Ecuador

Etapas:

11/01/2015 Ipiales – Ambuqui (Entrada en Ecuador) (94 Km).

12/01/2015 Ambuqui – Otovalo (70 Km).

13/01/2015 Otovalo – Quito (85 Km).

14/01/2015 Quito – Tumbaco (58 Km).

15/01/2015 Descanso en Tumbaco.

16/01/2015 Descanso en Tumbaco.

17/01/2015 Descanso en Tumbaco.

18/01/2015 Descanso en Tumbaco.

19/01/2015 Descanso en Tumbaco.

20/01/2015 Descanso en Tumbaco.

21/01/2015 Tumbaco – Alluriquín (134 Km).

22/01/2015 Alluriquín – La Crespa (92 Km).

23/01/2015 La Crespa – Tosagua (95 Km).

24/01/2015 Tosagua – San Lorenzo (104 Km).

25/01/2015 San Lorenzo – Ayampe (89 Km).

26/01/2015 Descanso en Ayampe.

27/01/2015 Descanso en Ayampe.

28/01/2015 Descanso en Ayampe (38 Km).

29/01/2015 Ayampe – Vía a la Costa (86 Km).

30/01/2015 Vía a la Costa – Troncal a la Costa (162 Km).

31/01/2015 Troncal a la Costa – Hierba Buena (59 Km).

01/02/2015 Hierba Buena – Cuenca (84 Km).

02/02/2015 Descanso en Cuenca.

03/02/2015 Descanso en Cuenca.

04/02/2015 Cuenca – Pasaje (142 Km).

05/02/2015 Pasaje – Tumbes (Entrada en Perú) (104 Km).

Ecuador

Por primera vez crucé una frontera acompañado. Luis Chamorro quien me estuvo hospedando mis últimos días en Colombia, pedalearía a mi lado hasta llegar al pueblo ecuatoriano de Ambuqui, donde dormiríamos en su casa de vacaciones.

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(Entrada en Ecuador)

A medida que avanzábamos por mi país numero 28 desde que inicié esta gran aventura, las montañas y las eternas pendientes me hacían pensar que no había cruzado esa línea imaginaria, pero no tardó mucho tiempo en cambiar el paisaje, dejar atrás las frondosas colinas sustituidas por un terreno mas árido y sin casi vegetación.

Constantemente Luis me deja atrás, mi marcha no era tan rápida como la suya pero finalizamos la jornada con una tremenda bajada que nos llevaría a nuestro destino.

En mi primera impresión de Ecuador, el descenso de seguridad en las carreteras hizo que me relajara pedaleando en un país mas tranquilo, sin constantes controles policiales ni retenes militares.

Al amanecer llegó la mujer de Luis con su hijo y un amigo. Mientras ellos disfrutaban de la piscina nosotros pedaleamos hasta Ibarra donde quedamos para almorzar en la Laguna de Yahuarcocha, y me dieron a probar los famosos helados caseros de Paila. La despedida no fue cómoda, siempre estrecho lazos muy rápido con las personas que me reciben en su hogar, y sin duda alguna echaré de menos a Luis y su familia. Pedaleando con la luz del atardecer llegué hasta Otovalo para hacer noche y prepararme para mi llegada a Quito.

Las carreteras ecuatorianas están en constante expansión, creando unas autopistas que sin duda alguna fortalecerán la economía del país. El presidente de la republica incita a todos los ciudadanos con carteles publicitarios para ayudar a Ecuador a convertirse en una potencia turística, y la respuesta de sus ciudadanos acompaña la iniciativa recibiendo a los extranjeros con los brazos abiertos.

Pedalear hasta la capital fue una tortura por las eternas pendientes, especialmente la última antes de llegar a la ciudad. Pero he ahí donde esta la belleza de la bicicleta, aguantar el duro camino en una simbiosis entre el musculo y el metal, para finalmente alcanzar la meta.

Con el objetivo de visitar el Monumento a la Mitad del Mundo situado al norte de Quito, pasé la noche en un hostal de Carcelén. No me quedaba lejos así que llegué a muy buena hora, pero lo primero con lo que me tope fueron unos tornos. Debía pagar 3 dólares y no podía acceder con mi bicicleta. Bucéfalo y yo somos uno, así que la idea de separarme de él no me agrado ni un solo segundo. Intente hablar con algún encargado a ver si podría entrar aunque fueran solo 5 minutos para sacarme la fotografía con mi potro, pero no hubo manera. Desde los tornos realice varias fotografías y saque mi cámara de video para grabarme y presentar un articulo que estaba preparando para los lectores de una revista de ciclismo española. Mis primeras palabras fueron: “Estoy en la Mitad del Mundo, en Ecuador, me gustaría mostrároslo mas de cerca pero lamentablemente no me dejan entrar con la bicicleta y mi potro y yo somos uno…”. En cuanto fui a grabar la segunda toma se acerco a mi una encargada de la seguridad del Monumento, me abrió los tornos y me dijo “ Ven, te dejo grabar mas de cerca”. Al parecer la solución me la dio mi cámara de video y además no pague ni un céntimo. Hecho el trabajo pedalee hasta Tumbaco, situado al Este de la ciudad para llegar a la Casa Ciclista de Santiago, una de las mas visitadas en todo Latinoamérica.

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(Colorado On The Road en el Monumento de la Mitad del Mundo)

Santiago lleva mas de 20 años recibiendo a cicloviajeros en su casa, y firme en su cuarto libro de visitas siendo yo el numero 463, y el tercer viajero que llegaba en 2015. Santiago ofrece un lugar tranquilo y seguro para dormir con la tienda de campaña, la oportunidad de aprender mecánica en su taller de bicicletas y de compartir experiencias con otros viajeros. Durante varios días compartí momentos con un Colombiano, un Francés y un Argentino. Fueron unos días muy tranquilos en los que el deber me llamaba. Tenia mucho que trabajar con el ordenador para actualizar todo el material documental del viaje y preparar el articulo para la revista española.

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(Colorado On The Road junto a Santiago)

Demasiadas horas enganchado al portátil me dejaban la cara cuadriculada, pero pasaba buenos ratos con mis compañeros que me daban ánimos y me arrancaban siempre una sonrisa. La mala noticia fue que tanto el video que grabe en el Monumento de la Mitad del Mundo, como el articulo y las fotografía que envié junto a varios de mis documentales, no interesó a la revista por lo que decidieron al final no comprarme todas esas horas de trabajo, una puerta mas cerrada en las narices.

A pesar de estar junto a gran compañía, el clima de montaña no es lo mío. Reanudé la marcha directo a la costa pedaleando montaña abajo a través de la niebla, la lluvia y el frio junto al bosque húmedo siguiendo el cauce del rio. La primera noche acampé sobre el barro y bajo la lluvia al lado de un reten de la policía, cocinando la cena de una forma que nunca antes había usado. Ante la dificultad de encontrar bombonas para mi camping gas, seguí el manual de una página de internet para fabricar un hornillo con una lata de Coca-Cola utilizando alcohol como combustible. El invento dio resultado, el agua tarda bastante en hervir pero el resultado son unos espaguetis para cenar.

