata ¿No tendrá una más barata?
  • ¿Cuanto tienes?
  • 60 pesos y no me queda ni para comer.
  • Pues tengo esta de segunda mano por 60 pesos.

Serás hijodep***

Finalmente consigo llegar a las 22:00 a la casa ciclista. Una buena ducha, algo para cenar y a dormir en cama durante 12 horas. Había llegado antes que José Pou, mi amigo uruguayo que desde que nos despedimos en Montevideo, me mantuvo al tanto de su viaje hasta Foz pedaleando desde Canelones. Nos estuvimos coordinando para reencontrarnos y solo le tenía a dos días. Aproveche para organizar bien mi web y las redes sociales para estar libre cuando llegara mi amigo.

Por fin llegó el día de volvernos a juntar, salí a la avenida principal para recibirlo y lo vi llegar desde el final de la calle como un autentico curtido ciclista. Venia moreno después de semanas torrándose bajo el sol, sin camiseta, sucio, con el remolque que arrastra con la rueda chueca por un accidente y una sonrisas de oreja a oreja, todo un guerrero. La primera noche compró cervezas y un buen asado, Pou estaba decidido a cuidar de mi. Estuvimos varios días descansando y poniéndonos al día de las historias que habíamos vivido. Visitamos la triple frontera Paraguay-Argentina-Brasil delimitada por la desembocadura del Río Iguazú en el Río Paraná. Hicimos la puesta apunto de las bicicletas y Pou me facilito un nuevo neumático para la rueda trasera. Cuando tuvimos todo listo nos pusimos en marcha para pedalear juntos hasta Curitiba.

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(Colorado On The Road y José Pou en la Casa Ciclista de Foz de Iguazú)

Comencé una nueva etapa del viaje pedaleando de nuevo con mi compañero uruguayo. El calor, la lluvia, las incesantes colinas ya no parecían tan sufridas al compartir el esfuerzo. Como de costumbre, Pou siempre iba delante mío marcando el ritmo y transmitiéndome energía.

Al tercer día rebasamos Cascabel y nos alcanzó una tormenta que nos obligo a detenernos. Encontramos refugio en el cobertizo de una iglesia clausurada. Pasaron las horas y la lluvia no cesaba por lo que decidimos que tendríamos que hacer noche allí. Sin apenas comida ni agua, Pou se acerco a la única casa cercana para ver si nos ayudaban con algo. Cuando volvió me dijo que era mejor no regresar a preguntar, que lo recibió un señor muy mal humorado y que le lanzo dos disparos cuando se estaba alejando. Un 22 decía Pou, y de esto sabe un rato ya que fue policía durante 20 años.

Al final me ofrecí a pedalear 15 kilómetros hasta la primera gasolinera para comprar algo de comer. Iría rápido sin todo el equipaje y a la vuelta podría secar la ropa con el calor de la hoguera. Todo fue bien hasta que volviendo pinche la rueda delantera y comencé a caminar. En ese transcurso de tiempo me adelantaron dos ambulancias con las sirenas y Pou se temió lo peor. A la media hora un camionero me detiene y me ofrece remolcarme hasta donde estaba mi compañero. Resulta que Pou después de ver las ambulancias, se lanzo a la carretera a parar a todos los vehículos esperando que no le dieran la noticia que no deseaba oír. Finalmente nos volvimos a reencontrar, se le paso el susto y cenamos unas salchichas a la brasa mientras hablábamos junto al fuego.

Continuamos los días completando buenas jornadas, luchábamos codo con codo cada colina, era como escalar un puerto de montaña todos los días. Se acercaba el momento de mi aniversario e iba a cumplir 2 años de viaje. Inevitablemente Pou también se quedó sin dinero y cuando estábamos a 40 km de llegar a Guarapuava me estuvo esperando a un lado de la carretera, para enseñarme un armadillo que había atrapado. No teníamos comida y parecía una cena ideal, pero el corazón nos impidió sacrificar al animal. Lo acabamos dejando en libertad viendo como corría por la pradera. A lo que sucedió después se denomina Karma instantáneo, ya que a 3 km pinche la rueda y nos detuvimos en un puesto de rescate para repararla. Coincidimos con cuatro viajeros que interesados en nuestra aventura nos ayudaron con algo de dinero, suficiente para cenar y desayunar.

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(José Pou con el armadillo)

Esa noche dormimos al raso bajo el techado de una solitaria cafetería de carretera, y amanecimos con el sol del 1 de Octubre de 2015, ya había cumplido 2 años de viaje. Me levanté pensando que ya llevaba 730 días pedaleando y ya debería estar en casa según mi itinerario, y siquiera estaba en África. Aun así es una proeza haber durado tanto. Pienso en las ganas que tengo de estar en casa, comer la comida casera de mi madre, pasear con mi perro bruce y beber cerveza con mis amigos. Si tirara la toalla y volviera a hora a casa se que las dos primeras semanas las disfrutaría mucho, pero luego me estaría arrepintiendo toda la vida de no haber continuado luchando.

Fue un apoyo enorme tener a Pou a mi lado para darme un abrazo y la enhorabuena por el cumpleaños. Llegamos a Guarapuava y mi representante uruguayo empezó a hablar con el dueño de un buffet libre sobre el día tan especial que estábamos viviendo. Dio en el clavo porque él también era ciclista y nos invito a comer. Cuando tienes a tu disposición tanto volumen y variedad de comida, con tal tremendo hambre, la situación se vuelve peligrosa. Es igual de dañino la carencia como el exceso de alimento.

Después de una hora comiendo como auténticos animales, salimos del buffet lo primero agradecidos, pero también preocupantemente mareados. Necesitamos dos horas reposando en el césped para hacer la digestión y cuando volvimos a la carretera, en cada cuesta que escalábamos eructábamos trozos de carne. No falta decir que esa noche no necesitamos cenar.

Antes de llegar a Curitiba nos propusimos visitar el Cañón San Jorge situado a las afueras de Ponta Grossa, ciudad que alcanzamos en nuestro decimo día de pedaleo desde que salimos de Foz de Iguazú. Llegamos a última hora de la tarde, con lluvia y frio, condiciones que nos impedían llegar esa noche al cañón. Mientras decidíamos donde íbamos a dormir, paso por delante nuestro un coche con un megáfono gigante publicitando el circo que acababa de llegar a la ciudad: “Vengan al circo romanoooo, solo este fin de semanaaaa!!!” nos miramos a la cara y nos dijimos entre carcajadas:¨Pues vamos al circo”. Mientras pedaleábamos en busca de la inmensa carpa no dejábamos de bromear, y una vez llegamos nos abrieron las puertas para que acampáramos esa noche con ellos. Ante todo fue una experiencia divertida y original que nos dejo momentos irrepetibles.

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(Acampando en el circo)

Por la mañana nos despedimos de los malabaristas, los payasos, el hombre fuertudo, el mago, los trapecistas…en fin de todo el circo porque fueron encantadores con nosotros. Hicimos una pequeña visita al supermercado y recorrimos los 15 km de pista de tierra hasta el camping del Cañón San Jorge, situado en mitad de la naturaleza. Antes de llegar conocimos a Wilson, un ciclista de Curitiba que nos ofreció hospedaje cuando llegáramos a su ciudad, y ya en el camping el dueño nos invitó a acampar y a comer asado.

Aprovechamos para lavar la ropa en el río, darnos una buena ducha, arreglar mas de una avería, descansar con una buena siesta y terminamos charlando junto a la hoguera. Por la mañana nos fuimos de trekking para ver la vista que nadie ve del cañón, un par de horas de caminata siguiendo una aventura fuera de todo camino marcado. Después llegamos a la base de la caída de agua para refrescarnos bajo la cascada. Esta experiencia la disfruté mil veces más que la visita a las Cataratas del Iguazú, y además no me costó dinero.

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(Cañón San Jorge)

Cuando salimos del camping terminamos durmiendo en la periferia de Ponta Grossa, bien encaminados en la carretera que nos llevaría hasta Curitiba. Esa noche entré en un restaurante a comprar leche y terminaron invitándonos a cenar. En Brasil rara vez te van a ayudar con dinero, hay mucho vicio en la calle, pero con la comida jamás, jamás y jamás te dejan tirado.

Cuando llegamos a Curitiba descansamos en casa de Wilson, y después de semanas volvimos a dormir en una cama. Nuestro camino estaba próximo a separarse, Pou tenía que volver a Uruguay y yo continuar hacia Santos. El día de la despedida la sufrí mucho, siempre fue un gran compañero y es la persona con la que más he pedaleado en todo el viaje, se forjan lazos de amistad muy fuertes compartiendo una experiencia como esta. La era de Sancho Panza y Don Quijote llegó a su fin.