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(Bajando los Andes camino a la costa)

Durante las dos etapas siguientes me topé con muchas colinas de pequeña altura que no me dejaron margen para avanzar con velocidad. La lluvia cada día era menos abundante y el calor de la costa cada vez llegaba con mas fuerza.

El final de mi tercera etapa desde Quito instalé el campamento en el césped próximo a una gasolinera, cené lo poco que tenía y me fui pronto a dormir. A los 20 minutos de estar dentro del sobre alguien vino a mi “puerta”, abrí la cremallera y asome la cabeza, vi a un hombre parado frente a mi con un plato de comida y un vaso de zumo. Pensaba que me iba a dormir con el estomago casi vacío, pero en vez de eso descansaría con una cena completa. Por la mañana el generoso vecino llamado Javier, me invito a desayunar a su casa y a conocer a su familia.

Pasé un par de horas con su mujer, su suegra y sus tres hijas, disfrutando de un abundante desayuno, eran una familia humilde. Mientras me alimentaba me dijeron algo que he ido escuchando por medio mundo: “Hemos pasado momentos difíciles, y sabemos lo que es pasarlo mal. Ahora que nos van mejor las cosas siempre intentamos ayudar con lo que tenemos, aunque no sea mucho”.

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(Colorado On The Road con la familia de Javier)

Mi infancia fue muy buena, nunca me ha faltado de nada y cuando quise tener la oportunidad de trabajar y estudiar, la tuve. En este viaje estoy afrontando los momentos mas difíciles de mi vida y entiendo perfectamente la postura de esta familia, lo cual me hizo valorar muchísimo mas su gran gesto.

Deje atrás a la encantadora familia de Javier y pedalee los últimos kilómetros hasta Manta, alcanzando así la costa ecuatoriana, el calor, el buen tiempo y cumpliendo los 33.000 kilómetros. Apuré el día hasta San Lorenzo, donde acampé en la playa junto la brisa del mar y el sonido de las olas.

La etapa siguiente recorrí la costa dirección Sur hasta llegar al pueblo de Ayampe, donde había quedado con encontrarme con un amigo aventurero. Llegué a los hostales de la primera línea de playa antes de que el sol se pusiera. Sin teléfono al que llamar simplemente me quedé de pie rodeado de surferos esperando toparme con mi colega, y a los pocos minutos escuche mi nombre a lo lejos. Saliendo del mar, con una tabla de surf en una mano y levantando la otra saludándome, mientras caminaba hacia mi con una sonrisa en la cara, estaba Parker.

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(Colorado On The Road junto a Parker)

Mis amigos de Vanajeros habían tenido un problema con su furgoneta al entrar en Ecuador, el motor de su fiel vehículo había gripado. Joel ya estaba de vuelta en Estados Unidos, Aidan y Madison se habían quedado en Cuenca siguiendo sus planes iniciales de instalarse en la ciudad y trabajar durante unos meses, y Parker continuo de mochilero unas semanas mas recorriendo Ecuador antes de volver a casa. Coincidir con él en el camino fue la mejor noticia que tuve en semanas.

Durante varios días estuve disfrutando de la paz y calma de una costa dedicada al deporte. Cada día la puesta de sol era sencillamente perfecta y por las noches bebía cerveza a orillas del mar con otros viajeros. Una noche iluminado por la luz de la luna me di un baño en las agitadas aguas, y el mar guió mi camino envolviéndome con el plancton fluorescente. Fue un breve descanso que valió mil veces mas la pena que haber pedaleado 20 kilómetros mas hasta Montañita, la ciudad de la juerga absurda de la costa ecuatoriana.

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(Puesta de sol en Ayampe)

La ruta continua y cada vez es mas complicado no mirar atrás, pero justamente todo lo que voy dejando en el camino es lo que mas fuerzas me da para seguir adelante, cada vez son mas personas las que apoyan mi proyecto, y que quieren verme completándolo con éxito.

Con un fuerte abrazo me despedí de Parker y de todas las nuevas amistades que hice en mi estancia en Ayampe. Puse un punto y aparte con Vanajeros, ya que mi siguiente destino sería Cuenca. Aidan y Madison ya estaban pendientes de mi llegada, ahora solo me quedaba a mi cumplir y trepar la montaña para alcanzar una de las ciudades mas hermosas de Latinoamérica.

Con tan solo dos jornadas llegué a dormir en las faldas de la montaña, a escasos metros sobre el nivel del mar. Mi objetivo era escalar el Parque Nacional Cajas para coronar en dos días su cima pedaleando hasta los 4166 msnm.

A poco que te introduces en la montaña el clima cambia radicalmente, adiós al calor y adiós al sol. En pocas horas ya estaba envuelto por la niebla, pedaleando bajo la lluvia, y el frio poco a poco era cada vez mas intenso. La abundante vegetación no dejaba que se escapara ni un ápice de la humedad del ambiente y los ríos caían colina abajo.

Después de 60 kilómetros solo cuesta arriba conseguí llegar en medio de la oscuridad al pueblecito de Hierba Buena, donde un restaurante aun permanecía abierto. Converse con dos ecuatorianos de Cuenca, Patricio y Francisco, quienes me dieron su teléfono para cualquier necesidad que tuviera en su ciudad, y hablaron con la encargada del local para que me brindaran un lugar donde dormir esa noche protegido del frío y la lluvia. Agotado y casi sin fuerzas, metí todo mi material en una habitación que me cedieron para que descansara. Entré en el saco de dormir con ropa seca y algo caliente en el estomago, cerré los ojos y dormí profundamente hasta el amanecer.

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(Colorado On The Road subiendo el Parque Nacional Cajas)

Bien temprano continué con mi lucha por superar los Andes ecuatorianos. Nuevamente envuelto por la niebla seguí escalando lentamente. La jornada fue larga y dura, y a pesar de tener la belleza andina de escaparate, en mi mente estaba la preocupación de coronar la cima con la oscuridad de la noche, por lo que a medida que pasaban las horas aceleraba mi marcha.

Finalmente con los últimos 10 minutos de luz del día me hice con el paso de Cajas. Había escalado 4166 metros en tan solo dos días comenzando desde el nivel del mar, logrando mi objetivo en el aniversario de mi salida de Madrid. Estaba celebrando mis 16 meses de viaje superando mi récord de altura. A pesar de la euforia del momento no quedaba mucho tiempo para despistes. Me desnude bajo la atenta mirada de los conductores que transitaban la carretera, saque ropa seca de mis alforjas y me preparé para bajar la montaña. Me deslice a gran velocidad en silencio hasta que el ruido de la ciudad me envolvió de nuevo.