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(Colorado On the Road y José Pou)

Volví a la vida nómada y solitaria a la que estoy acostumbrado, y puse rumbo a la ciudad de Santos para comenzar a buscar un barco que me llevara al otro lado del océano. Los primeros días cuesta coger el ritmo y volver a estar en silencio durante horas, pero todo vuelve a la normalidad y en pocas jornadas conseguí llegar a Santos.

Mi única misión en esa ciudad era contactar con una de las mayores empresas de cargueros que hace el trayecto Santos – Cape Town, y lo conseguí. Logré que me recibiera el director de recursos humanos de MSC, le expuse mi proyecto durante hora y media, fui claro reconociéndole que necesitaba su ayuda para cruzar el océano y que trabajaría abordo a cambio del pasaje. Todo fue muy bien y su respuesta alentadora. Volvería a pisar Santos dentro de un mes, ya que primero subiría hasta Río de Janeiro para completar mi viaje en América, tiempo suficiente para formalizar el proceso.

Primero puse rumbo a Sao Paulo para visitar a Karla y André, la pareja de ciclistas brasileños que conocí en México y que acababan de finalizar su vuelta al mundo. Pasé cinco días en su casa poniéndonos al día de todas nuestras andaduras, descansando y trabajando con el ordenador. Investigue más opciones de cruzar el Atlántico para maximizar mis posibilidades, pude mandar cerca de 1500 emails.

Siempre es alentador estar con amigos, y el día antes de salir de Sao Paulo reflexioné mas de lo habitual escribiendo mi diario. Recordé como era mi mentalidad al principio del viaje y como es ahora. Inicie la aventura con la convicción de que seria capaz de mantenerme económicamente, que lograría algún trabajo con determinadas revistas deportivas o de viaje, y conseguir un modesto patrocinio, pero después de dos años viajando no he logrado nada de eso. Parece que ahora solo pienso en buscar la manera de mantener con vida el viaje, el proyecto, el sueño…y eso me esta llevando a un camino de felicidad que no pesé que existiera. Lo inevitable a ocurrido, el viaje me ha cambiado cuando siempre me decía que nunca dejaría de ser yo, esta aventura pule tus virtudes y lima los defectos. No estoy seguro si le estoy dando un nuevo enfoque al viaje, o ha sido el viaje el que ha cambiado definitivamente mi enfoque de la realidad. Es de locos pensar que seré capaz de cruzar el Océano Atlántico, terminar la aventura recorriendo África de Sur a Norte en bicicleta, sólo, sin asistencia y sin dinero, pero la verdad es que me siento capaz.

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(En Sao Paulo con André y Karla)

Nuevamente volví a despedirme en el viaje de André y Karla. Completé cuatro jornadas de pedaleo nuevamente gracias a la hospitalidad brasileña, encontrando todos los días desayuno, comida y cena a cambio de una sonrisa. Un ejemplo perfecto fue la última noche antes de llegar a Río de Janeiro mientras buscaba donde acampar en la ciudad de Seropédica, donde finalmente me invitando a dormir en un hostel, a cenar y por la mañana después del desayuno, me fui con una bolsa con tres bocadillos que tenia que agarrarlos con las dos manos para poder comérmelos. Sencillamente adorable el trato que me brindaron los brasileños en todo momento.

Entrar en la ciudad de la samba fue complicado por el trafico, como cualquier otra ciudad, hasta que llegué al centro y me incorporé al carril bici para llegar al barrio de Botafogo, donde El Hostel Misti brinda cinco noches gratis a cualquier cicloviajero que llame a sus puertas, nuevamente el empujón que necesitaba. Además me estaba esperando mi nueva tarjeta de debito que había llegado por correo desde España. Después de dos meses recibiendo donaciones a través de mi web, de la venta de varias fotografías a revistas y de un par de entrevistas que conseguí sacar adelante, tenia acumulados 100€, toda una fortuna para mi.

Había completado mi ruta por el continente americano, uniendo en bicicleta Vancouver con Rio de Janeiro, pedaleando 30.000 kilómetros por 17 países de las 3 Américas y esos cinco días en el hostel me los iba a tomar únicamente para disfrutar de la ciudad.