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(Colorado On The Road en la cima del Parque Nacional Cajas)

No hay dinero para pagar hostales, ya no. Intenté que me hospedaran en la estación de bomberos pero nadie respondió a la puerta. Pasada la media noche fui a la estación de autobuses, me senté en un banco ya que la seguridad de la estación no dejaba a nadie tumbarse, até el potro a mi pierna y me dormí durante unas horas.

Por la mañana llame a Francisco, el ecuatoriano que conocí en Hierba Buena y me invito a dormir en su casa, pero debía esperar hasta la tarde a que saliera de trabajar. Aidan y Madison comenzaron su estancia en Cuenca alquilando un departamento propio, pero las dificultades económicas que siempre atravesamos los viajeros les llevo a mudarse a la casa de unos señores Británicos, quienes les acogieron sin coste alguno, pero sin la posibilidad de recibir a ningún otro viajero.

La buena noticia es que en la estación no se estaba del todo mal, había buena temperatura, enchufes para conectar el ordenador y buena señal de wifi, así que me puse manos a la obra y aproveché el día actualizando mi web. Francisco me llamó cuando salió del trabajo y fui a su casa, cenamos como unos legionarios y hablamos un par de horas, hasta que llego el momento de dormir y me envolví en las sábanas sobre una mullida cama, agradecidísimo de no volver a pasar la noche en la estación de autobús.

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(Trabajando en la estación de autobús de Cuenca)

Al día siguiente Francisco volvió a trabajar y yo volví con mis quehaceres. Primero fui de nuevo a la estación para revisar mi correo electrónico, ahí conocí a un señor que llevaba un hostal y después de hablar un rato me ofreció ir a su casa para lavar la ropa e invitarme a comer. Por la tarde me acerque a la oficina de Francisco donde me ofrecieron poner unas pegatinas de su empresa en mi bicicleta, a cambio de darme una ayudita para la alimentación de unos días ¡¡Bienvenida sea!! Remate la jornada llendo a visitar a mi colegas de Vanajeros. Durante un par de horas fue como si no hubiera pasado el tiempo, siempre que ves una cara conocida en el viaje es un momento único, y me encanto comprobar como cada vez les van mejor las cosas.

Terminé el día subiendo con Francisco y Patricio a lo alto de un mirador para observar la ciudad iluminada, mientras bebíamos unos tragos de Canelazo, una cálida bebida con alcohol típica de Ecuador.

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(Colorado On The Road junto a Francisco)

 Había visitado una ciudad considerada uno de los mejores destinos para vivir del mundo, y prácticamente no hice turismo por no decir nada, lo cual no me hizo sentir mal, ya que es la vida del viajero. Cada parada es fundamental para realizar todos los recados necesarios y puestas a punto para continuar con el viaje. Mi turismo es el que la naturaleza me brinda y el que la carretera me otorga.

En Cuenca me despedí de nuevas y antiguas amistades, y para poner fin a mi travesía por Ecuador avance 142 kilómetros bajando la montaña, aunque los Andes nuevamente me quisieron regalar mis últimos tramos antes de llegar a Machala. Descendí por una carretera en la que bajaba 300 metros y acto seguido subía 150 mas. Pero al ocaso conseguí dormir cerca de la frontera con Perú.

Siempre acostumbro a hacer una valoración de mis experiencias al final de cada diario, pero ahora me pregunto que valoración harían de mi todas las personas que me van conociendo por el camino. Ecuador ha sido un país generosos, cordial y amable, y estoy casi seguro de que la huella que he dejado a mi paso es casi inapreciable, pero:

“Lo que siempre se recuerda mientras viajas, son las personas que conoces por el camino, y la huella que dejan en ti”

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 Documental desde Quito hasta la costa:

 

Documental del Parque Nacional Cajas:

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México: Baja California

Etapas:

14/08/2014 Descanso en Tijuana.

15/08/2014 Descanso en Tijuana.

16/08/2014 Tijuana – Trinidad (101 Km).

17/08/2014 Trinidad – San Vicente (91 Km).

18/08/2014 San Vicente – San Quintín (109 Km).

19/08/2014 San Quintín – El Rosario (59 Km).

20/08/2014 El Rosario – Cataviña (128 Km).

21/08/2014 Cataviña – Parador de Punta Prieta (105 Km).

22/08/2014 Parador de Punta Prieta – Guerrero Negro (134 Km).

23/08/2014 Descanso en Guerrero Negro.

24/08/2014 Guerrero Negro – San Ignacio (147 Km).

25/08/2014 San Ignacio – Playa Dos Amigos (109 Km).

26/08/2014 Paya Dos Amigo – Bahía Coyote (77 Km).

27/08/2014 Bahía Coyote – Loreto (113 Km).

28/08/2014 Loreto – Ciudad Insurgentes (121 Km).

29/08/2014 Ciudad Insurgentes – Km 128 Transpeninsular (110 Km).

30/08/2014 Km 128 Transpeninsular – La Paz (125 Km).

31/08/2014 La Paz – Mazatlán (Baja Ferries)

México (Baja California)

Minutos antes de cruzar el transitado paso fronterizo de Tijuana, me despedí de Estados Unidos dando mis ultimas pedaladas por la ciudad de San Diego. Llegado el momento, me incorpore a la fluida columna de vehículos que inundaba los cuatro carriles de acceso, pague mis tasa en la oficina de migración, estampe el visado mexicano y entre a la ciudad fronteriza mas visitada del mundo.

El contraste social fue instantáneo, atravesé zonas marginales y de gran pobreza que me hicieron recordar mi paso por Asia. El sol se ocultaba y era hora de descansar, localice un Motel adaptado a mi bolsillo y cerré los ojos en el vigésimo país que transitaba en mi aventura.

Después de tres meses en Estado Unidos todo cambio de golpe. Las carreteras, el tráfico, los vehículos, la moneda, las tiendas, la comida, los precios…pero sin duda alguna lo mas emocionante fue iniciar la etapa latinoamericana, y con ello, romper la barrera del idioma.

El momento de dejar atrás Tijuana no tardo en llegar. En mis primeras pedaladas me acompaño un inusual viento a favor, llenándome el cuerpo de buenas energías y haciendo que avanzara con una sonrisa pegada en la cara durante horas ¡Buen comienzo! Paré a almorzar en un pequeño puesto de carretera, donde devore un tremendo burrito, tan grande que si le hubiera puesto un pañal parecería un recién nacido. El hecho de disfrutar de mi primera etapa no me alejo de la concentración que debía mantener, ya que un nuevo reto se me venia encima.

La carretera Transpeninsular que recorre toda Baja California y que me llevaría hasta La Paz, esta considerada como una de las carreteras mas peligrosas de todo México, y debía pedalear mas de 1400 kilómetros por ella. Como un paso angosto y sin arcenes, atraviesa un territorio desértico donde viven escorpiones y serpientes de cascabel, una carretera que cuenta con constantes cambios de rasante cruzando zonas de terreno accidentado, y que ha costado la vida a numerosas personas. Las cruces que hay en los bordes de la carretera son prueba de ello.

Desde el primer momento asumí los riesgos que conlleva pedalear en compañía de impacientes tráilers por el estrecho asfalto, y las largas distancias entre abastecimientos de agua y comida. A fin de cuentas tantos kilómetros en la carretera ya me habían endurecido lo suficiente para afrontarlo como un día cualquiera.

Pero aunque la carretera sea mi hogar, no podía descuidar una nueva norma de seguridad a la hora de dormir en mi templo de descanso, mi tienda de campaña. Los días en los que acampaba donde me diera la real gana se acabaron. El riesgo de ser asaltado era una realidad, y las personas locales no tardaron en recordármelo a la vez que me facilitaban lugares seguros para instalar mi campamento. Ya sean hoteles, ranchos o campings, siempre hay que acampar en una propiedad privada, segura y con el consentimiento de sus dueños, y fue algo que la hospitalidad mexicana me lo puso realmente fácil.

A lo largo de las jornadas hago buenas medias de kilometraje por día, el calor no es algo que me afecte demasiado y llego sin problemas hasta San Quintín, donde me preparo para afrontar 400 kilómetros en 4 etapas por un desolado y montañoso desierto ¡Toca tirar de galones!

En la mañana que dejaba atrás San Quintín, un amigable camión me adelanto tan cerca que me zumbaron los oídos, provocando que me fuera de la carretera adentrándome descontroladamente en el desierto. Sin posibilidad de reaccionar choque contra una roca dando un tremendo llantazo con la rueda trasera, que le valió un agujero a la cubierta por el que asomaba la cámara. Me dejo pasmado la actitud del conductor, pero me dejo tremendamente alucinado como el potro aguanta a pesar de todo lo que se le viene encima. Bucéfalo es único en su especie.

A pesar de que las ruedas estaban en una situación crítica, aguantaban heroicamente mientras se iban sucediendo las etapas. El día que corone el pueblo de Cataviña, dedique un vídeo de agradecimiento a mis Crowdfunders por haber llenado mis botellas de agua y mis alforjas de comida, y poder llevar acabo toda y cada una de las etapas que se me venían por delante.

El mal estado de las cubiertas del potro me llevaron a reparar pinchazos día y noche, y para llegar a la ciudad de Guerrero Negro debía cruzar el Valle de los Cirios, bajo el vuelo de las aves rapaces y el sol abrasador. Pero el desierto de Baja California me guardaba un fenómeno que nunca antes contemple en ningún otro desierto.

La aparente sequia era solo interrumpida por autenticas trombas de agua que inundaban la arena y formaban ríos que rápidamente secaban. El resultado era un vacío en la carretera que te llevaba a pasar de pedalear en una llanura, a adentrarte en un hueco en la tierra y acto seguido a subir una cuesta de gran pendiente. En estas tierras lo bautizaron como Vado, yo lo denomine como Rompe Piernas.

Pero los lugares que ofrecen mas dificultades para ser explorados, son los que esconden los paisajes mas inusuales. El enigmático Valle de los Cirios cautiva durante el día, e hipnotiza en cada puesta de sol ofreciendo místicos atardeceres.

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(Atardecer en el Valle de los Cirios)

Alcanzar la ciudad de Guerrero Negro me supuso disfrutar de un día de descanso, agua fría y abundante comida mexicana. Reponer fuerzas fue vital para completar las 6 etapas que me separaban de La Paz, y prepararme para las sorpresas que la carretera me tenia guardadas.

Con las piernas fuertes y ligeras, pedalee como una bestia con el escaparate de un cielo oscuro en el horizonte, dando imagen a una tormenta que se alejaba. Mi objetivo era recorrer 147 kilómetros y llegar a San Ignacio, pero al final del día algo me ralentizó.

De repente una larga fila de vehículos esperaban inmóviles, y a medida que me acercaba la gente me gritaba desde sus coches: “¡¡Pero a donde vas!! ¡¡Que te vas ahogar!!” Me deje caer por una cuesta que me llevo a la razón de tal colapso. La tormenta que contemple alejarse en el horizonte, había inundado un vado dejando hasta 2 metros de agua en su parte mas profunda.

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(Colorado On The Road dispuesto a superar la inundación)

Solo los camiones y los todoterrenos mas potentes se atrevían a pasar, mientras el resto de conductores esperaban a que el nivel de agua bajara. Fue entonces cuando conocí a Parker y Aidan, dos jóvenes estadounidenses que viajan en una furgoneta Volkswagen junto a sus amigos Joel y Madison, para recorrer el continente americano y completar un proyecto al que bautizaron con el nombre de Vanajeros. Rápidamente hicimos amistad y me guiaron a una zona en el interior del desierto entre cactus y lodo, donde el nivel del agua era mas asequible y me brindaba la oportunidad de luchar junto al potro por superar el obstáculo.

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(Izquierda: Colorado On The Road hablándole de Bucéfalo a Parker. Derecha: Colorado On The Road atravesando la zona inundada)

Con el agua por las rodillas coronamos la otra orilla sin dificultad, y pedalee bajo el cielo estrellado hasta llegar a San Ignacio, donde quede con encontrarme con mis nuevos amigos en un camping a orillas de una pequeño lago.

He de reconocer que mi simple tienda de campaña no parecía nada en comparación con el despliegue de equipo del que disponía Vanajeros. Parker cocino para todos y me invitaron a cenar con ellos, luego pasamos varias horas bebiendo unas cervezas y hablando de nuestras aventuras.

Con la salida del sol me di un baño en el lago, y mientras preparaba el equipo para volver de nuevo al ruedo conocí a una pareja de brasileños que llevaban mas de dos años pedaleando por el mundo, André y Karla. Antes de que el sol empezara a pegar con fuerza me despedí del grupo y volví a la carretera.

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(Izquierda: Furgoneta de Vanajeros. Derecha: Colorado On The Road)

Transcurridas dos etapas bajo fuertes e intermitentes tormentas, alcance la Playa Coyote. Manteniendo una conversación con el dueño de un abarrotes me entere que Baja California estaba bajo la amenaza del Huracán Marie, situado a 750 kilómetros de la costa Pacífica y con vientos de 215 km/h. Si el huracán tocaba tierra, no me cabía ni la menor duda de que me llevaría volando de regreso a España.

Decidí acampar en la playa cerca de las casa para mantenerme informado de la situación. El mar del Golfo de California estaba tranquilo, y la puesta de sol te hacia pensar que era imposible que se estuviera acercando un huracán de categoría cinco por la otra costa, pero ahí estaba.