Conocí a Octavio, un murciano que también pedaleaba por Brasil, a Sara y Hodei, pamplonicas de vacaciones, a Vicky viajera argentina, hice amistad con María y Hugo, trabajadores del hostel, y básicamente me relacioné con cualquier persona que se me cruzaba…alemanes, británicos, israelíes, italianos, brasileños, argentinos, franceses, portugueses, españoles…fueron días en los que no se me despego la sonrisa de la cara. Conocí las playas de Copacabana e Ipanema, fui a una fiesta Funky, escalé hasta el Cristo Redentor haciendo un trekking a través de la selva, salí a bailar, beber cerveza y caipiriñas, conocí los alrededores del histórico estadio del Maracaná, vi el atardecer de la montaña Pan de Azúcar…no paré quieto ni un día. Hasta que volví a la realidad del viaje, me mude a la casa de Polyanna, una ciclista de warmshower que me ofreció su casa para hospedarme y seguir buscando la forma de llegar a África.

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(Río de Janeiro)

Pase muchos días pateándome los amarres privados en busca de un velero que fuera a cruzar el Océano, pregunté en los puertos de ferris y en las compañías de cargueros. El 99% de las veces ni me recibían dejando solo al 1% que me decían directamente que no podían ayudarme. Quemé el cartucho de contactar con todas las aerolíneas y agencias de viajes. Hubo un momento en el que muy seriamente me plantee cruzar el charco a remo.

Tenia que volver a Santos, era el único sitio en el que verdaderamente tenía alguna oportunidad. Me despedía de todas las nuevas amistades y en especial de Sara, hicimos muy buena amistad en poco tiempo y me estuvo apoyando en todo momento. Me regaló un collar de África y planeamos coincidir en Kenia, cuando ella vuelva a visitar a la niña que desde hace años tiene en adopción.

Mi vuelta a Santos la hice por la costa, y de camino hice una vital parada en Ilhabela para conocer por fin a Álvaro Neil. Llevaba mucho tiempo viviendo numerosas experiencias con este viajero pero nunca nos habíamos conocido en persona, y esta es la historia:

Después del suceso que viví en Pakistán, recibí muchas críticas a través de las redes sociales. Una de las personas que más dio la cara por mí y que más me apoyo fue Álvaro Neil.

Álvaro de origen asturiano, o más conocido como Biciclown, salió de casa en 2004 para hacer realidad su proyecto MOSAW (Miles of Smiles Around the World, millones de sonrisas alrededor del mundo), dando espectáculos gratuitos de Clown para las personas mas humildes.

Cuando llegué a Guadalajara, México, conocí a Lorenzo Rojo y Salva Rodríguez, dos viajeros españoles que me pusieron al tanto de la ubicación de Álvaro…estábamos en le mismo continente. En la casa ciclista de Tumbaco, Ecuador, Santiago me dijo: “¿Eres español? Pues hace nada paso por aquí Biciclown”. Lo mismo me dijo Lucho en la casa ciclista de Trujillo, Perú, y después Giovanni en Juliaca, cada vez estaba más cerca. Pensé que lo encontraría en la Patagonia argentina, pero él al llegar a Ushuaia tuvo que volar hasta Buenos Aires para salvarse del invierno patagónico, volvía a estar delante mío. En Foz de Iguazú, Brasil, fui a firmar en el libro de visitas de la casa ciclista ¿Y quien fue el último en firmar? Exacto! Biciclown, lo tenía a 3 semanas de pedales. No lo alcance en Sao Paulo ni tampoco en Río de Janeiro, pero por suerte se detuvo en Ilhabela para alquilar una casa donde escribir su sexto libro. En Río de Janeiro llevé una búsqueda fallida de un barco que me pudiera llevar hasta África, así que me desplace hasta Santos y de camino visite Ilhabela, para por fin conocer a Álvaro Neil, que después de 11 años viajando por el mundo en bicicleta, fui la primera persona que recibía como Warmshower.

Tenía claro que el encuentro iba a suceder pero la incógnita siempre fue donde sería. La espera mereció la pena, ya que conocer a esta genuina persona ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de todo el viaje.