Antes de cerrar los ojos llegó un coche a la playa, en el iba David, un pontevedrés y su amiga californiana. Grata sorpresa que me llevo a desvelarme unas horas mientras hablábamos bajo las estrellas, e hicimos planes para coincidir en Loreto situado a menos de 115 kilómetros.

Mi despertador sonó a las 05:00 am cuando aun era de noche, y pude contemplar como el cielo cambiaba de color por instantes a medida que el sol salía por el horizonte. Empezar una etapa bien temprano es la diferencia entre completarla con éxito, o fracasar. A media mañana David me adelanto mandándome ánimos y al final del día volvimos a coincidir en el camping, donde además había una pareja de moteros, una mallorquina y un argentino. Hay momentos del viaje muy solitarios y otros en los que no paro de hacer nuevas amistades, pero esta vez habíamos coincidido 3 españoles viajando en tres modalidades diferentes, y con algo mas que una bandera en común, un corazón aventurero.

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(De izquierda a derecha y por procedencia: Mallorca, Colorado On The Road, Pontevedra, Estados Unidos y Argentina)

En el último esfuerzo para llegar a La Paz superé una zona montañosa y kilómetros de desierto. Estaba totalmente roto después de 14 etapas, mi ropa tenia tanta mugre que en muchos momentos del día me picaba todo el cuerpo, sufrí una reacción alérgica y me aparecieron sarpullidos por todo el pecho, llevaba mas de 15 días lavando la ropa a mano. No dude en alojarme en un Motel para darme una larga ducha y lavar la ropa con agua caliente.

Después de pasar tantas horas rodeado de la calma del desierto y de haber hecho tantas nuevas amistades, opino que no ha que incomodarse en los solitarios momentos, ya que:

“Debemos aprende a valorar la soledad, como una compañera mas de la aventura”

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(Colorado On The Road amaneciendo en Playa Coyote)

Video Baja California:

Video Crowdfunders Baja California:

CANADÁ

Etapas:

07/05/2014 Bangkok – Aeropuerto de Bangkok (37 Km).

08/05/2014 Aeropuerto de Bangkok.

09/05/2014 Vuelo de Bangkok – Seúl (Entrada a la República de Corea)

09/05/2014 Seúl – Vancouver (Isla Victoria) (20 Km).

10/05/2014 Descanso en Isla Victoria.

11/05/2014 Isla Victoria – Vancouver (Downtown) ( 46 Km).

12/05/2014 Descanso en Vancouver.

13/05/2014 Descanso en Vancouver (46 Km).

14/05/2014 Vancouver – Bellingham (101 Km) (Entrada en Estados Unidos).

Canadá

Preparada y lista la bicicleta, salí del Guest House de Bangkok a las 03:00 am para pedalear mis últimos kilómetros en Asia hasta el aeropuerto, y llegar a tiempo para embalar a mi potro y coger el avión a las 08:00 am con destino al continente americano.

A las 06:00 am ya estaba en la ventanilla para facturar todo el equipaje, pero algo no marchaba bien. Un problema con la venta del billete me había dejado sin asiento en el avión, y una estúpida política de la aerolínea me impedía comprar uno nuevo en ese momento. Al parecer, no podían venderme un billete de avión sin tener una carta de invitación por parte de la embajada Canadiense, menuda ridiculez, lo único que necesita un ciudadano español para conseguir el visado de turista en Canadá es tener el pasaporte en regla y nada mas, pero a pesar de mis insistencias el avión despego sin mi.

Durante toda la mañana pateé el aeropuerto buscando un nuevo pasaje de avión con otra compañía diferente, y finalmente lo conseguí y al mismo precio que el original, pero la hora de salida me llevaba a pasar encerrado en el aeropuerto un total de 42 horas desde mi temprana llegada.

Sin mas cosas en la que pensar mas que en descansar, busqué un banco en la terminal y dormí 12 horas, interrumpido constantemente por los continuos ruidos del ajetreado vaivén de viajeros.

Imagen(Colorado On The Road en el aeropuerto de Bangkok con todo el equipaje embalado)

Sin prisa pero sin pausa, fui recopilando cajas de cartón en todos los comercios para posteriormente desmontar y embalar a mi poderosa Orbea. Una vez facturado el equipaje, fui uno de los primeros en subir al avión, abrocharme el cinturón de seguridad y esperar impaciente mirando por la ventana a que el pájaro se despegara del suelo y poder ahora si, volar con la imaginación y pensar en todas las nuevas aventuras que me depararía en esta segunda gran etapa del viaje.

Después de una escala de 11 horas en Seúl (República de Corea), volé de nuevo 10 horas, hice tierra en Vancouver (Canadá), estampé sin problemas el nuevo visado en mi pasaporte, monté de nuevo la bicicleta y me dirigí como un rayo al ferry que me llevaba a Isla Victoria, donde me esperaba la invitación de un follower para conocer ese gran paraje natural, Darren.

Darren y su amigo Emil, vinieron en sus bicicletas a recogerme al puerto y pedaleamos juntos hasta la casa de Darren, donde saboreé la primera cerveza del nuevo continente mientras compartíamos anécdotas, pero el momento de descansar y hacerme a la nueva franja horaria llegó temprano, ya que nos esperaba un día muy intenso.

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(Colorado On The Road junto a Darren y Emil)

Nos despertamos a las 06:30 am, nos metimos entre pecho y espalda un desayuno de legionarios para cargar el cuerpo con energía, y a las 08:00 am ya estábamos en la playa preparados para una excursión marina, yo a bordo de un Kayak y Darren de una tabla de Paddle Surf.

Minutos antes de lanzarnos al agua, Darren y yo mantuvimos una conversación en español en la que me explicó las normas de seguridad del Kayak, y me comentó las posibilidades de avistar focas, ballenas, águilas e incluso de observar a un lobo que vive solitario en una pequeña isla.

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(Colorado On The Road junto a Darren antes de la excursión en Kayak)

El momento de remar no se hizo esperar y una calmada corriente favorecía nuestro avance. Las águilas nos sobrevolaban, la brisa marina era tranquila y cálida a la vez, era un momento ideal para disfrutar de una mañana soleada haciendo deporte y cargar los pulmones de aire fresco. Las curiosas focas no se hicieron de rogar, y nos acompañaron en todo momento guardando una pequeña distancia, la sufriente para poder observarnos con toda claridad.

Tanto remar dio su fruto e hicimos tierra en la pequeña isla en la que habitaba un lobo solitario, el cual había llegado nadando hacia unos años y se había convertido en la mayor curiosidad de todos lo canadienses, ya que pocos eran quienes le habían visto.

Antes de adentrarnos en la isla, Darren me dio una serie de instrucciones sobre el comportamiento que debíamos tener en el caso de toparnos con el rey de la isla.

“Háblale alto, con voz grave, con seguridad, intenta aparentar ser mas grande de lo que eres, abre los brazos, retrocede lentamente pero nunca intentes huir corriendo y pase lo que pase, no pierdas el contacto visual y mírale siempre a los ojos, de lo contrario, una mirada baja le daría a entender que te sientes vencido y el ataque seria inminente”, me decía Darren. “Si esto no daba resultado, no quedaba otra opción que sacar el cuchillo y luchar por tu vida”. Esta lección me valdría también para el caso de cruzarnos con un oso, pero en ese momento solo podía pensar en el lobo.

Empezamos a adentrarnos en la pequeña isla, a contemplar la intacta naturaleza del lugar hasta que llegamos a una zona de acampada, donde la entidad de conservación canadiense había dejado unas cajas metálicas para que los campistas guardasen toda la comida, los productos de higiene personal o cualquier cosa que pueda tener un olor interesante para un animal salvaje, y evitar así que este se aproxime a tu tienda mientras duermes.

De nuevo nos hicimos a la mar y por fortuna no tuvimos ningún desagradable encontronazo con un animal, pero una fortuna mayor estaba a punto de llegar. Bordeando la isla y sin previo aviso apareció sobre lo alto de una inmensa roca. Mostrando su brillante pelaje grisáceo y blanquecino nos miro, se sentó sobre su patas traseras como si de un corriente canino se tratara, ladeo la cabeza y acto seguido se tumbó sin dejar de mirarnos fijamente. A los pocos segundos se levantó y se adentró nuevamente en el bosque. No dábamos crédito, habíamos visto al escurridizo lobo, tan difícil de ver que muchos creían que era una mera leyenda, y lo mejor de todo es que lo había grabado con mi cámara.

El tiempo se nos hecho encima y una fuerte corriente nos hizo luchar cada palada para restar metros y llegar a la playa. Por suerte unos pescadores nos recogieron y nos llevaron a aguas mas calmadas. De nuevo en tierra firme, recogimos a Emil y fuimos a la ciudad a recargar energías con un buen almuerzo y una cerveza.

La ciudad era tranquila, con poco tráfico, sin ruidos agobiantes, edificios bajos, calles limpias y aire puro proveniente del denso bosque que la rodeaba. Disfrutando del sol de la tarde y saboreando una cerveza en una terraza, Emil, de orígenes dominicanos mantuvo una conversación en español con Darren, a quien le contó el interesante video que había visto recientemente en la red sobre unas ballenas persiguiendo unas focas. Rápidamente pregunte, ¿Ballenas?¿Persiguiendo focas?¿Para que?, para comérselas me contesto Darren, ¿Pero si las ballenas no comen focas? Pregunte de nuevo. Emil saco su teléfono y me mostró el impresionante video sobre unas orcas… espera un momento, eso son orcas asesinas no ballenas, ¿No me digas que lo que íbamos a ver hoy con el kayak eran orcas asesinas?, le pregunte a Darren, pues si me contesto él.

El momento nos valió para reír durante varios minutos, pero he de reconocer que de haber visto la tremenda aleta dorsal de una orca asesina asomando por la superficie del agua, como mínimo me hubiera caída del Kayak del susto.

Después de la larga y provechosa jornada, volvimos a casa para descansar y despertarnos temprano a la mañana siguiente. Antes de irse a trabajar, Darren me había organizado una mañana de naturaleza y aire puro. Primero subimos a pie la cima de una pequeña montaña atravesando un bosque de inmensos árboles, era la primera vez que contemplaba un paraje natural tan impresionante. El respeto y el cuidado que los canadienses depositan en sus medios naturales me estaba dejando sin palabras.

Imagen(Colorado On The Road junto a Darren en la cima de la montaña)

Antes de dejarme en el ferry y despedirnos, visitamos dos de sus playas favoritas. Cada vez que Darren compartía cualquier aspecto de su mentalidad conmigo, no dejaba de asombrarme y de identificarme con él, una mentalidad que era una declaración de amor a la vida misma. Acuéstate pronto y despiértate bien temprano todos los días me decía, en un mismo día puedes ir a trabajar, estar con la mujer, con los amigos, disfrutar de la bicicleta y hacer deporte al aire libre, lo único que necesitas es madrugar, organizarte y cargar el cuerpo con comida sana.

Desde luego, el inicio de mi segunda gran etapa del viaje estaba siendo totalmente reveladora, por no decir del cambio de contraste de pasar de un continente a otro.

Después de un gran abrazo y de darle mi mas sincero agradecimiento a Darren por haberme brindado la oportunidad de conocer Isla Victoria, me embarqué de nuevo en el ferry de vuelta a Vancouver, para subirme de nuevo a la bicicleta y pedalear hasta Downtown, donde me esperaba la invitación de un follower español, Jorge.

Ya en el portal del edificio y antes de tocar al telefonillo, Jorge salió por la ventana y me gritó: “Espera macho que ahora bajo”. Para una persona como yo que lleva tanto tiempo viajando, escuchar esas palabras de parte de otro madrileño me hicieron sentir como en casa.

Después de la ayudita para subir la bicicleta por el ascensor, Jorge me presentó a Marta, su novia y compañera de piso. Esta pareja de arquitectos madrileños, vino hace un mes a Vancouver en busca de una oportunidad laboral y poder abrirse camino en su vida profesional.

Al parecer Jorge y yo manteníamos mas cosas en común que la pasión por la bicicleta. Él también hizo un Erasmus en Italia y el mismo año que yo, y además su compañero de universidad era un gran amigo mío del Catering en el que trabajé para pagar mis estudios y este gran viaje, el Señor Cuesta.

Esa misma noche salimos a cenar una buena hamburguesa a Granville, y lo que mas me llamó la atención en ese momento era el gran número de personas sin hogar que había en esa calle. Jorge me explicó, que el clima de Vancouver era el más suave de todo Canadá, y las personas que no tenían donde vivir venían a esta ciudad para poder superar los duros inviernos.

A la mañana siguiente, me mire al espejo y me di cuenta de la horrible pinta que tenía con esa larga y descuidada barba y la alborotada melena, era hora de invertir algo de dinero en cuidar un poco la imagen y pagar una peluquería.

Imagen

(Antes y después de Colorado On The Road al pasar por la peluquería en Vancouver)

Por la tarde quedé con Thor, un amigo de mi hermana mayor el cual vino hace un mes, casualmente en el mismo avión que Jorge y Marta, y a quien mi hermana le había metido en la maleta una serie de regalos para mí, entre otras cosas un nuevo ordenador para poder trabajar mejor.