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(Biciclown y Colorado On The Road en Ilhabela)

Compartimos mucho durante esos dos días y hablamos durante horas. Me dijo una frase que me ayudó a liberarme de la frustración de como finalmente cruzaría el charco: “Colorado que es más importante para ti ¿Llegar a África? o ¿Cómo llegar a África?”

Estaba claro que no estaba obteniendo los resultados que esperaba, y que muy probablemente mi única salida para mantener el proyecto con vida, sería hacer un Crowdfunding para costearme el billete de avión.

Llegué a Santos con una mentalidad diferente a la que tenía la primera vez que pise la ciudad. Contacté con Rafael, un compañero ciclista que me ofreció una casa que tenía en reformas, para que estuviera allí todo el tiempo que necesitara. Estaba vacía y no había electricidad, pero era un palacete para mí.

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(Mi hogar en Santos)

La primera mañana fui directo a reunirme con MSC y continuaron sin decirme nada claro. Siempre hay que conseguir llegar hasta la persona con el poder de firmar ese papel que te autorice a subir abordo, y por lo que había averiguado esa persona dentro de la empresa era además un cicloviajero. No hubiera depositado tantas esperanzas en esta colaboración, de no conocer perfectamente como funciona la comunidad ciclista y lo leal que es. Pero al ver que ni siquiera quiso reunirse conmigo, comprendí que esa persona no había pedaleado ni 2 kilómetros para ir a comprar el pan, ya que un ciclista hubiera preferido partirse las piernas antes que dejar tirado a un compañero.

Era momento de reconocer mi fracaso. En el ultimo mes y medio había buscando la forma de cruzar el Atlántico sin gastar dinero, hablando con todas las compañías de ferris, empresas de cargueros y puertos privados de veleros, ofreciéndome a trabajar gratis en todos los navíos a cambio del pasaje. Me había pateado todo Río de janeiro y Santos hablando con las compañías y agencias de viajes, reuniéndome con empresas de cargueros y llendo al puerto esperando un velero que fuera a cruzar el océano, pero nada. La opción más viable siempre fue la del carguero y conseguí reunirme con las dos únicas empresas que hacen el trayecto Santos – Cape Town. Me asesoré con un amigo abogado de cómo solucionar ciertos tramites legales, pero la respuesta que recibí fue clara: No te queremos ayudar. No con esas palabras pero ese fue el mensaje. Finalmente me tocó aceptar mi derrota y puesto que todas las aerolíneas, las que se dignaron a contestarme, me comunicaron que solo patrocinan a grandes marcas y no a proyectos independientes, solo me quedó la opción Z, hacer un Crowdfunding. La respuesta de los followers fue, como siempre, leal y firme. Pronto tuve el dinero para el billete de avión.

Mi ultimo fin de semana en Santos pude echarle una mano a Rafael. Desde hace unos años organiza una carrera de mountainbike para 400 bikers en Jarinu. Así que le seguí encantado para ayudarle en todo lo que precisara. El día de la competición llevé a Bucéfalo totalmente equipado para que conocieran una bicicleta que llevaba mas de media vuelta al mundo y que estaba apunto de irse a pedalear por África. A todos les encantó la sorpresa.

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(En la carrera de Mountainbike de Jarinu)

A la vuelta ya tenía fecha para el vuelo, la madrugada del 6 de Diciembre. Me desplace hasta Sao Paulo y me recibió esta vez una amiga del colegio. Con todo organizado pedalee hasta el aeropuerto internacional y tuve mi ultimo susto en la carretera. A escasos 100 metros delante mío hubo un accidente en el que se vieron implicados dos coches y un camión, volví a besar el santo.

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(Día del aeropuerto)

Primero volé hasta Etiopía y de ahí hasta Ciudad del Cabo, en total 26 horas de aviones y escalas. Por fortuna me recibió en el aeropuerto John, un ciclista sudafricano que me abrió las puertas de su casa. No hay tiempo para relajarse, aun hay mucho por hacer y mucho que organizar, por suerte el Crowdfunding dio tan buen resultado que podré comprar nuevos neumáticos, reemplazar material deteriorado, renovar un par de vacunas y hasta comprar unas botas nuevas.

Tengo muy claro que da igual los continentes que haya atravesado, los kilómetros que haya pedaleado o los problemas que haya superado. Desde el momento que he puesto un pie en África, soy un novato más.

“Todos nacemos con dos vidas, y la segunda empieza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una.”

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