En mi último día en Vancouver, Marta, Jorge y yo, salimos a dar un paseo por Stanley Park en bicicleta. A media mañana ellos volvieron a casa para seguir mandando curriculums, y yo continué mi visita llendo hasta el Lynn Canyon Park, para atravesar un enorme puente colgante y pedalear por las pistas de tierra del bosque.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (6)(Colorado On The Road junto a Marta y Jorge en Stanley Park)

En tan solo 40 minutos estaba rodeado de naturaleza y de aire puro, puede que parezca una exageración, pero después de haber atravesado la India, Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya, de haber aguantado el calor húmedo de la selva, de haber saturado mis pulmones con la contaminación mas densa que jamás haya visto y de soportar el cúmulo de basura, la experiencia de conocer un paraje natural tan impresionante y cuidado como el Canadiense, me estaba dejando maravillado.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (7)(Colorado On The Road en Lynn Canyon Park)

Esa misma tarde aprovechamos para jugar un partido de Volleyball en la playa, y así despedirme de esta ciudad y de mis nuevas amistades con una puesta de sol perfecta.

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (8)(Puesta de sol en la playa de Vancouver mientras jugábamos un partido de Volleyball)

A la mañana siguiente, los abrazos y las palabras no fueron suficientes para agradecer, ya no solo la hospitalidad de esta pareja de madrileños, sino por lo que me hicieron sentir al estar de nuevo junto a españoles.

Pedaleando hacia la frontera estadounidense, la valoración de mis primeras experiencias en el nuevo continente eran claras. Elegir vivir en Vancouver era eligir vivir en una ciudad que incita a la vida sana, al deporte, donde una bicicleta no es una hormiga en la carretera sino un vehículo mas, donde la mezcla de nacionalidades te hace descubrir mundo sin tener que moverte de un mismo punto, donde a 40 minutos de la ciudad puedes encontrar parques naturales donde poder desconectar, y si eso no es suficiente, en un ferry de una hora estas en Isla Victoria. No hace falta que reconozca lo cautivado que me dejo Vancouver.

En la frontera con Estados Unidos di gracias por haber arreglado mi descuidada imagen ante la infinidad de preguntas que tuve que contestar. Por primera vez en una frontera registraron mi bicicleta, pero antes de ello les advertí de los dos cuchillos que llevaba en mis alforjas, y de una mandarina que guardaba en la alforja del manillar. Los cuchillos no parecieron importarles, pero la mandarina me fue confiscada y mi merienda esta vez se había quedado sin Vitamina C, pero no me importó, mi visado ya estaba estampado en mi pasaporte y por delante tenía tres meses para conocer toda la costa oeste… Estados Unidos! Here we go!!!

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (9)(Bienvenido a Estados Unidos)

Desde que conocí a Darren he pensado mucho sobre el paso del tiempo, sobre como el aprovecha el suyo al máximo, sobre cuantas veces me he quejado y he escuchado quejarse a la gente de lo rápido que avanza el tiempo. Solo hay una cosa que pueda decir sobre mi cambio de mentalidad:

“Si el tiempo avanza deprisa, avanza tu mas rápido que él”

Bangkok_Canadá_Vuelta al mundo_Bicicleta_Colorado On The Road_Vancouver_Isla Victoria (10)(Colorado On The Road junto a Darren en una playa de Isla Victoria)

 Trayecto Bangkok – Vancouver:

Canadá: 1ª Parte.

Canadá: 2ª Parte.

TAILANDIA

Etapas:

05/03/2014 Bangkok Aeropuerto – Bangkok (37 Km) Entrada en Tailandia.

06/03/2014 Descanso en Bangkok.

07/03/2014 Bangkok – Ang Thong (102 Km).

08/03/2014 Ang Thong – Wat Muang (63 Km).

09/03/2014 Wat Muang – Nakhon Sawan (85 Km).

10/03/2014 Nakhon Sawan – Kamphaeg Phet (123 Km).

11/03/2014 Kamphaeg Phet – Wat Pratt at (163 Km).

12/03/2014 Wat Pratt at – Hospital de Elefantes de Chiang Mai (122 Km).

13/03/2014 Hospital de Elefantes de Chiang Mai – Chiang Mai (71 Km).

14/03/2014 Descanso en Chiang Mai.

15/03/2014 Descanso en Chiang Mai.

16/03/2014 Descanso en Chiang Mai.

17/03/2014 Descanso en Chiang Mai.

18/03/2014 Descanso en Chiang Mai.

19/03/2014 Descanso en Chiang Mai (12 Km).

20/03/2014 Chiang Mai – Lampang (129 Km).

21/03/2014 Lampang – Uttaradit (106 Km).

22/03/2014 Uttaradit – What Din So (131 Km).

23/03/2014 What Din So – Lom Sak (93 Km).

24/03/2014 Lom Sak – Chum Phae (121 Km).

25/03/2014 Chum Phae – Udon Thani (136 Km).

26/03/2014 Udon Thani – Vientiane (82 Km) Entrada en Laos.

Tailandia

Dejar atrás la India no fue tarea fácil, ya no solo por todas las experiencias vividas en este país, ni por el pedacito de corazón que deje Calcuta.

Las normas de la aerolínea con la que me disponía a viajar a Tailandia, me obligaban a pasar la bicicleta por la maquina de Rayos-X. Después de haber desmontado y embalado a mi potro, embarque en el avión en el que supuestamente iba a pasar dos tranquilas horas de vuelo. Pero nada mas despegar, un penetrante dolor me atravesó el estomago, lo retortijones y los sudores fríos me alertaron de que me llevaba un souvenir de la India que no deseaba.

Aterrice en Bangkok a las 02:00 de la mañana, y tarde casi una hora en montar y equipar la bicicleta de nuevo. La decisión de donde pasaría aquella noche estaba clara, dormiría en un banco de la sala de espera del aeropuerto, que a mi parecer, era como una noche de hotel gratis.

colorado-on-the-road-tailandia(Equipaje de Colorado On The Road, junto a la bicicleta completamente embalada en el aeropuerto de Bangkok)

Al amanecer, salí del aeropuerto para pedalear hasta el centro turístico de Bangkok, y localizar la zona de mochileros para hospedarme en el hostal mas económico posible. Nada mas salí al exterior y contemplé por primera vez el sudeste asiático, la humedad y el sofocante calor me recibieron de la misma forma, que el aire de un secador te abrasa la cara.

Pedaleando mis 37 primeros kilómetros hasta alcanzar un hostal en la ciudad, me di cuenta que este clima acababa de subir el nivel las próximas etapas del viaje.

Durante 48 horas, termine de matizar la ruta que me llevaría a recorrer Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya y finalmente a volver a Bangkok. La primera parada en el sudeste asiático sería Chiang Mai, donde me esperaba un viejo amigo de Madrid, así que no lo dudé dos veces, y aunque mi estómago me decía que descansara, la ilusión de ver una cara conocida por primera vez en el viaje, me hicieron que me lanzara de nuevo a la carretera.

Durante las tres primeras jornadas, tenía claro que no estaba al 100 %. Los retortijones y el dolor de estómago no me estaban permitiendo avanzar todo lo que deseaba, aunque la comida tailandesa ayudaba. Pero la noche del tercer día en la carretera, en la ciudad de Nakhon Sawan, no lo pude aguantar mas y fui directo a la sala de urgencias del hospital, donde primero me libraron de la inquietud de tener un parásito intestinal. No fue difícil explicarles como me sentía, tenia una cara espantosa. Finalmente me diagnosticaron una simple diarrea aguda y me recetaron 5 medicamentos diferentes. Aquella noche acampe en frente de una comisaría de policía, con la esperanza de encontrarme cada vez mejor y recuperar las fuerzas lo antes posible.

Cada vez que duermo con la tienda de campaña, utilizo solo con la mosquitera sin poner la cubierta impermeable. El principal inconveniente, es que dentro de la tienda hace 5ºC mas con respecto al exterior, y en Tailandia por las noches hace aproximadamente 30 ºC, por lo que literalmente me aso todas las noches y duermo empapado en sudor, pero es eso o dormir al raso y sufrir miles de picaduras de mosquitos.

Por fortuna, los medicamentos empezaron a hacer efecto rápidamente, y en los tres días siguientes cada vez me encontraba con mas energías, pedaleando un total de 400 kilómetros a 42 ºC bajo el sol.

Cada vez que necesitaba parar a descansar y escapar por unos minutos del calor, los templos budistas me proporcionaban sombra, paz y calma.

colorado-on-the-road-tailandia-chiang-mai (Colorado On The Road visitando un templo budista)

El día antes de llegar a Chiang Mai, acampe en las montañas de Tailandia a escasa distancia de un hospital de elefantes, con la intención de visitarlo por la mañana antes de pedalear los últimos 70 kilómetros. La decisión resultó ser todo un acierto, la experiencia fue increíble. El contacto con los elefantes fue directo y junto la supervisión de los cuidadores, interactuar con estos impresionantes animales fue una sensación única, y casualidades de la vida, justo el día que visite las instalaciones inauguraban un nuevo paritorio, y nueve monjes budistas vinieron a bendecirlo. Contemplar la ceremonia fue un regalo inesperado.

colorado-on-the-road-vuelta-al-mundo-bicicleta (Colorado On The Road visitando el hospital de elefantes de Chiang Mai)

Finalmente alcancé Chiang Mai, donde me esperaba un viejo amigo madrileño, Diego Morodo, quien salió antes de trabajar para recibirme en una de las puertas de la parte antigua de la ciudad.

Me hospedé en el Giant Guest House, donde se respiraba un ambiente hippie. Todas las noches nos reuníamos gente de todo el mundo en la terraza del hostal, y pasábamos horas hablando mientras compartíamos unas cervezas, volví a sentirme parte de un grupo.

colorado-world-tour-hostel (Colorado On The Road en el Giant Guest House de Chiang Mai)

En un principio, mis intenciones eran las de quedarme sólo un par de días, pero me sentía tan cómodo y estaba tan contento de tener un amigo cerca, que mi estancia se prolongó cinco días. En uno de ellos, Diego me llevó de excursión por las montañas de Chiang Mai, visitamos varios templos, conocimos mas de cerca la selva y acabamos el día con un refrescante baño en una cascada.

colorado-on-the-road-cascada (Colorado On The Road en una cascada de Tailandia)

El día antes de dejar atrás este pequeño oasis, cambié por completo la rueda delantera que instalé en la India después del accidente, y compré una nueva cubierta para la rueda trasera.

Pero no quería irme sin dejar un recuerdo de mi estancia en el Guest House, por lo que colgué en una de las escaleras la vieja rueda delantera, con un cartel en inglés en el que explicaba la historia de mi viaje, y animaba a los futuros viajeros a luchar por sus sueños.

Retomar la ruta no fue tan sencillo como otras veces, esta vez volvía a dejar atrás a un amigo, pero debía de continuar mi camino para llegar a Laos.

Los dos primeros días en la carretera, avance 129 y 106 kilómetros. En el atardecer de la segunda etapa, paré a descansar y a contemplar como el sol se escondía en el horizonte, fue un momento de reflexión en el que valoré la dureza del viaje, la soledad, la melancolía y cómo había dejado atrás el frío y la nieve invernal de Turquía e Irán, para vivir ahora el calor y la humedad de la selva del sudeste asiático.

Esa misma noche fui a buscar campamento en un claro de la jungla, pero el cielo me pronosticó con los destellos de los rayos en el horizonte, una noche pasada por agua. Busqué en una gasolinera la protección que su pararrayos me daba, y me dispuse a soportar la tormenta que sin duda alguna estaba llegando. Al principio de la noche no fueron mas que unas gotas, pero de madrugada el cielo se abrió dejando caer un torrente de agua. Los rayos iluminaban el interior de la tienda y los ensordecedores truenos me despertaban de mi agitado sueño.

Por la mañana y con la salida del sol, me puse de nuevo en marcha para atravesar un nuevo puerto de montaña y alcanzar la ciudad de Lom Sak. Escalar las infinitas pendientes parecía una materia dominada, pero el abrasador calor me hacían beber 1,5 litros de agua a la hora. El sudor era incesante y parecía imposible cerrar el grifo, pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Al final de la etapa llegó el preciado momento de bajar la montaña bajo el verdoso escaparate selvático.

Amaneciendo en Lom Sak alcance los 13.000 kilómetros desde el inicio del viaje, y por delante me quedaba un nuevo puerto de montaña por atravesar, pero la recompensa de hoy sería mas preciada que una simple bajada. La etapa me llevaría a travesar el Namnao National Park, una reserva de elefantes asiáticos.

Pedaleando por la carretera que lo atravesaba, deseaba constantemente ver uno de ellos y los carteles avisando de su presencia a los conductores, aumentaban mas mi impaciencia, pero la suerte no se puso de mi lado y no pude contemplar ningún ejemplar. Pero desde un mirador me pude llevar una visión de toda el parque nacional a lo alto de una colina, sin duda alguna las vistas de la jungla es uno de mis paisajes favoritos.

colorado-vuelta-al-mundo(Colorado On The Road atravesando el Namnao National Park)

En los dos días siguientes avance 200 kilómetros y alcance finalmente el río Mekong, el cual delimita el territorio con Laos. Al cruzar el puente que lo atraviesa, sabía que esta vez seria una de las pocas ocasiones en las que volvería de nuevo a un país en el viaje, ya que desde Bangkok será donde coja el avión que me llevará a Norte América. Solo hay tres países mas en los que ya he pedaleado en el viaje, y que volveré a pedalear: Grecia, Italia y como no, España.

De mi paso por Tailandia me llevo una valoración causada por la melancolía y la soledad, en las que sin duda alguna, reflexioné mucho en los últimos kilómetros antes de llegar al río Mekong:

“Que sencillo resulta decir “Hola”, pero que duro es decir “Adiós”.

colorado-bicicleta-vuelta-al-mundo(Colorado On The Road junto a Diego Morodo con Chiang Mai a nuestras espaldas)

Tailandia 1ª Parte:

Tailandia 2ª Parte: